Anarquismo y consumo de drogas: otra vuelta de tuerca

Hace un tiempo publicaba un texto sobre juventud, militancia, y consumo de drogas. No era el primer texto que escribía sobre el tema, por lo tanto no iba desprevenido de los comentarios que podría levantar. Antes de empezar este otro texto sobre consumo de drogas me gustaría lanzar un aviso para navegantes: esto es un texto personal que no intenta sentar cátedra ni dar lecciones morales a nadie. Tampoco es un texto que exprese una férrea opinión personal, pues he de admitir que mi pensamiento a este respecto ha evolucionado muchísimo en los últimos doce meses, por lo tanto, lo que escriba hoy aquí puede que no se aplique a lo que escriba mañana allí. Dicho esto, empecemos.

En el texto ya mencionado expresaba una idea favorable al consumo libre y responsable. Defino el consumo libre y responsable como aquel consumo que se realiza con conocimiento crítico de las causas y consecuencias de dicho consumo. Esto es lo que le hace responsable. El consumo ideal que tengo en mente sería además libre porque se realiza de forma crítica, decidiendo une misme de forma racional qué, cómo, cuándo, y por qué toma una droga.

En las últimas semanas, no obstante, he venido dándole vueltas a una idea que alguna gente dentro del ámbito libertario comparte: el consumo de drogas no puede ser responsable porque, a día de hoy, no es una cuestión personal. Y no les falta razón. En todo el proceso de producción de una droga toman parte muchas personas y animales, entre les cuales muches fueron, son, y serán explotades. Las drogas no solamente son probadas en animales de laboratorio, sino que además las drogas, si no están legalizadas por un Estado controlador, implican redes humanas que explotan a productores, vendedores, transportistas, etcétera. Por lo tanto, consumir estas drogas es hacerse, conscientemente, cómplice de la misma explotación.

Bien, alguien podría argumentar: ¿acaso no compras ropa producida por niñes explotades en China? ¿Acaso no compras en cadenas comerciales que explotan a les trabajadores? Y a primera vista la argumentación podría parecer válida. Pero no lo es. Llevar ropa en invierno es necesario, pues de otra forma mueres de frío. Consumir drogas no es necesario para vivir. Así que aquí estamos hablando de necesidad, y la necesidad muchas veces nos fuerza a realizar cosas que no nos gustan. De ahí que mucha gente en vez de comprar en Mercadona prefiera comprar su fruta al frutero del mercado local: con ello no se soluciona el problema del capitalismo, pero se minimiza el daño realizado (y dado que la fruta es necesaria para una dieta equilibrada y sana, no vamos a dejar de comprar fruta hoy por hoy). Sin embargo, la misma lógica no se puede aplicar al consumo de drogas… ¿o sí?

Digamos ahora que un amigue cultiva marihuana y lo regala a les amigues, es decir, no obtiene ningún beneficio económico por ello. En este ejemplo eliminamos de la ecuación la explotación humana y el aspecto económico-capitalista. Así que nos quedamos llanamente con el consumo de una droga. Algunes anarquistas dirían que el consumo es igualmente reprochable en este caso, pues el problema es que la droga: 1) nos priva de nuestra libertad individual al perder el control sobre nuestro cuerpo y mente, 2) potencialmente nos hace más inútiles para resistir al Estado, 3) con el tiempo potencialmente disminuye nuestra gana de militar. Si habéis leído mis otros artículos sobre el tema sabréis que no me creo los puntos 2º y 3º (de ahí que aquí haya escrito «potencialmente»). No obstante, no los niego, y afirmo que en algunos casos el consumo de drogas produce apatía por las causas políticas y vaguería general (es decir, conformidad).

Lo que aquí me interesa discutir ahora es el primer punto (un tanto filosófico), que es: 1) consumir drogas nos priva de nuestra libertad individual al perder el control sobre nuestro cuerpo y mente. Nadie puede dudar que una de las cosas más preciadas, sino la que más, por une anarquista es la libertad. De ahí que muches estemos en contra de las cárceles, de los colegios (que son cárceles para la mente hoy por hoy), y de toda institución explotadora (como el ejército, la policía, etcétera). En todos estos casos la limitación a nuestra libertad es obvia y clara: en las cárceles no te puedes mover libremente. En los colegios no puedes pensar libremente (en los ejércitos ni puedes moverte ni pensar). Pero, ¿y qué con las drogas? El consumo de estas sustancias, como es sabido por todes, proporcionan un estado mental y anímico determinado, el cual muchas veces no se puede prever dependiendo de la naturaleza de la droga. Cuando tomamos «cristal» y sentimos esa sensación de hiperactividad, super-sociabilidad, y bienestar general, estamos experimentando una sensación «artificial» en tanto que estamos induciendo a nuestro cuerpo (y mente) dicha experiencia. Y esto no lo podemos controlar. Lo mismo se aplica al alcohol: cuando nos emborrachamos perdemos el control de nuestros actos (hasta diversos puntos dependiendo la persona). La pérdida de control es, bajo esta argumentación, una pérdida de libertad, pues actuamos de forma no-consciente y no-buscada in situ. Y digo in situ porque alguien podría decir que la borrachera y lo que hagamos estando borraches es «buscado» en tanto que decidimos previamente, y de forma libre, emborracharnos.

Si bien yo personalmente favorezco la idea de que el consumo de drogas nos priva de libertad y agencia individual, también es cierto que no pretendería nunca imponer dicha visión del asunto. He aquí la crítica que haría a muches compañeres anti-drogas, quienes con un discurso moralista y más bien paternalista intentan imponer su visión (la cual comparto y creo acertada). Es aquí donde toma importancia lo que escribía antes de consumo libre y responsable. No podemos, ni deberíamos, obligar a nadie a dejar de consumir drogas, pero lo que sí que podemos hacer es apelar a la responsabilidad (recordemos aquello de que consumir drogas es, hoy por hoy, hacerse cómplice de redes mafiosas, de explotación, de abuso animal, etcétera). Ahora, queda en el aire el punto al que apelaba en mi anterior texto (en la sección de comentarios) sobre un enfoque utilitarista-anarquista. Alguien me replicó que ésa era la visión del sistema, y por tanto, deberíamos evitarla. Dejo el asunto para el siguiente texto, puesto éste ya va para largo.

Sin drogas también se vive… y no se aburre une.

Consideraciones sobre el reformismo

¿Reforma o revolución? Se considera reformista a todo aquello que apunta a modificar el sistema para mejorarlo, manteniendo sus estructuras y el status quo, mientras que es considerado revolucionario todo aquello que busca una transformación radical del sistema para sustituirlo por otro. Los anarquistas hemos rechazado el reformismo por considerarlo estéril y que apunta a reforzar el sistema en vez de destruirlo o debilitarlo y planteamos la revolución al no encontrar compatibilidad ni relación alguna entre ambas posturas. No obstante, al hacer un análisis más minucioso, encontramos una cierta interrelación ente ambos conceptos. Tal es el caso que pueden haber organizaciones revolucionarias con cierto discurso reformista (otro caso sería el posibilismo, es decir, la participación en las instituciones burguesas, pero aquí no se va a tratar) pero teniendo una estructura organizativa y unos principios revolucionarios. Puede sonar paradójico, sin embargo, no todo es blanco y negro y el reformismo puede en ocasiones favorecer las situaciones revolucionarias si se consigue dar con las estrategias adecuadas.

Cuando el ambiente social se torna hostil para la vida a causa de ciertas políticas y el pueblo empieza a tomar conciencia de ellas, esa conciencia puede tomar dos caminos: de tener el objetivo de reivindicar unas mejoras y el fin del malestar mediante reformas o el fin de la explotación, proponiendo la revolución como alternativa que termine con el sistema de explotación y se construya uno basado en la libertad e igualdad donde el pueblo sea quien posea los recursos y decida su destino. Lo primero terminaría por un camino estéril y haría que el sistema se perpetuase bajo otra máscara supuestamente más amable y lo segundo, sería una solución posible y efectiva. Sin embargo, la conciencia política no expresamente viene del hambre sino de la necesidad de cambiar un sistema injusto y ese deseo de cambio no se materializará si existe en el ambiente unos aires de desconfianza entre vecinos, miedo y aislamiento entre individuos.

Medidas como aumentos salariales, convenios colectivos o mayor regulación en los mercados son meramente reformistas pero atraen a gente con poca conciencia política que necesita de soluciones inmediatas para su supervivencia. Entonces, entre esa gente que comparte los mismos intereses tienden a asociarse. Ello supone el primer paso para romper el aislamiento y crear espacios que posibiliten la puesta en común de los intereses, para así visualizar las reivindicaciones y crear medios materiales para poder conseguir dichos objetivos. Tomemos como ejemplo el sindicalismo: el sindicalismo de por sí es reformista porque el objetivo de este movimiento es la consecución de mejoras laborales dentro del sistema capitalista. Cuando entraron los anarquistas en los sindicatos, posibilitó el acercamiento de las ideas anarquistas a la clase trabajadora y ello supuso la salida de la marginalidad del anarquismo que se encontraba allá a finales del siglo XIX. Gracias al contacto entre el anarquismo y la clase obrera, se pudo materializar los deseos de emancipación del proletariado. No obstante, el sindicalismo anarquista no dejó de tener reivindicaciones reformistas como las mejoras salariales, la readmisión de los despedidos, el cese de los abusos patronales, etc, pese a mantener una estructura organizativa antiautoritaria y unos principios revolucionarios, así como sus tácticas  como la acción directa.

En períodos conservadores -es decir, en momentos donde no existe una conciencia política subversiva generalizada-, el sindicalismo revolucionario sirve como herramienta de la clase trabajadora para conseguir sus reivindicaciones y hacer retroceder al patrón así como extender la lucha de clases poniendo en práctica la solidaridad entre la clase trabajadora, el asamblearismo y la autogestión. En pocas palabras, debe servir como herramienta que haga ver que mediante la asociación, organización de la clase trabajadora y la acción directa es posible materializar las reivindicaciones. En cambio, en situaciones revolucionarias -períodos en los cuales el conflicto social entre clases se generaliza-, los sindicatos se vuelven torpes para organizar la revolución y en su lugar, lo ocuparía la misma clase trabajadora que tomarán las riendas de sus vidas poniendo en autogestión las tierras, fábricas y talleres. No hay que olvidar que, además de sindicalistas revolucionarios, son anarquistas y es por ello que debe existir una organización política que impida que las reivindicaciones laborales se convierta en fin en sí mismo sino como medio para hacer ceder al patrón, para la asociación de los explotados y posibilite una revolución social que tenga como fin el comunismo libertario.

La relación entre el reformismo y la revolución radica pues en que las reivindicaciones reformistas sirven para impedir que el agua nos ahogue y tengamos terreno para poder movernos, lo cual nos posibilitaría organizarnos. Los gobiernos y los grandes propietarios ceden cuando ven peligrar su situación concediendo las reivindicaciones de la población para aliviar la tensión. No obstante, existe un gran riesgo si, pese a conseguir arañar muchas cesiones de las clases dominantes, se considere como un objetivo logrado pensando que los gobiernos y los capitalistas cedieron porque han recapacitado. Entonces, en vez de debilitar al sistema lo refuerza ya que las clases dominantes recuperaron su credibilidad al mostrar su cara benefactora.

Cuando la burguesía y la clase política decide conceder las reivindicaciones, supone una medida desesperada cuando la represión no consigue frenarlos. Si sucede ésto significa que el sistema se debilita, al ver que su sistema represivo no consigue terminar con la disidencia, lo que posibilita que podamos golpear si se consigue que la conciencia de clase se extienda y el movimiento libertario vuelva a ser un movimiento de masas organizado. Así pues, entraríamos un período revolucionario y en última instancia, las clases dominantes no dudarán en usar la fuerza para mantener sus privilegios. Es entonces cuando, mediante la exigencia de reformas, consigue llevarnos a una situación revolucionaria al despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarnos. Llegado ese momento, se tendría como objetivo la revolución social que terminaría por expropiar a las clases dominantes y recuperar nuestras vidas construyendo una sociedad libertaria.

Sacando algunas conclusiones, debemos tener en cuenta que el reformismo es estéril cuando es impulsada por movimientos ciudadanistas con reivindicaciones como la reforma de la ley electoral, el impuesto a los ricos y las transacciones financieras, mayor dureza contra la corrupción, etc que únicamente tienen el fin de conseguir un sistema más amable con una explotación más sutil. Sin embargo, hay ciertos aspectos como la lucha en el mundo laboral, la defensa de la Sanidad y la Educación, que si se consiguen conquistas mediante la acción directa, servirían para impulsar aspiraciones más ambiciosas y revolucionarias como la autogestión obrera tanto de los medios de producción como de la salud y la educación. Lo más importante de todo es que se vea que mediante la acción directa y la autoorganización es posible conquistar no solo nuestros derechos sino que desde la cooperación y la solidaridad, consigamos tener bases materiales para aspirar más allá de la defensa frente a las agresiones del capital. Los movimientos sociales quedarán inofensivos y absorbidos por el sistema cuando los objetivos son meramente reformistas y no aspiran a la transformación radical del sistema que es la destrucción del Estado y el Capital.

Nota: este artículo fue rescatado de Sección Libertaria por el motivo del cierre del blog.

Sentando las bases

El maremagnum de grupos, colectivos, sindicatos y organizaciones anarquistas (o que comparten métodos o finalidades con el anarquismo) ha sido incapaz en los últimos años de sentar unas bases comunes que marquen su actividad conjunta. Como resultado de esta carencia, no resulta raro el espectáculo de grupos pretendidamente afines que defienden públicamente posiciones contrarias, bien a nivel de objetivos o bien a nivel de estrategias. Incluso existen grupos objetivamente cercanos que pasan a considerarse enfrentados por diferencias de una importancia bastante relativa. No son despreciables las rupturas y otros problemas derivados de toda esta oposición.

Sin querer acabar con la heterogeneidad del movimiento, sí que considero esencial empezar a expresarnos públicamente de manera colectiva, en base a un programa de mínimos concreto y asumible por todos, que hable de qué sociedad aspiramos a construir los libertarios y cómo vamos a avanzar hacia ella en el corto plazo. Para alcanzar dicho consenso resulta fundamental llevar los debates y la diversidad de propuestas al seno del movimiento, de manera que de las conclusiones de esos debates salgan unas nociones comunes para expresarnos políticamente. ¿Qué pasos vamos a dar en los próximos meses y años los anarquistas? ¿Qué estrategias vamos a seguir? Es necesario un proceso que eleve estas preguntas desde la asamblea del colectivo en la que participamos a un nivel superior, el del movimiento en el que esa asamblea se enmarca. A ese nivel nunca hay debate, porque apenas existen espacios para desarrollarlo.

Este mismo sitio web, Regeneración, ha sido un modesto intento de conseguir un espacio para el debate razonado entre libertarios de tendencias diversas. Aunque nace lastrado por la dificultad de expresar conclusiones en el medio virtual, lo cierto es que algunos de los debates que se han abierto resultan necesarios y están todavía sobre la mesa. Solo se echa en falta que más tendencias dentro de lo libertario se animen a expresar sus posiciones. Por supuesto existen otros espacios, cada uno con sus particularidades: El foro alasbarricadas.org, la revista Estudios…

Otra problemática que se repite en los pocos debates que tienen lugar dentro del movimiento es la posición de trincheras, la incapacidad de aceptar los argumentos contrarios. También una tendencia a reproducir los enfrentamientos personales en enfrentamientos políticos sinsentido. Una serie de prácticas que pesan como una losa a la hora de tratar de avanzar. Eso solo puede solucionarse con la apuesta firme de todos los implicados en este tipo de miserias por acabar con ellas, demostrando una altura de miras suficiente que ponga el interés general por encima de las aspiraciones particulares.

Finalmente, el desarrollo de un movimiento necesita de unos actores que no aparezcan súbitamente, ardan durante un par de años como máximo y desaparezcan repentinamente sin dejar apenas rastro (bien por cansancio, por un cambio en las condiciones vitales de sus miembros o por la incapacidad de asumir el golpe represivo derivado de su actuación). La dinámica de los grupos efímeros es incompatible con la construcción de unas líneas comunes de actuación. Estos grupos pueden tener su papel, pero en ningún caso pueden sustituir la necesidad de organizaciones que trabajen de manera continuada en temáticas diversas, de manera que acumulen experiencia, contactos, etc. Precisamente por su capacidad de mantenerse en el tiempo estas organizaciones podrán constituir las bases de un proyecto colectivo que no desaparezca a las primeras de cambio y tenga que reinventarse reiteradamente.

Una propuesta práctica para iniciar el trabajo en común

Para el avance cualitativo de nuestras prácticas resulta esencial un proceso amplio de debate, que ponga sobre la mesa los objetivos a corto plazo, las lineas estratégicas sobre las que trabajar y las formas de organización desde las que realizar dicho trabajo. Dicho debate debe partir de diversos análisis sobre la realidad presente y concretarse finalmente en unas conclusiones que definan el proyecto político de los anarquistas. Análisis que, al estilo de las diferentes comisiones existentes en algunas asambleas del 15M, pueden centrarse en temáticas concretas: Laboral, Barrio, Juventud, Economía…

Asímismo deben surgir espacios donde compartir los distintos análisis y confrontarlos unos con otros. Espacios desde donde extraer unas conclusiones compartidas que marquen nuestra actividad futura. En todo este proceso deberán participar todos los grupos libertarios que, en un sentido amplio, aspiran a un cambio social que parta de la sociedad misma (o de una gran parte de esta).

Sobra decir que todo este trabajo está por hacer. En general, nuestros análisis son escasos, anticuados o simplistas. El análisis del capitalismo o del Estado que hacen muchos autores clásicos no se adapta al contexto presente, por mucho que nos empeñemos en adecuar el presente con calzador a nuestros esquemas. Nuestros panfletos son una serie de lugares comunes repetidos decenas de veces, verdades autoasumidas que rara vez ayudan a clarificar posiciones o a saber qué tenemos que hacer. Desde esta incapacidad para analizar la realidad presente es imposible influir positivamente en la sociedad. De ahí también que en ocasiones acabemos haciéndole el juego a la derecha o a la socialdemocracia, incapaces de presentarnos como una fuerza en sí misma.

También, como ya hemos indicado, están por definir los tiempos y los espacios en los que dichos debates podrían tener lugar. Los medios de contrainformación (virtuales o en papel) son una buena herramienta para comenzar, pero en ningún caso son suficiente. Es necesario desarrollar encuentros presenciales a nivel local y regional, con unas líneas de debate y unos textos conocidos de antemano, con un funcionamiento acordado por los grupos participantes. Encuentros que se desarrollen con la voluntad de llegar a acuerdos que sean de algún modo vinculantes para las organizaciones.

Por último, resulta necesario ser capaces de trasladar estas conclusiones a la sociedad. Exteriorizar qué es a lo que aspiramos, por qué, cuáles son nuestras propuestas de futuro a corto y medio plazo, nuestras estrategias… Solo de ese modo podremos ir más allá de la difusión ideologizada y empezar a enganchar con las prácticas de los movimientos sociales. Volviendo a ser un actor político relevante con ideas y propuestas para mejorar las cosas desde hoy mismo. Para que este proceso de ruptura con el gueto pueda tener lugar resulta esencial participar en los movimientos sociales, desde un propuesta específicamente libertaria pero sin pretender forzar sus tiempos y dinámicas. Tenemos que ser capaces de potenciar las propuestas más avanzadas del movimiento sin aspirar a dirigirlo o ejercer de vanguardia. Defender nuestras posiciones y no quemarnos si no son aceptadas. Comprometernos a trabajar y no poner trabas si las decisiones no son las que desearíamos. Ser críticos sin ser destructivos.

¿Por dónde empezamos?

Esta quizá sea la pregunta clave. Son muchas cosas por hacer y la mayoría no sabemos ni por dónde empezar. Lejos de tratarse solo de construir, los problemas enquistados dentro del movimiento muchas veces tiran abajo cualquier intento antes incluso de echar a andar.

A nivel individual, es fundamental repensar qué dinámicas negativas estamos reproduciendo: enfrentamientos personales, actitudes intransigentes, falta de compromiso y de humildad… Son problemas que no tienen otra solución que volverlos conscientes en uno mismo y comprometerse a cambiarlos, empezando a participar de una manera más constructiva, abierta y honesta.

También resulta necesario acabar con los chiringuitos, tan comunes en la izquierda, montados ante todo para reafirmarnos a nosotros mismos. Tenemos la tendencia a movernos en los espacios donde tenemos cierto reconocimiento y nos sentimos cómodos. En el momento en el que esos espacios se abren y entra gente nueva, surgen problemas debido a que esa renovación pone en cuestión nuestro antiguo estatus dentro del grupo. Esto da lugar a escisiones que, justificadas de las formas más rocambolescas, no son más que chiringuitos montados únicamente por cuestiones personales y no por diferencias políticas de calado.

Por cuestiones similares, tendemos a crear nuevos grupos antes de participar en los ya existentes. La mayoría de grupos desaparece, más que por una decisión consciente, por una falta de relevo. Es hasta cierto punto comprensible que conforme cambia la situación vital de los militantes de un proyecto, estos se vean obligados a abandonarlo o minimizar las responsabilidades que pueden asumir respecto al colectivo. Es necesario que los grupos gestionen este relevo, pero también que las personas que puedan dárselo se comprometan con los proyectos ya existentes más que comenzar desde cero y duplicar trabajo. Para ello también es necesario, por parte de los antiguos miembros, saber llegar a acuerdos respecto a los cambios en las lineas generales del colectivo ante la entrada de nuevos miembros y, por parte de quien entra a participar, respetar las decisiones y el trabajo acumulado durante la existencia del grupo.

A nivel colectivo, debemos asumir una visión de conjunto e ir más allá del trabajo de nuestra propia asamblea. Empezar a desarrollar análisis en el terreno en que nos movemos y compartirlos con el resto de grupos. Empezar a organizar espacios de debate con colectivos cercanos (ya sea geográficamente o de temáticas tratadas) para construir redes de apoyo y de debate. Utilizar los medios que ya existen para presentar estos análisis y para confrontarlos con los de otras organizaciones afines, de manera que se genere un proceso de debate con perspectivas de cierta confluencia, con el objetivo de desarrollar las líneas de un programa común de los libertarios.

Si sabemos hacerlo, puede que recuperemos el anarquismo como movimiento con capacidad de influenciar la realidad social y alterar el futuro. En definitiva, está en nuestras manos abandonar la marginalidad y reconstruirnos como movimiento revolucionario.

Entrevista a la Federación Anarquista Berciana

En los últimos tiempos hemos asistido al nacimiento de nuevos grupos anarquistas en el territorio del Estado español, por ejemplos las varias agrupaciones de estudiantes libertaries. En esta entrevista os traigo los testimonios de otra nueva agrupación, la Federación Anarquista Berciana (FAB). En la entrevista les compañeres de la FAB nos cuentan sus visiones del anarquismo y sus intentos por aportar algo a la consecución de la revolución social. Sin más, os dejo con el texto.

1) Comencemos con lo básico, ¿cuándo, cómo, y dónde nace la Federación Anarquista Berciana?

Los principios de la Federación Anarquista Berciana se remontan unos años atrás con un germen de similar calado pero con diferentes iniciales entre otras cosas. La actual FAB nace con un twitter y el contacto con diferentes compañeros ácratas ubicados en toda la Región de El Bierzo, ya que aquí, y aunque nuestra intención tampoco sería afiliarnos, no hay delegación ni siquiera de la CNT-AIT solo de la CGT, y ante la tesitura de la falta de organización y viendo el rumbo tomado por la actual sociedad capitalista, decidimos crear esta organización de fuerte calado anarquista.

2) ¿Cuál es vuestra línea ideológica?

Nuestra linea ideológica es anarquista pura, por poner un ejemplo bastante concreto, similar al de la FAI. Nos basamos en los grupos de afinidad de activistas autónomos, en los que los compañeros con ideas más afines y enmarcado dentro de un concepto de total libertad, acción directa y solidaridad, damos libertad de acción total a nuestro afiliados, siempre que sea aprobado por el colectivo. Desechamos el anarco sindicalismo, ya que, no siendo malo, creemos que tiende a una cierta burocratización y estatitación, y por lo tanto estancamiento revolucionario y fin de la revolución en sí. No nos atamos a ningún partido, obviamente, pero tampoco a ninguna organización sindical, ya que nuestros fines son, única y exclusivamente, y como mínimo organizarnos, concienciar y no vivir bajo el pesado nombre de unas letras. Nuestra fuerza reside en nuestras manos y mentes, y si nos llamamos FAB es porque, simplemente, necesitábamos un nombre. En nuestra organización no hay ni carnet de socios, ni cuotas, somos anarquistas hasta la médula, ya sea anarco colectivistas, anarco comunistas o cualquier rama ácrata, ya que creemos que la teoría está bien, pero dada la tesitura de la revolución social siempre se imponen los hombres y no una idea que seguir a rajatabla.

3) No hay dos sin tres: ¿y vuestra línea estratégica? ¿Cómo ponéis en la práctica vuestras ideas o qué tipo de acciones tenéis en mente?

Tendríamos que mataros si os revelamos tal información. Una pequeña broma. Nuestra linea estratégica definitiva y como no puede ser de otra forma, es la aniquilación del estado capitalista, por medio de la lucha revolucionaria en todos los frentes inmensa campaña que es siempre el fin de cualquier movimiento u organización libertaria, por muy pequeña y joven que sea como la nuestra. Lo máximo que podríamos deciros es que nuestras acciones van encaminadas, en un principio hacia la desobediencia civil. La verdad es que no nos parece coherente ni lógico revelar nuestra linea estratégica y de acción, el estado siempre está pendiente hasta en lo más mínimo Solo os podemos decir que somos una organización que, por supuesto, no está bien vista a los ojos de estado, y éste tiene ojos hasta en la nuca. Os podemos decir que vamos a usar un modelo de lucha equivalente a la opresión, que, poco a poco y disfrazado de burda democracia capitalista, usa el estado contra nosotros.

4) Respecto a la forma en la que os organizáis… ¿cuáles son para vosotrxs las ventajas de organizarse en grupos de afinidad? ¿Cómo funciona la FAB internamente?

La FAB es una organización de hombre y mujeres libres, que se reúnen en asamblea para tomar decisiones en colectivo. Creemos en los grupos de afinidad como la manera de descentralizar algo, ya de por sí, descentralizado, para, si se diera el caso, no caer, como ya hemos dicho antes en ningún tipo de burocratización. La ventaja de los grupos de afinidad es amplia, dependen de la organización, pero en sí son células autónomas, que si bien con el permiso de todos, actúan hasta cierto punto, por su cuenta en los diferentes cometido de la FAB.

5) Para muchxs los números son tan importantes como la calidad de la militancia: ¿qué perspectivas tenéis en vuestra región del Estado español en cuanto a número de militantes en un futuro próximo? Y ya que estamos: ¿cómo se acoge al anarquismo en la región del Bierzo?

La verdad es que el calado ácrata de la Región de El Bierzo está por ver, y aunque en el pasado fue muy fuerte, este será un buen estudio de campo para ver hasta que punto la gente está concienciada. Ésta siempre ha sido una zona de fuerte calado ácrata, pero la terrible revolución capitalista, lenta pero segura, y los sindicatos con sus liberados, han conseguido atontar tanto a la sociedad con su «Estado de Bienestar» donde, y aun cuando, la militancia, puramente ácrata no es mayoritaria, pero viendo los últimos acontecimientos sociales, y lo que está por venir, esperemos se den cuanta y le dejen de dar la espalda a la autentica revolución que termina con la explotación del hombre por el hombre, que no es otra que la Revolución Social, autentica y real.

6) Por otro lado, ¿cómo trabajáis la calidad (formación) de la militancia? (Si tenéis algún tipo de actividad interna).

Como sabréis estamos empezando, pero lo único que os podemos decir es que preferimos 10 buenos a 100 malos, así actuamos y así creemos que debe ser, y con el tiempo, la revolución no solo se hace en la calle si no también leyendo, mediante charlas, etc… no hay revolución social sin revolución interna.

7) Finalmente, ¿puede todo el mundo unirse a vosotrxs? ¿Qué tienen que hacer? ¿Algún contacto?

Cualquiera puede formar parte de la FAB es una asociación libre, pero lo lógico es que la gente que la forma sea de nuestra zona de El Bierzo, al no tener carnets de afiliados espero que algún día no sepamos cuántos somos, eso seria muy bueno. Para entrar en contacto con nosotros lo único que tienen que hacer es visitar nuestro twitter @AnarcoBierzo y contestaremos y atenderemos gustosos a todo el mundo.

8) Muchas gracias por esta magnífica oportunidad. Si queréis añadir algo más, por favor, sentiros libres de hacerlo ahora. Salud.

Solo queremos decir que todo el mundo de El Bierzo que tenga ideas ácratas o interés se ponga en contacto con nosotros mediante nuestro twitter, todo el mundo será bienvenido.

SALUD Y REVOLUCIÓN SOCIAL

Ante la miseria, subida de impuestos

Congratulémonos; sí, hagámoslo con ahínco. La izquierda parlamentaria, toda vez ha abandonado la radicalidad, si es que alguna vez se supo dueña de ella, ha llegado a una nueva conclusión, a una nueva panacea contra el capitalismo: subir los impuestos a los más pudientes; pero no contentándose con esta medida, que ya por sí sola consigue que la mayoría de capitalistas del mundo, y en particular de España, recuperen su humanidad y se lancen a entregar todo su patrimonio a los desposeídos, han dado con otro remedio, a saber: que el Estado exija a las grandes fortunas, una vez éstas han usurpado y succionado toda la fuerza del trabajador, o como gusta decirlo ahora: una vez han creado riqueza, que estén fiscalizadas en su totalidad en su país de origen, es decir, que no evadan impuestos en uno de los diferentes paraísos fiscales que salpican la imperfecta esfera. ¡Menuda suerte! Seguro que los más miserables, contentos con las reformas, se arrojarán a los brazos de estos grupos en las siguientes elecciones. No obstante, el voto de todos vale lo mismo. Y es que en el parlamentarismo, lo más ridículo es siempre lo más democrático.

Hay que retomar, dicen, el espíritu de imposición fiscal en función a la renta. Sin duda, es esto lo más progresista, así pues lo más benigno para toda la sociedad. A más capital, más impuestos. Y ¿por qué no decirlo también? A mayor capital, mayor limosna. O peor que una limosna, pues ésta, dentro de lo repugnante de su aroma, al menos mantiene la voluntariedad del acto; el impuesto por el que declaman es una limosna obligada, requerida, por lo que pierde cierta, por llamarlo de alguna forma, virtud. Ambas deleznables, ambas sostenedoras de la inequidad y de la injusticia a través de los siglos siguen en plena vigencia. No creo que haya existido emperador, dictador, cacique, autócrata, déspota, amo, señor feudal o rey el cual no conociera la máxima que reza que cuando el pueblo está a punto de estallar en revuelta e insumisión hay que darle algo más de pan, holgarle un poco más las cadenas o, para el caso, repartir un poco mejor el pastel. Si funcionaba en la Roma fúlgida y en el Medievo oscuro, ¿por qué no iba a hacerlo ahora? ¿Ha cambiado en algo el alma del hombre? ¿No sigue igual de domada? ¿No piden ahora algunos sectores de la alta burguesía francesa y estadounidense, conscientes de esto que digo, que les suban los impuestos para así poder contribuir mejor al mantenimiento de los servicios sociales que necesita el pueblo? Es preferible que a uno le suban los impuestos un tanto por ciento mientras pueda mantener el control de los elementos de producción, pensarán en razón a sus intereses.

Ahora bien, que los que se supone representantes de los trabajadores, tanto partidos como sindicatos verticales y subvencionados, aboguen por tales medidas me resulta algo esperpéntico y escalofriante. No se olvide jamás: la riqueza que se crea en colectivo debe recalar en el propio colectivo. Sólo la riqueza que emerge individualmente puede y debe quedar en manos del productor original. Pero como no estamos ante este caso, pedir la colectivización autogestionaria, sin burocracia sindical o estatal, no puede quedarse en un grito del pasado, en un estandarte obsoleto; no, ahora más que nunca parece ser la autogestión de los propios trabajadores de sus herramientas de trabajo la única manera de llegar a abolir la miseria de forma definitiva. Fuera de esto, todo queda en medias tintas que bajo la llamada al progreso y a la conciliación buscan mantener la penuria, la escasez y la miseria; o a lo sumo: gestionarla con más humanidad.

De optimismos y pesimismos

La historia de los Estados-nación modernos está plagada de manipulaciones viles: desde el caso Dreyfus en Francia hasta las últimas detenciones en el Estado español de cinco compañeres anarquistas. En casi todos, si no en todos, los casos los medios de comunicación han jugado una papel de suma importancia, pues son ellos los que manejan la opinión pública al sustentar una supuesta legitimidad informativa envuelta en un ficticio halo de veracidad e imparcialidad. No obstante, puede que esta vez no les salga el tiro como elles esperaban.

Desde que el mundo se agitara con la llamada Primavera Árabe, la cual precedió y sirvió de inspiración a otros movimientos sociales a lo largo y ancho del mundo—por ejemplo el 15M en el Estado español, el Occupy Movement en los EEUU, y otros muchos—, la conciencia social parece haber tornado mucho más flexible en cuanto a las definiciones que, desde el poder estatal, se aplican a cosas como «violencia» o «terrorismo.» De esta manera, hemos visto cómo amplios sectores de la sociedad española se han echado a la calle para gritar que «violencia es no llegar a fin de mes», o que los «terroristas son bancos y banqueros.»

Estas muestras de crecimiento en la conciencia política de las personas han de ser recibidas con cierto optimismo. Tener una conciencia crítica, o un conato de la misma, implica disponer de un juicio superior a la hora de tratar los sucesos que acaecen en sociedad. Mientras que hace unos años se condenaba sistemáticamente a aquelles que el Estado definía como «terroristas»—véase el ejemplo de la kale borroka—, hoy pareciera que existe una cierta reticencia a tragarse todo lo que la televisión nos echa de comer. Vimos muestras grandísimas de apoyo a los mineros cuando marcharon hacia Madrid—a pesar de la criminalización que el Estado, usando a los medios de comunicación, intentó adjuntar a la causa minera. También vimos movimientos de solidaridad con Alfón cuando fue detenido en Madrid. Twitter anoche consiguió que la solidaridad con les anarquistas detenidos en Catalunya llegara a hashtag.

Algo ha cambiado en nuestras sociedades en los últimos años. La manipulación mediática que criminaliza la lucha social ya no es tan efectiva como antes. La policía ya no es esa «fuerza del orden» que protege a les ciudadanes. Los discursos del poder se ven así debilitados por la creciente conciencia alternativa que escapa a los medios de comunicación de masas y a la fábrica ideológica del Estado. Sin embargo, tampoco vamos a pecar simplemente de optimistas. Si bien es cierto que este cambio a nivel de conciencia ha hecho que mucha gente se movilice—influyendo también en aquellos sectores sociales entre las clases medias que antes de la crisis no concebían la actividad política en la calle como algo plausible—, todavía queda mucho por hacer. Es más, todavía queda lo más importante por hacer, diría yo.

El terreno se está preparando para la siembra: la gente es más receptiva a discursos alternativos; a ideas políticas que no dominan el Congreso o el Senado; incluso puede que a otras formas de vida. Es ahora cuando les anarquistas debemos presentar con fuerza nuestra alternativa de vida. La manipulación mediática puede que se haya debilitado, pero sigue estando ahí y llegado a cientos de miles de personas. No obstante, estamos personas tienen ahora una mosca en la oreja: el clamor de las manifestaciones en la calle, manifestaciones que ya no están frecuentadas solamente por aquelles «perro-flautas» que las clases medias tanto despreciaban cuando en la televisión algún programa hacía un reportaje sobre la «flora y fauna» de nuestras ciudades. El espectro social que acude a las manifestaciones de hoy en día se ha incrementado tanto que cualquiera fácilmente se puede sentir identificado—o al menos puede sentir aquella «mosca» detrás de la oreja.

Ahora que la gente ya no se cree que une es terrorista por tener un pasamontañas y un par de petardos en casa, es momento de practicar aquello de la inserción social. Aprovechar la apertura de conciencia torna en tarea urgente; hacer uso de esta debilitación del poder simbólico del Estado es fundamental para avanzar hacia la revolución social. Feminismo, ecologismo, veganismo, anarquismo… temas que antes podían levantar uno o dos muros defensivos en las mentes individuales, hoy por hoy están listos para ser debatidos y presentados a más amplios sectores sociales.

Ahora que la televisión y el Estado parecen haber sacado un pie fuera de nuestros salones, aprovechemos para meter el nuestro: desde abajo y compartiendo experiencias. La revolución social es social porque no trata solamente de tomar el poder político como otres quieren hacer. La revolución social se empieza desde dentro de une misme, en las mentes, y ahora que la crisis no es solamente económica sino también de valores—hasta cierto punto, claro está—, tenemos que movernos más que nunca.

De nosotres depende que algo nuevo nazca de esta situación de crisis. Si no nos movemos, elles, les que siempre han poseído el poder, harán como que cambian las cosas para que precisamente no cambie nada. Y entonces las conciencias críticas se apagarán de nuevo y se apoltronarán en el sofá una vez más. Y nosotres nos quedaremos donde siempre: en la marginación ideológica.

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