Reflexiones sobre abstención activa

La abstención activa es un concepto muy bien conocido dentro de los entornos anarquistas, y supone ya una respuesta automática de las anarquistas cuando sale el tema de las elecciones. Lemas como «no votes nunca «, «si el voto sirviese para algo estaría prohibido» es la que acompaña a todas las «campañas» por la abstención activa. No obstante, resulta un lema muy vago, nada concreto y que no lanza realmente argumentos importantes para oponerse a las elecciones, ni alternativas a la vía institucional claras. Aunque para las anarquistas ya convencidas, tengamos claro qué significa la abstención activa, a otras personas que no lo son, les será irrelevante. De hecho, a efectos prácticos, esa abstención activa se computa igual que la abstención pasiva, la que se da porque «no me da la gana ir a votar y ninguno me convence», «prefiero ver la tele o ir de bares» y expresiones similares que denotan un pasotismo y una indiferencia absolutas. No tratamos en este texto de realizar una oda al voto, ni mucho menos, sino lanzar al aire una reflexión que muchas llevamos pensando hace tiempo, y es que el discurso libertario abstencionista esta caduco, ¿qué sentido tienen estas campañas? ¿Realmente la abstención es algo efectivo o contribuye a fortalecer la lucha en las calles? ¿Qué supone votar y que supone no votar?

Seamos claras, las instituciones y el Estado son tan solo un pieza más en el entramado del sistema capitalista y más aún cuando el Estado-Nación se encuentra sin apenas capacidad de decisión debido al capital financiero. El Estado en ningún caso servirá como elemento emancipador de las clases subalternas sino más bien lo contrario, así lo ha demostrado la historia, y es esta nuestra diferencia histórica con el marxismo-leninismo, entre otras cosas. Teniendo siempre en mente esta reflexión, debemos entender que, debido a la emergencia social, muchas compañeras decidirán votar este domingo, y no por esto serán menos compañeras, no votarán ilusionadas, sino a regañadientes más bien, sabrán que su voto “legitimará” ciertas conductas y ciertas opresiones, e incluso pasarán vergüenza cuando sus vecinas les vean en el colegio electoral (muchas no han ido a votar en su larga vida). Pero debemos preguntarnos el por qué, porque aunque seamos libertarias muchas consideran que “podemos” o las candidatuars ciudadanas pueden frenar en parte la ofensiva neoliberal, y que aunque sea para cuatro cosas básicas de algo servirá: no más desahucios, electricidad y agua garantizada, más servicios sociales… Lo que debemos hacer no es señalar a nuestras compas porque van a votar o “quitarles el carnet de anarquista” sino reflexionar y analizar las razones por las cuales nosotras como libertarias no hemos sido capaces de generar una alternativa real a las situaciones de miseria que viven nuestras vecinas, amigas, compas o nosotras mismas.

No creemos que en este contexto social y económico todo se decida en las urnas, ni mucho menos, si hemos sido capaces de sobrevivir a estos años de paro y miseria ha sido gracias a la lucha en las calles, al apoyo mutuo y a pensar en común, y consideramos que es ese el camino, que mediante la organización asamblearia, popular y autónoma estaremos más cerca de un proceso de emancipación popular. Es por eso que no nos importa tanto si la gente vota o no este domingo, sino lo que hace el resto del año. Debemos apostar por los movimientos sociales, y si nos tenemos que preocupar por algo es cuando alguien deja la asamblea de vivienda o la asamblea del barrio para militar en algún partido, ahí sí que debemos ser críticas y no cuando se deposita un papelito en una caja de plástico.

Hemos llegado a aceptar la abstención activa como dogma, como si al no votar, mágicamente la democracia burguesa se desestabilizaría o se deslegitimaría. Pero no, la democracia burguesa no se legitima expresamente por el voto, sino que es sustentada por la propia clase dominante, el cual, este sistema político le otorga más garantías para sustentar las relaciones de producción capitalistas. Votar o no votar no cambiará mucho nuestra realidad material ni social, los cambios sociales no los hacen los partidos, ni los gobiernos, ni los estados sino la gente, tratemos pues de crear el escenario perfecto para que ese proceso revolucionario se pueda dar, no ataquemos a compañeros y compañeras desde el dogmatismo sino desde la reflexión y el entendimiento. El discurso de la abstención activa parece no salir del marco electoral y la dicotomía entre votar o abstenerse, y parece más bien una respuesta por inercia en vez de una estrategia de ofensiva, es decir, una respuesta forzada por la coyuntura y no la articulación de un ataque o avance, porque parece que saquemos este discurso solamente cuando hay elecciones. Por eso, pensamos que es necesario superar esta falsa dicotomía y pasar a tener visión estratégica, que apunte a la política del día a día, y esto es, la inserción social en las luchas cotidianas, teniendo como objetivo el fortalecimiento de los movimientos populares para hacer posible su articulación a nivel político. En otras palabras, a crear alternativas políticas fuera de las instituciones con fuerza real y capacidad transformadora.

Dicho esto seguiremos pues en nuestra fría trinchera, sacudiéndonos la poca ortodoxia que nos queda para empezar a pensar en la victoria, reproducir la derrota nunca sirvió para nada. Seguiremos odiando a esta sociedad, a su policía, a sus jueces y a sus políticos lleven o no lleven coleta pero trataremos de convencer y de reflexionar con las desposeidas con todas aquellas que se resignan a vivir en esta sociedad de mierda en donde es más importante salir de fiesta una noche que ir a parar el desahucio de tu vecina.

Da igual si votas o no votas, lo que importa es lo que hagas el resto del año.

Artículo conjunto entre Bari y Lusbert

[Recomendación] BLACK BLOCK

BLACK BLOCK es un documental del director italiano Carlo Bachschmidt, que relata de la mano de lxs protagonistas las multitudinarias movilizaciones que se dieron en la ciudad italiana de Genova en el año 2001 cuando en esta misma urbe se llevaba a cabo la cumbre del G-8. Más concretamente, este documental muestra de manera directa la brutalidad policial con la que se reprimió cualquier tipo de expresión de protesta y lucha ciudadana durante esos días.

En el caluroso verano del año 2001, Genova fue el epicentro de lo mejor y de lo peor que tiene la política. En esta ciudad y en ese verano, se desarrollo la cumbre del G-8, una cumbre donde se juntan los países con mayor peso económico, político y militar del mundo y como aún lo siguen haciendo y en el 2001 se reunian para decidir de todo sin contar con todxs. Pero eso no es lo que nos ocupa, durante los días que se desarrollo la cumbre, mientras unxs se empeñaban en seguir desangrando a la Tierra y a la población, otrxs se armaban de valor y juntxs, miles y miles de personas de distinas ciudades, países, sectores sociales y sectores ideológicos, ocuparon las calles, en su totalidad, como protesta contra esta cumbre y cotra la globalizacón que poco a poco avanzaba sin frenos.

Estas movilizaciones, que se desarrollo en los días 19, 20, 21 de julio del 2001 desembocaron en una muestra de unidad popular y una desorbitada y salvaje represión policial  durante los tres días que trajo lo que este documental relata concretamente. Desembocó en miles de heridxs, en la muerte de un manifestante, Carlo Giuliani, a manos de la pistola de un policía y en lo que aquí nos cuentan de manera muy detallada y que muestra como actua el Estado: el asalto a la escuela Díaz, donde el 21 de julio estaban durmiendo 93 personas, la mayoría periodistas acreditadxs además de manifestantes, y que fue asaltada de manera violenta por decenas de policias y dejando a 63 herixs, entre ellxs lxs protagonistas de este documental.

El Estado señala y la policía actua, y aliadxs entre ellxs intentan acabar a base de represión con cualquier atisbo de lucha, libertad y dignidad.

¡CARLO GIULIANI VIVE!

Aquí esta el enlace al documental: Black Block (documental)

Multisectorialidad y ofensiva

En un artículo mío anterior donde traté la multisectorialidad, me quedé sin tratar más a fondo una cuestión muy relacionada en cuanto a éste tema. Se trata pues de la ofensiva y las limitaciones que tiene la sectorialidad, lo que lleva a pensar en trascender las luchas de ámbito específico para articular movimientos más amplios. La cuestión de la multisectorialidad precisamente lo desarrollé a raíz de las limitaciones que cada sector en lucha tenía, y por tanto, aisladamente no podrían ir más allá de la defensa de los problemas sociales que afectan específicamente a ese sector. Antes que hablar de la ofensiva, trataremos las limitaciones que tiene cada sector principalmente.

El ámbito laboral. En mi artículo anterior señalé que actualmente el movimiento obrero no es ya el eje central de las luchas, sino una más entre las tantas que hay pese a ser éste donde se encuentran más directamente enfrentadas el conflicto capital trabajo. La principal limitación en el movimiento obrero es el ámbito economicista. El sindicalismo en sí no puede convertirse en un movimiento revolucionario, sino que está limitado en el terreno del modelo productivo dentro del sistema capitalista. Sin embargo, el sindicalismo puede servir para la organización de la clase trabajadora y aspirar a tomar los medios de producción y autogestionarlos. No obstante, si los proyectos autogestionarios no salen de la economía de mercado, no supondrá una transformación de raíz.

Movimiento estudiantil. El ámbito educativo en donde actúan, los y las estudiantes encontrarán una gran limitación en cuanto a reivindicar un modelo alternativo al actual orientado cada vez más a los mercados. Así pues, los modelos educativos inspirados en la enseñanza libre dentro de una sociedad capitalista es muy limitado precisamente por las regulaciones de los Estados y la financiación que requieren. Es impensable un modelo educativo de esta índole en la sociedad de clases.

Los servicios públicos. En este ámbito tan polémico entre anarquistas, la limitación está precisamente en la financiación, que como mucho en esta sociedad capitalista, si no queremos que se privaticen la Sanidad, Educación, suministros y demás, dicha financiación solo podría venir de los presupuestos generales del Estado, sin permitir la injerencia de empresas privadas. Aunque en su gestión puedan darse más peso en la comunidad que en la administración del Estado.

La lucha antirrepresiva. Este es el ámbito donde más desgaste económico, físico y psicológico suponen por los pocos resultados que se consigue a pesar de los grandes esfuerzos invertidos. Es lo que tiene cuando supone un enfrentamiento contra una fuerza mayor, que es el brazo armado del Estado. Su principal limitación es la necesidad de redes de apoyo muy amplios para superar el aislamiento y la sobrecarga de la militancia así como los altos riesgos que corren.

Los movimientos rurales y campesinos. Hablar de tales movimientos en los países capitalistas avanzados no tendría mucho sentido más allá de pequeñas cooperativas de agricultura ecológica, cuya limitación reside en el poco peso que tiene el campo además de una ausencia total de movimientos campesinos. Pero no así suceden con los países latinoamericanos en los cuales existen movimientos campesinos e indígenas fuertes. Si bien el campesinado entraría dentro de la clase obrera, su ámbito de actuación no es el mismo que el del proletariado urbano, además de que los conflictos inmediatos en los campos no son los mismos que en las ciudades. Además, aunque los movimientos campesinos e indígenas consigan tierras y constituyan territorios autónomos, se encuentran en la periferia de los núcleos capitalistas que son las ciudades.

Las luchas por la vivienda y los barrios. Aunque uno de los puntos fuertes de estas luchas sean la construcción del tejido social local, su principal limitación es el territorial al darse en el ámbito local. No obstante, tiene una gran potencialidad si se conectan con otros sectores en lucha.

Las limitaciones que vemos en cada sector en lucha hace que únicamente adopten una postura defensiva, tratando solamente de resistir las embestidas del neoliberalismo. Si miramos hacia el enemigo, podemos ver cómo desde los años ’70 el neoliberalismo desde que surgió como salida hacia delante de la crisis de entonces, está continuamente yendo a la ofensiva: atacando primero al bloque soviético y buscando alianzas con Estados europeos, atacando continuamente los derechos laborales y sociales, apoyando y promoviendo golpes de Estado en Latinoamérica y América Central, etc, hasta hoy en día con la implantación del euro y la UE, haciendo retroceder en materia de derechos laborales en cada reforma laboral, metiendo mano a los servicios públicos estatales como Educación, Sanidad, pensiones, aguas, etc, y ahora con el TTIP que permitirá menos regulación en protección medioambiental, más retrocesos en derechos laborales, más poder para las multinacionales y fondos de inversión con tribunales privados supranacionales que pueden juzgar a gobiernos que perjudiquen sus tasas de beneficios, entre otras cosas.

Es por ello que nos preguntaremos, ¿cómo puede ser que continuamente el neoliberalismo esté a la ofensiva mientras que los movimientos sociales estamos siempre a la defensiva? Y esto es un problema que viene dado, principalmente, de la falta de políticas de alianza entre sectores construídos bajo un denominador discursivo común, es decir, una hoja de ruta con propuestas y reivindicaciones que permitan avanzar, no solo resistir. Y este avance solo puede venir por la articulación de un movimiento popular multisectorial, pues solo así podemos superar las limitaciones que vienen en cada sector en lucha. Decir que esto solo son pequeñas pinceladas con la pretensión de que sirvan como aporte de cara a construir futuras hojas de ruta y que posiblemente me deje muchas cosas en el tintero. Pondré a continuación unos breves ejemplos:

—Comenzaremos pues con el movimiento estudiantil, que tiene muchas conexiones con el mundo laboral puesto que la mayoría de estudiantes entrarán, después de su formación, al mercado laboral. Cada vez la línea se hace más difusa entre el mercado laboral y la formación, que se ve en las prácticas de empresa tanto de FP como de Universidad. Además, con este nuevo panorama laboral en el cual se introdujo la formación continua y los conceptos de recualificación, en realidad suponen la necesidad de «reciclarse» de las trabajadoras para seguir las demandas de competencias en el mercado laboral. Es por ello que necesariamente el movimiento estudiantil tenga que tener conexiones con el sindicalismo (de clase).

—Ahora, ante la precariedad laboral, el paro y la disminución del poder adquisitivo de la clase trabajadora, el acceso a una vivienda digna también se ve dificultada, así como el problema de los desahucios, por lo que necesariamente tendrán que conectarse con las luchas por la vivienda y también contribuir a construir un tejido social que rompa el aislamiento y poner en práctica así el apoyo mutuo y la solidaridad en los barrios. También, debido a la gentrificación que sufren los barrios por la especulación inmobiliaria y la conversión de los barrios en espacios de ocio consumista, se plantea la necesidad de abrir espacios políticos y sociales que contrarresten la cultura consumista e hiperindividualista de las sociedades capitalistas y constituyan focos de resistencia.

—Y puesto que todo movimiento contestatario recibirá la represión del Estado, es imprescindible que la cuestión antirrepresiva tenga inserción en todos los sectores y sea visibilizado como un problema que afecta a todas y que todas pueden sufrirlo.

Una estrategia de ofensiva pasa primero por reconocer que cada ámbito de lucha y sus problemas no son problemas separados y específicos, sino que tienen origen en una estructura material común, que es el capitalismo en su fase neoliberal y los Estados modernos que lo sustentan. Dicha estrategia ofensiva no consiste en el ataque a los símbolos del capitalismo y al Estado ni en las posiciones vanguardistas de una minoría militante, sino que debe surgir por la articulación política de todo el movimiento popular, que no solo sea capaz de arrancar victorias en cada sector, sino que tenga capacidad para materializar alternativas que trasciendan el propio sector. Así por ejemplo, para poder poner en marcha proyectos educativos alternativos, son necesarios no solo tomar los centros para la gestión comunitaria, sino también tener inserción en los barrios y en el mundo laboral fomentando los valores de lo común para que no queden en proyectos marginales. A partir de este punto, la articulación política de los movimientos debería enfocarse en programas que respondan a las necesidades del momento y ponerlas en marcha en cada contexto, teniendo como bases el anticapitalismo, el apoyo mutuo y la solidaridad, la autonomía y la horizontalidad, así como los feminismos, el internacionalismo y el antirracismo.

Somos conscientes de que todavía estamos muy lejos de poder plantar una estrategia ofensiva contra el sistema capitalista, y esto es precisamente a que, como anarquistas en particular, no estamos construyendo las bases sociales que serían la fuerza social que nos permita articularnos como fuerza política. Por eso, debemos plantearnos la inserción social como primer paso para la ambiciosa tarea de transformación social revolucionaria. Debemos ser capaces de dar respuestas a los problemas inmediatos y potenciar los movimientos sociales como estrategia a corto plazo para arrancar pequeñas victorias y acumular fuerzas a partir de ello para poder aspirar a objetivos mayores. La ofensiva implica el combate político-social directo contra el sistema capitalista y la agudización de la lucha de clases impulsada por un movimiento popular amplio y articulado políticamente.

Movimientos y multisectorialidad

Al hacer un breve análisis de los movimientos sociales actuales, podemos observar que no trabajan de manera conjunta, es decir, de manera síncrona entre los movimientos que actúan en diferentes ámbitos de lucha. Antes que nada, decir que este artículo es un complemento de la traducción del artículo Un debate sobre la política de alianzas, donde trazaré unas pinceladas acerca de los numerosos ámbitos o sectores de lucha y pensar en cómo construir un movimiento multisectorial, es decir, un movimiento amplio formado por una red de movimientos sociales que trabajan coordinados en diferentes sectores y a la vez se articulen con base al denominador común de la autonomía, el feminismo y el anticapitalismo.

Sabemos que la raíz de todos los problemas reside en el sistema capitalista y los Estados modernos que lo sustentan, y que con base en este sistema económico, político y social se sustenta un modelo productivo basado en la propiedad privada sobre los medios de producción y el beneficio privado como principio fundamental. Todo ello constituye lo que conocemos como lo estructural, y sus manifestaciones en todos los ámbitos de nuestras vidas, se conoce como lo coyuntural, lo que podríamos destacar principalmente: territorio, trabajo, servicios públicos, alojamieto y represión. Cuando analizamos el espacio político-social, debemos reconocer los problemas coyunturales que se manifiestan a consecuencia de la estructura material:

—Dentro de la cuestión territorial se englobarían los ámbitos en los cuales los intereses de la clase dominante sobre el territorio entran en conflicto con los de la clase trabajadora. Es el espacio físico en el cual tendrán todas las luchas, así que podemos destacar los siguientes ámbitos: de barrio, vecinal o de distrito si hablamos de ciudades, rural y las luchas por la tierra si hablamos de zonas no urbanizadas o no industrializadas, e incluso podríamos incluir las luchas de liberación nacional por la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo. El ecologismo y la soberanía alimentaria entraría también dentro de esta categoría.

—El trabajo aquí constituiría uno de los ejes principales del conflicto de clases. Es el campo de batalla donde se encuentran más directamente el capital y el trabajo. En este ámbito podemos mencionar el movimiento obrero que se articula en torno al sindicalismo. Aunque hemos de diferenciar entre el sindicalismo que aboga por la paz social, ese modelo que lleva siempre a la conciliación de clases traicionando a la clase obrera; y entre el sindicalismo revolucionario o de clase que aboga por la agudización del conflicto de clases en los centros de trabajo.

—La lucha por la vivienda es un movimiento que se remonta atrás algo más de un siglo durante el éxodo rural provocado por el desarrollo industrial y la creación de barrios obreros. Hoy, con la reestructuración capitalista en marcha, de nuevo en los países capitalistas avanzados y los que están en desarrollo, el acceso a la vivienda vuelve a ser un problema social que afecta a la clase trabajadora al verse con menos capacidad económica para afrontar hipotecas y alquileres, así como acceso a una vivienda digna. Ante este problema, en numerosos países han surgido movimientos contra los desahucios y con algo más de anterioridad, el movimiento okupa.

—En cuanto a los servicios públicos estatales, ante esta fase de reestructuración capitalista, en dichos servicios públicos están los mercados metiendo cada vez más la mano en ellos a través de recortes presupuestarios, externalizaciones y privatizaciones. Aquí podremos mencionar: Educación, Sanidad, aguas y saneamiento, transporte público, pensiones, entre otros. Y los respectivos movimientos sociales que surgen como respuesta ante los recortes y privatizaciones, tales como el movimiento estudiantil, marea blanca y otras plataformas contra la privatización de las aguas, la subida contra las subidas de tasas en el transporte público, etc.

—Por último y no menos importante, todos los movimientos contestatarios reciben la represión del Estado, por lo tanto, es importante que comencemos a ver la represión como un obstáculo y problema social que pretende frenar nuestras actividades sociales y políticas, a la vez que les sirve a la clase dominante para perpetuar su dominio. En este aspecto, debemos hablar de la cuestión antirrepresiva y afrontar la represión en colectivo y fuera de nuestros propios círculos militantes, como otro movimiento social más.

Cabría decir que dentro de cada sector existirían subsectores. Por ejemplo, dentro del movimiento estudiantil, no será el mismo aquellos que se mueven en la Universidad que los de formación profesional y los de enseñanzas medias. En el mundo laboral, el movimiento obrero quedaría dividido entre las diversas ramas productivas tales como la construcción, el transporte, los servicios, etc. En otras palabras, las reivindicaciones de fondo del movimiento estudiantil serían las mismas sean del subsector que sean aunque difieran en cuestiones particulares y específicas. Esto se ve también dentro del movimiento obrero, en donde las reivindicaciones de fondo pueden ser el aumento del salario mínimo, reducción de jornadas, etc, y las reivindicaciones particulares serían mejoras en el convenio de sector, por ejemplo.

No obstante, no debemos tomar todos estos sectores en lucha como elementos aislados, sino como un conjunto de frentes de batalla coyunturales que tienen origen en el sistema capitalista, y por tanto, conectados entre sí. Y aquí entra la cuestión principal: ¿cómo conectar estos sectores en lucha bajo un común denominador político-social que tenga como bases el anticapitalismo, el feminismo, el antirracismo y el internacionalismo? Buscar la conexión entre diversos sectores no es muy difícil. Veamos algunos ejemplos:

—Los barrios y la lucha por la vivienda así como el movimiento okupa.
—La soberanía alimentaria, el ecologismo y la lucha del campesinado por sus tierras.
—El movimiento estudiantil y el movimiento obrero. Este ya es un clásico.
—El movimiento contra la subida de las tasas del transporte público con las trabajadoras del sector.
—Los frentes antirrepresivos con los barrios.

En los ejemplos anteriores, podemos ver que tienen puntos en común entre sí, lo que puede llevarles a confluir y superar la sectorialidad, es decir, el trabajar aisladamente en un ámbito específico sin coordinación con el resto. Podemos ir incluso un poco más allá y conectar los movimientos barriales, la okupación, el antidesahucios con el municipio, con los movimientos obrero y estudiantil, constituyendo una red de movimientos que podrían unir lazos con el movimiento campesino e indígena (esto se daría en los países latinoamericanos principalmente, cosa que en Europa o EEUU sería muy difícil). Y puesto que todos esos movimientos sociales sufrirán la represión junto con los colectivos y organizaciones político-sociales, es importante que la lucha antirrepresiva sea articulada desde los barrios, las asociaciones vecinales, etc.

Hace un siglo, en pleno desarrollo industrial, el movimiento obrero ocupaba el pilar central del conflicto social y de clases. Hoy en día ya no podemos seguir con esa premisa y ningún frente está cobrando mayor importancia que el resto, lo cual, nos lleva a desechar la jerarquía de las luchas para poner sobre la mesa la idea-fuerza de los movimientos en red. Llegados a este punto, es cuando debemos plantearnos la multisectorialidad, es decir, articular unos discursos comunes que permitan la alianza de los diversos sectores en lucha, respetando su autonomía pero manteniendo unas bases comunes sobre las cuales construir movimientos amplios, escalar los conflictos y pasar de la resistencia, es decir, las posiciones defensivas, a la ofensiva.

¡A la huelga, compañera!

Como todas sabemos, una huelga es un método de presión y una herramienta de lucha de la clase trabajadora para defender los intereses de su clase frente a la burguesía. Sin embargo, una huelga no consiste únicamente en la paralización de la producción, sino que existen más formas de llevar a cabo una huelga. En este artículo repasaremos brevemente los tipos de huelga más conocidos para comprender la diversidad de métodos que se pueden emplear en caso de conflicto laboral, en el cual la empresa no entiende de diálogos y no está dispuesta a ceder. Y como es obvio, una huelga tendrá una duración y abarcará un cierto espacio físico, con lo cual, dividiremos el artículo en tres apartados: según el tipo, según la duración y según su extensión. Al final, apuntaré brevemente el marco legal del Estado español respecto a las huelgas.

Según el tipo

—Comenzamos con la más extendida de todas: la paralización de la producción. Este tipo de huelgas es la más extendida de todas y consiste en no asistir al centro de trabajo a realizar la jornada laboral durante el transcurso de la huelga, y toda aquella persona que pretenda asistir al trabajo como un día cualquiera será considerada esquirol, puesto que parar la producción es una medida para causarles pérdidas económicas a la empresa, y si se trabaja en los días de huelga, entonces las reivindicaciones perderían fuerza.

—Una variante similar es denominada huelga de brazos caídos, la cual consiste en asistir al centro de trabajo y ocupar el puesto pero quedarse sin hacer absolutamente nada dejando la maquinaria encendida o apagada. Esta táctica es una buena forma de prevenir el esquirolaje, ya que impide su entrada y estorba a quienes quieran seguir con el proceso normal de producción.

—Contrario a la paralización de la producción, tenemos las huelgas a la japonesa que consisten en producir masivamente para aumentar los costes de almacenamiento de la empresa. Estas huelgas pueden ser agotadoras para la plantilla, sin embargo, las consecuencias pueden ser peores que simplemente parar la producción porque se gasta más en materias primas, aumentan los costes de almacenamiento y para poder dar salida a esos productos, quizá obligue a la empresa a bajar los precios. Además, otra ventaja en este tipo de huelgas es que no pueden entrar esquiroles.

—Hay ocasiones en que las huelgas no afectan a toda la empresa, sino que se coordinan los departamentos para alterar el normal funcionamiento del proceso productivo. Se trata pues de huelgas rotatorias y huelgas de tapón, que consisten en coordinarse cada departamento para parar en los días acordados, es decir, que un día para un departamento, al siguiente otro y pasado otro. En las huelgas de tapón, se paran los departamentos o partes de la cadena de producción críticos para obstruir todo el proceso productivo.

—Otra modalidad parecida es la denominada huelga de celo, que consiste en ser extremadamente detallista en una fase del proceso productivo, es decir, cuidarse tanto de la calidad y los detalles de cada producto intencionadamente para ralentizar todo el proceso productivo. En este caso, tampoco dan cabida al esquirolaje y causan enormes retrasos en la producción.

—En ocasiones, las huelgas no solo se hacen en caso de conflicto local con la empresa, sino que se realizan también por solidaridad. Hablamos entonces de las huelgas de solidaridad, que son aquellas que se realizan, no por un conflicto local en la empresa, sino en solidaridad con trabajadoras en lucha de otros centros de trabajo. Este tipo de huelgas tiene más motivaciones en la conciencia de clase que lo relacionado con lo meramente profesional o laboral.

—Por último, tenemos la huelga revolucionaria. Dicha huelga es movida por motivos expresamente políticos orientados a desafiar el orden existente y suprimirlo a través de una revolución socia, lo cual quiere decir que no es motivada por motivos profesionales y/o laborales, sino por un movimiento obrero fuertemente organizado y politizado que busca una transformación radical del sistema.

Según la duración

La duración de una huelga puede variar desde paros parciales, pasando por períodos de tiempo determinados hasta ser indefinidas:

Los paros parciales no ocupan la jornada entera de trabajo, sino parte de ella, lo cual, por regla general no genera mucha repercusión dentro de la empresa.
—Las huelgas que ocupan períodos de tiempo determinados en su mayoría duran un día entero (24h), y en ocasiones dos o más, pero siempre quedan notificados las fechas de inicio y fin de la huelga.
Las huelgas indefinidas son aquellas que tienen fecha de inicio pero no tienen una fecha de fin, sino que durarán indefinidamente hasta que se resuelva el conflicto y sea desconvocada por la asamblea de trabajadoras o el sindicato.

Según su extensión

Cuando hablo de extensión, me refiero aquí al espacio físico en el cual se desarrolla una huelga, en el cual podemos diferenciar entre ámbito profesional, es decir, a nivel de empresas y centros de trabajo, y territorio abarcado, que sería el área geográfica en que se harán efectivas las convocatorias de huelga independientemente de las empresas y ramas productivas que estén dentro de esa área.

Ámbito profesional

Nivel local: en este caso, la huelga solo afecta al centro de trabajo o alrededores.
Por empresa: la diferencia con el nivel anterior es que la huelga se desarrolla en una empresa específica afectando a sus centros de trabajo no necesariamente situados en una misma ciudad.
Por sector o rama productiva: la huelga afecta a todas aquellas empresas que conforman un mismo sector o rama productiva. Así por ejemplo, si se diera una huelga de transportes, afectaría principalmente a los transportes por carretera o vías férreas.
General: afecta a todas las ramas y sectores productivos.

 Territorio abarcado

Regionales: se convocan a nivel de Provincias o Comunidades Autónomas, afectando a todas las empresas dentro del área en donde se convocó.
Estatales: la convocatoria tendrá efecto en todo el territorio nacional.
Internacionales: en teoría, cabría una posibilidad de coordinar una huelga a nivel internacional.

Marco legal

En el Estado español, el derecho a la huelga está recogido en la Constitución del ’78 y es considerado como un derecho fundamental. La legislación que regula el derecho a la huelga data del ’77 del pasado siglo, ningún partido político lo ha tocado. No obstante, las únicas huelgas legalizadas en el Estado español son las de paralización de la producción y la de solidaridad únicamente cuando se realiza por intereses profesionales y laborales, lo que quiere decir, que si se realiza por motivos políticos u otros, sería considerado ilegal. Durante una huelga, los contratos quedan en suspensión, es decir, que las trabajadoras que hagan huelga dejarán de percibir el salario y las cotizaciones correspondientes a los días en que dure la huelga. En caso de despido por secundar una huelga, sería declarado automáticamente nulo ya que supondría la vulneración de un derecho fundamental y así quede demostrado aunque la empresa haya puesto otros motivos. Sin embargo, el despido puede ser procedente si la huelga realizada fuese ilegal. Asimismo, también es ilegal que la empresa subcontrate otros trabajadores para sustituir a la plantilla en huelga, aunque puede dejar que quienes no secunden la huelga vayan a trabajar. Otra cuestión importante relacionado con este tema son los servicios mínimos que decretan las administraciones públicas en sectores críticos como la Sanidad, los Bomberos, Emergencias o trenes. Estos servicios se deben respetar sí o sí, por lo que hay ocasiones en que pueden decretar servicios mínimos abusivos para minimizar el efecto de una huelga.

Apuntes finales

A lo largo de la historia, el movimiento obrero ha desarrollado numerosos métodos de lucha y presión, la huelga sin duda es el más extendido, aunque se puede complementar con otras prácticas como el boicot, que consiste en denunciar públicamente los atropellos de la empresa sensibilizando a la sociedad y así minar su reputación para disminuir sus ventas; sabotaje, que consiste en dañar o destruir la maquinaria y demás capital fijo para obstruir todo lo posible el proceso productivo. Hay que apuntar también que el sabotaje siempre se realiza contra el patrón, nunca contra consumidores. No obstante, la clase empresarial también tiene métodos para romper huelgas: como las listas negras, la contratación de esquiroles, enviar a la policía, y a través del cierre patronal, que consiste en cerrar la empresa o el centro de trabajo para dejar en la calle a las trabajadoras. Legalmente, el cierre patronal está permitido siempre y cuando suponga peligro de daños a personas y materiales durante una huelga y esté comunicada a la Autoridad Laboral.

Volviendo al hilo, también existen huelgas fuera del ámbito laboral, tales como las siguientes: las huelgas estudiantiles, aunque no afectan a ningúnn proceso productivo, sí sirven para abrir espacios que posibiliten la expresión de las reivindicaciones del estudiantado, presionar a la dirección del centro, concienciar a otras estudiantes y como entrenamiento ante los conflictos al entrar al mundo laboral. Las huelgas de inquilinos consisten principalmente en impagos colectivos de alquileres para denunciar los precios abusivos y presionar para que los rebajen. Sobre las huelgas de comsumo supongo que sabremos que consisten en no comprar para minimizar el volumen de ventas en general por un período de tiempo determinado. Este tipo de huelgas se podrían complementar con las laborales para tener mayores efectos. Por último, las huelgas de hambre y sed se realizan cuando ya no quedan más alternativas de lucha que poner su vida en peligro como método de presión ante las injusticias. Estas huelgas las suelen realizar presos y presas políticas cuando el régimen carcelario los castiga duramente y la justicia burguesa hace oídos sordos.

Así pues, las huelgas no se encuentran úncamente en los conflictos laborales, sino que podrían extenderse igualmente en otros conflictos sociales. No obstante, siempre existirá un denominador común entre todo tipo de huelgas: que las realiza la clase trabajadora y el conjunto de clases explotadas.

Precariedad juvenil y el viejo sindicalismo

Al referirme a sindicatos en este artículo me referiré exclusivamente a los de tradición anarcosindicalista, ya que no quiero gastar más de dos líneas en esa traición a los trabajadores que suponen los actuales UGT y CCOO.

Tengo 21 años. Estoy cursando mi último curso de una carrera de ciencias sociales, de escasa salida laboral, y trabajo tres horas en la Biblioteca de mi universidad como becario. Es decir, como trabajador encubierto. Me pagan 350 euros al mes y no tendré derecho a paro, porque la escasa cotización a la seguridad social no lo cubre. Cuando acabe todo esto, no sé que será de mi vida. He perdido la expectativa de que el mercado o el estado me garanticen bienestar. Los jóvenes, en este juego trucado, no importamos mucho.

Ante esto, mis pensamientos vuelven al romanticismo del 36, a las colectivizaciones de fábricas y campos y las siglas de sindicatos pintadas en todas las paredes de Barcelona, mientras las bombas caen sobre las obreras que esperan el regreso de sus hijos, enrolados en milicias. Hoy todo eso es Historia. Estamos en el siglo XXI, nací en en una isla donde la gente no trabaja en fábricas o campos, sino en hoteles llenos de turistas dispuestos a emborracharse y dormir la mona en la playa.

La economía sumergida, los trabajadores sin contrato, los falsos autónomos, o como yo mismo, los estudiantes en prácticas, somos los herederos de ese mundo de fábricas. Esas fábricas todavía existen, evidentemente, pero ya no están aquí. Se fueron todas a tierras más “rentables”, como China o Vietnam. Si estás leyendo esto en un móvil u ordenador, es posible que haya pasado por las manos de un trabajador de ojos rasgados, encerrado en esas grandes fábricas-residencias orwellianas que tan barato producen. La producción del campo es anecdótica, la comida que comemos ha viajado más que nosotros. Viene de esos otros países, más baratos, en los que se puede explotar como un esclavo al trabajador y contaminar el medio ambiente sin temor a que alguien se queje…

Aquí quedamos nosotros. Los tele-opeoradores (controlados por grandes empresas especializadas en “externalizar” servicios), los cajeros de supermercado (ni se te ocurra ponerte enfermo en Mercadona, enfermar es de malos trabajadores), el que tiene un bar o un pequeño negocio y ve que el dinero se le va en impuestos, cuotas de un préstamo y pagos del alquiler del local; los profesores, enfermeros, administrativos, comerciales, informáticos y funcionarios interinos expuestos a ser despedidos en cualquier momento. Quedan algunos trabajadores industriales, cada vez menos y más especializados. Y luego está el campo, que apenas puede competir con los precios de los países “baratos”.

Finalmente, un sinfín de pobres que se buscan la vida en la economía sumergida, que comen en comedores sociales, rebuscan en la basura, reciclan chatarra, roban carteras, venden coca-cola en zonas turísticas, hacen top-manta, trapichean drogas, tocan música en el metro, van a servicios sociales a pedir la Renda Mínima, se prostituyen. Piden limosna. Duermen cerca del cajero que nos escupe dinero y nos cobra odiosas comisiones. Los marxistas tienen la cara de llamar a esta gente “lumpen” y decir que son una clase que hace una alianza con la burguesía contra la clase obrera. Es evidente que no han conocido a esa mujer sin-techo, Paqui, que lanzó un huevo a Urdangarín el día de su declaración al juez. Llevaba una bandera republicana en el cuello.

Y en medio de todo este jaleo que suponen la globalización, las privatizaciones y el aumento de policías, prisiones y cámaras de seguridad, queda el sindicato. Dos anarco-sindicatos, que dicen ser herederos de esa épica organización que luchó en la guerra civil. Enfrentados desde los años ochenta sobre si se debe participar o no en las elecciones sindicales. No entraré en ese debate estéril.

—¿Qué tal en el curro?
—Mal. Tengo la espalda jodida de tanto cargar libros en la librería.
—Ostia, y ¿has pensado en montar una sección sindical o algo?
—No. ¿Para qué? Si dentro de un mes se me acaba el contrato.

Quien decía esto no era una persona apática y despolitizada. No, era un estudiante de Humanidades, amante de la Historia e involucrado activamente en el movimiento estudiantil y las organizaciones libertarias. No se decidió a sindicarse porqué simplemente, en su contexto, no le era útil.

Los sindicatos parecen estar montados siguiendo los esquemas de la antigua estructura fordista-keynesiana. Empresas grandes pertenecientes a un mismo sector y funcionarios de las cuatro ramas del casi destruido Estado del Bienestar: educación, sanidad, asistencia social y seguridad social. Así pues, se crea una organización que sube desde la sección sindical de la empresa hasta la federación sectorial y territorial, llegando finalmente a una confederación estatal o incluso internacional.

La realidad del año 2015 no puede ser más obstaculizadora para este sindicalismo. Personas que no constan como trabajadoras y por tanto, es igual para ellas los convenios que se hayan podido acordar. Currantes que están contratadas por subcontratas de otras subcontratas. Manpower, Adecco, etc. Una legión de estudiantes en prácticas. Trabajos temporales (ay, la temporada de verano y las campañas de Navidad) y la gran mayoría a media jornada. Captador de socios para ONGs que cobran por objetivos. Clases particulares para sacar cuatro duros. Comerciales a los que sus jefes intentan convencer de que “tenéis que pensar como empresarios”.

Si bien es cierto que los sindicatos intentan adaptarse como buenamente pueden a este nuevo paradigma, les cuesta. Mi expectativa es trabajar en diferentes empresas de diferente sectores y por poco tiempo, lo cual es complicado compaginar con una militancia en cada una de las secciones sindicales en las que tendría que participar o directamente intentar montar. La única manera que tendría de comprometerme es llegando a una situación de mayor rango en la empresa, que me permitiera la estabilidad necesaria para preocuparme por sindicarme en vez de cual va a ser el siguiente sitio donde me tocará trabajar. Lamentablemente, sindicarse está pasando de ser una necesidad a ser un lujo en un mundo de economía sumergida, trabajos basura y un paro desbordante.

Pero nuestro deber es ganar. Y para ganar debemos reconfigurar las categorías en las que se estructura el sindicalismo combativo. Debemos buscar la afinidad biográfica, hacer sentir a los precarios que no están solos, que hay otros que están teniendo un curso de vida similar. Y pasar al ataque. Es demasiado tarde para resistir, la mejor defensa contra la miseria que nos imponen no es reclamar una legalidad que se puede cambiar en despachos de Bruselas, sino un buen ataque.

Mi propuesta, como joven precario y sin nada que perder, es crear redes de apoyo mutuo entre personas con la misma situación biográfica (no tiene sentido juntar al funcionario a punto de jubilarse con el becario que durará un año) y dispuestas a formar cooperativas, ya sean nuevas o sean empresas colectivizadas. Para mí, el objetivo a corto plazo de un libertario es conseguir que todas las empresas se conviertan en cooperativas auto-gestionadas por sus trabajadores y orientadas al bien de toda la sociedad. Ejemplos de estas prácticas las encontramos en la “toma de empresas” sucedidas en Argentina o en Grecia. En la Catalunya de los pistoleros pagados por la patronal, Joan Peiró de la CNT fundó la Coopertativa Cristales de Mataró para apoyar a los trabajadores despedidos. Estas colectivizaciones, a mi parecer, deberían ser llevadas a cabo por asambleas autónomas, que los anarco-sindicatos pueden apoyar pero no dirigir y que tengan un planteamiento basado en la democracia directa y el bienestar para todos. En definitiva, solidaridad entre precarios y autonomía financiera frente al neoliberalismo.

Cuando no hay nada que perder, está todo por ganar.

Anónimo

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