Un pequeño caracol en la ciudad

Centro Social Ruptura: Espacio convivencial de pensamiento libertario y de experiencia autogestionaria en Guadalajara (Estado de Jalisco, México).

El centro social Ruptura no es un espacio y un tiempo concretos, es una infinidad de lugares, de personas, de luchas, de deseos por vivir otra vida; un bagaje atesorado a través del más indomable de los silenciosos hilos del pasado. Una tradición de ateneos, asambleas, bibliotecas sociales que llegan a nuestros días como un sujeto que sigue escribiendo sobre el suelo las huellas de un camino de autonomía.

Este proyecto ha cumplido recientemente ya cinco años recuperando espacios de vida en la ciudad de Guadalajara, el centro social Ruptura nace en julio de 2011, afincado hasta mayo de 2016 en el barrio de la Capilla de Jesús; y desde entonces hasta la actualidad en su ubicación en la calle 8 de julio #334, en el barrio del Centro.

El centro social Ruptura está conformado por una enriquecedora diversidad de personas, familias y pequeños colectivos, que durante este tiempo han trabajado juntos para potenciar un proyecto de autogestión que se extienda a todos los niveles de nuestra cotidianeidad. Este espacio supone un importante medio de aprendizaje de otras vidas posibles, un mundo donde quepan muchos otros mundos, y sobre todo, potenciar el motor creativo y de participación que merece nuestra actividad diaria.

Uno de los integrantes de este espacio comentó que “cuando los compas del centro social Ruptura abrieron sus puertas, las personas no solo vieron un espacio nuevo, sino, un lugar donde se podían hacer actividades dentro de la ética del hazlo tú mismo. Ahora, han crecido en espacio y gente y es un lugar que ha estado dando influencia a otros locales que se han estado abriendo, no solo a nivel local, sino nacional. La autonomía requiere de trabajo constante, y el Centro Social Ruptura es un espacio donde día a día rompe con lo establecido por este sistema.”

Por eso mismo, el Centro Social Ruptura también es un importante punto de referencia en la ciudad para la formación política, la edición de textos, la propaganda y la agitación. Un espacio que cuida su particular biblioteca de librepensamiento y un archivo donde guardar la memoria que se construye en las acciones cotidianas. Han puesto en marcha dos talleres de serigrafía, un taller de decoración y artesanía, un colectivo de bordado y tejido, un colectivo de periodistas que elaboran contenidos solidarios con las luchas sociales, la sede de la editorial Grietas y la revista Verbo Libertario, y el cuarto de ensayo de una banda de música anarcopunk llamada Fallas del Sistema. Además, cuentan con un pequeño huerto en el traspatio y la azotea, mientras que fuera del espacio-casa, se sostiene un proyecto de autogestión alimentaria en el pueblo de Palos Altos, en un terreno de media hectárea.

En mi conversación con una persona que participa en el proyecto, este afirmó que “desde la contracultura también se buscan espacios de compatibilidad de ideas; okupas, salas de conciertos, centros culturales, centros sociales, etc. En los 90s siempre vimos este tipo de espacios en actividad solo en Europa, EE.UU, y algunas veces, bastante pocas, en Sudamérica, noticias que venían en los fanzines.”

En el mundo urbano en México, a diferencia todavía de la realidad rural, se han perdido los vínculos con el mundo indígena, y a raíz de la pérdida de esa identidad, se han olvidado muchísimos saberes que conectaban nuestra existencia como individuos en una sociedad colectiva. Por lo que, espacios como el Centro Social Ruptura, suponen una semilla que trata de reactivar esa memoria de elementos sociales comunitarios aun latentes y recuperables, no tanto para mejorar simplemente nuestro mundo, sino para transformarlo radicalmente y asegurar una supervivencia con dignidad para todas las personas.

El objetivo según sus propias palabras es hacernos comprender que “pensar desde la autogestión no significa obviar la existencia del Estado y el capital, tampoco implica un intento de evasión o de escape de las relaciones sociales jerárquicas y de explotación. La autogestión es un ejercicio de acción directa, es despliegue de una praxis que se concibe tanto para destruir las relaciones de dominio, como para construir otros modos de existencia, teniendo como exigencia no recurrir, no usar, a los establecimientos que están organizados desde una lógica estatal y capitalista.”

Habrá que acercarse entonces a este pequeño espacio tapatío lleno de singularidad, teniendo claro que crear una ruptura no es destruir, sino, como dicen los zapatistas, trabajar colectivamente para agrandar la grieta que nos permita mirar más allá del muro, pues detrás de ese muro no espera nada más que lo que la comunidad desee construir.

Ayotzinapa, puño y corazón

Ayotzinapa es el latido de 43 jóvenes estudiantes, y el de decenas de miles de desaparecidos más por el gobierno mexicano, es la memoria de a quienes secuestraron con vida, y sin embargo, sus familias y amistades nunca han vuelto a verles, pero sí sentirles cada día muy cerca.

El 26 de septiembre de 2014, la policía municipal de Iguala (Estado de Guerrero) y el ejército mexicano persiguió y atacó brutalmente a estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Este tipo de escuelas preparan a profesores y docentes que enseñarán en las zonas rurales mexicanas, y que siempre han tenido un fuerte componente de transformación social, por lo que han sido semillero de movimientos populares.

Ese latido delator de Ayotzinapa señala a las autoridades mexicanas y al crimen organizado protegido por el propio Estado, como responsables de estas desapariciones. Los estudiantes normalistas, antes de que les secuestraran, preparaban en distintos autobuses su próxima marcha a la Ciudad de México para recordar a las cientos de víctimas de la represión del gobierno mexicano el 2 de octubre de 1968 en las huelgas estudiantiles.

Ellos querían mantener viva la memoria de quienes murieron por las balas de los represores en la Plaza de las Tres Culturas, y ahora somos nosotros quienes tenemos el deber ético de sostener viva su memoria colectiva como una cadena inquebrantable en la historia de los pueblos que nunca han sido doblegados.

Ayotzinapa es la sangre caliente que corre por las venas abiertas de un México que se desangra, que nada más rozar a la madre tierra se tiñe de negro luto. Es la sístole de un puño que se contrae atesorando la rabia de aquellos quienes nunca han podido dar sepultura a sus hijos, amigos o compañeros; y que se acumula en las gotas de ámbar rebelde. La diástole que nos empuja comúnmente a continuar buscándoles, a ellos y a todos los desaparecidos; porque sabemos que no habrá justicia sin lucha, sin caracoles de pensamiento y porque vivos se los llevaron, y vivos los queremos.

 

Guadalajara, Estado de Jalisco, a 26 de septiembre de 2017

[Película] El hombre del corazón de hierro

El hombre del corazón de hierro, es una película de drama y thriller de guerra francesa, dirigida por Cédric Jimenez, y escrita por David Farr, Audrey Diwan y el propio Cédric Jimenez basándose en la novela del autor francés Laurent Binet. La historia se centra en la Operación Antropoide, el asesinato del líder nazi Reinhard Heydrich en Praga durante la Segunda Guerra Mundial.

La película está protagonizada por Jason Clarke, Rosamund Pike, Jack O’Conell, Jack Reynor y Mia Wasikowska. Fue rodada en las ciudades de Praga y Budapest entre el mes de septiembre de 2015 y febrero de 2016. Finalmente estrenada mundialmente en julio del año 2017, recibiendo críticas generalmente positivas.

La narración divide la película en dos partes claramente diferenciadas, la primera parte se centra en la juventud de Reinhard Heydrich en el ejército naval alemán, cómo conoce a su futura mujer y la manera en que llega a conocer a Heinrich Himmler por el cual entra a formar parte de las SS. La segunda parte se centra en los dos jóvenes checos que viajan desde Gran Bretaña y se infiltran en la resistencia en la ciudad de Praga para acabar con el hombre del corazón de hierro, Heydrich. La primera parte logra construir un filme biográfico que refleja perfectamente la ostentosa parafernalia nazi y algunos sucesos históricos como la purga del partido en junio de 1934, conocida ‘la noche de los cuchillos largos’. La segunda parte construye una historia clásica bélica de contraespionaje y acción, que si bien trata de huir del heroísmo o romanticismo más tópico de esta clase de filmes, tiene algo de ambos elementos en justa medida, no impidiendo contarnos con gran acierto una historia apasionante.

La narración del atentado contra Heydrich está separado en tres escenas distintas diseminadas a lo largo del metraje, donde se van conociendo poco a poco los elementos y personajes del momento exacto, y que le aportan una tensión e intriga de estupenda calidad, posiblemente el mejor acierto de la película.

Sin ahogarse en la trama de la resistencia checa en Praga contra la ocupación nazi, nos cuenta muchísimos sucesos históricos igualmente sin alargar pesadamente el metraje, parece increíble que en tan solo dos horas cuente tanto y tan bien esta película. Si la narración es un punto clave de este filme, queda complementada por una inmejorable fotografía, profundamente cuidada y detallada, que ayuda a construir una perfecta atmósfera intimista, a la par que una banda sonora que pone los pelos de punta.

 

Algunas reflexiones sobre las movilizaciones anticapitalistas en Hamburgo

La ciudad alemana de Hamburgo está situada en la parte septentrional del país, y cuenta con alrededor de dos millones de habitantes. Está atravesada por el río Elba, que desde su desembocadura hasta Hamburgo es navegable a lo largo de 100 km, incluso por barcos grandes. Esto convirtió a la ciudad hace ya siglos en un puerto comercial importante hacia el mar del Norte, y actualmente es el segundo con mayor tráfico en la Unión Europea, solamente superado por el de Rotterdam, en los Países Bajos. La función portuaria de la ciudad han potenciado el crecimiento de barrios eminentemente obreros como el de Sankt Pauli, con una tradición de lucha y comunitarismo muy relevante.

Hamburgo acogió el pasado fin de semana la reunión del G20, conocido así al grupo de diecinueve potencias mundiales más la Unión Europea, que reúne regularmente a jefes de Estado o gobierno, presidentes de bancos centrales y ministros de finanzas. Habitualmente deciden a puerta cerrada temas relacionados con el sistema financiero internacional, siendo ya habitual desde hace poco menos de una década que programen cumbres anuales o bianuales en alguna ciudad del mundo que acoge dicha reunión de altos mandatarios.

La duodécima reunión celebrada por las principales potencias industrializadas y emergentes ha estado marcada por unas multitudinarias movilizaciones populares y revolucionarias contra el sistema capitalista y las violencias que este engendra, y que ha tenido un impacto mediático destacable. Sin embargo, es difícil encontrar análisis veraces en los medios de comunicación convencionales que nos resulten útiles al pueblo trabajador para entender el porqué de las protestas, y mucho menos encontrar una información que no criminalice las manifestaciones llevadas a cabo.

Un compañero que fue a Hamburgo este pasado fin de semana a manifestarse nos ofrece algunas claves de lo que sucedió y que no nos contarán en la televisión:

Las fronteras fueron intensamente controladas por la policía alemana, incontables vehículos fueron parados y sus miembros identificados aleatoriamente en base a simples sospechas, añadiéndose sus identidades a una base de datos europea que manejan los países posteriormente para controlar a activistas anticapitalistas. Personas que se supieran relacionadas o sospechosas de activismo de izquierdas fueron vetadas de ingresar en el país. A aquellas personas vetadas de acceder se les entregaba una carta calificándoles de «amenaza para la nación» y explicándoles las nefastas consecuencias si intentaban entrar de nuevo.

Los extranjeros en general han sido un blanco permanente para la criminalización de la legítima protesta. Los medios de comunicación culparon repetidamente que los disturbios en la ciudad fueron creados por personas extranjeras, fundamentalmente de países del sur mediterráneo. De ahí la continua persecución a todo aquel que no pareciese físicamente alemán.

La tarde del jueves la manifestación bajo el lema «Welcome to hell», iniciaba las movilizaciones oficiales contra la cumbre del G20 y mostraría el hartazgo de decenas de miles de personas contra los altos mandatarios que comenzaban a llegar a la ciudad de Hamburgo. Sin embargo, la manifestación fue temerariamente atacada por la policía alemana al poco de comenzar esta gran marcha bajo la excusa de que un grupo de manifestantes llevaban la cara tapada, un hecho que es ilegal en ese país. La represión realizando una pinza con varios escuadrones de policías, gases lacrimógenos y camiones que lanzan chorros de agua a gran presión pudieron provocar una terrible desgracia al acorralar a varios cientos de personas en una zona sin salida, de la que tuvieron que escapar trepando un muro y unas barandillas peligrosamente.

En la noche del viernes Alemania entró en un equivalente a estado de emergencia, esto permitió movilizar a unidades armadas en las calles, fueron mediadores relacionados con el espacio social okupado Rote Flora, sobradamente conocido y frecuentado en la ciudad, quienes evitaron una auténtica masacre en esa noche. Los cuerpos armados de la policía militarizada querían sangre e incluso llegaron a poner bajo la mirilla a vecinos que simplemente grababan desde sus casas la ocupación militar de las calles. La totalidad del dispositivo policial ha ido orientado a criminalizar y fichar a los manifestantes presentes en las movilizaciones como principal objetivo. Edificios como el Ayuntamiento de Hamburgo estaban sin apenas protección, mientras barrios populares estaban asediados por la policía hostigando a los activistas. Si hubiera habido una intención de protección o defensiva, la distribución de fuerzas hubiera sido la opuesta, por lo que el dispositivo era claramente intimidatorio y buscando provocar consecuencias fatales. La presión a los manifestantes y la generación de un estado de miedo permanente ha sido especialmente criminal, ni siquiera las personas en campamentos legales se han salvado de desalojos, detenciones e identificaciones.

En la noche del sábado, después de la gran marcha internacional contra las fronteras en el mundo y que contó con una notable presencia de activistas kurdos, la policía entró violentamente a la calle principal donde se encuentra el centro okupado Rote Flora, sin dar tiempo ni lugar de escapatoria. Cientos de personas estaban allí, relajadas, hablando, bailando o tomando algo tras un largo día de protestas. El desalojo fue un acto de provocación y de violencia como estrategia para continuar causando daños a los activistas. Da la sensación de que se buscaba una reacción virulenta por parte de los allí presentes para justificar una masacre contra los mismos. Además, poco más de dos decenas de nazis estuvieron presentes durante todo el sábado, buscando bronca y atacando por la espalda, es decir, actuando como una fuerza parapolicial. Ha habido seguimientos e intervenciones de vehículos a la salida de Hamburgo de forma general e indiscriminada. En un momento dado, los manifestantes han estado atrapados entre quedarse en los campamentos o abandonar la ciudad el mismo domingo con el peligro que ello implicaba.

Este relato vivido en el lugar de los hechos nos hace ser conscientes de lo auténticamente criminal que ha sido la represión contra las movilizaciones revolucionarias. Han dispuesto un espacio para arrasar con los activistas de izquierda a toda costa y vender titulares favorables a los intereses capitalistas en los medios de comunicación. Las actuaciones policiales se saldaron con cifras de difícil confirmación exacta pero en torno a un millar de personas heridas, muchas de ellas hospitalizadas, y alrededor de quinientos activistas detenidos/as. Para otros/as muchos/as ronda ahora por su cabeza el temor de que las próximas semanas sigan ejerciendo una fuerte represión tanto en Alemania, como en otros países de donde han identificado a activistas.

Sin embargo, todo lo anterior no ha servido verdaderamente como esperaban. Más allá de querernos dividir estos medios de comunicación entre manifestantes buenos y malos, el objetivo de las movilizaciones contra el capitalismo era bastante claro. Si creen que pueden utilizar un espacio urbano que pertenece al pueblo trabajador que ha erigido esas ciudades, como lugar donde reunirse tranquilamente para decidir el futuro de todos los trabajadores y trabajadoras del mundo están completamente equivocados.

Día a día este sistema capitalista está sembrando odio, y este fin de semana pasado ha recogido la rabia que germina entre la clase trabajadora y en la juventud. Una rabia con un potencial constructor importantísimo, que aprovechamos diariamente para generar alternativas pacíficas posibles a un sistema económico, político y social inhumano. Pero este pasado fin de semana las miles de personas que se acercaron a Hamburgo a manifestarse, legitimados por el sufrimiento provocado al pueblo precarizado que no llega a fin de mes, bombardeado irremediablemente en las guerras provocadas por otros, o encerrado tras las concertinas de una frontera, lograron que los altos mandatarios de los países se encontraran un poquito cerca de ese infierno que cotidianamente vivimos. Las imágenes de acciones de bloqueo y resistencia frente a los ataques policiales no son vistosas a nivel mediático, pero se entienden mucho mejor cuando sabemos que enfrente están los representantes de la generación de todos nuestros problemas sociales.

La policía perdió la batalla a nivel de inteligencia y de objetivos. Se ha demostrado la fuerza de la izquierda en Alemania, en Europa y de otras partes del mundo que acudieron a apoyar las movilizaciones. Esto abre de nuevo el camino de las movilizaciones antiglobalización multitudinarias de finales del siglo pasado y principios de este siglo, un camino que seguiremos enriqueciendo pues es la confrontación que merece el sistema global, a la par que seguiremos trabajando alternativas a nivel local. Jodeos, porque a pesar de nuestros errores y debilidades, vosotros no habéis podido.

 

Texto elaborado en colaboración con un activista presente en Hamburgo.

Fotografía de portada: Álvaro Minguito

Orgullo crítico y disidencias sexuales

Parece inevitable abordar un artículo en la línea de un orgullo crítico LGTBI+[i], sin mencionar Stonewall y los albores de las reivindicaciones de los colectivos disidentes de aquello que hemos denominado heteronormatividad[ii]. El motivo de que mundialmente se haya fijado la fecha del 28 de junio para la visibilización de estos colectivos se remonta a 1969, cuando en el conocido pub de Stonewall Inn, situado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, la comunidad LGTBI+ utilizó la autodefensa activa contra la policía estadounidense en una de sus frecuentes redadas, amparadas en un sistema legal hostil contra las disidencias sexuales[iii], relacionales y de género.

Ante esta situación intolerable, se establece una rebelión abierta que estalla en forma de numerosos disturbios contra la policía en los días siguientes. En pocas semanas, los residentes del barrio se organizaron en grupos de activistas para esforzarse en construir espacios de seguridad de la comunidad LGTBI+ sin miedo a ser arrestados. Estos colectivos de Nueva York hicieron frente a obstáculos de carácter generacional, de clase y de género para formar una comunidad cohesionada y reivindicativa desde sus bases.

«¿Cuándo has visto que un maricón contraataque?… Ahora los tiempos estaban cambiando. El martes fue la última noche de sandeces… Predominantemente, el tema era, ‘¡esta mierda tiene que parar!»

— Participante anónimo de los disturbios —

Es importante recordar aquellos hechos, pues a partir de entonces se ha conmemorado la respuesta que llevaron a cabo conjuntamente mujeres, hombres y personas no adscritas al binarismo de género[iv]. Y esta comunidad estadounidense que se ha llevado la fama desde entonces, y que lo hizo francamente bien porque consiguió calar a toda la sociedad, recogía todo un recorrido histórico de lucha contra las violencias y desigualdades por no querer asumir un modelo estructural impositivo en torno a la heterosexualidad y los géneros dominantes.

Para profundizar en la cuestión de las disidencias sexuales y de género, me gustaría citar a Monique Witting, que a través de su breve texto “El pensamiento heterosexual”, nos acerca la heterosexualidad no como una práctica sexo-afectiva, sino como una estructura de creencias y mandatos que organizan la vida social. De esta manera, la heterosexualidad no se reduciría a una etiqueta definida por las personas con quienes mantenemos relaciones sexuales, sino que sería todo un conjunto de actitudes y valores que ordenan socialmente desde lo más pequeño hasta lo más grande. Esto es, la manera de entender el mundo, nuestras realidades y ficciones, y nuestras formas de proyectarnos tanto en el espacio privado como en el público. Por lo tanto, también formarían parte de este pensamiento heterosexual, por ejemplo, la búsqueda de una vida familiar y en pareja que resulte ser la base de todo un sistema económico, asumir los mitos en torno al amor romántico, o la consecución de equiparaciones jurídicas con el régimen heterosexual. De esta manera las disidencias sexuales abandonan paulatinamente su raíz reivindicativa y transformadora, siendo asimiladas en forma de concesiones sociales y espacios de libertad asumibles por el sistema heteronormativo. Se reducen así las diversas experiencias y activismos sexuales de resistencia a este orden socio-político, a simples opciones de apertura  entendidas como un progreso social positivo.

En lugar de aprovechar las disidencias sexuales para dar una patada definitiva a categorías tan limitadoras como los roles de género y todas las construcciones sociales en torno a esta estructura, y pensarnos colectivamente desde otros lugares e imaginarios, actualmente la pelea se enfoca hacia recuperar nuestro sitio en el pensamiento heterosexual. No somos pocas las personas que no queremos encasillarnos en una etiqueta excluyente, que defina con palabras hacia dónde se dirige nuestro deseo sexual en el marco de un mundo heteropatriarcal. Nuestras experiencias sexo-afectivas y una nueva manera de socializar merecen ser construidas sobre la práctica pedagógica, no teorizando en un terreno que no nos pertenece como disidencias sexuales y de género, o que nos ha sido secuestrado para dirigirlo premeditadamente en beneficio del origen estructural del problema.

Retomando la línea sobre la que comencé hablando de Stonewall, el orgullo crítico es, por lo tanto, aquella revuelta de 1969, la conmemoración posterior de aquellos hechos ha sido secuestrada, como es habitual con las reivindicaciones de género, clase y raza, por el capitalismo de cara más amable y que sabe que su triunfo está en desvirtuar toda lucha política convirtiéndola en un evento de consumo de masas. Por ejemplo, la configuración y potenciamiento de barrios estereotipados bajo la marca reduccionista de barrio ‘gay’ en algunas ciudades, no son más que la comercialización y utilización de una etiqueta para llevar a cabo estrategias urbanísticas de gentrificación, como por ejemplo, en el barrio madrileño de Chueca. O bien en otros países poco respetuosos con las diversidades sexuales, que sirva la publicidad de estos barrios para limpiar su imagen de discriminación mundialmente.

Este año 2017 se celebra a finales de junio en Madrid el denominado WorldPride, la máxima expresión internacional de esta eliminación del carácter reivindicativo de los colectivos LGTBI+ y la mercantilización de la lucha por la diversidad sexual. ¿Y por qué afirmar que, aparte de lo explicado sobre la desvirtuación de esta lucha, también se ha mercantilizado y ha perdido su potencial de clase trabajadora? Es evidente que desde hace ya bastante tiempo, la celebración del «Orgullo» cada año sirve para aumentar los beneficios de un  lobby de empresarios/as bajo el paraguas de la etiqueta arcoiris, y de otros muchos intermediarios/as y administraciones públicas, que si bien les importa bien poco el movimiento LGTBI+, aprovechan para cubrirse con la bandera del color del dinero, la única que entienden como propia.

Porque esta estrategia es puramente neoliberal, y a las disidencias sexuales pertenecientes a la clase trabajadora nos relega al exilio nuestras propuestas reivindicativas desde la base, y entorpece la lucha contra la violencia hacia la comunidad LGTBI+ desde un nivel político, social y económico. Una línea que ya viene siendo criticada desde hace tiempo por algunos activistas, como el ya fallecido Shangay Lily, dando a conocer el término “Gaypitalismo” o la creación de la marca gay para vender un producto desprovisto de ideas transformadoras verdaderamente. Además, este lucrativo beneficio privado se encuentra también en manos de grandes asociaciones que controlan todos los eventos creados bajo esta marca, y que en el fondo subyace también el control de los cuerpos y las sexualidades por el sistema.

Que se multipliquen las agresiones contra aquellas personas que no proyectan una actitud y un sentir acorde a la heteronormatividad, significa que realmente no existe un compromiso social y político, ni se entiende como un problema ideológico y cultural profundamente arraigado en la hegemonía heteropatriarcal. De la misma manera que nos hacen creer el mito de la igualdad respecto de las relaciones de socialización entre hombres y mujeres, también nos hacen creer el falso mito del respeto hacia las disidencias sexuales, acabamos cayendo en la errónea idea de convivir en una sociedad tolerante y respetuosa solamente porque nos ceñimos a ejemplos subjetivos o legalistas, que poco tienen que ver con una mirada hacia la violencia estructural de un sistema que no permite desviaciones.

Para apoyar una lucha a favor de las disidencias sexuales y de género, desde las reivindicaciones de clase contra el sistema heteropatriarcal y capitalista, hace poco más de una década que estas posturas se engloban en el conocido como ‘Orgullo Crítico’, que organiza actividades y talleres durante todo el año, y una manifestación reivindicativa cada 28 de junio. Este año en Madrid la convocatoria de manifestación será a las 19h. en la Plaza de Cabestreros (Pza. de Nelson Mandela) en Lavapiés, queriendo reivindicar nuevamente que disidencia es resistencia, y que la lucha de la comunidad LGTBI+ debe ser inclusiva verdaderamente de todos los activismos sexuales y de género, y por supuesto no mercantilizada.

[i] Lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales y otras formas de diversidad sexual. Sin querer entrar en el debate de la sopa de siglas, debía elegir algún acrónimo para la denominación del conjunto de grupos y movimientos en torno a las cuestiones de la diversidad fuera de la norma heterosexual, aun sabiendo que esta no recoge plenamente la riqueza de experiencias y activismos en su totalidad.

[ii]Estructura ideológica, social, política y económica que impone los vínculosheterosexuales mediante diversos mecanismos de coerción culturales, educativos o jurídicos, como único modelo válido de relaciones sexo-afectivas.

[iii] Todas aquellas expresiones culturales y movimientos políticos de la afectividad sexual que no están alineados con la norma socialmente impuesta de la heterosexualidad.

[iv]Es la clasificación del sexo y el género en dos formas opuestas y diferenciadas de masculino y femenino., sobre la cual se construye una estructura ideológico-cultural de desigualdad.

 

Errekaleor Bizirik. Las raíces obreras del barrio autogestionado en Gasteiz

Normalmente, y por desgracia, solo cuando sucede alguna noticia de actualidad relevante en las luchas de los movimientos populares (y habitualmente esta noticia suele ser negativa), se dan a conocer proyectos de largo recorrido que antes estaban sumidos al conocimiento solo en el propio territorio local. No obstante, me parece importante que en nuestro medio de comunicación social y libertario, apoyemos siempre cualquier proyecto de autonomía y emancipación obrera, y más si cabe solidarizarnos si es objeto de la represión por parte de la clase dominante.

Es por eso, que una vez más, dada la coyuntura de actualidad política, ponemos de relieve la represión sucedida, en esta ocasión en el barrio de Errekaleor, en Vitoria-Gasteiz, indagando en las raíces del mismo.

El origen de este barrio fue una urbanización construida a las afueras de la ciudad durante el Franquismo, destinada a servir de viviendas para los trabajadores emigrantes fruto de la expansión industrial iniciada en la década de los años 50 del pasado siglo XX. Fundamentalmente lo habitaban obreros de factorías de automóviles, y el barrio tomó el nombre de un pequeño río que forma la vaguada en el que se asienta, aunque, inicialmente, debido a una cooperativa alavesa promocionada por el régimen franquista, se le dio el nombre de «Un mundo mejor» (recuerda irónicamente a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley). Los principales centros de socialización y culturales del barrio fueron impulsados por sus propios vecinos y vecinas, implicándoles en una dinámica de alta concienciación de sus vidas como parte de la clase trabajadora a la que pertenecían. Uno de los cinco asesinados en los sucesos del 3 de marzo de 1976 por la represión policial, Barroso Romualdo, era vecino del barrio.

Tras la reconversión industrial en los años 80 este barrio fue siendo abandonado por la administración pública, potenciando que se convirtiera en un gueto de pobreza deliberadamente, viendo cómo en su entorno comenzaban a edificarse barrios residenciales de mayor nivel económico. Surgió entonces un proyecto que fue incluido en la ordenación urbanística de la zona sur de la ciudad de Vitoria-Gasteiz aprobado en el año 2000, y finalmente se decretó el realojamiento de sus habitantes para la futura demolición y su reconstrucción como parte integrante del nuevo barrio de Salburua.

Esta reconstrucción se enmarcaba en las dinámicas gentrificadoras que proyectaban modernos edificios y parques sobre ese barrio de raíces eminentemente obreras. Su ya escaso vecindario, en declive desde hace décadas, estableció una plataforma de personas afectadas por este proyecto, quienes veían imparable el avance de las excavadoras pero no querían moverse de su barrio de toda la vida. Sin embargo, será con el estallido de la burbuja inmobiliaria cuando el proyecto urbanístico quedó descartado completamente por el gobierno local y se agudizó aún más si cabe el abandono del barrio.

El ayuntamiento municipal, por lo tanto, desasistió la zona definitivamente, forzando a marcharse a los pocos vecinos y vecinas que aún quedaban, convirtiéndose en una zona de edificios desolados donde algunas personas sin hogar encontraban un techo bajo el que sobrevivir. Sin embargo, en septiembre del año 2013 el movimiento juvenil vasco, principalmente estudiantes, accederá a una de las primeras casas recuperadas, y dos años más tarde serían en torno a un centenar de personas las que habrían decidido ocupar las viviendas para llevar a cabo un proyecto político de rehabilitación común.

Estos años han tratado de revertir el proceso de abandono sometido por las autoridades y destinado a vaciar el barrio. Por lo tanto, se puso en marcha una de las más significativas experiencias de autogestión en la historia reciente, que denominaron Errekaleor Bizirik (‘Errekaleor vivo’ en castellano). El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, siempre ha mantenido una actitud de rechazo y beligerante contra la reocupación del barrio de Errekaleor, tanto es así que intentó forzar el desalojo del barrio, consiguiendo un efecto absolutamente contrario. Los movimientos sociales y populares de la ciudad se solidarizaron con el proyecto, y sirvió como punto de confluencia entre estos y el movimiento estudiantil de la ciudad.

La asamblea que gestiona el barrio conjuntamente está implicada en numerosas actividades políticas y sociales relacionadas con el antifascismo, la igualdad de género, el movimiento animalista, lucha contra los desahucios, o la juventud independentista vasca. Sin duda, durante estos años el proyecto ha crecido y se ha ido dando a conocer en la propia ciudad, actuando de espacio de cohesión y proyectos en torno al movimiento popular y obrero.

Desgraciadamente, ayer mismo también ha saltado su conocimiento a otros territorios del Estado español debido a la represión que ejerció la Ertzaintza en el barrio de Errekaleor. Varias decenas de ertzainas asaltaron el barrio para que técnicos de la empresa eléctrica Iberdrola pudieran cortar el suministro de luz, a petición del Departamento de Industria del Gobierno vasco. Esa misma empresa eléctrica que día tras días se enriquece a costa del sufrimiento de muchísimas familias trabajadoras para pagar unos recibos de la luz cada vez más abusivos. A pesar de la pronta reacción del vecindario establecido en las viviendas, y los solidarios y solidarias que se desplazaron al lugar, ha sido imposible impedir que los operarios encontraran la manera de cortar los cables.

Un muro humano impedía acceder al transformador principal, y la policía vasca ha actuado ejerciendo violencia contra los compañeros y compañeras, e incluso deteniendo a tres personas en la acción. Las fuerzas policiales asediaron el barrio, sembrando la represión durante su operación y acometiendo aquello que las instituciones vascas y las empresas eléctricas dictaron. Sin embargo, encontraron la resistencia de una juventud y unos movimientos populares organizados, que también se manifestaron en el centro de Vitoria-Gasteiz por la tarde para tomar las calles y mostrar su rechazo a esta acción represiva.

A día de hoy encuentran la solidaridad de muchos colectivos sociales de clase trabajadora de Euskal Herria y de otros territorios, y nuestra mejor aportación a los compañeros y compañeras es dar a conocer esta información y promover una comunicación crítica, activa y de apoyo constante. En la línea de desatomizar lo atomizado, demos a conocer los proyectos de autonomía política, autogestión y empoderamiento desde abajo para que más personas participen de ellos ampliamente.

 

1 6 7 8 9 10 13