Reflexiones sobre un pueblo fuerte

En mi anterior artículo ya hablé de la necesidad de que les anarquistas dejáramos de estar a la defensiva para pasar a la acción. Lo que yo expuse en mi anterior artículo puede que fueran mis reflexiones personales e individuales, pero sé a ciencia cierta que eso mismo lo pensaban y lo piensan muchas personas más. Análisis, debates y artículos que reflexionan en torno al problema del movimiento-ghetto anarquista que, guste o no, hemos creado o, al menos, es lo que tenemos en buena parte, abundan. Se torna manifiestamente claro que si nuestras ideas actualmente no tienen más seguidores entre el pueblo no es principalmente por acierto de les que nos oprimen, sino por defecto nuestro. Llevamos mucho tiempo sin una estrategia clara y haciendo muchas cosas mal o con un objetivo diferente al de convertir al movimiento libertario en un movimiento de masas, capaz de transformar nuestros anhelos en algo real. Que también se han hecho otras muchas cosas bien es obvio, pero para tirarnos flores nos sobra tiempo, para reaccionar y posibilitar alcanzar otro mundo, no.

Ha surgido Construyendo Pueblo Fuerte . Por ahora no es más que un manifiesto firmado por militantes y activistas sociales que buscan superar al capitalismo y al Estado y conseguir una democracia de verdad (directa, económica, participativa, inclusiva: libertaria ) luchando desde abajo al margen de los cauces institucionales, pero puede llegar a ser mucho más: puede llegar a ser lo que pretende.

La cosa está clara. Ante el eterno retorno de la socialdemocracia, les que no nos identificamos con las instituciones de este sistema y no creemos en las vías electoralistas y en los parlamentos, necesitamos organizarnos, reconocernos y visibilizarnos . Pero no merece la pena que nos visibilicemos si no tenemos nada que proponer. Sí, abolir el Estado y el capitalismo; comunismo libertario, democracia directa y asociación libre. Vale, muy bien, pero igual necesitamos algo más . Igual necesitamos ponernos manos a la obra a elaborar un programa específico para las necesidades políticas, económicas y sociales de nuestro tiempo . Igual necesitamos juntarnos alrededor de una iniciativa confluyente para poder tener fuerza de verdad, poder popular , sin abandonar nuestros principios (al revés, reafirmándolos) ni nuestras organizaciones. Igual necesitamos estar dispuestes a lanzarnos al barro y ponernos de mierda hasta las orejas, como han hecho todes aquelles a les que admiramos y que ya solo son palabras en libros o en nuestras bocas.

Este mundo es complejo. Como diría una gran persona, «no escogemos el tiempo que nos toca vivir, solo lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido dado». Nuestro tiempo nos ha puesto en una situación realmente complicada, una muy difícil, pero eso no debe asustarnos ni hacer que nos quedemos resguardades dentro de nuestro caparazón, aunque las condiciones sean adversas y nada bueno se augure. Yo estoy hasta las narices de esperar . Estoy ya cansado y no tengo… mejor dicho, no tenemos (tanto) tiempo. Entre nosotres no hay jerarquías, ni órdenes ni jefes, construiremos lo que nosotres mismes queramos construir , así que basta de excusas y basta de cobardías.

Cada une que haga lo que crea conveniente para sí. Yo lo tengo claro.

@LuisAcrata

El poder popular contra la vía institucional

Hace falta construir también, no solo derribar, porque si únicamente derribamos y no sabemos construir, otras construirán lo que derribemos, y entonces tocará de nuevo derribar, entrando en un ciclo interminable donde los y las perdedoras somos nosotras.

Hemos escuchado muchas veces la asociación del poder popular a un gobierno popular o de izquierdas. No obstante, la definición de poder popular no pasa realmente por ser sinónimo de un gobierno popular¹, sino que sería definido, desde una perspectiva anarquista, como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular constituiría una oposición efectiva fuera de las instituciones burguesas y una fuerza política capaz de crear sus propias instituciones u órganos que sustituyan a los organismos del Estado. Esto implica no optar por la vía institucional, sino por la superación del orden capitalista a través de potenciar la autoorganización en el seno de la clase trabajadora a todos los niveles (nivel de barrio, territorial, estudiantil, sindical y político), aspirando a implantar un nuevo sistema político, social y económico basado en la cooperación, la toma de decisiones asamblearia, la solidaridad y la propiedad colectiva de los medios de producción.

Antes que nada, nos pondremos en situación con un breve análisis de coyuntura. Desde la aparición de los movimientos sociales al calor de la crisis, pasamos por un período de inflexión donde están surgiendo nuevas formas de movilización social y también el surgimiento de nuevos partidos políticos, tras la entrada del capitalismo en una nueva fase de reestructuración. La coyuntura de los años de bonanza en los países capitalistas estuvo marcada por una paz social casi total, un consenso entre clases tras la derrota de los movimientos revolucionarios de los ’60, ’70 y ’80. No obstante, actualmente vivimos un nuevo resurgimiento de la movilización popular en una coyuntura que se hace imprescindible la inserción social de los y las anarquistas y ser partícipes de los cambios en el escenario político actual. Podemos apuntar un breve repaso en el aumento de las diferencias de clase por un lado, y por otro, se marca cada vez más una relación de colonia-metrópolis dentro de la propia UE, siendo los países centrales como Alemania y Francia los que formarían la metrópolis, mientras que países de la periferia conformarían la periferia colonial, como los PIGS, Rumania y otros.

A partir de aquí, se está configurando una nueva coyuntura política y social, donde por un lado vuelven a salir las tendencias fascistas y la complicidad de la clase dominante con ellos, como se demuestran en el apoyo al gobierno de Kiev por parte de la comunidad europea y su pasividad hacia partidos fascistas como Frente Nacional y Amanecer Dorado. Y por otro lado está la izquierda parlamentaria que se está reorganizando en torno a una socialdemocracia inspirada en movimientos ciudadanistas estilo 15M, tal es el caso de Podemos y similarmente, Syriza. Respecto al terreno social, podemos encontrar, tras la desmovilización del 15M, una nueva reconfiguración en las movilizaciones populares que actúan en diferentes ámbitos, como el de barrio, la vivienda, la salud, la educación… sin que la tendencia sindical de clase sea el eje central. Estos movimientos tienen una composición muy heterogéneos y carecen de una orientación política clara. También, dentro del movimiento libertario están surgiendo nuevas tendencias que tratan de disputarse un espacio en el escenario político. No somos ajenas al cambio que se está dando actualmente, y están surgiendo procesos, iniciativas y formas organizativas que miran hacia la inserción social, la articulación de movimiento y la construcción de una alternativa política en el seno de la clase trabajadora. Sin embargo, todavía al movimiento libertario le falta consolidarse. Estamos en un proceso de reconstrucción y con miras a enterrar los viejos vicios para salir del estancamiento, sabiendo que si no superamos la marginalidad, acabaremos muriendo y sin posibilidad de plantar cara materialmente al neoliberalismo desde una perspectiva anarquista.

Con la irrupción de Podemos en el escenario político y una derecha que está perdiendo la hegemonía en favor del discurso socialdemócrata, y siendo este año en el que se aproximan las elecciones municipales y más tarde las generales, es probable que tengamos que contar con nuevas caras en ayuntamientos y en el gobierno estatal. Nos han pasado por encima numerosos ajustes neoliberales, la más destacada la reforma laboral del 2012, más la LOMCE y ahora con más vueltas de tuerca del Plan Bolonia en el ámbito estudiantil, sin olvidar tampoco el acecho del TTIP que mermará aún más los derechos sociales en favor de los mercados. El neoliberalismo está en continua ofensiva mientras que los movimientos sociales están en una posición a la defensiva, y los pocos actores políticos que se presentan como opositores al modelo neoliberal llevan tintes socialdemócratas, mientras que la izquierda revolucionaria (léase marxistas y anarquistas) brillamos por nuestra ausencia.

Las coyunturas están en constante cambio, es un gravísimo error de análisis afirmar que no ha cambiado nada, lo cual, quiere decir que es un error pensar que con otras caras en las instituciones vaya a seguir todo igual. Aquí hay que diferenciar entre lo estructural y lo coyuntural. Mientras que lo primero es referido a la base material en las relaciones de producción, lo segundo es referido al conjunto articulado de fuerzas políticas y sociales en un determinado espacio y tiempo. En otras palabras, un cambio de gobierno (no la forma del Estado) no ocasionaría un cambio en las relaciones de producción, pero sí provocaría un cambio en la coyuntura, esto es, que ante una posible victoria de un partido socialdemócrata, la correlación de fuerzas cambie en favor de unos sectores sociales, como sería la de la pequeña burguesía y parte del proletariado. Esto supondría un pequeño desplazamiento de las tendencias neoliberales en favor de una tendencia keynesiana, aunque posteriormente ese supuesto gobierno socialdemócrata termine asimilando el discurso neoliberal.

Así pues, medidas decretadas por dicho gobierno como, por ejemplo, una subida del salario mínimo interprofesional, la paralización de los procesos de privatización, moratorias sobre las ejecuciones hipotecarias, derogación de leyes restrictivas, etc, supondrían un respiro para las capas sociales más desfavorecidas entre la clase trabajadora. No obstante, puesto que la sociedad de clases no desaparece sino que la clase capitalista sigue siendo dominante, las medidas no se aplicarían si no hay un poder social que las ponga en vigencia, es decir, si no existe una movilización popular que obligue a la clase capitalista a aplicarlas. Por ejemplo, a una trabajadora se la puede someter con amenazas de despido para que acepte un sueldo por debajo del salario mínimo decretado si ésta no se organiza en su sindicato, o un banco puede igualmente echar a la gente de las casas pese a las moratorias si no hay un Stop Desahucios que los frene. Dentro de la relación instituciones–pueblo, podemos ver con este ejemplo que existen dos fuerzas separadas: por un lado, la del partido de turno en el poder ejecutivo² y por otro, la de los movimientos populares. Las relaciones entre estas fuerzas pueden variar: desde la dependencia absoluta del partido y su funcionamiento como una extensión de éste para captar votos, tener una base de apoyo ideológico y de legitimación de sus medidas, hasta una fuerza independiente con su propio proyecto político. O incluso puede darse el caso de una ausencia casi total de movimientos populares. Los factores que determinan la fuerza real de los movimientos populares son: su grado de presencia en el escenario político y de organización, capacidad para adaptarse a los cambios, su composición interna y la existencia o no de un discurso político, es decir, si está articulado también a nivel político.

Es sabido entre anarquistas que la vía institucional es un engaño, un callejón sin salida que termina en la conciliación de clases y prepara a su vez el terreno para los totalitarismos de corte fascista cuando desmoviliza el movimiento obrero. Hemos estado repitiendo hasta la saciedad esta premisa, así como el discurso de la abstención activa pero, ¿hemos conseguido poner sobre la mesa unas alternativas políticas concretas como hojas de ruta más allá del «organízate y lucha»?. Por eso, no está de más añadir unas cuántas líneas más que vayan más allá de la mera negación. Consideremos que las dinámicas que emanan desde las instituciones nos afectan y que no podemos permanecer pasivas con los cambios que desde allí se dan y ver por dónde podemos avanzar sin entrar en el juego electoral, apostando por el fortalecimiento de los movimientos sociales y la creación de alternativas a través de la lucha cotidiana. La coyuntura legal y la tendencia del poder ejecutivo influyen, de alguna manera aunque sin ser un factor determinante, en la configuración de los movimientos sociales. Por ejemplo, en una situación donde esté reconocida en las leyes la libertad sindical, podría favorecer el surgimiento de sindicatos independientes, cosa que sería más difícil en otra donde dicha libertad esté restringida. Sin embargo, que la libertad sindical esté recogida en las leyes no hace que comiencen a brotar numerosas centrales sindicales ni que la clase trabajadora vaya en masa a organizarse en el sindicato, esto dependerá de otros factores. Puede darse el caso también que en situaciones más represivas surja un grado de organización popular y conflictividad social mayor que en otra donde se reconozcan más derechos y libertades.

La limitación de la vía institucional radica en que no es capaz de cambiar lo estructural, solo puede aspirar a reformar el capitalismo. Por ello, siempre en última instancia, será el grado de presencia de los movimientos populares, su organización y su politización lo que determinaría cómo se configuraría la correlación de fuerzas. Por tanto, un pueblo fuerte sería capaz de avanzar incluso en coyunturas donde la represión sea más fuerte que en las democracias liberales. Así pues, tomando como referencia el ejemplo del párrafo anterior, aunque estuviesen prohibidos los sindicatos al margen de los oficiales ni estuviese legalizado el derecho de reunión, aquel pueblo fuerte, o un movimiento popular fuertemente organizado, seguiría siendo capaz de organizarse y articularse como fuerza política capaz de dirigir una ofensiva contra las clases dominantes desafiando su orden y poner en marcha los programas políticos de carácter popular y revolucionario.

En resumen, hemos de destacar la separación entre lo institucional y el pueblo. Mientras que desde las instituciones se pueden aplicar medidas para aliviar los efectos de la reestructuración capitalista sobre la clase trabajadora, si el pueblo se constituyese como un actor político independiente, puede llegar a desestabilizar el viejo orden capitalista y llevarnos a una situación revolucionaria mediante la agudización de la lucha de clases. El poder popular desde una perspectiva anarquista es una vía alternativa al asalto institucional y a la conquista del poder político, lo cual quiere decir que en lugar de mirar hacia el Estado, concibe la articulación del pueblo como sujeto político, siendo una fuerza independiente y un actor político fuera del marco institucional. Pero independiente no significa marginalidad ni aislamiento, sino llevar discurso propio que no parta de las abstracciones ideológicas, sino del análisis de coyuntura, de la realidad de las luchas sociales, y de los problemas sociales inmediatos, impulsando la movilización social y defendiendo su autonomía frente a los intentos de ciertos partidos a fagocitarlos.

Por suerte, en estos momentos están saliendo propuestas interesantes como alternativas a la vía institucional y que apuesten por el poder popular frente al electoralismo³. Hay vida más allá de la abstención y de las críticas destructivas, y es la estrategia de acumulación de fuerzas. No olvidemos que la batalla se tiene que librar en el terreno social, que necesitamos crear hojas de ruta y un programa político que apunte a aumentar el grado de autoorganización popular con base en la lucha de clases, el feminismo, el antirracismo y el ecologismo. Porque si no planteamos alternativas a la vía institucional, de nuevo nos encontraremos en la impotencia viendo cómo la gente termina por abandonar las calles y poniendo sus esperanzas en el voto. Ahora más que nunca, toca construir y avanzar, o estaremos contemplando por los siglos de los siglos cómo construyen encima de lo que queremos derribar.

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Notas

1- Cabe señalar que desde la concepción marxista del poder popular sí se orienta a la conquista del poder político, no así entre anarquistas que adoptan la estrategia del poder popular. La orientación del poder popular dependerá de qué tendencia política sea la mayoritaria y la que articule el discurso político y las praxis.

2- Aunque cabría señalar una tercera fuerza que sería el brazo armado del Estado: policía y ejército. Estos cuerpos armados no siempre están subyugados al poder ejecutivo, sino que, dependiendo de su composición y de sus mandos, podrían sublevarse contra el gobierno legítimo dando un Golpe de Estado. No obstante, aquí no vamos a tratar este tema en profundidad ya que no es la intención de este artículo.

3- Equilibrismos, Proces Embat y Construir un Pueblo Fuerte.

Reflexiones de un estudiante anarquista

Suena el despertador. Otro día que empieza. Como cada mañana, en un silencio oscuro, busco en mi mente una razón para levantarme. A veces no la encuentro y es un momento muy duro. Me siento solo. Esperando el bus, la misma gente. Dependiendo del mes es día o noche, pero ahora hace frío y es de noche. Solo las gotas de los días en los que llueve pueden darle a la escena un punto más dramático.

Segundos, minutos, horas, días, mucho tiempo mirando por la ventana, como un espectador de la vida. Veo gente, coches, fábricas, nubes, pero pocas sonrisas. Es normal, ¿A quién le gusta madrugar?

Llego pronto a la escuela, cosas de horarios. Una vez en clase veo a la misma gente de siempre. Unos hablan del partido de ayer, otros de la próxima excursión. Se comparten las notas de los exámenes y se hacen planes de futuro. “A ver si apruebo esta y así…”, “Para el año si cojo estas pues ya
acabo…”… Yo estoy sentado, dejándome llevar por la dinámica de la conversación, pero no estoy allí.

En mi mente recuerdo lo que me costó dormir, lo que me costó levantarme y lo que me cuesta motivarme para memorizar esas cosas que luego te preguntan para saber si tienes que pagar otra vez o si puedes pagar a otras palabras que representan asignaturas. Tengo otras preocupaciones.

La LOMCE, el paro, la ley de protección ciudadana, ¿en qué se está convirtiendo la universidad? ¿Cuál será el futuro dentro de 5 años? ¿A nadie le preocupa nada o quizás no le afecta? Su ropa, sus preocupaciones, sus ganas de que llegue el fin de semana para “salir a reventar”… me siento a años luz de los demás. Me siento solo.

La ley de enjuiciamiento criminal, la EU 2015, la ley esa por la que las bibliotecas tienen que pagar en función del número de usuarios y préstamos, la ley de propiedad intelectual. Miro por la ventana mientras no llega el profesor. A mi lado hay un paragüero para cuando llueve que las goteras no mojen todo el suelo, pero a nadie le parece importar. Veo montañas y molinos. Edificios y casetas. Montes y agua. Un océano y un lago. Torres de corriente, serán de REE supongo. Una ciudad que exhala nubes marrones que se quedan como boinas cubriendo a sus habitantes.

Empieza la clase, hablamos de leyes, normativas, fórmulas… bueno, habla el profesor, yo escucho. Hace algunas preguntas, me sé las respuestas pero me callo, así, entre silencio y silencio puedo pensar en que está pasando. ¿Al que tengo al lado no le importa la reforma laboral o simplemente no sabe lo que es? Lo miro… probablemente su familia tiene una empresa y su aspiración es vivir de rentas o pensar en el pequeño sueño burgués americano.

Recuerdo que este año comenzaba con un BOE diciendo que la iglesia va a recibir algo así como trece millones al mes del estado. Suelto una carcajada, fueron los “socialistas” los que aprobaron ese BOE. La risa se convierte en depresión… ¿Cómo hay “socialistas” que solo quieren volver a los maravillosos años de principio de siglo?

Alguien pregunta cómo va a ser el examen. Sonrío internamente. La misma pregunta de siempre, la misma respuesta de siempre. ¿Aprender? No, aprobar. Recuerdo los últimos exámenes, ese taco de folios en blanco que se abre y que contendrán el poder de decir quién paga más y quien simplemente paga. Cómo sufro cuando los veo. Ya no por el jugártelo todo a una carta, sino porque no son reciclados. Valientes árboles murieron de pie ofreciendo su vida y su cuerpo sin que les preguntaran si querían hacerlo. El plástico que los contenía se tira a la única papelera que hay en la j aula fría e incómoda que tenemos por clase.

Termina la clase, el profesor se va. Hoy no tengo más clase, toca esperar el bus. Veo carteles, veo una chapa del Ché. Aunque no lo pregunté se me dice que esa chapa es para ligar más. Tranquilo, ya lo sabía hace tiempo, tu comportamiento y tus preocupaciones no engañan a nadie, por lo menos a mí. «¡Gana dinero, aplasta a la competencia y fóllate al mayor número de chicas!» Esas son los eslóganes que veo en el día a día entre mis compañeros (por supuesto cuéntalo, sino no sirve).

Hace frio, no viene el bus, aún queda tiempo para pensar más. Sigo pensando en el tío chapa. Lo vi en alguna de las manifestaciones. No, era broma, perdón. En alguno de los paseos que hubo estos pasados cursos en contra de la LOMCE, paseos o desfiles, como os guste más. En el piquete que habíamos hecho no estaba. Bueno, más que un piquete, fue un «paseo en el zoo”. “Las concentraciones son misas y las manifestaciones son procesiones” Cuán anonanado me quedé cuando me dijeron esto: No le falta razón. Pero claro, si vuelcas un contenedor te llaman fascista (fui espectador de esta escena). Ya de vuelta, miro mi reflejo en el cristal. ¿Qué pasó? ¿Cómo puede ser para mí algo normal y totalmente legítimo algo que para otras personas les parece de “locos”? Hablo de organizarse entre iguales, sin tener que pedir permiso a nadie para poder hacer algo. Hablo de reaccionar ante una situación. Yo creo en que hablando se entiende la gente, pero del mismo modo pienso que ante un abuso e imposición con violencia de algo, el hablar no consigue nada. Esto lo aprendí en mis carnes. Pero qué fácil sería optar por considerarme la “vanguardia” de algo o alguien. Que fácil sería justificarme. Que fácil sería dormir… Pero hace tiempo que considero que nadie me debería decir lo que tengo que hacer, y por coherencia, no seré yo quien bajo la etiqueta de un cadáver del principio del SXX le diga a los demás lo que tienen que hacer.

Supongo que lo que toca es compartir mi forma de pensar respecto de cómo nos deberíamos organizar y cómo deberíamos luchar. Si, luchar. Porque luchar es pedir algo, pero pedirlo de corazón y estar dispuesto a sufrir para conseguirlo, que en toda lucha hay pérdidas. ¿Qué puedes perder cuando está todo perdido? ¿La vida? No. Si solo hay una entonces no hay nada que perder. Pero ahora es cuando entra en juego la confianza. ¿Cómo no caer en sectarismos y poder confiar en alguien anónimo que participa contigo en una lucha de “masas”?… (Sí, hay masas y siempre habrá masas, otra cosa que solo se aprende cuando sales de tu habitación. Por cierto, que decepción me llevé). Llego a mi parada, bajo y voy a casa. El resto del día no os lo cuento, no os importa la verdad. Lo único que os confesaré es que esa noche, al igual que la anterior, me costó dormir por las mismas cuestiones de siempre, y como siempre, entre sábanas me sentí solo, y como siempre al día siguiente tocará buscar otra razón para levantarse.

W.

El anarquismo como herramienta y no como utopía

¿Qué es el anarquismo? Probablemente, a esta pregunta le sucederían un montón de respuestas. La particularidad del anarquismo es que cada anarquista tiene su propio concepto, pero compartiendo el común denominador que es una sociedad libre, sin Estado ni clases, basada en el apoyo mutuo y la cooperación, organizada a través de las comunas y éstas se agruparían en una confederación de comunas. Kropotkin lo definió como «principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado.» Pero esta definición, aunque válida, le falta más cosas. De hecho, incluso a muchas definiciones dadas al anarquismo actualmente les faltan. Muchas de ellas apuntan al fin, a esa lejana sociedad libre ideal, pero no concretan los medios. Esta es la cuestión que trataremos, pues aunque el anarquismo no sea una utopía, a partir de ciertas definiciones, da la impresión de que sí lo es.

Hablemos en presente. Actualmente, el sistema dominante es el neoliberalismo, y el anarquismo prácticamente ya no es una fuerza política y constituye en muchos sitios —que no en todos— un movimiento minoritario o casi marginal, aunque hay casos de realizaciones del anarquismo a muy pequeña escala a nivel local. Si algo es realizable quiere decir que no es utópico, pero es discutible, puesto que hoy por hoy, es absurdo pensar que en un período de tiempo relativamente corto, seamos capaces de materializar a mayor escala el anarquismo o socialismo libertario. Sin embargo, también es cierto que los principios antiautoritarios se pueden aplicar igualmente en el presente, y es aquí de donde tiene que partir las herramientas de transformación.

Si presentamos continuamente el anarquismo únicamente como sociedad ideal futura, estaremos diciendo que el anarquismo es utópico. De hecho, a día de hoy, materializar una sociedad anarquista a mediana o gran escala en el actual contexto neoliberal es imposible. Pero que sea imposible no impide que sigamos aspirando a ella. Esto no significa que nos convirtamos en apasionadas soñadoras tratando de ser lo más coherentes posibles con nuestras ideas, sino buscar medios materiales para llegar a los objetivos de largo plazo. Para ello, es imprescindible desde el anarquismo, crear las herramientas para ello sabiendo que la revolución no vendrá espontáneamente sino que será resultado de una acumulación de fuerzas en favor de la clase trabajadora. Lo primero de todo, es esencial conocer el entorno que nos rodea a través del análisis de la coyuntura, y actuar donde existan conflictos sociales, autoorganizándonos y utilizar nuestros principios para aplicarlos en la praxis inmediata. En este sentido, potenciar las estructuras asamblearias para la toma de decisiones colectivas, fomentar la acción directa como método efectivo para la resolución de conflictos, así como las estructuras horizontales en las organizaciones populares, y, en definitiva, poner a disposición de todas nuestros métodos y no hacerlos exclusivamente nuestros.

 Necesitamos más un anarquismo que sirva como herramienta de lucha, porque de lo contrario, por mucho que querramos lograr una sociedad libre sin clases ni Estado, si no tenemos los medios para ello, estaríamos continuamente soñando con utopías mientras vemos cómo continuamente el capitalismo se reestructura en cada crisis. Por ello, cabe añadir a las definiciones del anarquismo como que «no solo es un principio o teoría de la vida que concibe una sociedad sin gobierno cuya armonía se obtiene por el libre acuerdo, sino que también constituye una herramienta para la praxis social y política encaminada a la emancipación social de las clases oprimidas.»

Ante el típico reproche de «lo vuestro es imposible», responderíamos que no se trata de un proyecto de realización inmediata y espontánea ni tampoco se trata de un estilo de vida única y exclusivamente personal, sino que también el anarquismo constituye, a día de hoy, una herramienta de lucha al alcance de cualquiera que desee un cambio radical. Aspiramos a un mundo mejor, por supuesto, y esto nos impulsa a luchar contra todas las agresiones del capital y el Estado, pero no expresamente declarando una guerra abierta, sino pensando bien las estrategias y, partiendo del análisis de la coyuntura, crear las estructuras organizativas adecuadas para cada ámbito de lucha, potenciar los movimientos sociales de base para crear comunidad, buscar alianzas con otras tendencias políticas más afines y constituirnos como actor político revolucionario.

La acción directa como método de resolución de conflictos, el asamblearismo como vía para la toma de decisiones colectivas, la descentralización como estructura organizativa, la autogestión como independencia y autonomía económica, etc, constituyen métodos propios del anarquismo que pueden aplicarse perfectamente en las luchas actuales, los cuales se emplearían, no solo para ganar pequeñas victorias, punto muy importante para llevar la moral alta, atraer a nuevas personas, crear redes y lazos de solidaridad así como comunidades en lucha, sino también llevarnos a la posibilidad de dar un salto cualitativo. Así que, los y las anarquistas no vamos a ir al monte para vivir nuestras vidas, sino que constituiremos una alternativa de confrontación al sistema, dotando de contenido político a las luchas y poniendo sobre la mesa las herramientas necesarias para avanzar en ellas. No es momento para poner excusas escudándose en la coherencia o la libertad personal, es momento de volver a levantar la cabeza, repartir las herramientas y caminar.

La valentía de los cobardes

Creo que, en vista de que voy a hablar de la valentía y la cobardía (o al menos eso deduzco viendo el titulo), lo primero que debería hacer es decir cuales no son mis intenciones al escribir este texto. Como una muestra de valor. O algo así, digo yo.

No quiero escribir un nuevo artículo/panfleto, plagado de términos “revolucionarios” que entran por un oído y salen por otro. No quiero escribir un texto moñoso, de estos que llegan a hacerte sentir algo que se te olvida a los dos minutos. No es un texto para tods, ni es un texto para nadie. Posiblemente poca gente lo entienda. Ahora mismo me da igual. Por una vez no escribiré ni para llamar, ni para animar, ni para que todo el mundo comprenda mis palabras. Simplemente escribiré, y el que quiera entender, que entienda.

En estos días de lucha, algo que no puede faltarnos a ninguno es el valor. Valor para gritar hasta quedarnos afónicos; valor para ponernos delante de la policía; valor para pintar aquí y allí, pegar carteles donde queramos; valor para luchar. Eso lo sabemos tods, eso lo decimos tods. Tods hablamos de ello, creamos mil teorías sobre qué será lo mejor, pensamos el cómo, el cuándo, el porqué. Pero hace falta mucho más valor para llevarlo después a la práctica. Actuar sin miedo en consecuencia con nuestros pensamientos. Eso es valor. Que de intelectuales está lleno el mundo.

Alguns pensarán “claro, pero no todo el mundo tiene los suficientes ovarios (que no cojones, que esos están ya muy vistos) para ir a un piquete, por ejemplo”. Cierto es. Yo misma soy una acojonada de la vida a veces, y me echo para atrás ante situaciones de peligro. Lo malo no es serlo, lo malo es no reconocerlo. Valiente es también aquel que tiene miedo y lo dice. Cobarde es aquel que tiene miedo y se calla, haciéndose el gallito. No vale ser el más intelectual de los intelectuales, promulgar la lucha obrera a diestro y siniestro, decir las ganas que tienes de demostrar tu valentía obrera… para que llegue el día señalado y tú salgas por patas en la primera acción. Como dirían los niños pequeños, eso no se vale.

Por desgracia nos ha tocado vivir en una época en la que tenemos que ser valientes en todos los aspectos de nuestra vida, y no solo en los momentos de lucha. Nos han quitado todo, la casa, el curro, incluso la sanidad y la educación. Y encima nos ponen mil impedimentos para cortar nuestras relaciones sociales. Es aquí donde más creo que hay que actuar en consecuencia con nuestras ideas. Las intelectualidades están muy bien, pero hay que bajarlas a la realidad. Teorizar sobre el piquete, la manifestación o la reunión, incluso ir a ella está muy bien. Pero no sirve de nada si en tu día a día eres un cobarde.  No solo hay que luchar junto a la gente que quieres, sino que hay que luchar por ells también. Y si surgen problemas, hacer lo de siempre, lo de los de la época de los revolucionarios, debatir, hablar. Que hablando se entiende la gente. Porque al igual que en los momentos de lucha, hay que afrontar los problemas personales con valentía. Luchar contra los impedimentos que te pongan la vida, o mejor dicho, el sistema. Porque huir, en la vida o en la lucha…

Huir es la valentía de los cobardes.

La niña que grita

Poesía

Poesía no son versos incendiarios
rabietas infantiles llenas de vanidad.
Poesía no son pajas con disturbios
y luego rajar de toda responsabilidad.

Poesía es la responsabilidad colectiva
autodisciplina orgánica,
motores para la lucha del día a día.

Poesía es combatir todas las opresiones
creando espacios libres de agresiones.
Poesía son mujeres y minorías étnicas
que organizadas y empoderadas,
son protagonistas de sus propias batallas.

Poesía es la universidad okupada
por estudiantes y maestras en lucha
liberando el concimiento para toda la comuna.

Poesía es que en cada empresa
existan sindicatos combativos,
y trabajadoras organizadas en asamblea.

Poesía es un barrio vivo
tejido social solidario,
que jamás se doblega ante el dominio.
Poesía es un pueblo organizado
haciendo frente a cualquier Estado.

Poesía es la unión de clase sin partidos
el poder popular a la burguesía expropiando.
Poesía es el socialismo libertario
que con lucha constante se va materializando.

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