[Narrativa] Tzihualpopoca

El siguiente relato ficticio es un homenaje a las resistencias de todos los pueblos originarios de América y de todo el mundo a lo largo de su historia. Siempre serán semilla…

 

Demasiados años viviendo en la misma casa, en la cuadra Fray Juan de Torquemada, consigue que uno vaya adquiriendo hábitos placenteros, pequeños deleites de la vida que se puede otorgar un hombre sin oficio. Mi rutina es contemplar el ajetreo de los defeños; estos se mueven alocadamente en busca de sus propias rutinas, algunos hombres con traje y corbata, muchachos con monopatín bajo el brazo, y algunas señoras con sus bolsas de la compra. En mi viaje diario en autobús a la Plaza de las Tres Culturas, me entretengo prestando atención a los diálogos ajenos; a veces, no reparo en el sentido de los mismos, sino en las ingeniosas formas de comunicación de las personas. En otras ocasiones, entablo conversación con gente que me regala un poquito de su confianza y le interesa escuchar cualquier cosa, incluso algunas viejas historias…

Mi nombre es Tzihualpopoca. Me ha sido encomendado transcribir la historia, transmitida hasta el momento de forma oral por los teōmahqueh. La historia del paso firme de nuestros antepasados, de la mano de los dioses, hasta el esplendor actual bajo el dominio de nuestro Huey Tlatoani, el gran orador Motēcuhzōma Xōcoyōtzin. Después de la última gran migración de las tierras de Chicomóztoc, desde donde salimos numerosos calpultin hacia las tierras de los lagos, nuestro altépetl ha ido creciendo gracias al vigor aportado en las batallas por Huitzilopochtli. En un islote al poniente del lago de Texcoco nos esperaba el águila que devoraba una serpiente sobre el nopal, revelando el dominio sobre los enemigos y la tierra.

Mi vida al servicio del gran orador, será pronto alterada por una inminente batalla con los enemigos tlaxcaltecas, me espera una muerte heroica antes del término del Xiuhmopilli, si los dioses nos favorecen en la eterna victoria. El informante principal de Motēcuhzōma en los últimos tiempos, ha tenido presagios funestos que avecinan importantes cambios; la ruina, la muerte y la destrucción de nuestro divino mundo. Por ese motivo, el gran orador reúne a sus más prestigiosos nigrománticos, para averiguar los detalles de los desastres imprevistos que pudieran ocurrir. Sin embargo, a pesar de utilizar todos los métodos de adivinación, nada se ha podido resolver.

Un macehual de un pueblo de la zona costera anuncia haber visto grandes objetos, flotando sobre el mar grande. Nuestro gran orador teme que se trate de Quetzalcóatl, de apariencia blanca como el atole y barbudo, pues algunos dioses siempre nos advirtieron de su regreso por el este. He sido llamado por Motēcuhzōma a su palacio. Nos envían a las tierras del mar para comprobar el hecho que ha relatado el macehual, y entregarle unos valiosos dones a Quetzalcóatl y su séquito, quienes deben quedar tranquilos y nosotros queremos estar en paz con los dioses. Antes de partir me despido de mi clan. Mis hijas y hermanos me hacen regalos para que tenga suerte en mi viaje; yo le entrego el huehuetl, mi instrumento de las danzas rituales, a mi más preciado nieto. Al mirar hacia atrás por última vez, me emociono al verle hacerlo resonar, consiguiendo un estallido tan solo equiparable al latido del corazón de la tierra.

Parto inmediatamente con otros teōmahqueh y pīpiltin, hacia las tierras del mar, en busca de respuestas y el encuentro con los dioses. En Mictlancuauhtla, nos reciben con grandes danzas rituales, aunque se podía leer el miedo en sus caras, por la llegada de hordas de seres blancos y barbudos. Algunos de éstos, llevan ropas metálicas; otros, vestidos con sacos de color pardo o verde, y sombreros guardasol. Se suben en bestias marrones o negras de cuatro patas finas y cuello alargado con pelo en sus cabezas, que echan a correr velozmente como si de espíritus se tratase.

Al acercarnos prudentemente, nos miran extrañados y desconfiados. No hablan náhuatl, sino que profieren unos sonidos bruscos que no entendemos. Cinco de los nuestros avanzan para ofrecerles varios obsequios sagrados. Ellos empiezan a lanzar gritos y  algunos se acercan haciendo gestos con las manos y el cuerpo. Uno de nuestros informantes le entrega a uno de esos seres blancos una flecha de oro, generando una gran sorpresa entre el resto de los suyos. Tras permanecer poco tiempo con estos seres, nos damos la vuelta para regresar al pueblo cercano, pero un gran estruendo nos asusta a todo el grupo. Uno de los pīpiltin cae al suelo mientras su espíritu le abandona. Al girarnos, vemos que los seres llevan palos largos de los que salen lenguas de fuego y humo. A mi alrededor, comienzan a caer muchos de mis hermanos, me veo envuelto en un sonido similar al de cientos de truenos, que nunca había escuchado anteriormente. Este ensordecedor ruido no cesa y sale de los palos que portan los seres blancos.

Solamente tres de nosotros hemos podido escapar con vida de las orillas del mar grande. Al llegar al pueblo, contamos lo ocurrido, y toda la población sale despavorida de allí ante la llegada de los dioses. Mis tres compañeros y yo decidimos regresar al palacio de nuestro gran orador a explicarle lo ocurrido. Motēcuhzōma se sorprende mucho ante todo lo que le contamos que ha sucedido. Decide reunir de nuevo a todos los nigrománticos de todas las regiones, excepto los de Tlaxcala, pues se ha enterado de que allí sus informantes han sido asesinados por una revuelta de los gobernantes insumisos. Le explico que los seres que han llegado a la costa no son dioses, sino gentes con intenciones desconocidas que utilizan un tipo de magia muy superior. Ordena que acudamos rápidamente a Cholula, pueblo que está en los límites de la región de los tlaxcaltecas, con la misión de informarle de la revuelta Tlaxcalteca y el avance de las gentes blancas. Impedir la destrucción de nuestro mundo, y la eternidad de nuestro gran orador está en nuestras manos. Estos acontecimientos seguramente quedarán recogidos en los códices sagrados algún día.

En el pueblo de Cholula nos recibe su tlaquiach, que se siente bastante temeroso ante la amenaza tlaxcalteca, aunque todavía no parece saber nada de la llegada de los hombres de piel blanca. Para el día de mañana hemos organizado una expedición con la intención de internarnos en tierras tlaxcaltecas, partiremos tras solicitar la protección de Huitzilopochtli, siempre preparados para luchar hasta vencer o morir.

Antes del amanecer, abro los ojos, sobresaltado ante inmensos estruendos, me quedo completamente paralizado ante el terror que siento, esos atronadores ruidos me resultan demasiado familiares. Salgo del recinto de la casa del gobernante, y la visión es inalcanzable, el pueblo se encuentra cegado por una nube inmensa de humo. Comienzo a correr, puedo intuir las sombras de los hombres blancos con sus objetos alargados que escupen fuego y humo, muchos cholultecas corren despavoridos, tal y como hago yo mismo; otros, están en el suelo agonizando y despidiéndose de sus espíritus. Grandes gritos y sonidos brutales salen de las bocas de los seres blancos, tienen una expresión feroz, parecida a la de las más salvajes bestias. Un numeroso grupo de cholultecas, el gobernante del pueblo, su séquito, y gran parte de los informantes, estamos siendo reunidos delante de la plaza donde se abastece de elotl. Sabemos que nuestro destino es morir a manos de la magia de estos seres que nos señalan con sus objetos que lanzan fuego. En estos momentos estoy pensando que, por desgracia, aunque he servido fielmente a nuestro gran orador Motēcuhzōma, nunca voy a poder cumplir la promesa que le hice, impedir la miseria y la muerte de nuestro pueblo.       

Un chico joven, educadamente, me dice que ha llegado a su parada y debe bajarse del autobús, nos despedimos y me desea que pase un buen día. A mí aún me faltan dos paradas para llegar a la Plaza de las Tres Culturas. A través del desgastado cristal, observo el humeante cielo de Ciudad de México, camino por sus avenidas cruzándome con algún músico callejero que me mira y me saluda al dejarle algunos pesos. Después de un par de horas de paseo sin rumbo por el centro de la ciudad, regreso a mi casa, subo las escaleras hasta el segundo piso y me dirijo directamente al armario de mi habitación. Abro ambas puertas y me quedo observando muy detenidamente, con la mirada clavada en el objeto que más sobresale; parece que fue ayer cuando mi abuelo Tzihualpopoca se despidió con lágrimas de alegría y me entregó su huehuetl.

 

[Reseña cinematográfica] El Reino

El reino es una película española de 2018 dirigida por Rodrigo Sorogoyen, sobre un guión realizado por él mismo e Isabel Peña. Se trata de un thriller centrado en una trama política sobre la corrupción en España. Se estrenó en España el 28 de septiembre de 2018. Esta película estuvo presente en la 65º edición del Festival de cine de San Sebastián​, dónde se llevó a cabo la presentación oficial de un fragmento del largometraje a la que acudieron los protagonistas de la película.

Sinopsis: El protagonista de esta historia es Manuel Gómez Vidal, un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, y observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos.

Su director se saca de la manga un guión sobresaliente sobre el que plasma una obra con gran poderío visual, una inyección de tensión inesperada y una necesaria trama sobre la corrupción política en España. En esta película no hay buenos ni malos, es la perfecta descripción cinematográfica de un cesto de manzanas podrido hasta el último mimbre que lo compone. Ni siquiera parece ficción, sino un filme documental, donde si bien caben muchos nombres de burócratas de las instituciones que puedan venirnos a la cabeza de golpe, la narración compone un relato que no se ampara en el cliché, sino en la más escrupulosa realidad. Es una historia auténtica, descarnada, e incómoda, una pedrada a las estatuas de muchos personajes, pero también un decidido golpe a sus pedestales.

La interpretación de los personajes es estimulante, realizan un retrato de la corrupción a un ritmo vertiginoso marcado por su apartado musical, donde la electrónica manda sobre el resto de posibilidades musicales que pudieran haber escogido como conductora inigualable de la trama. Un talento incuestionable que convierte a la película en una mirada de rabia incisiva contra un sistema que lleva en los genes la característica de corrupto. No deja lugar a dudas en torno a la corrupción política en España, el sistema no es reformable, no ha derivado en un esperpento de sí mismo, huye del buenismo y nos muestra que la corrupción es la razón de ser el sistema político, es la particular manera que tiene de respirar el capitalismo.

Un desenlace arriesgado pero decididamente acertado, precedido de unas escenas de tensión y persecución que nos ponen la piel de gallina. El debate final en un plató televisivo entre el político corrupto que quiere mostrar las fallas del sistema a la opinión pública, y la periodista al servicio de unos intereses determinados por los lobbies comunicativos, es la exposición de las dos partes que tienen en común un mismo espejo. En realidad, no existe un diálogo enfrentado entre dos posturas distintas, aunque la película corte la respiración con una discusión enconada entre ambos personajes, en ese final abrupto el guión se pone al servicio de una crítica demoledora hacia el sistema en su conjunto, y hacia cada una de las patas que le sostienen.

La película incluso consigue que sintamos compasión por el individuo, y desarrollemos una rabia visceral y argumentada hacia la maquinaria, hacia ese reino político donde los líderes pueden caer, pero jamás debe hundirse el sistema. Aunque pueda recordar a la trama judicial Gurtel, más específicamente al caso de los papeles de Bárcenas, en realidad el filme construye un retrato particular de la historia de la corrupción en España.

Una lectura clara de esta película es que debemos modificar los conceptos dentro y fuera, aquello de que no se pueden cambiar las cosas desde fuera. La realidad social es el afuera, que debemos reconceptualizarlo, es evidente que lo que hasta ahora conocemos como el adentro, es decir, las instituciones, no son más que una deformación diseñada de una rutina mecánica. Aprender a desapegarse de aquello que está putrefacto solo porque es lo único que conocemos, es como quedarse siempre en una casa atenazante por miedo a construir nuevas realidades más allá de los límites que llevamos en nuestra cabeza; porque el Estado lo llevamos incorporado en nosotros/as, se materializa en nuestro comportamiento social y cultural.

Película que roza el diez, y que merece la pena ver para sacar conclusiones propias, yo compartí con vosotros/as las mías y que seguramente deban complementarse a otras que enriquecerían la opinión colectiva. Nunca más una corrupción sin un debate profundo y a la altura de nuestros padecimientos como pueblo trabajador.

50 aniversario de la matanza de estudiantes en Ciudad de México, un crimen de Estado que sigue latiendo

Hoy, día 2 de octubre, se cumple el 50 aniversario de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México en el año 1968, un año que ya sabemos fue muy activo para la movilización obrera a nivel internacional, y que guardamos en la memoria colectiva de la lucha del pueblo trabajador.

Es complejo explicar en un artículo breve de divulgación qué implicaciones, consecuencias y origen tuvo aquella matanza, si bien es cierto que resulta indispensable traerla al presente para darla a conocer cincuenta años después, porque aún en la actualidad influye decididamente en el pensamiento y la práctica de los colectivos sociales en lucha de México y de toda América Latina.

Mucho más grande que un simple movimiento estudiantil.

El movimiento de 1968 en México fue un movimiento social amplio, en el que si bien los estudiantes tuvieron un protagonismo destacado, estaba conformado por hombres y mujeres trabajadoras de diversos sectores sociales y constituidos desde el mes de agosto de ese año en el Consejo Nacional de Huelga. Este movimiento buscaba una transformación social profunda en un país gobernado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), un partido fuertemente autoritario, que a pesar de sus siglas, fue fundado por la facción contrarrevolucionaria vencedora tras la Revolución Mexicana en el primer tercio del siglo XX.

Este movimiento fue reprimido continuamente durante su desarrollo por el gobierno de México, y con el fin de darle un durísimo correctivo fundamentado en el terror, el 2 de octubre de 1968 se llevó a cabo una represión pública de carácter brutal conocida como la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco», logrando disolver el movimiento en diciembre de ese año por las fatales consecuencias de estos hechos.

La matanza fue cometida de manera conjunta como parte de la Operación Galeana por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia (cuerpo semiclandestino de mercenarios civiles formado para la seguridad interna de los Juegos Olímpicos en ese verano), la Dirección Federal de Seguridad, la llamada entonces Policía Secreta y el Ejército Mexicano, y con el probado apoyo y asesoramiento de la CIA estaounidense. Esta última presionó decididamente para que en México no se desarrollara una revuelta popular que se les pudiera descontrolar a las autoridades del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y subsecretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez; por lo que EE.UU. intervino directamente y alentó a reprimir sin contemplaciones a la sociedad mexicana rebelde y en concreto a los estudiantes en lucha.

Origen y estallido de las movilizaciones: verano de solidaridad mexicana.

Los antecedentes a este movimiento han de buscarse en los años 50 y 60 en una sociedad mexicana hastiada del autoritarismo del partido único que había monopolizado el poder del Estado por décadas, y que aún se perpetuaría bastantes años. Maestros contra el desmantelamiento de las escuelas populares, estudiantes universitarios, ferrocarrileros, telegrafistas o campesinos venían organizándose antes de eclosionar este impresionante movimiento social en 1968 que llevó a las calles de Ciudad de México a cientos de miles de personas. Fue iniciado a finales del mes de julio con las marchas convocadas por los estudiantes de preparatoria universitaria y de escuelas superiores de la UNAM hartos de la brutalidad policial y las continuadas infiltraciones de agentes en las escuelas y las organizaciones revolucionarias juveniles. Estas marchas fueron respondidas inmediatamente con una represión policial desmedida, más de 500 heridos y decenas de detenidos, lo que consiguió que surgiera espontáneamente una solidaridad sin precedentes y el apoyo incondicional de gran parte de la sociedad mexicana hacia los estudiantes, a los que se les unirían las organizaciones obreras.

Durante los meses de agosto y septiembre las movilizaciones se intensificaron mucho, el estudiantado mexicano comenzó a utilizar un lema que logró un éxito asombroso: ¡Únete pueblo¡ Los mítines organizados en espacios públicos, y la presencia continuada en las calles hizo imposible canalizar el movimiento hacia protestas institucionales reducidas a la autonomía universitaria. Los medios de comunicación oficialistas mexicanos claman contra el movimiento social, comienzan a difundir noticias sobre cospiraciones internacionales de izquierda revolucionaria y alentar a crear listas de estudiantes y profesores destacados en las luchas que se organizan. El ambiente represivo sigue en aumento y se comienza a fraguar en las cloacas del Estado mexicano la necesidad de dar un brutal golpe para controlar una situación de descontento social en aumento.

El movimiento social en México de 1968 elabora una lista de objetivos irrenunciables, entre los que se encontraban la libertad de todos los presos políticos, la derogación de los artículos del Código Penal utilizados jurídicamente para aplicar la represión, la disolución del Cuerpo policial de Granaderos, responsabilidades penales para los artífices de esa represión e indemnización a todas las personas heridas por la policía.

Sin embargo, algunas fechas destacables serán la gran marcha del 27 de agosto en la plaza del Zócalo en Ciudad de México, y el terrible desalojo del campamento estudiantil que surge improvisadamente esa misma madrugada. También el 7 de septiembre se da la conocida como ‘Marcha de las Antorchas’, un impresionante mítin en Tlatelolco y el 13 de septiembre la ‘Marcha del silencio’, donde se marchó por las calles de la ciudad con pañuelos sobre la boca en un espeluznante silencio. El 18 de septiembre el Ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM, y cinco días después un edificio universitario es ametrallado por comandos policiales vestidos de civiles, se inicia entonces la noche del 23 de septiembre una batalla por tomar el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco, que duraría más de doce horas y tendría como desenlace más de 350 detenidos, 33 heridos y una persona muerta. El 1 de octubre el Ejército se retira de la UNAM, es el preludio de que una acción mayor está por suceder.

El día que el gobierno mexicano masacró a su población.

Tan solo diez días antes de que dieran comienzo los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, el 2 de octubre estaba programada una gran concentración y un mítin político en la Plaza de las tres Culturas en Tlatelolco, el corazón histórico de la Ciudad de México. Tras el disparo de algunas bengalas como señal de inicio de la matanza programada desde el gobierno mexicano a modo de una demostración de fuerza brutal, miembros del Batallón Olimpia apostados en los edificios circundantes a la plaza pública abrieron fuego desde las plantas superiores sobre los manifestantes con armas trasladadas los días anteriores a dichos inmuebles. Los miembros del Ejército mexicano a pie de calle también abrieron fuego contra la multitud justificándose más tarde que fue para repeler un ataque que estaban sufriendo; de esta manera la excusa estaba bien planificada y la legitimación de la matanza se servía mucho más fácil a los intereses internacionales del Estado mexicano. Muchos activistas consiguieron huir del tiroteo inicial que desencadenó la matanza y se refugiaron en departamentos cercanos, sin embargo fueron perseguidos, detenidos, torturados y asesinados impunemente durante las siguientes horas en la plaza y alrededores, que fue tomada por el Ejército mexicano durante más de una semana, retirando los cadáveres de lo que se calcula fueron quizá algo más de trescientas personas. Junto a la Iglesia de Santiago-Tlatelolco, reunieron a aproximadamente tres mil detenidos, siendo desnudados en público, torturados y trasladados a campos militares de la ciudad o a la histórica prisión del Palacio de Lecumberri. Al día siguiente en los medios de comunicación, no hubo ni una mención a la masacre, la normalidad más absoluta y el ocultamiento de los hechos fueron la instrucción otorgada. Los Juegos Olímpicos se desarrollaron bajo el silencio internacional, en Ciudad de México el miedo había dejado paralizados a los movimientos sociales que no podrían haber imaginado tanto horror y encontrarse repentinamente con una acción propia de cualquier guerra total. En gran parte de América Latina las embajadas mexicanas fueron atacadas; hubo marchas en Santiago de Chile. Se hizo un mítin en Londres frente a la embajada mexicana, y también hubo protestas en París.

De la guerra sucia y la represión a la guerra del narco-estado mexicano.

Algunas víctimas de dichas acciones intentaron caracterizar la masacre de Tlatelolco ante tribunales nacionales e internacionales como un crimen de lesa humanidad y un genocidio, ​afirmación que fue sustentada en principio por la fiscalía mexicana pero rechazada por sus tribunales. También intentaron llevar a los autores materiales e intelectuales de los hechos ante la justicia sin ningún resultado favorable. La disolución criminal de este movimiento fomentó la aparición de guerrillas clandestinas urbanas y rurales contra el Estado mexicano, que recrudeció la represión contra estos movimientos en los que se ha conocido como Guerra Sucia, perpetuándose en el tiempo hasta finales de los años 90.

Ya en los años 2000 surge una nueva fase de la represión contra los movimientos sociales mexicanos, y especialmente contra las comunidades indígenas declaradamente anticapitalistas. Precisamente el capitalismo pone en marcha una nueva versión de la represión adaptada a los nuevos tiempos, y a las necesidades de avance que este tiene sobre las vidas comunitarias y sobre el territorio. En 2006 y hasta la actualidad nace la guerra del narcotráfico, la particular lucha por el monopolio de negocios globales como drogas, armas, personas u órganos humanos, en la que las instituciones estatales mexicanas participan disponiendo de su poderío en favor de unos u otros. El narcoestado ataca a las comunidades en lucha, y en esta guerra hacen desaparecer decenas de miles de personas, siendo un punto de inflexión el 26 de septiembre de 2014 con la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, cuando se organizaban para asistir en Ciudad de México a la conmemoración de la masacre ya narrada. Vivos se los llevaron y vivos los queremos… porque la vida, vale vida.

Ya lo dijo Aldous Huxley: Muerte accidental de la censura

La propaganda opinativa, debido al impacto de las redes virtuales globales, se constituye en opinión pública generalizada, y ayuda a banalizar cuestiones importantes, calma la indignación y se desvalorizan situaciones sociales de gravedad, como por ejemplo podrían ser la segregación de menores en las fronteras estadounidenses, o la muerte continuada de inmigrantes en el mar Mediterráneo.

La libertad de expresión actualmente carece de relevancia práctica en el funcionamiento global del mundo, ni su coerción ni su defensa a ultranza sobrepasan el puro plano abstracto, la libertad de expresión ha sido exiliada de un mundo en el que se controla, desde las instituciones educativas y medios de comunicación, nuestra libertad de pensamiento, paso previo a la libertad de expresión. Por censura en nuestros días no debemos imaginar el ocultamiento premeditado o la negación de informaciones, al menos no tan solo en esos términos. Sino que la información es lanzada públicamente de manera masiva, adaptada a unas concepciones ciudadanistas y desprovistas de cualquier análisis profundo o crítico.

Actualmente no se censura la información como se ha venido haciendo históricamente desde la aparición de la prensa generalista en el siglo XIX y en el siglo XX con el desarrollo de los medios de masas, ya que actualmente en el marco legal de los países sería muy mal vista la coerción de esa libertad de expresión; sin embargo, se ha configurado una estrategia que tiene el mismo objetivo que la censura: evitar que la información provoque una acción directa y toma de conciencia en nuestras vidas cotidianas. Para evitar la respuesta social a la censura, se ha establecido otro tipo de censura con unas características distintas pero la misma finalidad; se potencia la sobrecirculación de múltiples informaciones para que no sean asimiladas por la sociedad. La nueva censura consiste en la puesta en movimiento de un circuito de informaciones inmenso que quedan en un limbo de superficialidad y espectáculo como mercado. Esto significa que se inhibe el potencial activista social ligado al conocimiento de información, se torna en una actitud pasiva de consumidores de información.

Compartimos un texto en facebook o twitter y ya creemos haber cambiado nuestras vidas, sin haberlo debatido e incorporado verdaderamente a nuestros esquemas mentales y actitud diaria. El origen de por qué existen las noticias falsas responde directamente a esta sobreinformación, todo es noticiable, todo es falseable, todo aporta a la generación de un continuado estado de shock que promueva la inacción. Las noticias falsas son una herramienta más inserta en esta estrategia de los lobbies comunicativos, que promueven la sobrecirculación de informaciones, favorecen que todo aparezca confuso, que la verdad sea infravalorada y quede en entredicho continuamente, fomentan la desconfianza absoluta en cualquier información, es decir, que nada parezca verosímil. Entre tantísimo volumen de información actualmente, siendo mucha de ella puro marketing y propaganda, es bastante difícil encontrar la verdad. La investigación periodística pasa a segundo plano, tan solo se generan clichés, etiquetas y lemas lanzados para confundir y enturbiar análisis político-sociales profundos.

Si nada es creíble, nada es cierto, pero al mismo tiempo también puede ser todo cierto, creando un espacio de confusión y un agujero negro para el periodismo. El lanzamiento de las noticias falsas no parte de ninguna institución ni grupo empresarial concreto, pero sí de la superestructura de dominio en su conjunto, no tiene su origen una explicación ligada a alguna teoría conspirativa, sencillamente la estrategia planificada se traslada de arriba a abajo, y se pone en marcha por los mismos consumidores de informaciones, que facilitan su acceso a través de las redes sociales a un nuevo estatus de creadores de noticias. La sociedad se convierte a la vez en productora y consumidora de noticias, sin importar cuánta verdad hay detrás de las mismas, creando así un mercado de información que aumentan la crisis de nuestro modelo de vida desesperado y frenético, y genera una suculenta acumulación de capital a quienes recogen los beneficios de ese flujo.

Tener información se ha desvinculado de tener un correcto conocimiento sobre nuestro contexto social inmediato, a través de la tecnología se favorece la creación de apariencias de convivencia, vínculos virtuales efímeros y deshumanizados, que evitan el compromiso comunitario y nos lanzan al confort más individualista. El imperio de la superficialidad y la ficción de nuestras vidas, de momento, va ganando terreno, y en nuestra mano se encuentra que esto cambie de sentido.

Huelga de taxistas, ¿por qué debemos apoyarla desde una práctica de clase trabajadora?

¿Qué tiene en común cualquier taxista con otro trabajador o trabajadora de cualquier otro sector laboral en la actualidad? Tienen en común unas condiciones sociales y laborales opresivas organizadas pormenorizadamente por el capitalismo global; y ese es el común denominador, el enemigo que padecemos. Me atrevo a destapar esta inmensa caja de pandora, conocedor de que no es el único análisis posible, ni seguramente sea el mejor, pero es probable que lo encontréis más interesante que las informaciones difundidas desde los medios de comunicación convencionales. Comencemos entonces por el principio…

Muy lejano queda el origen del taxi como profesión en el siglo XVI, con los primeros conductores dedicados al transporte en carruaje a cambio de una pequeña cantidad de dinero. Sin embargo, no será hasta las primeras décadas del siglo XX que se profesionaliza esta actividad laboral, regularizada bajo las normativas estatales. Por ejemplo en la ciudad de Madrid, en 1918 el reglamento de vehículos daba un plazo de un año para instalar taxímetros en todos los vehículos de alquiler. Las licencias de taxi eran entonces de 200, con la tarifa de una peseta por bajada de bandera y cuatro pesetas por la hora de parada; en los años 1950 el número de licencias otorgadas llegaba a las 6 mil, y ya en la actualidad y desde hace bastantes años el Ayuntamiento municipal de Madrid fijó esta cifra en 16 mil licencias de taxi, siendo 10 mil en Barcelona, unas 3 mil en Valencia y 2 mil en Sevilla. Un total de 65 mil licencias de taxi en el Estado español aproximadamente.

El sector laboral del taxi es, por lo tanto, un grupo profesional regularizado  tempranamente desde el Estado a través de normativas fundamentalmente municipales en las principales ciudades españolas, a su vez enmarcadas en unas normativas jurídicas superiores marcadas por unos intereses de clase evidentemente. Si bien una de las principales críticas al sector del taxi es el negocio en sí mismo que ha supuesto esta histórica regularización normativa en torno a las licencias, que los últimos años han generado la aparición de lobbies empresariales y trabajadores y trabajadoras precarias, las nuevas necesidades del capitalismo global dejan indefensas a miles de familias trabajadoras. Ya sean estos/as autónomos/as, la reproducción de la peor pesadilla del capitalismo para un trabajador/a, es decir, convertirte en tu propio jefe/a explotador/a, o ya sean estos/as asalariados/as; su condición de clase obrera, es decir, su no condición de clase dominante, deja bien claro a quién afecta sobre la realidad estos cambios en el sector del taxi. El sueño ansiado del capitalismo global: crear una falsa sensación de fin del trabajo asalariado tal y como lo conocemos, la instalación en nuestras cabezas de una dinámica social defensora acérrima de la tecnología y la gran mentira del progreso que suponen las aplicaciones telefónicas unidas a una exigencia individualizada de  servicios. Todo se reproduce a través de una tendencia de consumo a la carta de servicios, y la exigencia de unas peticiones individualizadas potenciadas por el capitalismo.

Otra de las características críticas sobre el sector el taxi es aquella realidad sociológica de que mayoritariamente es un sector laboral con escasa conciencia de clase, cuya actividad laboral se desarrolla en un idílico romance con expresiones de derechas (lectores de El Mundo y el ABC, oidores de la COPE, bandera patria y llaverito franquista…). Si bien es cierto que los clichés se conforman sobre una realidad palpable y generalizada, estos parecen quedarse inmutables con el paso del tiempo, y eso es una mala idea pensar que las comunidades sociales y laborales no tienen una evolución. ¿Por qué sectores como mineros o estibarores tienen una histórica vinculación a luchas cargadas de conciencia de clase, y por qué sectores como el del taxi están vinculados a una lucha gremial donde la derecha tiene una gran fuerza? Si en realidad los/as taxistas y sus familias, como ya hemos dicho, pertenecen a fin de cuentas a la clase trabajadora, independientemente de que la regularización histórica de su sector haya convertido a algunos/as de ellos/as en una pequeña aristrocracia obrera con tendencias conservadoras. Si apoyamos en el 2012 a los/as mineros/as en su lucha laboral, a pesar de no estar de acuerdo con un modelo energético basado en el carbón, por qué no deberíamos apoyar en el 2018 a los/as taxistas, aunque no estemos de acuerdo con su modelo de servicio completamente, o aunque no seamos usuarios/as.

Quizá en vez de exigir a los/as taxistas portar banderas republicanas en lugar de monárquicas en sus manifestaciones, o esperar a que nos agiten y llamen con un discurso revolucionario y de izquierdas, tal vez deberíamos solidarizarnos plenamente con sus reivindicaciones, que aunque no incluyan puntos desde una conciencia de clase de manual y panfletaria izquierdista, las condiciones materiales que reclaman y su malestar con el capitalismo global, es algo que nos une a ellos/as. Si no lo hacemos ahora, grupos burócratas y parlamentarios cooptarán esa lucha en beneficio de un marketing político, o colectivos de extrema-derecha como Hogar Social Madrid tratarán de sacar rédito a río revuelto.

La enorme mentira de la nueva economía colavorativa es una realidad cuyas consecuencias ya estamos padeciendo actualmente. En el Estado español han proliferado enormemente las empresas cuyo rasgo característico que dicen definirlas es la innovación tecnológica. En realidad solo han conseguido la precaridad de todo el mundo, ya sean productores/as o consumidores/as, e imponiendo unas reglas de mercado ajenas a una vida digna. En absoluto quiere decir que las reglas de la anterior fase del capitalismo fueran beneficiosas para el trabajador/a, sino que su vida cotidiana se ha visto empeorada por la sacrosanta tecnología. Esto ha enviado sin ningún tipo de argumento crítico serio a las tesis ideológicas que advierten de este peligro a una trinchera etiquetada maliciosamente de carca o tecnofóbica. Estaríamos hablando de una gran estafa: la cultura de la tecnología; las bondades y ventajas que supondría la economía colaborativa, que de colaboración no tiene nada en la práctica capitalista, puesto que es una simple reorganización de la explotación laboral hacia relaciones invisibilizadas, pero no por ello inexistentes.

Nos la han colado pero que muy bien, porque bajo ese enorme paraguas del discurso colaborativo, algunas empresas tecnológicas se están forrando a manos llenas. No se trata solo de una cuestión de empresas extranjeras que sacan rendimiento en otros países, la cuestión nacional no es un análisis que nos conduzca a esclarecer una situación de precariedad global, puesto que enemigas son todas esas empresas vengan de donde vengan, porque todas salen del mismo origen: las cloacas de miseria del capitalismo. Ni qué decir tiene, para quien no lo sepa, que detrás de Cabify, su fundador es un español afincado en EE.UU., otro ejemplo de que el capitalismo no tiene más bandera que la de el dinero. Esa clase de economía no tiene nada de colaborativa, pero en un mundo donde las etiquetas valen más que el contenido real del concepto, nuevamente nos han tomado por el pito de un sereno y nos han convertido en hooligans de sus intereses de clase, no de los nuestros. Es probable que nos encontremos en un punto de no retorno demasiado avanzado, pero no por eso hay que tirar la toalla y que la precariedad se desarrolle como le venga en gana sin oponer resistencia. El centro de toda esta tendencia social se encuentra en la cultura individualista, que más allá de parecer algo abstracto se materializa en crear hordas de consumidores/as que se creen con la legitimidad de exigir necesidades individualizadas a otros/as trabajadores/as con necesidades sociales y económicas reales, y se ven abocados/as a sobrevivir a cualquier precio en esta jungla. Nos habían dicho que el conflicto de clases había llegado a su fin, nos han dicho que eso es algo obsoleto del siglo pasado, nada más lejos de la realidad, el conflicto de clases es cada vez más sangrante, pero está desvirtuado por las cuestiones que el capitalismo ha querido poner encima de la mesa para distraer nuestra atención.

Estas empresas como Uber o Cabify han querido meter las narices en un sector bastante burocratizado y regularizado, ¿quiere esto decir que hay que defender de manera inamovible el estado actual de las cosas antes de la irrupción de estas empresas? Claramente no, pero tampoco quiere decir que no tengamos que tomar partido por un sector de trabajadores/as, que más allá de querer mantener unos privilegios, como se les acusa como si fueran empresarios del Ibex35, en realidad lo que mantienen son pequeñas economías familiares de manera más o menos desahogada según los casos. A día de hoy la huelga del taxi reivindica que se otorgue una licencia VTC (Uber o Cabify) por cada treinta licencias de taxi, cuando actualmente la ratio ha llegado a una licencia VTC por cada siete taxis aproximadamente. La proporción es de nueve mil licencias VTC y 65 mil licencias de taxi en el Estado español. Una cuestión en disputa entre competencias estatales, autonómicas y municipales que responden a intereses partidistas distintos enmarcados en la precariedad capitalista. Esto ha precipitado los acontecimientos que desde mediados de la semana han llevado a la convocatoria de huelga indefinida del sector del taxi en todas las provincias españolas.

El enemigo nuevamente es de clase, algunas voces entre taxistas ya están empezando a afirmar que su enemigo no es el trabajador de Uber y Cabify, otro precario más a sumar en esa gran lista social, sino que su enemigo es la tendencia capitalista a hundir a un sector del transporte en la miseria. No se trata de compartir el pastel o de abrir ningún monopolio, esos argumentos son lanzados por los sectores comunicativos detrás de esas empresas tecnológicas. Realmente los/as taxistas no son dueños/as de ningún pastel, sino un ejemplo de trabajadores/as a quienes el capitalismo ha llevado a más contradicciones de las asumibles sanamente por cualquier colectivo laboral. Otros argumentos lanzados por los/as defensores/as de estos modelos supuestamente colaborativos son: el aplauso ilimitado del emprendimiento empresarial o la actualización legislativa como exclusiva manera de una nueva regularización; recetas que ya vemos que no funcionan sino que precarizan aún más las relaciones laborales, como en los casos de Deliveroo o Glovo. Nadie recuerda ya que en la historia reciente el sector del taxi ha demostrado ser un colectivo formado por trabajadores/as que saben visualizar perfectamente el humanismo por encima de cualquier interés económico privado, siendo los primeros, por ejemplo, en transportar a personas desinteresadamente en atentados como el de Madrid (2004) o el de Barcelona (2017).

La huelga sectorial del taxi, además, tiene elementos muy interesantes respecto de otras huelgas: no ha sido oficialmente comunicada a través de los órganos estatales dispuestos para ello, ha sido organizada espontáneamente por asambleas de taxistas coordinadas en diferentes provincias del Estado español, tiene un gran potencial de contenido social. Es decir, esta huelga no ha caminado por los cauces habituales que otras convocatorias en otros sectores laborales, y es preciso que se convierta en una huelga social, porque el sector transportes tiene grandes posibilidades de paralizar la economía de las grandes empresas que se lucran con nuestro trabajo diario, seamos del sector laboral que seamos. Por solidaridad y apoyo mutuo, debemos apoyar la huelga de taxistas desde una perspectiva de clase, sino otros grupos sociales lo harán por nosotros/as, y quizá alejarán su potencial de un discurso de clase, para reducirlo a una cuestión nacionalista, xenófoba, tecnófoba o quién sabe qué otra etiqueta contraria a los intereses del pueblo trabajador.

Para terminar, quizá algunos otros medios de comunicación alternativos, que se definan o no como libertarios, próximamente escribirán otros interesantes artículos que aporten a un debate donde es muy difícil encontrar argumentos razonables y de investigación. Desde Regeneración, particulamente queríamos abrir la lata, y potenciar que se hable de esta huelga en las organizaciones de clase y los movimientos sociales que aspiramos a transformar radicalmente la sociedad.

Ser revolucionario de izquierdas y no apoyar la huelga de taxistas es una contradicción en sí misma.

De hueso y polvo. El valle de la memoria antifranquista

El Valle de Cuelgamuros, en el extremo sur de la sierra de Guadarrama junto a San Lorenzo del Escorial, podría ser un accidente geográfico más que pasara inadvertido, sin embargo es el espacio con mayor potencial de memoria colectiva de la historia reciente española y que aún sigue latiendo en la actualidad. Entre las repoblaciones de pinares y una diversa fauna de mamíferos y aves, encontramos la construcción monumental más infame ordenada por la dictadura franquista y símbolo de homenaje a esta aún a día de hoy.

La idea original de esta obra surge del mismísimo Francisco Franco que mediante dos decretos gubernamentales a fechas de 1 de abril de 1939 y 1 de abril de 1940 se decidía construir un monumento conmemorativo para honrar la memoria de los caídos por Dios y por España. Los trabajos comenzaron en 1940 y concluyeron en 1958, siendo inaugurado oficialmente el 1 de abril de 1959, coincidiendo con la fecha en la que el Franquismo celebraba la conclusión de la Guerra Civil española veinte años atrás. Es un monumento de exaltación de la ideología franquista y todos sus crímenes, y a partir de los años 50 la propaganda franquista se apropiaría del término “Reconciliación nacional” para modificar la publicidad sobre el conjunto monumental. Inmediatamente se convirtió en el mausoleo funerario de José Antonio Primo de Rivera, líder del falangismo español, y posteriormente en la tumba también de Franco a su muerte en 1975, estando aún enterrados bajo lápidas con honores en el centro del templo religioso.

El complejo monumental lo constituyen una basílica, una abadía de monjes benedictinos, una hospedería para el turismo, y una escolanía para niños cantores, dominado todo ello por la cruz más alta del mundo cristiano, de 150 metros de altura. En la basílica gestionada por los monjes en diferentes pisos y galerías hay un total de 33.847 personas enterradas, de las que 12.419 no están identificadas, siendo la fosa común más grande del Estado español. Si bien la idea inicial era convertirlo en un inmenso camposanto de los vencedores en la contienda, muchos familiares de combatientes sublevados no autorizaron exhumar a sus muertos de los cementerios municipales o de los lugares de batalla, por lo que varios cientos fueron extraídos ilegalmente por el régimen franquista. No contentos con esto, y también sin el consentimiento de las familias, llevaron allí numerosos restos de combatientes antifascistas recogidos de fosas comunes de Brunete, Gandesa, Tarragona, Badajoz o Teruel entre otras, hasta el último traslado en el año 1983.

La construcción de este monumento franquista fue en gran parte realizada con mano de obra esclava de presos políticos antifascistas, se calculan unos 20 mil, a los que se les prometía aplicar una redención de pena por trabajos, buena conducta y voluntad de expiar sus delitos en el imaginario ideológico nacional-católico del régimen. Fueron miles los presos que muertos de inanición, enfermedades, cansancio extremo, accidentes, torturas etc. también serían enterrados allí mismo en el complejo monunental. Empresas como Agroman, OHL o Dragados iniciaron sus negocios en el Franquismo, y concretamente con la construcción de este complejo monumental, aprovecharon la mano de obra esclava para enriquecerse, y ya durante el régimen monárquico saltaron al Ibex35, un negocio redondo.

Actualmente se están dando pasos institucionales para exhumar los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, proceso que esperamos que concluya prontamente. Sin embargo, las asociaciones de memoria histórica reclaman que esto no es suficiente. Se reclama que la actuación sobre un espacio de exaltación al Franquismo, construido con el sudor y la sangre de millares de presos antifascistas, merece ser mucho mayor y más profunda. A este proceso le deberían seguir la desacralización de la basílica y todo el complejo monumental religioso, y convertir ese espacio en un lugar de reconocimiento y homenaje a la memoria colectiva antifascista. Lejos de las tesis reconciliacionistas, las cuales ya solo algunos franquistas que no se reconocen como tal cosa, y algunos individuos desfasados de la vieja guardia del PCE reclaman, el ejemplo a seguir deberían ser los campos de concentración nazis en Alemania. En estos lugares la información objetiva y los datos, apartados del victimismo que siempre siente el antifascismo, no enturbian un claro discurso antinazi, no por ello menos histórico y fiel a una argumentación científica.

El Franquismo debe ser condenado socialmente, algo que parece difícil desde unas instituciones en cuyas cloacas aún se perpetúa la herencia de este régimen y su potencial ideológico, sin embargo, el fascismo no tendría ninguna cabida en la reconversión de este espacio en un encuentro de memoria, no es posible ninguna reconciliación ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro; y no se trata de rencor, se trata de asumir calmadamente la necesidad de construir desde el pueblo trabajador una dignidad y una paz efectiva practicando el más contundente rechazo al fascismo, cualquier otro escenario será un lavado de cara del régimen perpetuado en la monarquía y los gobiernos de turno actuales.

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