La fuga del fuerte de San Cristóbal de Iruñea en 1938. La huida carcelaria más grande de la historia europea

En nuestro transitar histórico por la memoria colectiva no quería dejar escapar la oportunidad de dedicarle una mención especial a la fuga más grande jamás organizada, la mayor evasión carcelaria de la historia de Europa con un total de 795 presos fugados, y que tuvo lugar el 22 de mayo de 1938 en Navarra.

La prisión.

En el monte Ezkaba, situado pocos kilómetros al norte de Iruñea-Pamplona, se encuentra aún en estado absoluto de abandono el Fuerte de San Cristóbal, que desde 1934 hasta 1945 albergó a más de seis mil presos políticos de las organizaciones del movimiento obrero.

Esta edificación fue construida sobre una antigua ermita rural y un obsoleto castillo navarro en el siglo XIX, concretamente se inició en 1878 nada más acabar la última Guerra Carlista (1872-1876), y como línea de defensa militar preventiva a lo largo de los Pirineos frente a otros posibles alzamientos carlistas. Sin embargo, la edificación del fuerte se prolongó hasta 1919, y para su construcción se dinamitó parte del monte para construir la fortaleza militar en tres niveles distintos excavados en el interior de la montaña. Largos fosos, imponentes murallas, garitas, celdas y galerías subterráneas ocupan varias miles de hectáreas, convertidas actualmente en ruinas que ocultan a su alrededor una inmensa tumba de presos asesinados en aquél lugar.

Este fuerte nunca llegó a cumplir la función defensiva para la cual fue construido, puesto que cuando se acabó su edificación, la estructura militar defensiva ya se había quedado obsoleta ante la aparición de la aviación con fines bélicos. La primera ocasión, y única en su historia que ha sido utilizado, fue como prisión penal militar entre 1934 y hasta 1945. Tras la represión gubernamental a la Revolución de Octubre de 1934, centenares de presos asturianos, cántabros y vascos fueron encerrados en sus muros.

Desde sus comienzos tuvo una incesante denuncia por la falta de higiene y salubridad, tratando de que fuese cerrada, sobre todo a raíz de la muerte de un militante de CNT en septiembre de 1935. Esto provocó un motín en el fuerte protagonizado por los cerca de 750 presos, y protestas en la ciudad de Iruñea que finalizaron con una huelga. El gobierno comenzó a trasladar en el mes de noviembre a varias decenas de presos a otras cárceles, y fue vaciada completamente en febrero de 1936 tras la amnistía general decretada a presos políticos. Sin embargo, ese mismo verano fue nuevamente utilizada como penal tras mantener bajo su control el territorio de Navarra las fuerzas militares sublevadas el 18 de julio de 1936. En pocos meses estaban recluidos unos dos mil presos en esta fortaleza, se desconoce el número indeterminado de presos que al comienzo del conflicto bélico fueron fusilados en sus muros o en el camino de descenso a la ciudad de un tiro en la espalda tras haberles dejado en libertad. Además, un total de 305 presidiarios murieron en el periodo de funcionamiento del fuerte como prisión hasta 1945 por desnutrición y enfermedades.

La fuga.

La mayor fuga de presos en el Estado español y en Europa, tanto por el número de huidos como por las criminales consecuencias de la misma, tuvo lugar en esta prisión el 22 de mayo de 1938. En ese momento había un total de 2.487 personas recluidas, en su inmensa mayoría dirigentes políticos republicanos, sindicales y militantes obreros revolucionarios. Estos sufrían maltratos continuados, hambre extrema y estaban infestados de parásitos. Una treintena de presos decidieron preparar una fuga masiva, para lo cual tuvieron reuniones en el interior de la prisión en las que hablaban en lengua esperanto para no ser descubiertos por ningún vigilante ni chivatos.

A la hora de la cena varios grupos de presos desarmaron a los militares en guardia, se apropiaron de sus armas y se dirigieron a la sala donde cenaba el resto de los guardias, allí se rindieron rápidamente, salvo un soldado que opuso resistencia y murió de un golpe con una barra metálica. En poco más de media hora los reclusos del fuerte habían logrado el control de la prisión, rindiéndose también los guardias en las diferentes garitas existentes. Un total de 795 presos se fugaron aprovechando la oscuridad de la noche, tratando de esconderse en el monte antes del amanecer para recorrer a pie la distancia de unos 50 kilómetros hasta la frontera francesa.

Desgraciadamente hubo dos hechos que truncaron su huida, el primero fue que un soldado en su día libre que regresaba de Iruñea se percató de lo que ocurría y dio la voz de alarma, y en segundo lugar también alertó de la fuga un preso falangista llamado Ángel Alcázar de Velasco, encerrado por su apoyo en abril de 1937 en Salamanca a la facción hedillista de la Falange derrotada en su unificación con los carlistas. De esta manera, rápidamente refuerzos militares, pero sobre todo falangistas y guardias civiles de la capital navarra acuden a reprimir la fuga de presos, que podría haber sido mayor de no ser porque muchos desistieron fugarse al ver rápidamente las luces de los vehículos militares que estaban a punto de llegar a las inmediaciones de la prisión.

La persecución

Las fuerzas represoras iniciaron inmediatamente una persecución y una macabra caza de huidos, que vagaban en desbandada por el monte, muchos de ellos descalzos, desnutridos y con escasos fusiles para defenderse. Entre esa misma madrugada y los tres días siguientes fueron detenidos un total de 585 fugados, abatiendo en el mismo monte a 207 reclusos que no tenían capacidad alguna de resistir. Solamente tres reclusos alcanzaron su objetivo de cruzar la frontera francesa y sentir que ponían fin a su persecución. El último de los fugados vivió escondido en los montes navarros hasta el 14 de agosto de ese mismo año, no logrando encontrar ninguna partida guerrillera o apoyo que le ayudase a lograr su objetivo.

Una inmensa mayoría de los asesinados fueron abatidos en las cercanías del municipio de Ezcabarte, también en la parte norte del monte, en las localidades de Oláibar y en Baztán, y  otros tantos en Ansoáin, en la falda sur del monte. Por lo tanto, tanto el Fuerte de San Cristóbal como todo el área a su alrededor es un espacio de la memoria histórica antifascista que debemos conocer y proteger. De aquellos huidos que capturaron los militares, un total de diecisiete fueron sometidos a un juicio bajo la acusación de haber liderado la fuga. Un preso fue internado en un manicomio de Iruñea y catorce fueron condenados a muerte, y fusilados el 8 de septiembre de 1938 en los muros de la ciudadela pamplonesa.

El ejército abandonó estas instalaciones militares en 1987, y a día de hoy se encuentra completamente abandonado, siendo propiedad del Ministerio de Defensa. Este fuerte fue declarado «Bien de Interés Cultural» por la Dirección General de Bellas Artes en el año 2001. Anualmente en la fecha de la histórica fuga se realiza un homenaje en recuerdo de dicho suceso y de los asesinados en aquél lugar, para que estos espacios no lo sean nunca más del olvido.

[Bibliografía]

‘Navarra 1936. De la esperanza al terror‘, Varios Autores, 2004

Fuerte de San Cristóbal, 1938. La gran fuga de las cárceles franquistas‘, Félix Sierra Hoyos e Iñaki Alforja, 2005

Penal de San Cristóbal/Ezkaba: derribos contra la memoria’, Fermín Ezkieta, 2011

[Filmografía]

Ezkaba, la gran fuga de las cárceles franquistas,  Iñaki Alforja, 2006

[Reseña cinematográfica] Lejos de los hombres

Lejos de los hombres, en francés Loin des hommes, es una película dramática francesa de 2014 dirigida por David Oelhoffen. Protagonizada por el actor Vigo Mortensen, quien también coprodujo el filme, admitió que mientras hacía la película pensó en «las poblaciones europeas frente a las nativas en Estados Unidos, pero también en Gaza» y «el país artificial llamado Iraq que fue creado por los europeos y ahora se están desmoronando.»

Sinopsis: Ambientada en la Argelia colonial francesa, la narración sigue a Daru, un profesor francés que debe entregar a Mohamed, un dócil argelino sospechoso de asesinato, en manos de las autoridades francesas. Mientras tanto, la Guerra de Independencia argelina estalla.

La película está basada en ‘El huésped’, un relato corto de Albert Camus de su colección ‘El exilio y el reino’. Sin embargo, la narración de este filme es más amplia que el relato en que está basado. Aprovecha la coyuntura del inicio de la lucha anticolonial en Argelia frente al Estado francés, para convertir la narración de un relato intimista en una aventura en el que el personaje principal chocará con un contexto social del que pretende huir y no posicionarse. Un personaje que no busca la amistad de su huésped argelino, ya que él solo desea su soledad y seguir con su sistema de vida. Tras su lucha en Italia en plena Segunda Guerra Mundial, felizmente aislado impartiendo clases, o más bien adoctrinando a niños y niñas argelinas en la cultura francesa, cree estar fuera del conflicto colonial que los guerrilleros argelinos le han declarado a la metrópoli.

Este filme fue seleccionado para competir por el León de Oro en el 71 ° Festival Internacional de Cine de Venecia. Además, se proyectó en la sección de Presentaciones Especiales del Festival Internacional de Cine de Toronto 2014.

En general recibió buenas críticas por parte de los críticos cinematográficos, este desconocido filme francés, de no ser por la participación de Vigo Mortensen. Nos ofrece una excelente fotografía y una gran belleza de imágenes asentada en una narración perfectamente hilada entre el vacío y la destrucción. Con ciertos aires de western y de road movie atemporal se construye una historia contenida y austera, que mira hacia el interior del ser humano ante el dilema de tomar decisiones que afectan a la vida de otros.

Israel dice: Larga vida a Eurovisión. Palestina clama: Paren la masacre

El festival de Eurovisión se ha postulado desde sus comienzos como un espectáculo con potencial propagandístico de primer nivel mundial.  Seguido por millones de espectadores y espectadoras a lo largo de Europa, y del mundo entero, es más efectiva la propaganda ideológica de dicho evento televisado que cualquier telediario de noticias.

Este pasado fin de semana millones de personas pudieron ver y aceptar festivamente en el marco de dicha celebración musical la victoria de Netta Barzilai, la representante de Israel, que con su canción ‘Toy’, cuya letra anima a luchar contra el bullying, supone un lavado de cara para el Estado terrorista hebreo, lanzando una imagen al mundo de país abierto y moderno.

A nivel mundial la lucha propagandística contra Israel y la indignante defensa de este se ha convertido en una de las contiendas más relevantes en la última década. La campaña internacional de boicot contra el colonialismo y la ocupación israelí en los últimos años ha tenido un gran impacto internacional. Tanto es así que la maquinaria propagandística israelí lleva ya tiempo trabajando en limpiar su imagen queriendo desviar la mirada de sus atrocidades hacia Palestina, y proyectando una imagen de país tolerante, apoyando por ejemplo activamente al movimiento LGTBI.

El festival de Eurovisión no es la primera vez que sirve a los intereses propagandísticos de determinados países cuestionados internacionalmente por sus prácticas autoritarias y criminales. No olvidemos en el año 1968 la victoria de Massiel que sirvió para lavar la cara del régimen franquista español, o hace tan solo dos años cuando ganó la artista ucraniana Jamala, en plena guerra de Ucrania contra el Donbass. Desde que surgiera este festival en 1956 como iniciativa de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) en total connivencia con la OTAN, para establecer un festival que sirviera de propaganda cultural en los países europeos en la postguerra mundial, cada año este festival impone una hegemonía cultural uniformizadora. En muchas ocasiones, también, como es el caso de esta edición supone una cortina de humo para hacer olvidar masacres como la perpetrada por Israel el mes pasado en la Marcha del Retorno de Gaza.

La propaganda sionista, además, se ve reforzada por la fecha elegida nada casualmente para encumbrar la victoria israelí por cuarta ocasión en el festival eurovisivo. En la víspera del conocido como Día de Jerusalén, que Israel impuso como festividad conmemorando el fin de la guerra de los Seis Días en 1967, dos días antes de Estados Unidos escenifique el traslado de su Embajada a la ciudad de Jerusalén, su representante ganaba el festival por cuarta vez, y también a dos días de la celebración de la Nakba palestina, o el inicio del éxodo de sus tierras el 15 de mayo de 1968.

No es la primera vez que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, logra imponer en el festival de Eurovisión, en acuerdo con el resto de países europeos que apoyan la barbarie sionista, la victoria de Israel como lavado de cara de su política. Ya sucedió en el año 1998 con la victoria de la cantante Dana Internacional, que se convertiría en icono del movimiento LGTBI mundial.

La propaganda israelí no es tan solo coyuntural, sino que se proyecta en el largo plazo, porque habitualmente el país ganador del festival lo celebra en su territorio al siguiente año. Esto significa que seguramente Israel decida celebrarlo en la ciudad de Jerusalén, en disputa con Palestina tras conquistar el sector oriental de la ciudad en el año 1967, y epicentro en muchas ocasiones de las políticas criminales sionistas contra el pueblo palestino.

La cantante Netta fue elegida inteligentemente por el Estado israelí como icono de una generación que se dice desconocedora del conflicto, tratando de invisibilizar el terrorismo israelí, y situando su figura y la temática de su canción en las problemáticas propias de los países occidentales, logrando así una falsa imagen de empatía con una mujer que habla sobre el bullying, desterrando por completo el sufrimiento que ejerce Israel a todos los niveles sobre Palestina.

Poco importe o no que la cantante estuviera en el Ejército de la Marina israelí en el año 2014 (el reclutamiento es forzoso en el Estado israelí en sus fuerzas militares a partir de los 18 años), en un país donde el mero hecho de pisar una tierra ocupada y regada de sangre ya constituye una legitimización al sionismo. En este caso lo más grave es que cualquier habitante israelí acceda gustosamente a participar de dar una imagen de país que combate el bullying, mientras se extermina a la población palestina, es en ese punto donde nunca podremos empatizar con Israel mientras siga utilizando la guerra y la propaganda haciéndonos creer que en esas tierras no ocurre ningún genocidio.

Reflexiones tras 50 años del Mayo francés de 1968. Continuamos tomando los adoquines para imaginar la arena de playa.

¿Qué podemos esclarecer cincuenta años después de la rebelión de Mayo de 1968? ¿Qué caminos revolucionarios y referentes de lucha abrió este acontecimiento internacional en la Francia de su época y que siguen latentes en el presente? La imaginación al poder… porque la arena de playa bajo los adoquines, se conquista.

Este mes se cumple el 50 aniversario del Mayo francés que tanto revolvió internacionalmente a los movimientos políticos y sociales. Es evidente que no podemos vivir de la nostalgia, y aún reconociendo que fue un acontecimiento irrepetible, sin embargo no quiere decir que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo. Este acontecimiento se reinventa actualmente en los conflictos actuales, no solo en Francia, sino como referente en todo el mundo.

Como dice el militante anarquista Tomás Ibáñez, Mayo del 68 forma parte de esos excepcionales sucesos históricos que están armados del suficiente potencial como para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar. Sin vivir de la nostalgia, y no permitiendo que esta guíe nuestros pasos y estrategias, pero el Mayo Francés puede evocar un estado de disposición a la acción y a la explosión de imaginación en las formas de lucha.

Fue un acontecimiento completamente inesperado, en un año que estuvo marcado por un sentir revolucionario muy fuerte a nivel internacional. Las intensas movilizaciones en EE.UU. contra la guerra del Vietnam, las manifestaciones de Zengakuren en Japón, o la batalla de Valle Giulia en Roma; todas ellas con un gran protagonismo de jóvenes nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Tras años de ‘prosperidad’ económica en Francia, y el afianzamiento de un sistema social capitalista, una generación de jóvenes franceses concluyen que un ciclo debe acabar, no para iniciar otro predeterminado, sino para debatir hacia dónde quieren dirigir sus vidas fuera del imaginario capitalista.

Quienes participaron activamente del Mayo francés sintieron una transformación de sus vidas, la continua lucha en las calles parisinas consiguió que muchos jóvenes percibieran ese tiempo como un tiempo de gran intensidad de aprendizaje y experiencia de unas sensaciones lejos de los tiempos y la monotonía que determina el capital. La distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético marcan una sensibilidad diferente en algunos acontecimientos en nuestra vida. No solo luchaban contra las expresiones del capital en su vertiente laboral o estudiantil, sino contra la vida rutinaria que este les sumía. La mejor manera de imaginar otro mundo posible, es mediante la beligerancia contra aquello que nos amordaza la imaginación, desatando una reacción inesperada en nuestro esquema actitudinal, poniendo en práctica todo aquello que dentro de la cotidianeidad capitalista no se puede dar. El Situacionismo le aportó al Mayo Francés el potencial para crear espacios temporales donde experimentar más allá de los límites culturales que nos propone el capitalismo. La Internacional Situacionista existió desde los años 40 en Francia hasta 1972 cuando decide autodisolverse. Esta recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Mayo del 68 supone un segundo asalto al capitalismo tras los años de prosperidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recoge la plasmación del repunte de las ideologías sociales y movilizaciones políticas que se tejen durante toda esa década, pero que estallan de forma muy inesperada. Sin duda un tiempo muy corto en comparación con el primer asalto al capitalismo que sucedió en los años 30 del siglo XX y que se venía fraguando desde decenas de años atrás. Con la Comuna de París de 1871 en el corazón, pero un contexto radicalmente distinto, Mayo del 68 se convierte en referente contemporáneo de lucha contra el capitalismo, pero también como una herramienta para mercantilizar la lucha por parte del sistema décadas después. Se hace necesario enlazar este acontecimiento con los conflictos actuales, no en un discurso teórico de recreación en forma de anhelo de un pasado ideal, sino en la práctica revolucionaria actual.

Los acontecimientos del Mayo francés destacaron entre otros a nivel mundial, tuvieron un impacto enorme y sirvieron de aliento. No se trataba de conquistar el Poder en bruto, nada se hubiera hecho con ese Poder, pero se consiguió politizar espacios, colectivos y dinámicas que habían caído en la despolitización impuesta por los regímenes de postguerra y el falso sueño de la recuperación económica que adormeció a las sociedades. El objetivo era romper con la pasividad y el aislamiento individual, aboliendo las caducas herencias recibidas y planteando una actividad de transgresión de la vida cotidiana desde la creatividad. Muchas expresiones libertarias fueron rescatadas de los guetos donde se habían anclado, y fueron lanzadas como piedras sobre la sociedad para despertarla.

A pesar de haber pasado al imaginario como una revuelta estudiantil, lo que hizo que Mayo del 68 no se convirtiera en un simple descontento de jóvenes que habían logrado llegar a una universidad a la que se comenzaba a acceder masivamente, fue el hecho de lograr la vinculación con el mundo laboral, y que la clase trabajadora se sumara a este reclamo ocupando fábricas y uniéndose al hórdago lanzado desde los movimientos estudiantiles. Esta reacción laboral, igualmente estuvo protagonizada por un rechazo al vanguardismo y las burocracias de los sindicatos tradicionales, que trataron de evitar este encuentro en la barricada, pero que marcaron una senda de autonomía obrera organizándose al margen de las centrales sindicales y partidos de izquierdas.

Se plantea como crítica al Mayo francés la falta de una dirección clara o de estructuras organizativas contra el enemigo común, si bien es probable que no pudiéramos hablar de la espontaneidad en el camino que tomaron los acontecimientos si se hubieran encauzado esas energías hacia planteamientos preestablecidos. Son esos planteamientos los que fueron cuestionados por ese cóctel ideológico, es evidente que no pretendía construirse un proyecto concreto, y eso no debe ser entendido como algo malo, sino que surgió como una semilla que si se germinaba podría llegar a ofrecer caminos revolucionarios a explorar donde nada estaba escrito. De hecho, la marcha de acontecimientos se asentó sobre esa premisa: se construía, se experimentaba y se incidía con creatividad sobre el devenir cotidiano de los sucesos.

Wallerstein le da la denominación de rebelión cultural, ya que el ciclo revolucionario de 1968 no plantea la toma del poder político. La rebelión social se traslada a cambiar radicalmente la vida cotidiana, la irrupción de esta insubordinación no se materializa en un proyecto político concreto. Sin embargo, no hay nada más revolucionario que querer cambiar la cotidianeidad. Supone un cambio de prácticas, no se trata de conquistar territorialmente, ni de dar un golpe para la obtención del poder, sino sentar las bases de la organización que permita una emancipación integral de la vida cotidiana alejada del capitalismo y su vacía existencia. El enemigo era el tipo de vida gris y vacía que ofrecía el sistema, una vida que no era producción creativa y autónoma, sino reproducción de un modelo determinado y encauzado para alimentar al propio capitalismo; un enemigo que sigue siendo común actualmente.

Acontecimientos en Mayo de 1968 en Francia:

El 22 de abril de 1968 miles de estudiantes se concentraron ante la Universidad de Nanterre a las afueras de París como protesta por la detención de varios estudiantes acusados de atentar contra empresas estadounidenses implicadas en la Guerra del Vietnam. Los últimos días de abril los enfrentamientos con la policía fueron habituales, hasta tal punto que el decano de la Universidad ordenó su cierre el 28 de abril, pretendiendo frenar el movimiento estudiantil, y además, con la intervención de grupos de extrema-derecha que atacaban a los estudiantes.

El 3 de mayo miles de estudiantes se concentraron en la plaza de la Sorbona de París en apoyo a los compañeros que debían declarar ese día en los tribunales por su detención en los altercados a finales de abril en Nanterre. El ataque por parte de la policía francesa provocó que el conflicto se extendiera más allá de los recintos universitarios y estallara en las calles parisinas; mientras los principales dirigentes sindicales y estudiantiles trataban de controlar ordenadamente esta situación, los y las estudiantes rebasaron estas directrices y actuaron desde su sensibilidad encontrando que la revuelta prendió en el Barrio Latino parisino. Situaba el centro de la acción en la solidaridad con los detenidos, la actuación directa sin mediaciones, sin exigencias o demandas al Poder, sencillamente practicando la autoorganización y la autonomía para tomar decisiones que se llevaban a cabo sin limitaciones.

El 6 de mayo se repitieron los enfrentamientos con la policía en la declaración de los estudiantes ante el Comité de Disciplina de la Universidad de Nanterre. La solidaridad se extendió entre miles de estudiantes que encontraron el apoyo de una sociedad francesa hastiada, los acontecimientos dejaron medio millar de detenidos y cientos de heridos.

El 10 de mayo por la noche se daba lo que se ha conocido como ‘la noche de las barricadas’, decenas de miles de estudiantes se unen a las luchas en el Barrio Latino de París tratando de liberar a sus compañeros detenidos, las fuerzas policiales atacan las barricadas levantadas y al día siguiente sacan carros blindados a las calles de París, procediendo a una militarización urbana no vista jamás por estos jóvenes estudiantes.

Un punto de inflexión que le otorgaría una relevancia impredecible a esta revuelta fue la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo, a la que se unieron varios millones de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda Francia, congregando en una manifestación a más de 200 mil personas en la ciudad de París. Los estudiantes tomaron la Universidad de la Sorbona y establecieron un Comité de Ocupación, mientras que al día siguiente miles de trabajadores tomaban algunas de las principales fábricas de la Francia industrial. Durante esa semana se dan tensiones con las centrales sindicales que pretenden moderar el movimiento, produciéndose una respuesta activa de los estudiantes para seguir trazando su camino en la práctica cotidiana de esta insurrección.

La huelga se extiende a numerosos centros de trabajo, los Comités de Huelga debaten sobre la cuestión del poder popular, y a través de sus críticas a la autoridad estatal se genera un vacío moral del poder, cuestionado de raíz por la violencia ejercida y abriéndose numerosas oportunidades por las que discurrir desde el sentir revolucionario.

La noche del 24 de mayo París vivió un estado de auténtica insurrección frente al Poder estatal, que obligó al Estado francés a reaccionar dividiendo al movimiento obrero, proponiendo unas negociaciones establecidas a varias bandas y haciendo propaganda de determinadas concesiones, obviando de que para la mayoría de estudiantes y trabajadores el gobierno no era un interlocutor de referencia, y sus pasos se dirigían hacia otras posturas. Sin embargo, el 12 de junio el presidente Charles De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de todos los grupos de izquierda revolucionaria, mientras continúan las negociaciones son las centrales sindicales moderadas. A lo largo de este mes de junio, grupos incontrolados de extrema-derecha son lanzados contra los movimientos rebeldes, que junto con la violencia policial continuada, las negociaciones aprobadas por los dirigentes autodenominados representantes de los obreros, y la celebración de elecciones legislativas a finales de junio; llevaron al movimiento a diluirse en una experiencia que había marcado un camino, irrepetible como ya se anticipaba, pero al fin y al cabo necesario para sentar algunos análisis y prácticas revolucionarias en el presente.

Ya en el 2018, este pasado mes de abril los estudiantes franceses han iniciado huelgas ocupando facultades por toda Francia, los ferroviarios comenzaron una huelga hace semanas, y han establecido contactos de apoyo con los estudiantes. Miles de personas han salido a la calle en solidaridad con la ZAD, territorio ocupado con un proyecto de autoorganización que ha sido agredido e intentado desalojar por el actual gobierno de Emmanuel Macron. Los sectores obreros franceses llevan alimentando una confrontación social contra el capitalismo estos últimos años, las comunidades racializadas y el antifascismo francés vienen trabajando arduamente en potenciar esta lucha. Todos los años cuando llega el mes de mayo a Francia, se tiene en la vista aquél año 1968, que si bien no se dará nuevamente en los mismos términos, puede servir como potencial para extender el bloqueo y la actividad obrera por todo el país.

Juicio de Altsasu y represión Comités de Defensa de la República. ¿Democracia dónde? ¿Terrorista quién?

Estas semanas nuevamente se está hablando mucho de represión política, y es que dos casos muy reconocidos socialmente están sentando un precedente que ya viene desgraciadamente encaminado desde hace bastante tiempo. Se está aplicando penalmente la extensión del concepto de terrorismo a cualquier acción de lucha obrera o situaciones sociales cotidianas que impliquen a personas con conciencia política discordante a la norma moral impuesta desde las instituciones del Estado español. Los dos casos represivos a los que nos referimos son los del juicio a Altsasu y la criminalización a los Comités de Defensa de la República en Catalunya.

Juicio en la Audiencia Nacional a los jóvenes de Altsasu:

Esta semana se inició el proceso judicial a ocho jóvenes del municipio navarro de Altsasu, acusados por delitos de lesiones y amenazas terroristas por los cuales les solicitan 62 años y medio de prisión a uno de ellos, 50 años de prisión a otros seis, y a una octava 12 años y medio. Estos delitos se refieren a una trifulca en un bar de Altsasu en las fiestas locales en octubre de 2016 donde estuvieron implicados dos guardias civiles, por lo que la Fiscalía ha aplicado la ley antiterrorista actuando en nombre de la Guardia Civil y la Coordinadora de Víctimas del Terrorismo (COVITE), solicitando las máximas penas para todos los acusados. Tres de ellos, además, llevan en prisión un año y cinco meses incomunicados en régimen FIES1.

Este pasado fin de semana tuvo lugar en Iruñea la manifestación más multitudinaria que se recuerda en la ciudad, con una asistencia de más de 50 mil personas apoyando a las familias de los altsasuarras que han comenzado a ser juzgados en la Audiencia Nacional. Los medios de comunicación, semanas después de la detención de los jóvenes y antes de que el Juzgado de Navarra fuera inhabilitado para juzgar este caso, pasándose a la Audiencia Nacional, iniciaron una campaña de criminalización contra todo el pueblo de Altsasu. Estos medios encontraron fuertes relaciones entre la actividad ya finalizada por ETA, y el Ospa Eguna, una celebración antirrepresiva de carácter festivo y reivindicativo que tiene lugar en Altsasu, que protesta contra la ilegítima ocupación por parte de fuerzas represivas de la Guardia Civil el territorio navarro, con una historia muy sangrienta en toda Euskal Herria. Altsasu ha recibido la solidaridad de otros pueblos de la Península e incluso internacionalmente, y sobre todo los familiares de los jóvenes acusados han sido apoyados activamente en todo momento manteniendo una gran movilización para dar a conocer este caso judicial.

Estaremos atentos/as al desarrollo y conclusión del juicio, aunque se albergan pocas esperanzas de un satisfactorio resultado para los jóvenes acusados, que no sería otro que la absolución total o la rebaja de las penas al nivel de faltas y no como delitos penales por vía antiterrorista. Sin embargo, la investigación y decisiones tomadas hasta ahora por la Audiencia Nacional no apuntan a una buena resolución. Ya hace pocos meses este tribunal se negó a retirar del caso a la jueza Espejel a petición de la defensa, nombrada como magistrada para la vista oral de este juicio, y casada con un coronel de la Guardia Civil.

Criminalización de los Comités de Defensa de la República (CDRs):

La semana pasada en una operación de la Guardia Civil ordenada por la Audiencia Nacional, eran detenidas un total de ocho personas en el territorio catalán pertenecientes a los Comités de Defensa de la República. El caso investigaba los cortes de carreteras y peajes que durante la Semana Santa fueron llevados a cabo por los CDRs como protesta por la libertad de los presos y presas políticas de Catalunya, a raíz de las agresiones llevadas a cabo por el Estado español desde septiembre del año pasado. Las personas detenidas eran acusadas en un principio de delitos de rebelión y terrorismo, en concreto, una integrante del CDR de Viladecans, fue trasladada a Madrid para declarar en la Audiencia Nacional, donde finalmente se le rebajaron los cargos a desórdenes públicos.

Estos CDRs no tienen personalidad jurídica porque no son entidades legalizadas, de hecho en el marco actual de represión española no podrían serlo en ningún caso. Sus integrantes son militantes y activistas sociales que luchan por la autodeterminación catalana, defendiendo la legitimidad de la independencia y contra la represión del Estado español. Nuevamente los medios de comunicación han favorecido mucho con sus campañas la persecución a los CDRs, ya apuntada en algunos periódicos la semana anterior. La criminalización que está sufriendo Catalunya por defender su derecho a la autodeterminación roza la psicopatía, pues principalmente a raíz del referéndum del 1 de octubre del 2017, toda la maquinaria propagandística del Estado español se ha puesto al servicio de la creación del retrato de un enemigo con el que generar un malestar y una enfermedad en la comunidad social. Este hecho trata de esconder las herramientas históricas, antropológicas y sociológicas con las que se podría debatir sobre la temática coyuntural de independencia y emancipación social, para provocar una represión y un enfrentamiento generalizado contra el pueblo de Catalunya.

Terrorismo es todo, menos la violencia del Estado:

El concepto de terrorismo nace en la Revolución francesa para identificar el periodo político conocido como ‘El Terror’ de la Convención, entre otoño de 1793 y la primavera de 1794, y su significado definía las actuaciones de violencia autoritaria y terror por parte del Estado. Sin embargo, este a lo largo del siglo XIX se ha apropiado del concepto para ponerlo al servicio de sus intereses de clase y su discurso socio-cultural, el concepto de terrorismo se ha resignificado desde el poder para definir bajo esa categoría cualquier respuesta de disidencia activa contra la violencia del Estado, e invisibilizando la violencia que ejerce este mismo. Existe, por lo tanto, una negación directa entre terrorismo de estado y terrorismo disidente, que llevan a la conclusión de la inexistencia del terrorismo como concepto, y que realmente este término encubre un conflicto abierto social y político que se proyecta en el tiempo, y anclado en la lucha de clases sociales. Los casos mencionados de Altsasu y los CDRs son el ejemplo de esta estrategia estatal de llevar el concepto de terrorismo a actuaciones de disidencia y lucha de las clases populares en cualquier situación cotidiana, además, sin que intermedie una violencia como la que han categorizado e incluido en los códigos penales que debería estar implícita en ese nuevo significado de terrorismo (asesinatos, bombas, secuestros etc…)

La ampliación efectiva, tanto moral, a través de los medios de comunicación, como penal, a través de los tribunales judiciales, del concepto terrorismo a toda actuación cotidiana por parte del movimiento obrero organizado, es una perversión represiva que más tarde o más temprano, nos acabará afectando a toda la comunidad social. La expresión de esta realidad se evidencia en la indefensión absoluta de la clase trabajadora ante la maquinaria represiva del Estado español, que aísla, encarcela, y ejerce su venganza sobre los familiares y el entorno de apoyo, y además sitúa a las víctimas de estas injusticias como la parte violenta de esta lucha. La Audiencia Nacional es el órgano judicial heredado del Tribunal de Orden Público franquista y que juzga los casos sobre cuestiones políticas actualmente. Si bien antes se hablaba abiertamente de dictadura durante el Franquismo, el régimen político actual directamente inspirado en el mismo, no es menos represor en lo ideológico, y continúa utilizando la misma estrategia de presentar a los vencidos como enemigos que quieren acabar con la paz social lograda en 1939, y refundada en 1978 con la Monarquía como principal valedora.

Esto nos lleva a plantearnos la pregunta del título de este artículo de opinión: ¿democracia dónde? ¿terrorista quién? La mejor respuesta sería conseguir abrir una brecha social y que estas cuestiones sean un debate central sobre el que hablar honestamente, marginando toda propaganda que pretenda desvirtuar la discusión llevándola al extremo de la banalidad.

1Ficheros Internos de Especial Seguimiento; una situación carcelaria de intervención de las comunicaciones y aislamiento. Como se define coloquialmente a veces, la cárcel dentro de la cárcel.

Segunda República española: Entre el mito y la denostación.

Contemplo que este artículo quiere resultar incómodo, romper con las ideas heredadas, y promover un camino de crítica desde el debate militante. No es un enfrentamiento donde quiera personalizar, ni un rechazo específico a los valores defendidos en el pasado y el presente, sino una batalla a librar entre el deseo de transformar social y políticamente el contexto actual recibido, y la realidad de una estrategia de futuro ligada a una narración histórica opositora de la oficialidad.

El debate historiográfico necesario:

La fecha del 14 de abril de 1931, el día en que se proclamaba la Segunda República española, marca un punto histórico de una gran magnitud en la memoria colectiva, e incluso puedo afirmar que también a nivel personal. Recuerdo que en un aniversario republicano fue la primera vez que me acerqué a una manifestación cuando era adolescente y todavía andaba por el instituto. Mi primera aproximación a unos ideales disidentes fue en una fecha que conmemora a las miles de personas hartas del régimen monárquico alfonsino que tomaron las calles de las principales ciudades para celebrar el fin de un ciclo. Con el paso de los años, y tras lanzarme a la investigación histórica inquieta y crítica, he descubierto paulatinamente que los discursos historiográficos sobre ese periodo republicano no me convencían.

No podemos obviar que la creación de una narración histórica responde a una necesidad de legitimar el presente, y que no tiene por qué narrar la verdad, sino una simple interpretación que repose sobre la huella de una tendencia determinada. Como historiador no me encuentro al margen de esta característica, con la particularidad de que ninguna de las interpretaciones más extendidas me han llegado a convencer con el paso del tiempo. Creo que las dos tendencias mayoritarias en la historiografía, dedican demasiados esfuerzos en reforzar la autoridad moral de un sistema de poder estatal, obviando absolutamente la historia social y las dinámicas antiautoritarias que se dieron en el movimiento obrero de la época.

Por un lado, la historiografía que se ha construido institucionalmente de tendencia nacional-católica, criminaliza a la clase trabajadora y sus movimientos revolucionarios a través de una crítica al régimen republicano, como si fueran la misma cosa y por lo tanto equiparando a ambos. Por el otro lado, la historiografía opositora a la oficial, de dudosa actividad realmente crítica, pero reconocida en un espectro progresista o de izquierdas, ha construido una narración a partir del mito y de una visión heroica de sí misma como un régimen democrático, de libertades y de continuidad imperdurable y anhelada como horizonte de futuro aún a día de hoy.

Sin atender al primero de los discursos historiográficos, es decir, el de directa herencia franquista, la otra de las narraciones no se ve exenta de las filtraciones e influencias a las que ha estado expuesta por la creación estructural de una memoria exclusivamente de los vencedores durante el periodo del Franquismo. La memoria construida de los vencidos es endeble, basada en mitos autocomplacientes, poco sólida si queremos aspirar a que nuestro discurso desde la historia social ayude a esclarecer la realidad actual, promover la lucha para hacer saltar por los aires su herencia y como único camino de acceder a una verdadera dignidad. Desde la izquierda se difunde la idea del régimen republicano como un periodo aislado de libertad, progresismo e igualdad que nada se parece a la realidad histórica experimentada por la clase trabajadora de su tiempo. Ya advertía que no pretendo proponer un punto medio, ni una objetividad en la que hace mucho tiempo dejé de creer por ser irrealizable, e inútil empeñarse en buscarla, propongo claramente la reconstrucción de una memoria histórica militante alejada tanto del heroísmo como del victimismo.

El contexto histórico del que estamos hablando:

La Segunda República española, irrumpe como un régimen político único en Europa junto con la República alemana de Weimar, que ponían en práctica las recetas de la social-democracia incipiente en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial. El gobierno republicano puso en marcha unas medidas que trataban de instaurar un proyecto político burgués pacificador con una tendencia reformista y progresista. Por un lado calmaban los conatos revolucionarios de la numerosa clase obrera organizada y concienciada, y por otro lado, frenaban los procesos autoritarios y reaccionarios militaristas y fascistas, pretendiendo un gobierno conciliador para las clases medias. 

El movimiento obrero revolucionario en un principio encontró favorable el nuevo marco aperturista que ofrecía la República para desarrollar sus actividades, frente a la destronada monarquía de Alfonso XIII o la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, los trabajadores y trabajadoras más concienciadas pronto comienzan a desconfiar de la República de tendencia burguesa, que promete reformas legales que no alcanzan las expectativas previstas por el pueblo y perpetua las desigualdades arraigadas en la sociedad española.

Hay algunas tendencias, expresadas en políticas concretas que argumentan esta afirmación, aquella que pretende romper con ese gran mito de la Segunda República como una época dorada para la libertad, casi un paraíso robado posteriormente por el Franquismo. Si enmarcamos este periodo entre dos tiempos de oscuras dictaduras y, fundamentalmente, de impactante represión organizada por el régimen de Franco, el tiempo de la Segunda República nos aparece como un rayo de luz y esperanza al ser comparado con su antecesor y predecesor. Pero esto no debería ocultar la realidad de un periodo republicano no menos autoritario, no tanto ya en su cómputo estadístico represivo en comparación, sino en el potencial ideológico antiobrero, pues podemos entender el régimen republicano como el Estado ‘políticamente correcto’ que recrea una vivencia igualmente perversa para la clase trabajadora. Y, paulatinamente dejar de analizar el Franquismo como una simple escalada de represión inquisitorial desenfrenada, que aunque sí que tuvo mucho de desenfrenada y cruel por quien le fue encomendada esta labor, fue la herramienta que tomó una burguesía que vio que el experimento de lo ‘políticamente correcto’ de la República había sido rebasado desde la izquierda revolucionaria.

En otros artículos previos sobre esta temática, llevados a cabo por investigadores como el historiador británico Chris Ealham, se repasan las políticas concretas que llevó a cabo la República española y que criminalizaban a la clase trabajadora o reprimían su actividad revolucionaria, especialmente a las mujeres en su rol de obedientes esposas y trabajadoras.

1, Ley de Reforma Agraria – Impulsada por el ministro Marcelino Domingo y promulgada en septiembre de 1932, que pronto comienza a decepcionar a miles de trabajadores del campo, que vieron en esta reforma una falsa promesa de justicia social y reparto de la riqueza. En realidad esta legislación pretendía reactivar la economía agraria capitalista en crisis, sustituyendo a largo plazo el poder fáctico de viejos latifundistas propietarios aristócratas, por una nueva clase propietaria abierta a los cambios que el mercado de la tierra necesitaba. Este intento de aplicar métodos fordistas al campo agrario español chocó de frente con las expectativas de comunalismo municipal de algunos sectores muy destacados entre los jornaleros y jornaleras de los campos.

2, Ley de Despenalización del Aborto – Catalunya publicó el 9 de enero de 1937 la normativa que permitía el aborto libre hasta las doce semanas de gestación. La ministra de sanidad Federica Montseny, ideó un proyecto de ley para regular la interrupción voluntaria del embarazo a nivel estatal en 1937, su iniciativa quedó en suspenso debido a la oposición de la mayoría de miembros del gobierno (todos ellos hombres). Aun así, Montseny buscó la forma de aplicar el decreto catalán en las zona antifascista sin conseguirlo, pues en julio de 1937 esta normativa quedaba suspendida incluso un año antes de que el Ejército franquista tomara Catalunya.

3, Ley de Reforma de la Educación – Materializada en sucesivos decretos desde mayo de 1931, el nuevo Estado republicano debía asentarse sobre una ideología ciudadanista propia de las clases medias, y esta debía difundirse a través de un sistema estatal de escuelas. En nombre de la cultura y tras promesas de alfabetización que demostraban el elitismo académico del régimen republicano, se ocultaba un proyecto de control social. La educación fue utilizada como en el siglo anterior en la Francia post-revolucionaria para enseñar un buen modelo de ciudadano e inculcar un imaginario civilizatorio que enfrentaba la imagen atrasada de las clases populares. No tan casualmente eran estas las que a pesar de analfabetas, portaban unos valores revolucionarios que suponían un peligro para el joven régimen republicano.

4, Ley de Vagos y Maleantes – Aprobada el 8 de agosto de 1933 con el apoyo de todos los grupos parlamentarios del momento y promovida por el gobierno de Manuel Azaña. Más tarde fue reformada y ampliada por el Franquismo en el año 1954, manteniendo su articulado, y tan solo añadiendo como nuevo delito la homosexualidad. Esta normativa republicana preveía sanciones contra alcohólicos, mendigos, extranjeros… o contra cualquier acción calificada por el régimen republicano como antisocial. Además, esta ley incluía la construcción de cuatro campos de concentración para vagos y maleantes; en Burgos, Puerto de Santa María, Alcalá de Henares y otro en Guinea Ecuatorial (entonces colonia española). La ley sancionaba el mero hecho de ser pobre y tratar de buscarse la vida, una criminalización de la pobreza desde las instituciones republicanas.

Hacia nuevos horizontes desde la memoria histórica militante:

La lucha del antifascismo en la época y de las expectativas emancipatorias del movimiento obrero no pueden encuadrarse en una legalidad particularmente antiobrera ante algunos de los ejemplos repasados. El empeño continuo en demostrar que detrás de la sublevación militar del verano de 1936 hay una respuesta de la clase trabajadora que defiende la legalidad y los valores que han querido adjudicársele a la Segunda República española, es una narración que esconde la autonomía e independencia del movimiento obrero respecto del marco moral estatal. Es decir, trata de esconder al protagonista de los sucesos, y es que la sublevación militar en su raíz no va dirigida contra la República, sino para aplicar desde el Estado unas medidas más efectivas que reclamaba la burguesía ante las expectativas de victoria de un movimiento obrero espectacularmente organizado y en ascendente relevancia desde la Revolución de octubre de 1934.

Los discursos históricos centralizadores de poder, ya sean el nacional-católico o el de tendencia izquierdista, libran una batalla por presentarse como valedores de un estatismo legitimador, el punto que ansían alcanzar es el de la razón desde las instituciones legales, y vencerá quien demuestre esforzarse mejor en potenciarlas como principio rector de su legitimidad en el pasado, en el presente y en el futuro.

Deberíamos dirigir nuestros pasos hacia aquellas narraciones inexploradas aún desde la crítica al pasado histórico, y que buscan sacarlo de ese camino doloroso y obstruido en que le han metido los discursos que quieren borrar la huella social del movimiento obrero revolucionario. Las expectativas actuales de transformación radical de la sociedad necesitan reubicar la memoria histórica fuera de ese callejón sin salida entre el mito republicano y la denostación franquista.

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