[Reseña cinematográfica] Snowpiercer

Snowpiercer es una película coreana de ciencia ficción de 2013 dirigida por Bong Joon-ho, siendo esta su primera película en inglés de su filmografía, y escrita por Kelly Masterson. La producción está basada en la novela gráfica Le Transperceneige realizada por Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette. La película está protagonizada por Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Go Ah-sung, John Hurt y Ed Harris.

Sinopsis: Un fallido experimento para solucionar el problema del calentamiento global casi acabó destruyendo la vida sobreel planeta. Los únicos supervivientes fueron los pasajeros del ‘Snowpiercer’, un tren que recorre el mundo impulsado por un motor de movimiento eterno ideado por un reconocido empresario filántropo llamado Wilford. El tren está dividido en dos clases sociales: por un lado, la parte delantera integrada por la clase acomodada y con privilegios; por otro lado, la clase obrera y pobre, situada a la cola del tren. Hartos su situación indigna, los pasajeros de la cola deciden organizar una revolución social para hacerse con el control de la máquina.

En general ha recibido unas buenas críticas cinematográficas, destacando su dirección y actuaciones. Logra momentos muy inquietantes y una gran espectacularidad en pantalla. Calificada como epopeya futurista visualmente impresionante, narra un desquiciado viaje a través de los vagones de un tren como una metáfora verosímil de la lucha de clases y la realidad del capitalismo. 

El vagón de cola es oscuro, sucio y superpoblado, su única función es servir de mano de obra para mantener los lujos de la elite que viaja en los vagones delanteros. Tras este encontramos el vagón de la prisión para quien se atreve a cuestionar el orden social, después el vagón que produce la comida basura para la clase baja, y el vagón del recurso más preciado: el agua, que quien lo posee puede controlar todo el tren. Más adelante el vagón del sistema educativo, y vagones de entretenimiento y lujo de las elites como una sauna o una sala de fiestas. Una avalancha de acción repartida a lo largo de su narración, principalmente en su segunda mitad, que le imprime un ritmo frenético al metraje. Sin embargo, el guion cuenta con algunas concesiones fortuitas que favorecen el avance del grupo a través de los vagones, y también se cuestiona como innecesaria la explicación sentimental que su protagonista ofrece al final del filme.

Si comparto la reseña de esta película de argumento muy similar a otras tantas que se han realizado adaptando una novela gráfica que narra una historia distópica, es para establecer un análisis comparado que es transversal a estos filmes, y advertir que muchas veces tan solo nos quedamos en el mensaje superficial, sin cuestionarnos que detrás de una obra cinematográfica de este estilo hay otros mensajes secundarios que la industria del cine cuela de manera aún más sutil.

La película presenta un argumento clásico en la ciencia-ficción post-apocalíptica, es decir, la de una sociedad autoritaria, controlada férreamente y que provoca un estallido social liderado por algunos pocos personajes, que al final de la narración descubren que el propio sistema preveé y potencia estas sublevaciones como medidas de control de la población. El futuro parece incierto fuera de los límites en los que se asegura la supervivencia, y también parece un despropósito verter sangre contra un enemigo que ya ha decidido otros planes, y que la revolución social no puede derrocar por mucha voluntad y organización que se aporte. La realidad es que en la mayoría de los casos películas con una reconocida crítica social bastante notable, terminan enviando un mensaje desalentador en cuanto a la acción revolucionaria cotidiana. Alientan a crear un cliché sobre los intentos de transformación radical de la sociedad, postergándolos a un contexto futuro y con unas características muy arraigadas en la tradición revolucionaria occidental. Se banaliza el potencial de la organización social, y se deja en manos de unos elegidos concretos la capacidad de transformar la realidad social, además de producir la sensación de necesidad de un colapso ecológico y el establecimiento de un enemigo autoritario evidente para actuar conscientemente.

La historia olvidada del maquis antifranquista

La guerrilla antifranquista o maquis han sido los grandes olvidados de la historia de la lucha obrera. Exiliados a la desmemoria en las crónicas oficiales, conocidos como «los del monte», fueron partidas antifascistas organizadas de hombres y mujeres que luchaban por su propia supervivencia aspirando a vivir en libertad, resistiéndose a ser cautivos o desarmados.

El origen del maquis antifranquista.

Su origen se debe situar ya en el verano de 1936, puesto que las zonas controladas por los militares sublevadosi se repletan de huidos o guerrilleros. Según avanzan las tropas sublevadas se desata la represión contra las personas implicadas en movimientos políticos de izquierdas, por lo que numerosos grupos dispersos se esconden en casas de familiares o huyen a los montes para encontrar refugio frente a esta sistemática represión. Estos grupos de huidos fueron el germen de las futuras agrupaciones guerrilleras, que durante la guerra trataban de apoyar la lucha contra el fascismo participando en la interrupción de las comunicaciones, suministros tras las líneas enemigas y la realización de operaciones especiales. En septiembre de 1937 se sumarán multitud de huidos tras la caída del frente del Norte, comenzando a contemplarse la continuación de la guerra contra el el régimen franquista en caso de desmoronarse los frentes del Ejército Popular. El mayor contingente de guerrilleros se incorporará en enero de 1939 al caer las principales ciudades catalanas, se cierran las fronteras y se crean campamentos en los Pirineos. Se produce el paso de la frontera francesa de 500 mil personas huidas, que acaban en campos de concentración al sur de Francia. En estos campos comienzan a reorganizarse las fuerzas políticas antifranquistas, pero un peligro sobreviene poco tiempo después. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ante la invasión de Francia por los nazis alemanes en 1940, muchos exiliados antifascistas españoles son integrados en las fábricas francesas y en bloques del ejército francés para hacer frente a los nazis que han cruzado la frontera.

Francisco Ponzán, un maestro militante de la CNT fue un destacado hombre de acción durante la Segunda Guerra Mundial. Se dedica a abrir redes de escape y recursos en los Pirineos, en los años 1940-1941 surgen numerosos grupos de sabotaje o propaganda por toda Francia, donde un alto porcentaje de efectivos son antifascistas españoles, integrados por su decisiva experiencia en la guerra los años previos. En algunos casos incluso los Aliados enviaban recursos, medicamentos y alimentos por aire a grupos de resistencia. Se crean algunos grupos anarquistas de resistencia en el sur de Francia, e incluso París será liberada por la Nueve Compañía, formada por españoles, y que se dedican a recoger armas clandestinamente en vehículos para ser transportadas a España.

Incursión en el Valle de Arán y reorganización de las partidas guerrilleras.

En septiembre de 1944 se produce una misión especial organizada para la incursión en el Valle de Arán, ya desde dos meses antes varias unidades guerrilleras acceden clandestinamente por la frontera de los Pirineos. El objetivo de la misión era crear un territorio liberado en España, que animara a un levantamiento social y forzase a los Aliados a actuar contra el Franquismo al igual que se estaban liberando del fascismo otros países. Solo se consiguen conquistar algunos pueblos y aldeas pirenaicas, la respuesta de las unidades Franquistas compuestas por guardias civiles, policía armada y batallones del ejército fue contundente, por lo que el intento de ofensiva fue un desastre y acabó fracasando.

Pese a la derrota de la operación, los antifascistas españoles consiguen mantener intactas sus expectativas de desalojar el Franquismo de España más tarde o más temprano. Por eso se produce dentro de la Península un fuerte incremento de la actividad guerrillera y una reorganización de las partidas, con la incorporación de nuevos contingentes que atravesaron la frontera. Se especializan dos tipos de guerrillas: por un lado la guerrilla urbana, destacada en Madrid, León, Granada o Málaga. Incluyendo algunos intentos de matar a Franco, principalmente por parte de militantes libertarios que llegaban a Madrid con ese objetivo. Las guerrillas rurales destacaban en Galicia y Asturias, Aragón y Valencia, Extremadura y la Mancha o las serranías de Andalucía. Las guerrillas de Navarra, Aragón o Catalunya vivían en Francia y actuaban a través de la frontera, por lo tanto eran itinerantes entre el ámbito rural y el urbano.

Actividad guerrillera y vida cotidiana en el monte.

Las actividades guerrilleras eran limitadas, y se cernían casi exclusivamente a la supervivencia. Realizaban asaltos para acceder a alimentos, se solía comer en crudo en los campamentos o se hacían fuegos muy pequeños para evitar ser descubiertos por la señal del humo. Tenían una amplia movilidad nocturna, caminaban con pequeñas avanzadillas que reconocían el terreno, y no se desplazaban con nieve o niebla. Evitaban pasar por sembrados donde no podían guarecerse fácilmente, y en ocasiones retenían a cazadores o pastores por seguridad para no ser delatados. Tan solo el 2% de los integrantes de estas partidas eran mujeres, en general eran rechazadas y excluidas, y normalmente actuaban como enlaces, exponiéndose más que los hombres. La labor de apoyo de los enlaces era fundamental, y en muchas ocasiones eran los más reprimidos, la Guardia Civil atacaba y desmontaba los grupos de apoyo, más indefensos, y eso estrangulaba los apoyos de la guerrilla.

La salud era muy precaria, contaban con algunos botiquines muy básicos y remedios tradicionales. Habitualmente no tenían médicos, aunque se obligaba a algunos a colaborar coyunturalmente, y se bajaban a los heridos a los pueblos para ser intervenidos en clandestinidad. Estaban mucho mejor armados los grupos guerrilleros cerca de la frontera, o bien para conseguir nuevas armas se atacaba al Somaténii, o se obtenían mediante contrabando. La higiene era muy escasa en el monte, solían bañarse de vez en cuando en algún río y sin jabón para no dejar rastro de espuma en el agua corriente. Aunque vivían en el monte, siempre que podían trataban de ocupar cortijos, casetas rurales o minas abandonadas, aunque era común que cambiaran habitualmente de sitios para no levantar sospechas. Editaban propaganda guerrillera para contrarrestar la idea difundida por el Franquismo de que se trataban de partidas de bandidos o salteadores. Utilizaban en ocasiones morteros para lanzar octavillas a modo de proyectil, y que se propagaran en una localidad o una zona concreta. También participaban en la voladura de torretas de alta tensión con el fin de sabotear las comunicaciones de las fuerzas represoras. El cruce de puentes sobre los ríos era muy peligroso porque les dejaba demasiado al descubierto e indefensos.

Algunos grupos en Barcelona consiguieron pisos y equipamiento, como el grupo del guerrillero Ramón Claret. Sus actividades consistían en el asalto a bancos y empresas para financiar la resistencia contra el Franquismo, y obtener ayudas para los presos y sus familias. En la ciudad el enemigo contaba con la conocida como Brigada político-social de la policía, que infiltraban algún hombre en partidos y sindicatos que trataban de reconstruirse en clandestinidad. Mientras tanto, la Guardia Civil hacía frente a la guerrilla en la zona rural. Se llegaron a organizar y desplegar en el terreno algunas contrapartidas camufladas de guerrilleros, que resultaban muy efectivos para descubrir otros grupos guerrilleros, pero sobre todo enlaces de apoyo, e incluso dar mal nombre a las guerrillas mediante acciones falsas. La Guardia Civil exponía a los guerrilleros para escarnio público en los pueblos. Además, muchos guardias civiles deseosos de recompensas, condecoraciones o ascensos rápidos en sus unidades, asesinaban frecuentemente a inocentes que nada tenían que ver con la guerrilla, y justificaban su hecho asegurando que se trataba de enlaces de la misma.

Algunos guerrilleros destacables bastante desconocidos.

Podemos destacar a Laureano Cerrada, conocido como Lucio, y que fue un afamado falsificador de cupos de comida, documentación y planchas de dinero español con el que pretendía hundir la economía franquista. Trabajaba desde Francia, donde fue detenido en varias ocasiones por falsificación, aparte de preparar y financiar dos atentados contra Franco, uno de ellos en 1948 que intentó fallidamente bombardear el yate de Franco durante sus vacaciones en Donosti. Laureano Cerrada finalmente fue asesinado en París ya en el año 1976, en circunstancias aún no aclaradas convincentemente.

Por otro lado, el libertario Wenceslao Giménez Orive, hijo de un interventor fusilado por los franquistas en Zaragoza en los primeros días de agosto de 1936, se adhirió años después a la clandestina Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), siendo detenido y torturado. Más tarde, se unió al grupo de guerrilla urbana dirigido por Facerías, y acabaría siendo el jefe del grupo de «Los Maños» Elaboró una cuidadosa guía para asaltar el Palacio de El Pardo en Madrid, pero dicha acción no pudo realizarse.

También el grupo «Los Anónimos», destacando el libertario Doménec Ibars, trataron de asesinar a Franco en 1949 en Barcelona al paso de una comitiva junto a la estatua de Colón, pero en el último momento se decidió abortar la operación porque un grupo de niños estaban situados delante y habría sido una masacre. Este incidente, no será más que uno de la cuarentena de intentos de atentado que tratará de realizar el movimiento libertario entre los años 1939 y 1964.

Ramón Vila, conocido como Caracremada, será el último guerrillero muerto, fue en agosto de 1963. Aunque el grupo conocido como Defensa Interior, organizado por la CNT-exilio continuó actuando hasta 1965, será precisamente un sector inmovilista del anarcosindicalismo quien decidió dejar de prestar apoyo a esta organización, ya bastante mermado por la represión franquista. Posteriormente surgirán grupos autónomos libertarios, destacando el Movimiento de Liberación Ibérico (MIL) una organización catalana anticapitalista activa durante los inicios de la década de 1970. Una nueva generación de militantes libertarios que recogían el testigo guerrillero y su lucha clandestina, realizando acciones para financiar el movimiento obrero. Uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, fue condenado a muerte y asesinado a garrote vil en marzo de 1974.

i Las regiones de Canarias, Protectorado en Marruecos, Galicia, gran parte de Castilla y Extremadura, Navarra, parte de Aragón, y pequeñas zonas en Córdoba, Sevilla y Cádiz; es donde triunfó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

ii Un cuerpo armado de protección civil, separado del ejército, instituido en la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y restablecido bajo la dictadura franquista.

Pasaia en la memoria colectiva. Emboscada en un pequeño pueblo de Euskadi.

La fecha del 22 de marzo de 1984 no podrá ser borrada de la memoria de un pequeño pueblo guipuzcoano, se cumplen treinta y cuatro años de la emboscada en la bahía de Pasaia, muy cerca de Donosti junto a la desembocadura del río Oiartzun, unos hechos que acabaron con la muerte a manos de la policía española de cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Aquella noche de 1984 las aguas se tiñeron de sangre calcinada bajo las balas de la represión, José María Izura ‘Pelu’ y Pedro María Isart ‘Pelitxo’ murieron durante la operación policial. Rafael Delas ‘Txapas’ y Dionisio Aizpuru ‘Kurro’, fueron tiroteados pocos minutos más tarde. Los únicos supervivientes de la acción armada policial fueron Joseba Merino y Rosa Jimeno.

Crónica del suceso:

Los cinco militantes anticapitalistas salieron a media tarde del puerto de Ziburu, en territorio francés, en una lancha tipo zodiac con destino a Pasaia donde habían concertado una cita con su contacto, la compañera Rosa Jimeno. La actividad de los grupos parapoliciales en esta región era bastante intensa, y pocos días antes Rosa había sido secuestrada por la policía española, en el momento de la detención llevaba apuntado en un papel el número de teléfono de su compañero Kurro, y fue obligada bajo torturas a concertar una cita con el grupo. Nada pudieron sospechar, pero en la entrada al puerto de Pasaia, su compañera hizo la señal concertada con un farol, por lo que los integrantes del comando se acercaron a las rocas de la orilla.

Nada más desembarcar decenas de policías les dieron el alto y sin mediar más palabra abrieron fuego contra ellos, lo cual les resultó completamente inesperado, una dramática sorpresa que acabaría con cuatro vidas. Rosa se salvó porque estaba atada por las piernas con una cuerda, la cual fue tensada y cayó al suelo. Joseba estaba agachado cogiendo a su perra Beltza, pero dos de los militantes murieron en el acto, este se tiró al agua tratando de salvar la vida junto a sus otros dos compañeros. Tras cesar el intenso tiroteo por parte de la policía, fueron capturados los tres y sacados del agua bajo amenazas e insultos, sin embargo, cuando se pensaban arrestados y en prisión bastantes años, los dos compañeros aún vivos de Joseba fueron fusilados por la policía allí mismo a punta de metralleta. La autopsia cuantificó un total de 113 proyectiles encontrados en los cuerpos sin vida de los cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Joseba Merino fue arrastrado por un sendero, conducido a su arresto en el pueblo de Pasaia San Pedro, junto con una pareja de testigos que fue detenida para evitar filtraciones de la operación policial, y Rosa Jimeno, que se encontraba en estado de shock tras haber presenciado el tiroteo a sus compañeros. Los cadáveres de los cuatro militantes son secuestrados por la propia policía, que no permite el levantamiento de los cuerpos por un juez forense, y son enterrados en Donosti de manera irregular evitando cualquier investigación. A Rosa Jimeno la incomunicaron durante once días, ocultándola la muerte de sus compañeros, pues ella pensaba que seguían vivos aunque gravemente heridos. Permaneció librada de libertad tres años más en diversas prisiones del Estado español.

Comandos Autónomos Anticapitalistas:

Se conocen bajo este nombre a un conjunto de organizaciones de lucha armada activas en el territorio de Euskal Herria durante finales de la década de los 70 y principios de los 80. Su origen se sitúa en diversos grupos con prácticas asamblearias e inspirados en el movimiento autónomo obrero, junto a una escisión de los comandos Bereziak de ETA político-militar. Esta postura intermedia entre el marxismo político, que rechazaba una estructura de vanguardia, y prácticas autónomas, les acercaron a posiciones cercanas al socialismo libertario.

Los Comandos Autónomos Anticapitalistas surgen en la segunda mitad de la década de los 70, siendo en 1976, tras los Sucesos de Vitoria, el año que suele fijarse como el de la creación de unos embrionarios comandos. En estas organizaciones confluyeron militantes políticos procedentes de diversos orígenes (movimientos pro-amnistía, grupos ecologistas, asambleas de trabajadores…) Consideran al movimiento de liberación vasco una simple reforma progresista, demasiado cerrado en una mirada nacional, descuidando el objetivo social amplio de una transformación radical anticapitalista.

Aunque los medios de comunicación identificaron a los distintos grupos bajo las siglas de CAA, lo cierto es que cada comando tenía total libertad para escoger y explicar sus acciones más allá de aquellos principios políticos comunes que les llevaba a coordinarse entre ellos. Tras varios años de acciones revolucionarias, a mediados de los 80 deciden ejecutar a Enrique Casas Vila, senador del PSOE, y uno de los responsables ideológicos de la creación de los GAL. Este hecho desatará como venganza política por parte del Estado español la emboscada en la bahía de Pasaia.

Justicia y memoria colectiva:

En el año 2016, la Audiencia Provincial de Donosti, admitió que había indicios de asesinato en aquellos hechos, sin embargo finalmente archivó el caso y fue imposible la identificación de los autores. El superviviente Joseba Merino aseguró que el dispositivo policial estuvo formado por tres centenares de agentes, muchos de ellos desplazados desde Madrid, siendo esta acción armada dirigida por la Brigada de Información policial. Incluso los tres hermanos de Txapas, que habían sido detenidos meses antes por su militancia política, la policía les anticipó que su hermano resultaría muerto.

Las familias de los asesinados se enteraron por los medios de comunicación, la manipulación propagandística se ensañó con quienes denunciaron estas muertes, y los homenajes fueron multitudinarios. Fuera del territorio de Euskal Herria, se daba mayoritariamente el más absoluto de los desconocimientos sobre la veracidad de los sucesos, sin embargo, la dignidad de estos cuatro militantes sigue viva después de decenas de años. Los familiares han expresado la intención de acudir al Tribunal internacional de Estrasburgo para esclarecer los sucesos. Mientras tanto, el pueblo de Pasaia no olvida las vidas arrancadas aquella noche a cuatro jóvenes vascos.

Este año pasado, y gracias a un proyecto de microdonaciones, ha salido a la luz el documental “Pasaiako Badia”, que narra los hechos de estos asesinatos a través de los protagonistas supervivientes, testigos y algunos familiares. La productora Oinatzak Produkzioak, y sus directores Yuri Agirrek, Erik Aznalek y Xabier Otamendik resumen en poco más de una hora unos acontecimientos que no deben ser olvidados nunca.

Actualmente unas siluetas dibujadas en tinta blanca sobre las rocas donde fueron tiroteados recuerdan a las cuatro víctimas mortales. Una vez más la memoria colectiva está ligada a espacios comunes que atesoran las voces silenciadas de quienes han luchado contra la represión.

[Reseña] Vivir a muerte

Vivir a muerte es la selección de las últimas cartas de condenados a muerte durante la ocupación alemana de Francia en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Estas últimas palabras escritas antes de la muerte anunciada son un archivo sensible para comprender la historia de la Resistencia francesa y sus actores. Redactadas en Francia entre el verano de 1941 y el verano de 1944, por franceses o extranjeros, en los campos de concentración o las cárceles francesas, tras haber sido detenidos y juzgados por los tribunales alemanes por llevar a cabo atentados contra los intereses del gobierno colaboracionista o contra el ocupante alemán. acusados de espionaje, acciones terroristas y de sabotaje.

Un último mensaje que a veces es piadoso, a veces rencoroso, valiente o temeroso, desesperado o tranquilo. Es un fresco de la condición humana colocada en la situación más extrema posible: la de una muerte segura. Un testimonio personal y real de personas que ya no tenían nada que perder. Con el deber de la fraternidad humana y no dejar su memoria en el olvido, estas últimas cartas se dirigen a nosotras/os. Porque hablan de la vida de estos hombres y de estas mujeres, lo que cuenta frente a la muerte, palabras de hombres sobre la vida de la humanidad y la lucha por su liberación.

Aunque aparentemente nuestra sociedad no tiene nada en común con aquella contra la que se levantaron, comparte muchas más características de las que podamos ver a simple vista, y por eso estos últimos escritos de los fusilados están dirigidos a nosotros. ¿Qué hemos hecho de la sociedad que nos legaron? ¿qué hemos hecho de su noción de la solidaridad? ¿qué significado le hemos dado a su muerte?

Es un libro que se deja vivir intensamente, una lectura que duele y apasiona. Es una despedida de la vida.

Contexto histórico. Tiempo de lucha armada.

Tras la ocupación militar nazi del territorio francés, Hitler necesita asegurar una dominación apacible y rentable, la autoridad francesa representada en el viejo mariscal Pétain ofrece esta oportunidad. Establece un gobierno colaboracionista convencido de la victoria alemana, y queriendo sentar las bases de una futura paz europea con la Alemania nazi como vencedora. El gobierno de Vichy, se compromete, según el armisticio firmado el 22 de junio de 1940, a reprimir duramente los focos de resistencia política y militar que hubiera, de esta manera el ocupante alemán evitaba la impopularidad de tales medidas. La situación cambia radicalmente en el verano de 1941 con la ruptura del pacto germano-soviético, de esta manera Alemania ataca militarmente a la Unión Soviética, y se inicia una nueva estrategia comunista de lucha armada. Esto desata una ola de detenciones y juicios, que conllevarán numerosas ejecuciones de comunistas y judíos franceses en otoño de 1941 como represalia, y como ejemplo para intimidar al resto de la población francesa. El régimen de Vichy endurece las reprimendas y crea las Secciones Especiales, encargadas de condenar a muerte sin previo aviso.

El gobierno francés participa activamente de la represión, asegurándose de esa manera su existencia como súbdito frente al ocupante, entrega numerosos rehenes a las autoridades alemanas para su fusilamiento en las principales ciudades francesas. El Partido Comunista Francés se lanza a una lucha armada total a pesar de la represión, que desenmascaran al ocupante alemán, convirtiéndolo en odioso ante la población francesa. Se inicia una complicada dinámica de acción, represión y solidaridad, dado que las acciones armadas provocan fusilamientos de franceses, pero engrosa la solidaridad entre la población.

El objetivo fundamental es la opinión pública francesa, y tanto Vichy como los nazis alemanes ven que tras cada ejecución represiva, esta se decanta del lado de los resistentes inevitablemente. La situación genera debate interno entre los alemanes, pero en la primavera de 1942 las SS se encargarán de la lucha contra la resistencia, la represión se intensifica con la generalización de la lucha armada en todo el territorio francés, y los ejecutados son condenados por delitos de sangre contra los alemanes. Aunque la lucha inicialmente fue asunto de los comunistas, a partir de 1942, y sobre todo en 1943, otros movimientos de resistencia se unen a esta lucha, como la Armada Secreta y las Fuerzas Francesas del Interios. Esta lucha armada, llevada al principio bajo la forma de guerrilla urbana, se extiende al mundo rural con la aparición de los maquis a principios de 1943.

Los ocupantes se esfuerzan en una represión discreta, deportando a muchos resistentes a Alemania en lugar de juzgarlos en Francia. En base a la política del decreto Nacht und Nebel («Noche y Niebla») firmada en Berlín en diciembre de 1941 por el mariscal Keitel.

Aún así se suceden procesos represivos en territorio que son difundidos entre la población generando un gran rechazo. El proceso contra Juventudes Comunistas con siete condenas a muerte el 6 de marzo de 1942; el proceso de la Casa de la Química con veintisiete condenas a muerte el 14 de abril de 1942; o el proceso el «Cartel Rojo» con veintitrés condenas a muerte el 17 de febrero de 1944. Se estima en unos tres mil los resistentes (franceses y extranjeros) fusilados tras ser condenados por tribunales militares. También se consuman pausadamente las ejecuciones de rehenes, la mayoría comunistas fusilados por orden alemana, se calcula en torno a un millar. La policía francesa colabora activamente con los alemanes contra los miembros de los grupos de resistencia. Para este cometido en enero de 1943 se crea la Milicia, un cuerpo policial francés que actúa fuera de todo marco legal.

La opción de la resistencia.

Durante el periodo de ocupación nazi de parte del territorio francés, y el establecimiento del régimen colaboracionista de Vichy en la Segunda Guerra Mundial, surgieron multitud de grupos de resistencia organizados, los sindicatos y partidos de izquierdas fueron ilegalizados y tuvieron que surgir nuevamente en la clandestinidad. Estos distintos grupos de resistencia surgieron a nivel local, territorial o nacional, en el interior y en el exilio.

Sus funciones eran variadas y adquirían distintos niveles de compromiso y riesgo, a lo largo de los años de la guerra irán cayendo algunos de estos grupos debido a la represión, y otros se unificarán e irán tomando mayores estructuras de organización. Principalmente se dedicaban a difundir noticias a través de periódicos entre la población para mantener un ánimo beligerante frente a los ocupantes, labores de espionaje sobre el propio terreno, acciones de sabotaje en industrias, centros de trabajo, líneas ferroviarias o eliminación de responsabilidades nazis o colaboracionistas. También estudiaban la instalación de redes de evasión y organización de manifestaciones públicas.

Sobre las cartas:

En estas últimas misivas se aprecian excesivamente los desgarros o las contradicciones humanas, sus autores son a la vez héroes y gente simple, dado que se han atrevido a llevar a cabo un combate siguiendo sus convicciones y asumiendo riesgos.

Escriben a su madre, padre, hermanos, mujer, hijos y amigos, compartimos esa emoción con ellos porque evidencian amores fundamentales. A los que quiere, el condenado a muerte les confía su amor, su razón de vivir y luchar, cuenta sus últimas horas o hace un último legado. Recuerda un paso común y evoca un futuro que no será suyo. Habla de él, y habla mucho de los otros, de nosotros. Su razón de vivir se convierte bruscamente en esperanza a la hora de morir.

Primero celebra el amor a su país y en defensa de los valores de la comunidad, la fe en Dios, la construcción del comunismo, la expectativa de una sociedad más libre y justa. Se evoca una fidelidad del condenado a su compromiso, y escribe palabras tales como honor, orgullo o deber. Pero necesitan el reconocimiento familiar, y este está condicionado al reconocimiento por la sociedad. Su orgullo es no morir banalmente.

A menudo los condenados piden perdón a los suyos por el dolor que les han causado y el que les causará su ausencia. Perdón también por tener que abandonar a aquellos con los que tenían aún mucha felicidad que compartir, o por no haberles dado toda la alegría que ellos hubiesen querido. Suelen tener unas últimas atenciones materiales, estos últimos legados son objetos simbólicos que testimonian la preocupación por el futuro de los seres queridos.

Esta última carta es un último combate llevado a cabo consigo mismo, con los que quiere, con sus camaradas, para mantener su dignidad y permanecer orgulloso. Es también una poderosa arma, puesto que notificada a la Resistencia, es difundida clandestinamente a los franceses que sufren la ocupación.

En estos campos y cárceles, desilusionados, viven rehenes y condenados a muerte, esperan la gracia, un giro en la guerra, una evasión para retomar el combate… resisten a al desánimo y la deshumanización. Tras hacerles el anuncio de la ejecución pocas horas antes, les proponen la asistencia de un sacerdote y la redacción de un mensaje de despedida, como máximo tres. Apoyados sobre la rodilla, en un rincón de mesa, en la tapadera de una cuba, en un barracón o celda, y bajo la mirada de los otros compañeros que correrán la misma suerte, el condenado en estado de shock, a menudo debilitado por la mala alimentación y las torturas, escribe con más o menos dificultad sus últimas palabras.

Los formatos son múltiples, pero siempre es el mismo trazo de lápiz de guerra sobre el papel basto de estos tiempos de penuria. Algunas ocasiones sirve de testamento. Conscientes del carácter efímero de este mensaje, les solicitan en algunos casos a los suyos reproducir inmediatamente la carta recibida. Las palabras se escriben con premura, la mina corre sobre la hoja con exaltación de saciarse del poco tiempo que queda, liberando incertidumbre, con serenidad ante lo ineludible. Estar a la altura de un acontecimiento que, por sus consecuencias, sobrepasa su propia existencia.

Una vez redactadas, estas últimas cartas son sometidas a la censura. El original, o una copia censurada, manuscrita o dactilografiada se remite a los familiares por las autoridades alemanas varias semanas después de la ejecución. Algunos condenados, desconfiados o advertidos de estos procedimientos, prefieren redactar esta correspondencia clandestinamente, dejarla a buen recaudo con un compañero de celda, con un capellán, o incluso un paseante que recoge el papel lanzado al exterior de la prisión o sobre la carretera durante el traslado al lugar de la ejecución. También se introducen en dobladillos de la ropa o hendiduras de los objetos que, colocados en la maleta será devuelta a la familia.

En cada carta se dibuja un retrato personal singular de sus autores, las diversas condiciones en las que escriben sus últimas cartas afectan su forma y su contenido. La edad, la situación familiar y social, sus pensamientos políticos o religiosos, la relación con el lenguaje oral o escrito y las relaciones sociales.

Estas cartas exaltan hasta el infinito el canto al amor, a la amistad y a la fraternidad. Hasta el último instante, una atención delicada a los seres queridos, preocupados por el futuro material de la familia, la educación de los hijos, a los que se sienten obligados a consolarlos.

Tras cada ejecución, junto con el anuncio a los familiares del cumplimiento de la condena, y tras entregarles estos mensajes, se les atemoriza y les amenazan con represalias en caso de reproducir públicamente estas últimas cartas. Sin embargo, estas cartas se emitían en radios libres o en la prensa clandestina para generar empatía entre la población. Las cartas se leen en el círculo familiar y de amistades, se copian y se pasan unos a otros. Se ponen en marcha estructuras de solidaridad con los familiares de fusilados, se recopilan estas cartas también con fines educativos de las futuras generaciones.

Tras la guerra nace la Asociación Nacional de Familias de Fusilados, y bajo su impulso se intensifica la recopilación de las últimas cartas. La misma preocupación anima a otras asociaciones constituidas para la salvaguarda de la memoria en los lugares de represión, tales como la Asociación Recuerdos de la Resistencia y de los Fusilados del fuerte de Bondues o Los Amigos de los Campos Châteaubriant-Voves-Rouille. Tras los años 60 el Comité de Historia de la Segunda Guerra Mundial, presidido por Henri Michel y la creación de museos de la Resistencia, invitan a estas asociaciones y familiares a depositar en las colecciones públicas sus archivos íntimos.

Extractos de cartas:

A continuación quiero dejar constancia de algunas de las frases más impactantes desde la emotividad, cargadas de sentimiento, lucha, valentía y amor; por ello he realizado esta selección de fragmentos de muchas de las últimas cartas de los fusilados en los campos de concentración:

– Vuestro hijo ha muerto. Su recuerdo será inmortal. Adiós mamá y hermanos queridos, sin olvidarme de mi pequeño Pierre. –

– Mirando el sol y la bella naturaleza que tanto he amado es como me despediré de la vida y de todos vosotros – 

– Muero con la cabeza bien alta, como un humilde artesano de la Liberación –

– Será en miércoles, en una bonita mañana de febrero, cuando mi cuerpo caiga bajo las balas enemigas –

– Paso revista a lo que he hecho en mi corta vida. Solo siento una cosa, la de no ver el fin de la guerra, a ti y a todos los amigos-

– Mis muy queridos padres, no os creáis que soy un criminal o un bandido, pero las leyes de la guerra son terribles –

– Os escribo en el momento de mi ejecución. Muero por la causa por la que he combatido no lo olvidéis. Vengadme –

– Adiós, la muerte me llama, no quiero ni venda en los ojos, ni que me aten. Os beso a todos. De todas formas es duro morir. Un condenado a muerte de 16 años –

– Pertenecemos ya a otra vida, es decir, que esta vida ya no nos da más que la sensación de sonidos incoherentes –

– Lo siento, lo sabes, la garganta se me obstruye y pienso en el pasado. Mi pasado es mi vida de militante y eres tú –

– Besa a menudo a nuestro pequeño por mí, que crezca con el cálido amor que yo le profesaba al lado de su mamá –

– Lloro por mi juventud, pero no lloro por mis actos –

– No tengo la sensación de tener que dejar la vida dentro de dos horas. Es como si saliera de viaje a cualquier parte, hacia lo desconocido –

– Muero por el crimen de haber querido siempre al prójimo más que a mí mismo. He defendido toda la vida a los parias frente a los opresores –

– Mi querida hija, sé siempre honesta, es el mejor camino en la vida y el que da más satisfacciones –

– La historia se escribe en este momento y nuestra sangre añadirá algunas palabras, algunas líneas a esta historia –

La semana negra de la libertad ideológica

El pasado mes de febrero, y en el espacio temporal de tan solo una semana, conocimos tres noticias de actualidad social separadas entre sí, que analizadas conjuntamente resultan preocupantes y un claro indicio de la nula libertad ideológica que se respira en el Estado español.

La primera de estas noticias fue la confirmación de la condena por el Tribunal Supremo al rapero balear Valtonyc, que le sentencia a entrar en prisión un total de tres años y medio por las letras de sus canciones contra la monarquía y la represión de las fuerzas de seguridad. Le han condenado por los delitos tipificados en el Código Penal español como incitación al odio, injurias a la Corona y enaltecimiento del terrorismo. Recientemente Valtonyc ha publicado un nuevo tema musical en youtube reafirmándose en sus críticas hacia las instituciones del Estado y su autoritarismo.

La segunda fue la retirada de la obra “Presos Políticos” de la feria de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO) que se celebraba en el pabellón de Ifema. Su autor, el artista Santiago Serra, había seleccionado más de veinte imágenes de presos políticos en el Estado español, pixelándoles la cara y explicando en un breve resumen la represión que han sufrido en cada caso. Ese mismo fin de semana la obra se presentó en la Fundación Anselmo Lorenzo, de Madrid, teniendo un gran acogimiento entre público crítico con la represión.

La última noticia fue el secuestro del libro ‘Fariña’, escrito por Nacho Carretero, y publicado por la editorial Libros del K.O., que trata ampliamente las diferentes tramas de corrupción ligadas al narcotráfico en Galicia, salpicando a personajes de las altas esferas políticas y empresariales. La respuesta de muchas librerías ha sido la defensa incondicional de este libro, y además en las redes sociales se ha puesto a disposición de muchas personas libremente.

Numerosas campañas, colectivos sociales y políticos, o personalidades individuales hablan de un retroceso en la libertad de expresión en el Estado español. Hace poco nuestro compañero Boro, del medio de comunicación La Haine, nos indicaba que seguramente tenemos que comenzar a hablar más apropiadamente de la abolición de facto de la libertad ideológica. Todos los días se expresan muchísimas opiniones públicamente, que si parten desde entidades oficiales, individuos u organizaciones de extrema derecha, no son condenadas socialmente ni juzgadas institucionalmente. Solo aquellas expresiones desde la izquierda o voces decididamente críticas con las cloacas del poder político español son llevadas a la palestra, y condenadas socialmente en los medios de comunicación.

Esto demuestra que la libertad de expresión no es ningún tesoro a defender, no soy partidario de que nos aferremos a un derecho al fin y al cabo creado por la misma autoridad que nos reprime. Sin la libertad de pensamiento e ideológica como ejercicio autónomo y colectivo, el derecho de la libertad de expresión pierde su sentido completamente. Además, en el caso particular del Estado español, todos estos derechos que se le suponen a una democracia liberal, quedan suspendidos si atendemos al devenir histórico autoritario desde el Franquismo hasta la Monarquía en la actualidad, heredera directa de su régimen antecesor.

En los círculos de activismo político cada vez somos más conscientes y menos temerosos de hablar de dictadura autoritaria en el Estado español por los episodios de represión continuada y cotidiana que sufren las organizaciones en contra del régimen político. Sin embargo, el punto clave donde debemos detenernos a analizar sería en la estrategia que habría que utilizar para extender esa idea que nosotros y nosotras tenemos clara, y que sea compartida socialmente desde una perspectiva mayoritaria. Es evidente que no podemos confundir estrategias, tácticas y campañas con el análisis ideológico y nuestras conclusiones como personas organizadas en colectivos sociales. Cada nivel mencionado requiere de sus espacios y dinámicas, de la reflexión colectiva para encontrar los mejores medios, o crearlos, y para comunicar efectivamente nuestras conclusiones sin interferir en las mismas a través de una decisión poco conveniente que acabe tergiversando el mensaje. En la actualidad vivimos una cultura generalizada de la inmediatez, de la actuación apasionada, automática y de la repetición robótica sin reflexión profunda detrás, debemos cuidarnos mucho de eso al tratar de la manera más honesta y coherente posible la represión ideológica.

Además, hay que ser conscientes de que actualmente la sensación de deriva autoritaria hacia la vulneración de la libertad de expresión es motivada porque conocemos mejor los casos de represión y las redes de colectivos para darlos a conocer funcionan correctamente, gracias también en gran parte a la difusión tecnológica. Otro factor es la notable extensión de organizaciones que cuestionan el régimen político español desde muchos ámbitos distintos, que aunque no quiera decir que el fin del mismo esté cercano, sí que se ve reflejado en el aumento del hostigamiento y la represión social, y las condenas que pretenden servir de ejemplo y advertencia al resto de las organizaciones comprometidas con una transformación radical de la sociedad.

Conviene pararnos a reflexionar que la represión es inevitable si nuestro objetivo es subvertir por completo este sistema desigualitario y de dominación, y como comunidad social consciente debemos entender que no por reclamarle el cumplimiento de derechos a las mismas instituciones que nos reprimen estamos avanzando en el fin de la represión, sino acrecentando que a una mayor respuesta social, la escalada de represión se incremente y sigamos dentro del mismo círculo sin romper la baraja. ¿Esto quiere decir que ante la represión no debemos hacer nada? Por supuesto que no, pero debemos ser creativos e y consecuentes en nuestras repuestas y caminos a tomar frente a la misma.

El fin del capitalismo dominante es el fin de su represión y viceversa, ambas son variables que están íntimamente unidas. Es posible que la clave se sitúe no ya en exigir el fin de la represión como un grito de rabia y desesperación, pues mientras siga habiendo un régimen autoritario seguirá habiendo represión, ni siquiera en reformarlo para no sentir la represión más evidente, sino en potenciar los cuidados mutuos, precauciones legales, cajas de resistencia, abogados afines… y todos aquellos mecanismos que nos faciliten continuar con nuestra lucha para construir otro mundo radicalmente distinto al que padecemos actualmente.

 

Comunicado contra la represión. La libertad controlada.

El pasado 28 de enero tuve que presentarme en el juzgado penal nº4 de Plaza de Castilla en Madrid a por la notificación de la suspensión de la condena del juicio que tuve en junio de 2016.

Para quienes no recordéis, me juzgaron solicitándome inicialmente una pena de prisión de 8 años y medio, y una elevada cantidad de dinero en concepto de indemnización, por los hechos ocurridos en la manifestación de mineros del 31 de mayo del 2012 en Madrid y en la cual resulté detenido junto a un compañero minero asturiano.

La sentencia definitiva dictada por la jueza fue de 1 año y 10 meses de prisión, 5.200 euros de indemnización en concepto de responsabilidad civil y una multa de 180 euros adicionales. Mi abogado y yo solicitamos la suspensión de la condena, ya que en el Estado español si no eres reincidente y te fijan menos de dos años de condena, puedes solicitar no entrar en la prisión.

Mi situación actual es de libertad controlada: 3 años de antecedentes penales a partir de la fecha de recogida del documento de suspensión de pena, la notificación de cualquier cambio de mi domicilio durante estos años, y el pago de los 700 euros restantes aún por la responsabilidad civil. Habíamos pagado ya 4.500 euros, y creímos que era suficiente, sin embargo, a pesar de la prescripción de las faltas administrativas por las cuales me solicitaban indemnizar con 350, 200 y 150 euros respectivamente a tres policías, la jueza interpretó en la sentencia condenatoria que tenía que pagar igualmente esas cantidades porque estaban vinculadas a un delito de lesiones.

Ser sentenciado, y librarte de entrar en prisión, no significa librarte de arrastrar una condena años y más años. La culpabilidad y la inocencia están marcadas por la ideología incriminatoria de este sistema… esta es la justicia del régimen español, heredera directa del Franquismo.

NI ACATAMOS, NI NOS DOBLEGAMOS!

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