Memoria libertaria de Sanse

Durante la Guerra Civil española Sanse no quedó al margen de los acontecimientos fundamentales de ese periodo, ni de los cambios que sufrieron muchos consistorios, albergando un gobierno local de Frente Popular, que incluyó a vocales del sindicato CNT. Recordemos que entonces nuestro pueblo contaba con aproximadamente 1.500 habitantes, y que hasta febrero de 1936 había gobernado la derecha durante todo el periodo republicano.

El mismo 18 de julio de 1936, tras llegar las noticias de la sublevación de los militares africanistas, los obreros de nuestro municipio acuden rápidamente a la entonces denominada carretera de Francia a levantar barricadas y puestos de control.

Aprovechando su posición segura de retaguardia del territorio bajo control republicano en el norte de Madrid, fue zona de paso de las milicias antifascistas desde la capital al frente de la Sierra Norte de Madrid, a donde iban a combatir milicianos y brigadistas durante los primeros meses del conflicto, hasta estabilizarse el frente.

El pueblo es renombrado el 19 de septiembre de 1936 como San Sebastián de Madrid, histórica reclamación de gran parte de la población militante antifascista.

Durante los tres años de guerra, se socializa la propiedad de los medios de producción locales, municipalizándose las fincas de Pesadilla, el Portillo, Valdelamasa y Soto de Albarán, donde se establecieron colectividades rurales para abastecer a la población. Además, y fruto del espíritu de solidaridad imperante, las organizaciones políticas y sindicales presentes en el municipio, como CNT, UGT y SRI llevan a cabo a lo largo de la guerra constantes campañas de ayuda al Madrid sitiado, destinando víveres y ropa de invierno en auxilio a la capital.

Fue a principios de agosto de 1936 cuando un grupo de valientes mujeres encabezadas por Consuelo Encinas Cebrián, en nombre del comunismo libertario, realizan expropiaciones al terrateniente Juan Esteban Martin, en la casa de la calle de la Iglesia 1, para repartir los bienes entre las vecinas más necesitadas de la localidad. Al tiempo que un grupo de milicianos de la CNT, con Simón Perdiguero Marcos a la cabeza, expropian algunos utensilios hallados entre las riquezas de la Iglesia local, que fueron socializados entre todos los vecinos.

Incluso el mismo sindicato CNT había ocupado una pequeña caseta con vacas y una huerta situada en la actual zona de «los guerrilleros», en torno a la actual calle Silvio Abad. Crearon su propia colectividad junto al centro urbano del pueblo, que tuvo que ser defendida por el concejal de la CNT en el municipio, y por los propios trabajadores armados, y que finalmente fue desalojada a finales del verano de 1937 tras acudir la Guardia de Asalto republicana.

Como ya se había mencionado, desde 1937 se empieza a introducir a vocales y representantes sindicales de la CNT en el ayuntamiento y en general en las tareas administrativas locales, lo cual había sido ajeno al sindicato anarquista, tradicionalmente alejado de tareas institucionales. Se nombra vocal del consistorio a Simón Navacerrada Gómez (responsable local en San Sebastián de los Reyes de la CNT y fusilado en Colmenar Viejo) quien participa en tareas locales, laborales o en la gestión de la cartilla de abastecimiento.

El final de la Guerra Civil supuso para Sanse el comienzo de la represión, el fusilamiento de 32 de sus vecinos, y que se ordenara abrir «consejo de guerra» por los tribunales franquistas a otros 75 vecinos y vecinas del pueblo. Después de esto, el pueblo enmudeció durante décadas.

Fue ya el 27 de marzo de 1977, en la plaza de toros de Sanse, donde se realiza el primer mitin público y autorizado de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) desde la guerra civil. Histórico y multitudinario mitin, con la participación de más de 40.000 personas llegadas de distintos puntos del Estado y del exilio, que sentaría el precedente de quienes no aceptaron claudicar ante las exigencias del régimen para su falsa transformación en aparente democracia formal.

Actualmente descendientes de aquellos luchadores y militantes políticos tratamos de recuperar esa Memoria Histórica antifascista. Además, continuamos una lucha que creemos necesaria para la emancipación de las clases populares, para romper con el capitalismo que nos oprime y dar una respuesta al fascismo que a día de hoy todavía está demasiado consolidado en este país. Aspiramos a conquistar nuestra libertad, no como una posesión más, sino mediante el establecimiento de unas relaciones humanas fundamentadas en la honestidad, la solidaridad y el apoyo mutuo, y la autogestión de nuestra vida cotidiana en contacto con el medio natural.

Esto no forma parte de la historia oficial de San Sebastián de los Reyes, sucedió en realidad en San Sebastián de Madrid.

Con la colaboración del compañero Iván F.

Economía Participativa: Análisis de los sistemas económicos actuales (I)

Estrenamos una serie de dos artículos sobre economía (la gran olvidada, a menudo, de las corrientes libertarias).
En esta primera entrada analizaremos de forma concisa los tres modelos “clásicos” de gestión económica: el libre mercado, la economía planificada y la economía mixta.

INTRODUCCIÓN

Podríamos definir burdamente “economía” como: “la ciencia social que estudia la extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios con el fin de satisfacer las necesidades humanas”.

Según esta definición, no es difícil imaginar que la política sea inherente a la economía y viceversa (sin obviar la relación que ambas tienen con otras ciencias como la psicología, la sociología o la historia).
Las formas de gestión económicas han sido tremendamente variadas a lo largo de la historia humana, definir cada una de ellas nos daría para diez tomos enciclopédicos, así que aquí nos centraremos en explicar las tres grandes familias económicas de los dos últimos siglos, dentro de las cuales hay gran cantidad de corrientes, matices y posturas.

ECONOMÍA DE MERCADO

Se entiende como modelo económico de mercado aquél en el que la producción y el consumo de bienes se regulan mediante la ley de la oferta y la demanda.
La característica sine qua non de esta estructura organizativa es la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Es decir, se entiende como “derecho inherente” del individuo poseer y controlar tanto el capital de la empresa como la maquinaria necesaria para producir así como el derecho a percibir una mayor remuneración, dando lugar a los problemas estructurales tan ampliamente criticadas por las teorías socialistas como la explotación de la plusvalía por parte del empresario, la segregación por clases sociales (dicotomía burguesía/proletariado), las relaciones verticales, la alienación del obrero con respecto a su producción, a su potencial y a sus compañeras, etc.

Per se, este modelo económico ya se plantea contrario a los postulados libertarios.

Otro punto destacable de la economía de mercado es lo referente a la intervención estatal.
Las diferentes corrientes mercantiles tienen un debate interno al respecto. Las corrientes más antirreguladoras pretenden la absoluta abolición del estado, permitiendo que la ley de la oferta y la demanda (y la «mano invisible») autorregulen el mercado, mientras que otras permiten el intervencionismo en sectores puntuales (por ejemplo, las minarquistas).
El «Estado» en las teorías economicas liberales se suele interpretar de la forma clásica; como un órgano gubernamental, a priori coercitivo, monopolista e impuesto.
Es curioso lo rápido que apelan los teóricos del libre mercado (la forma más agresiva de economía de mercado) a la necesidad de la defensa legal universal de la propiedad privada, algo que solo podría garantizar una figura política tan potente como un estado.
Esto nos lleva a pensar que quizás la organización libremercantil no es tan rupturista como a priori parece contra la figura estatal, sino que a lo máximo a lo que se puede aspirar es a reducir al máximo su figura sin tratar de acabar con su comportamiento coercitivo, dando lugar a un capitalismo clientelista en donde los funcionarios estatales estén estrechamente ligados a la clase apoderada y el poder coercitivo anteriormente mencionado solo se aplique contra las clases populares, arguyendo a la defensa de la propiedad privada.

El tercer punto en contra del sistema de mercado es que este, al tener como fin único el lucro y el beneficio económico, disgrega las actividades productivas humanas en lo que, a expensas del mercado es considerado rentable o no rentable. Esto se traduce en lo siguiente: las actividades productivas que no generan un beneficio económico directo, es decir, que no crean un objeto de consumo demandado por el mercado, no tendrán ninguna rentabilidad y por lo tanto acabarán desechándose.
Esta situación nos lleva a un paradigma en el que las actividades de desarrollo humano, que no generan un producto como tal (por ejemplo: la filosofía, la sociología, el arte…) quedan relegadas al olvido, mientras que las únicas rentables pasan a ser las materialmente productivas (generalmente las profesiones más técnicas).
El problema subyacente a la desaparición de las actividades humanistas o a la sumisión del arte al beneficio (véase «La industria cultural» – Adorno y Horkheimer) es que esta situación puede llevarnos a convertir las relaciones humanas en relaciones de consumo, algo que sin duda favorece una relación vertical entre las personas, el individualismo y la alienación. Una sociedad atomizada es una sociedad embrutecida.

Esto nos lleva al siguiente punto: sobre la especialización.
El mercado, desde tiempos de Adam Smith, asume que una mayor especialización aumenta el rendimiento de cada trabajador sobre una tarea concreta. Dicha especialización conlleva una ignorancia en el resto de tareas del proceso productivo, de modo que convierte la actividad profesional en un hastío desmoralizante que impide la toma de decisiones diversificada y plural, además de establecer un clasismo interno en donde las actividades que impliquen esfuerzo mental se sobrepongan a las que impliquen esfuerzo físico.

Por último me gustaría aludir a la poca sostenibilidad ecológica de este tipo de modelo económico.
Los modelos de libre mercado son anti-ecológicos debido a que asumen que todas las demandas podrán ser satisfechas, independientemente de si son bienes de primera necesidad o bienes fútiles, sin tener en cuenta que los recursos naturales son limitados. A menudo, el ritmo de producción de bienes de consumo sobrepasa al de restablecimiento de dichos recursos naturales.
Los indicadores del libre mercado (IPC, PIB…) tienen en cuenta exclusivamente la satisfacción de la demanda, la riqueza por habitante y la producción generada, pero no los recursos consumidos para producirlos, lo cual irremediablemente nos lleva a la conclusión de que este sistema económico asigna una preferencia mayor a la productividad que a la sostenibilidad, algo que a la larga es auto-destructivo.

Debemos huir de modelos que favorezcan el crecimiento a toda costa y apostar por otros en donde se tenga el medio ambiente más en cuenta, modelos más estancos, capaces de frenar un ritmo de productividad insostenible (decrecimiento), y este modelo no es el que más favorece a ello.

Podría extenderme más sobre la incompatibilidad del modelo económico mercantil con cualquier corriente anarquista, pero creo que con lo expuesto ya queda suficientemente claro que el mercado tiende a individualizar y verticalizar, además de ser anti-ecológico y que por lo tanto, no plantea una solución viable al problema económico.

ECONOMÍA DE PLANIFICACIÓN CENTRAL

La economía de planificación es la habitual en los sistemas socialista; mientras las corrientes anarquistas o consejistas se orientan hacia la planificación descentralizada, el resto de economías socialistas suelen orientarse hacia la planificación centralizada. La crítica, en este caso, se basa en el último punto, ya que la planificación descentralizada la trataremos a fondo más adelante.

Este modelo es la antítesis del libre mercado, constituye su oposición absoluta. Bajo este modelo el Estado es quien, de forma centralizada, se hace cargo de determinar qué bienes y servicios se producirán en función de las necesidades que el aparato burocrático determine. La erradicación de la ley de la oferta y la demanda, en muchos casos, conlleva la supresión de la propiedad privada (como en las economías planificadas de la URSS o de la RDA), mientras que en otros modelos autárquicos, como el fascismo, la han mantenido, e incluso, reforzado (economía franquista, nacional-socialismo…)
Generalmente, las principales críticas a estas economías (especialmente cuando de la centralización marxista se trata) surgen de las corrientes liberales, argumentando problemas relacionados con la supresión de la propiedad privada y la libertad del individuo. Este argumentario apela a intereses de clase, con la pretensión de mantener unos privilegios de los que carecerían sin el poder que les otorga el mercado.
La crítica anarquista hacia la economía planificada tiene que alejarse de paradigmas liberales y aproximarse más al realismo, olvidarse de concepciones abstractas que pueden ser fácilmente aplicables a otro modelo económico (es decir, que no son intrínsecos de la planificación central) y enfocarse en la crítica hacia la «centralización», no hacia la «planificación».

El centralismo es contrario al confederalismo, per se, pero no así la planificación.
Las economías de planificación centralizada se llaman así precisamente porque toda la estructura burocrática redunda entorno a un estado central el cual debe de manejar una cantidad enorme de información, lo cual conlleva problemas estructurales y de participación poco democrática.

Las corrientes anarquistas abogan por una estructura demográfica federal argumentando que la organización coordinada de muchos núcleos de pequeña población son más gestionables y pueden responder mejor a los problemas de sus habitantes que las estructuras demográficas de ingentes volúmenes de población (como las ciudades). El modelo confederal tiene a ser, por lo tanto, contrario a un estado central, cosa que nos lleva al problema estructural: la economía centralizada está orientada a sistemas que gestionen poblaciones igualmente centralizadas, obviando a menudo las necesidades de quien no se encuentre en dichas zonas.

Otro problema común es la alienación de las clases populares respecto a la gestión económica.
En un modelo centralista la ciudadanía puede participar o no en política, pero habitualmente no en la toma de decisiones económicas, puesto que estas se toman verticalmente desde el aparato burocrático del estado central (o como los denomina Michael Albert «la clase coordinadora»), algo que choca frontalmente con el principio de autogestión.
El estado recaba información sobre las necesidades de la población y luego establece una planificación económica anual, bianual… (quinquenal, en el caso de la URSS) en la que solo participa la clase burocrática, obviando la participación ciudadana directa en la planificación y verticalizando la toma de decisiones, emulando el patrón de una empresa capitalista.

En resumen podríamos decir que la economía centralizada es contraria a los postulados anarquistas debido a que no es aplicable en un sistema confederal y a que se estructura verticalmente prescindiendo de la participación popular en la toma de decisiones al depender de una clase burocrática que analiza las necesidades y aplica soluciones manteniendo el pueblo al margen.

ECONOMÍA MIXTA

La economía mixta es la debacle del eclecticismo moderno. Pretende aunar la economía de mercado y su liberalización a la economía de planificación central en una suerte de capitalismo de cara amable y empresas públicas, pero en donde no se cuestione el régimen de propiedad privada.
Este modelo surge con fuerza durante el siglo XX con la intención de combatir la expansión del modelo económico soviético (el cual puso en tela de juicio la efectividad del capitalismo) dotando al mercado de una cierta regulación e interviniendo en ciertos sectores estratégicos en forma de empresas públicas (transporte, sanidad, educación…), dando lugar a lo que conocemos como «estado del bienestar».

El principal problema, como ya hemos mencionado antes, es que no cuestiona ni las relaciones verticales que dan lugar a la división de clases, ni al régimen de propiedad privada del libre mercado, pese a intervenir e incluso participar en el mercado en forma de empresa pública.
Al mantener la división de clases y tratar de satisfacer intereses de clase opuestos, el modelo siempre beneficiará a una clase, generalmente la más apoderada ya que tendrá la capacidad de influir en forma de coerción económica sobre las decisiones políticas. Por ejemplo, un estado eleva los impuestos en función de la renta haciendo que los más adinerados paguen más y los más pobres menos, esto generará un conflicto entre clases: favorecerá a los pobres y al sector público, el cual se garantizará gracias a esos impuestos, pero desfavorecerá a los más ricos, aquellos que podrían costearse los servicios públicos en forma de empresa privadas (mutuas, transporte privado, educación privada…). Una medida contraria a esta invertiría las posturas y los que estarían en mayor desventaja serían las clases populares.
Como se puede ver en el ejemplo, una de las dos clases tiende a perder y como he dicho antes, suele ser la que menos capacidad de influencia tiene.

En general, este modelo económico se podría englobar dentro del libre mercado, así como sus críticas, ya que por características tiende a él, aunque mantenga una falsa propiedad colectiva en forma de empresas públicas.

Como dato, actualmente gran parte de las economías del mundo son consideradas economías mixtas.

CONCLUSIÓN

Hemos visto porqué ningún modelo clásico de economía puede adscribirse a la gestión económica de una sociedad anarquista.

En el siguiente artículo hablaremos de la necesidad de plantear un modelo de planificación económica descentralizada sólida y contemporánea que sea capaz de pugnar contra los modelos clásicos y hablaremos de la «Parecon» o «Economía Participativa», una propuesta dentro de este modelo.

Enlaces del mes: Junio 2016

Como cada mes, recogemos aquellos artículos de otros medios que nos han parecido de interés. Entre principios y mediados de mes leíamos que la Audiencia Nacional acusa a la empresa Acuamed, entre otras cosas, de planear un vertido de ácido clorhídrico en el río Ebro, a beneficio de la poderosa FCC de Florentino Pérez.

También de la AN llegaba la noticia del archivo de la causa contra las nueve personas detenidas en la «operación Pandora II», una operación que no tenía más objetivo que criminalizarnos y golpearnos. Aquí textos en catalán y castellano.

Sin salir del ámbito estatal, tres textos nos parecieron especialmente para entender las relaciones entre los nuevos dirigentes de los ayuntamientos y el conjunto de la población: el que dedicó un miembro de la CGT del metro de Barcelona a la gestión de su conflicto por Barcelona en Comú, o este del periodista Iker Armentia sobre el clasismo de izquierdas el cual asume mediante tópicos que los votantes del PP son idiotas, obviando que los votos vienen de las clases altas y el miedo a Podemos mayoritariamente. Y uno del profesor de filosofía Pablo Lópiz que pretendía hacer balance del primer año de los llamados «ayuntamientos del cambio».

En el plano internacional, un bar frecuentado por la comunidad LGBT de Orlando (EEUU) fue escenario de una matanza con un balance de unos 50 asesinados y asesinada (texto en inglés) que recibió mucha más atención que la ocurrida en Xalapa (México), donde hombres armados, posiblemente en el contexto de la guerra por el control de las drogas ilegales, dispararon contra decenas de personas, de las que cinco murieron y más resultaron heridas.

Por último, se ha publicado recientemente la transcripción (traducida al castellano) de las respuestas que dio Noam Chomsky en 2010 a varias preguntas sobre el movimiento anarquista de nuestro tiempo.

Los mitos y las experiencias (II)

Retomando (perdón por el retraso obligado) la segunda parte (primera parte: aquí)de esta serie de artículos me he dado cuenta que parece que quiero “machacar” a las anarquistas. Nada más lejos de la realidad, de hecho, la mayoría de mitos sirven para anarquistas y activistas de movimientos sociales varios. Porque en el Estado Español, para la bueno y para lo malo, el activismo a bebido mucho del mundo libertario. Así que, salvo algunos mitos muy “identitarios” del anarquismo de esta zona del globo, en el resto de casos podéis cambiar el susodicho palabro por, por ejemplo activista.

Sin más, sigo con esta segunda parte.

Empezando, o continuando con:

– las jerarquías informales sólo se reproducen cuando no hay estructuras claras.

Ojalá fuese así, pero siento decepcionar a quien tiene muy idealizadas las estructuras orgánicas. Porque hay otras estructuras paralelas, informales, que tienen más que ver con la cultura política que mamamos desde hace…ni sabría ponerle una fecha. Dónde las propuestas de las asambleas, congresos, y reuniones varias, “se ganan” (sí, ganar, vamos a llamar las cosas por su nombre) mediante reuniones previas, encuentros “casuales” (o no tanto), en bares, pasillos, etc. Llamadas y correos más propios de comerciales de cualquier operadora de telefonía que de gente racional, crítica y comprometida con un programa/objetivo común.

Entrados en este juego, vale desde la vertiente marrullera típica de un congreso, ridiculizando otras propuestas o personas, jugando con el victimismo para forzar una cesión de posiciones por la otra parte, etc, etc, etc.

Es decir, la estructura no lo es todo sin un cambio de paradigma en las maneras de hacer, y la cultura política que practicamos. Si hacemos de la estructura un fetiche pero no cambiamos esa cultura: con formación y prácticas completamente diferentes, estaremos creando organizaciones con pies de barro.

– las anarquistas no siguen ninguna norma, sólo las que una misma se marca

A pesar de parecer muy fuera de lo común esta frase la he escuchado por gente que al mismo tiempo reclama, advierte, y persigue, hasta llegar al acoso, a quien se plantea posiciones diferentes o sigue tácticas/estrategias que no concuerdan con su pensar. Creando el paradigma de que nunca nadie cumplirá SUS normas, seguramente ni esa misma persona, pero a ella misma se lo disculpará. De hecho, es una realidad bastante común en los entornos “politizados”, o por lo menos esa es mi percepción, que cuando alguien desarrolla una práctica con la que no se concuerda, dependiendo si esa persona es “amiga” o “enemiga” se justifica o se minimiza, o por contra se ataca con toda la vehemencia posible. Demostrando una vez más hasta que punto importa poco la ideología y la política, y la percepción subjetiva de las personas o cosas.

En mi caso he defendido que, aún no coincidiendo con las ideas de otro, reconozco que: comunica bien, le está saliendo bien su estrategia, etc. Y eso no me pone de su lado automáticamente. La política no puede ser un todo o nada continuo; primero porque es imposible, y segundo porque es una fábrica de autoislamiento que corta el aprendizaje y el conocimiento de raíz.

– las anarquistas nunca han hablado de democracia siempre de revolución

Este mito es bastante especifico, por lo menos en su uso reciente, de la época de los 90′ en que todo era un “anti”. Y había que romper con todo para no dejar nada, y nada (o poco) fue quedando.

Por suerte, el abandono de términos para dejar la alfombra tendida a sus recuperadores se está dejando atrás, y se trata de devolver o impregnar de otros valores términos que son claramente identificados por cualquiera. Sin tener que inventar meta-lenguajes crípticos, muy habituales en ambientes universitarios y activistas embriagados de posmodernidad.

Las anarquistas han hablado de democracia no representativa, de democracia directa, de transformación social, revolución y no por ello son términos excluyentes. Y si usas uno eres, pongamos, “reformista”; y si usas otro eres “revolucionario”. Por cierto, palabras éstas que de tan gastadas si que han perdido su significado.

Por otro lado, el descartar un término u otro tendría que venir determinado por el contexto, uso y capacidad de disputa del mismo. Términos que son entendidos de una forma, de manera “natural” en la sociedad se pueden ir disputando para acercar su significado hacia postulados revolucionarios. Pero para eso requiere estrategia e incidencia.

– las anarquistas no se plantean etapas intermedias, van a por todas: revolución

Quizás esta frase sea una derivación de las “conclusiones” y “aprendizaje” del manido 36, que comentaba en el texto anterior. Pero no se puede ser medianamente serio en política (o en un juego, aprendizaje, o casi en cualquier cosa) sin plantearse escenarios posibles. En una partida de ajedrez no puedes realizar un movimiento sin plantearte cual será el siguiente.

Si alguien tuviese un interruptor, y pudiese apagar el sistema actual de capitalismo y estructuras de representación estatales; y acto seguido le diese al interruptor de activar la revolución, honestamente, me imagino un desastre copado por fuerzas bien preparadas, y estructuras de corte fascista, con simbología del tipo que fuere pero con prácticas netamente fascista. Porque al fin y al cabo el fascismo puede funcionar perfectamente como resorte protector del bloque en el poder, cuando el sistema pierde el control ideológico y las tensiones sociales se agudizan.

Vamos, una tragedia y una vuelta atrás enorme. Más, cuando, recuperando anotaciones de mitos anteriores nos dejamos guiar por percepciones subjetivas e impulsivas. Sin construir un discurso sólido y una cultura política que cambie el paradigma social, profundizando en más libertades y decisiones colectivas para el bien común, sin hacer que la realidad se ajuste a la idea, haciendo una construcción/proceso de esa transformación. En definitiva, generando escenarios propicios para el siguiente escenario, que lleve a otro más cercano a una ruptura y una transformación social real. El ser humano no es un animal que destaque por su rápida adaptación al medio, por nacer y ponerse a correr y trepar a los minutos de salir del vientre de su madre… Todo cambio, todo aprendizaje, toda transformación está envuelta de un proceso continuo. La diferencia más significativa es: ser capaces de darle unos objetivos y unas aplicaciones prácticas aquí ahora para llegar a donde queremos.

– en el anarquismo no hay lideres ni dirigentes.

Esta es buena, la negación de la realidad esconde, o pretende esconder, muchas miserias. Aunque creo que ya pocas niegan que existen liderazgos informales, todavía queda quien se empeña en negar que alguien pueda dirigir una acción, comisión, comité, asamblea, etc. Dile dirigir, dile orientar, ser la persona responsable, que centralice un poco la información, etc.

A veces, de hecho pretende ser negado por aquella(s) persona(s) que está(n) llevando a cabo ese rol. Lo cual hasta puede ser chistoso. Pero básicamente no interesa que se descubra claramente, en un ambiente supuestamente hostil a reconocer ese tipo de cosas, que aquello se escapa a ‘la Idea’. Ser descubierta(s). A veces es el colectivo de personas que forman parte de ese espacio quien niega, porque sería reconocer que están lejos de ese ideal precioso que rompería en mil pedazos la auto-estima del grupo o su ‘cohesión’ basada en premisas idealizadas.

El caso es que las personas con aptitudes de liderar procesos, grupos, etc existen. Y nunca fue problema dentro del anarquismo la existencia de esas capacidades. Diría que al contrario, se intentaba potenciar las aptitudes de cada persona para el beneficio común, entendido éste como aquello que propicie llegar a un escenario de ruptura o transformación social. Pero ahí seguirán quien el mismo día que te niega todo ésto publica frases con foto incluida de Emma Goldman, Berkman, Durruti, etc.

He visto en alguna ocasión una especie de ‘caza’ a quien destaca dentro de un grupo. Para mantener al grupo lo más uniforme posible, con un pensamiento único (no confundir con consenso).

O a quien se le asigna una tarea la asamblea y tiene que ‘comerse el marrón’ y además aguantar las zancadillas de las personas que conforman el grupo, o la presión de éste, cuestionando hasta la última coma. Una hiperfiscalización que llega al absurdo. Es decir, siempre se ha de fiscalizar a quien asume una tarea, pero no a cada segundo, minuto u hora. Esto mina la confianza y provoca que nadie quiera asumir responsabilidades (consciente o inconscientemente). Ah, pero también se puede caer en lo opuesto, el dejar hacer sin pautar o orientar la tarea, y esperar que la persona que ha asumido esa responsabilidad ya lo haga todo, y además que lo haga como ‘tú’ tenias en mente que debía de realizarse (‘tu’, en sentido de cada persona del grupo).

En definitiva, si hay liderazgo se persigue; y si alguien se lo curra demasiado se quema por no haber respaldo y recibir zancadillas constantes. Convirtiendo el participar en un colectivo/espacio/asamblea etc en una fábrica de personas quemadas, que en el mejor de los casos acaba dando apoyo de forma simbólica y distante, o irse para casa definitivamente.

Y estos procesos no se diferencian ni mucho menos de cualquier partido político al uso, parlamento, ayuntamiento, empresa, etc. Lo digo porque a veces se pretende que los espacios anarquistas, activistas, etc se ven así mismos como muy “especiales” pero pueden incluso ser peores a nivel de sentirse integrada, participe, apoyada y respetada.

Para mi, la solución es bien simple: hay quien diseña, quien habla mejor, potenciemos a esas personas, y formémonos el resto para no depender exclusivamente de los primeros. Además, como grupo proporcionemos unas pautas claras establecidas, unos protocolos que afiancen la confianza tanto de la persona que desarrolla la tarea como del resto del grupo, conociendo todas cuales son las pautas que se han marcado colectivamente; dejando margen y confianza para la improvisación táctica. Siempre hay tiempo, para más tarde, evaluar en que se ha errado, sin cargar a la persona, porque las decisiones fueron colectivas.

– en el anarquismo no se delega nunca.

A colación del punto anterior sobre liderazgo, habrá que dejar a un lado esto de que no se delega. Porque todo el rato se está delegando y dando la confianza necesaria para que una compañera o compañero realicen una tarea con tranquilidad. Porqué hacer todo, conjuntamente, al mismo tiempo…como qué no. Delegar, per se, no es negativo, y menos en tareas prácticas. Otra cosa es en cuestiones generales, de toma de decisiones. Ahí si que puede haber un tema de debate. Pero la realidad es que por operatividad se suele delegar las cuestiones diarias, siempre que exista un marco general. Unos acuerdos que actúen de marco en el cual tengan margen para los cambios, o ajustes tácticos. Esto se lleva a cabo en sindicatos, organizaciones políticas, y también en las informales. Aunque cuando conviene, a veces, alguien levanta la bandera de la “horizontalidad” para poder tumbar o cuestionar decisiones. Pero eso último cada vez “huele” más y va dejando de colar como forma de control social.

(Continuaré con más mitos…)

Nota: tenía pensando hacer sólo dos artículos de esta serie, pero una entrevista que estoy elaborando a ratos con un personaje que he conocido…y que transcribiré para publicar aquí, me ha llevado a extraer más mitos. Intentaré que sean tres y ya!

La anarquía a través de los tiempos, Max Nettlau

Autor y su pensamiento.

Max Nettlau es el autor de la obra «Histoire de l’anarchie», publicada en 1934, editada y traducida al castellano un año después, en 1935, como «La anarquía a través de los tiempos», gracias a la labor de una asociación de amigos del libro. Posteriormente, de esta edición se basan algunas publicaciones de esta obra en Latinoamérica, como una de importancia en México en 1970. Sin embargo, no es hasta 1977 que se vuelve a publicar este libro en España, con una introducción del actual profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Díaz. Este fue traductor y editor de muchos escritos anarquistas clásicos en los años 70. Ha sido amigo de viejos militantes anarquistas como Diego Abad de Santillán, Víctor Garcia y Angel Cappelletti.

Max Nettlau nació en Neuwaldegg, un pequeño pueblo austriaco que actualmente es un distrito de la ciudad de Viena, el 30 de abril de 1865, y murió en Amsterdam el 23 de julio de 1944. Max Nettlau fue un importante historiador del anarquismo internacional, partidario del anarquismo sin adjetivos y el panarquismo.

El anarquismo sin adjetivos es una idea que defiende que las diferentes escuelas de pensamiento anarquistas pueden y deben convivir simultáneamente. Da paso a la voluntariedad de las personas para elegir el tipo de asociación que considere cada cual más favorable y aboga por la libre experimentación de modelos políticos y económicos. Muy vinculado a este concepto, encontramos también en Nettlau el pananarquismo, que preconizó a principios del siglo XX. Es una filosofía política que aboga por el derecho de todo individuo para unirse o separarse libremente de la jurisdicción de cualquier ente de gobierno que elijan, sin ser forzados a abandonar el lugar donde viven.

Nettlau estudió lenguas y literaturas celtas en Viena, obtuvo a los veintitrés años el título de doctor en la Universidad de Leipzig con una tesis sobre la gramática de la lengua Címbrica. Sin embargo, se concentró rápidamente en la compilación de importantes documentos de la historia del movimiento anarquista. Para esta labor viajó a través de Europa y vivió en Londres. Desde 1885 a 1890, perteneció a la Liga Socialista, donde conoció al activista británico William Morris, y a partir de 1895, perteneció al Freedom Group, y participó en numerosas publicaciones anarquistas. También durante estos años conoció a otros destacados pensadores libertarios, como Piotr Kopotkin o Errico Malatesta, y además accede a las correspondencias de numerosos anarquistas de mediados del siglo XIX. Escribirá las biografías de Mikhail Bakunin o Élisée Reclus, entre otros. Nettlau mantuvo siempre contacto con España manteniendo una gran afinidad con personalidades como Federico Urales (pseudónimo de Juan Montseny) e interesándose por la documentación sobre la Primera Internacional que se conservaba en Barcelona.

Durante la crisis económica que siguió a la Primera Guerra Mundial, la inflación hizo perder a Nettlau la fortuna heredada de sus padres, lo que le hizo vivir en condiciones muy precarias, casi al borde de la miseria. Sin embargo, continuó recolectando documentos y publicando trabajos. En el año 1935, Nettlau vendió su inmensa colección de libros, periódicos, archivos y otros documentos sobre el socialismo y el anarquismo al Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis. Defendió con entusiasmo la revolución española -el 19 de julio de 1936 se encontraba en Barcelona- y lanzó llamadas a todos sus amigos europeos o americanos para divulgar el heroico pasado del movimiento obrero español. Posteriormente, Nettlau vivió en Amsterdam desde 1938, donde trabajó catalogando el archivo del mencionado Instituto Internacional de Historia Social, donde aparentemente pasó desapercibido de las autoridades nazis,  hasta su muerte en 1944 por un cáncer en el estómago.

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Sobre el libro «Anarquía a través de los tiempos».

Max Nettlau es conocido como el «Heródoto de la anarquía» gracias a toda su labor de recopilación de documentación y archivos relacionados con el pensamiento y la acción anarquista. En este libro pone en valor que la historia de la idea anarquista es inseparable de la historia de todos los desarrollos y experimentos tangibles en torno a esa idea. Se trata de un ensayo histórico sobre la evolución del movimiento anarquista internacional, nos sumerge en un importante detallismo, una vasta complicación de nombres y fechas para construir una excelente bibliografía libertaria.

En un tiempo en el que las ideas anarquistas, como en la actualidad, eran cruelmente perseguidas, ofrecernos todos los datos que aporta Nettlau en esta obra es un tesoro de gran valor para no perder nunca la perspectiva de los orígenes y desarrollo de las teorías y prácticas libertarias. Las ideas anarquistas fueron teorizadas por importantes pensadores a partir de los siglos XIX y XX, sin embargo, la ética y el proceder libertario ha estado presente en las comunidades humanas, de manera más o menos extendida, a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Además, Nettlau nos muestra cómo la evolución humana indica que en cada periodo histórico superado, siempre mediante la crisis del anterior sistema y a través de revueltas o revoluciones, el pueblo ha aspirado a conquistar mayores espacios de libertad y organizarse en asociaciones colectivas basadas en la libre federación y la fraternidad. Desgraciadamente ese desarrollo de la humanidad ha sido ahogado por los enemigos autoritarios, represores y también por dogmáticos que amenazan con constituir en base a ideas liberadoras intransigentes. Se pierde en el camino una correcta perspectiva global en el tiempo y en el espacio, no otorgando las herramientas para construir una sociedad más justa y libre en el futuro, sino tratando de construir desde el presente cómo deberá de ser la sociedad de las generaciones futuras.

Nuestra labor como personas libertarias, según Nettlau, será ampliar la base de conciencia entre las trabajadoras para lograr el colapso del capitalismo, a la par que se ponen en práctica diversas experiencias sociales libertarias que servirán de pedagogía futura. En este sentido, el autor nos enseña la inutilidad de enfrentar los sistemas económicos para el anarquismo: mutualismo, colectivismo y comunismo. La sociedad libertaria, afirma Nettlau, no deberá comprender una única forma de organización económica, sino que las diversas comunidades humanas, decidirán libremente qué sistema les va mejor según sus propias características ambientales y su bagaje socio-cultural. Si anarquista significa estar en contra de toda autoridad e imposición, por consecuencia, sea cual sea el sistema que se preconice, no se debe desear imponerlo a quienes no lo acepten.

En esta obra de Max Nettlau se pueden extraer vitales conclusiones como las expuestas, a través de un repaso detallado de las más antiguas concepciones libertarias hasta el siglo XVII. Posteriormente, se analiza con detenimiento la importancia de William Godwin o Robert Owen en Gran Bretaña, Proudhon o Fourier en Francia, pasando por el anarquismo individualista en los Estados Unidos, y la idea anarquista alemana en Max Stirner o Eugen Dühring. Los orígenes de los primeros anarquistas comunistas franceses y de los grupos defensores del colectivismo antiautoritario, precursores todos de la plasmación de las ideas libertarias en la Primera Internacional. A la larga resultará indispensable la propagación del pensamiento anarquista en España, Italia y Rusia, países que tendrán un desarrollo práctico fundamental en la implementación del libertarismo. En el siglo XX se extiende el sindicalismo revolucionario y la huelga general desde Francia, sin embargo, las actividades libertarias no se ciñen solo a la actividad sindical, porque el pensamiento libertario trata de emancipar a la sociedad en todos sus niveles, no solo en el mundo laboral.

Max Nettlau finaliza su obra con el siguiente mensaje a modo de conclusión que recoge el espíritu que ha querido imprimir:

«Todos los seres humanos de espíritu libre pueden convertirse en una fuerza de elementos que, conservando todas las autonomías, se apoyen recíprocamente derrocando la autoridad, desarrollándose por mil caminos para realizar la libertad en pequeño y en grande, en nosotros mismos y alrededor de nosotros, en todas partes y en todo.»

Unidad en torno a qué

James acababa de entrar en su despacho con su taza de café en mano y se quedó frente a la ventana viendo las vistas de una soleada mañana sobre la ciudad. Era martes, un día bastante tranquilo. James era jefe de Recursos Humanos de una mediana empresa de fabricación de parkímetros. Hombre de mediana edad proveniente de familia rica, consiguió el puesto gracias a un contacto de su madre. Aborrece su trabajo, pues tocarse los huevos a manos llenas casi todos los días en la oficina no es que sea muy divertido, pero tampoco quería perder su posición. Entonces entra Morgan, el director general a su despacho, planteándole una renovación de la plantilla, ya que quería ahorrar los costes de antigüedad.

—…Mire señor James, las previsiones sobre los ejercicios de los siguientes años tienden a la baja, y al revisar el informe sobre los contratos de la actual plantilla que usted mandó, figuran que el 52% de los contratos tienen más de 4 años de duración, así q..
—Me está diciendo que realice un ERE, ¿verdad? ¿Sabe lo que supondría tener que despedir la mitad de la plantilla, siendo significativa la presencia sindical en nuestra empresa?
—James, creo que no ha tenido en cuenta que, a excepción de CCOO y UGT, el resto de sindicatos son poco relevantes. Y alguno que otro está más por la labor de putear al vecino que afrontar un posible conflicto con la empresa. Escuche, a los CCOO y UGT los podemos comprar fácilmente y que se sitúen en nuestro bando. Al resto solo hay que dividirlos, fomentar que se peleen por cuestiones estúpidas como los colores de las banderas, dónde colocar los muebles o cuestiones éticas y morales. ¿No conoces el lema «divide y vencerás»? Pues aplíquela.

Ambos se quedan en silencio pensativos. Morgan toma asiento y reanuda:

—¿Sabes? Karl Marx tiene razón en cuanto a la lucha de clases. Tú y yo somos de la misma clase. También Warren Buffet, Amancio Ortega y Bill Gates. Y nuestro objetivo es perpetuar nuestra posición generación tras generación. Simplemente mírelos. Mire cómo esos sindicatos pequeños que se declaran revolucionarios y toda la izquierda radical se pelean por ver quién es más revolucionario… ¿Quiere conservar su puesto, verdad? Hágase valer y saca adelante ese ERE bonito.

they-fear-change-those-who-stand-for-capitalism_o_2060621Morgan, sucio capitalista sin escrúpulos y profundamente antiobrero, tiene claro qué es lo que quiere. No le importa con quiénes se junten: progresistas o conservadores. Mientras sean liberales, a él le vale sin importar si son de Adam Smith o Milton Friedman. Quizá le chirríe un poco keynes, pero no le da mucha importancia. Lo que le importa es que su capital siga creciendo y pueda seguir disfrutando de su opulencia.

Ahora dejemos a un lado las batallitas. Parece ser que hemos oído hablar hasta la saciedad acerca del tema de la unidad, que todavía hoy sigue sin estar realmente resuelta. ¿Unidos pero no mezclados? ¿Unidad pero aquí manda mi polla? ¿Unidad sí pero bajo estos principios y estas condiciones? La realidad del microcosmos de la llamada izquierda radical parece un universo paralelo, y el del anarquismo, otro; ya que allí dentro en gran parte de los casos se discuten temas con base en lo identitario, en la abstracción ideológica o en el pasado glorioso. Sin embargo, me gustaría abordar la cuestión desde un punto de vista más político-social que ideológico, es decir, teniendo en cuenta factores tácticas y estratégicas. Podríamos distinguir entre:

—Unidad en torno a cuestiones de principios, morales y éticas. Mediante estas bases se forman una buena parte de colectivos y grupos de afinidad informales que no llevan detrás ninguna responsabilidad política -en el sentido de responder ante las problemáticas sociales políticamente y tratar de incidir en la realidad material interviniendo en el escenario político-social-, sino más bien por compartir entre sí unos códigos morales y principios, algo que en verdad se ve lógico pero que a medio plazo acaba derivando en una suerte de secta con sus propios códigos morales y elementos discursivos, más destinado a ser grupos de amistades herméticos donde lavarse las conciencias que servir para realizar alguna actividad social o política.

—Unidad ideológica. Tal y como lo describieron George Fontenis o los makhnovistas, la unidad ideológica consistirá en configurar una organización sobre unas bases ideológicas comunes y compartidos por todos sus miembros. La diferencia con el punto anterior es que no se toman estas bases como si fuesen principios fundamentales y abstractos, sino unas bases que sirvan como dirección en la actividad política o social que se quiera desarrollar como organización, el cual, sí conlleva una responsabilidad política.

—Unidad de acción, táctica y estratégica. Esta modalidad parte de la anterior y consiste básicamente en compartir metodologías de acción colectiva, las tácticas, los análisis, las visiones estratégicas y las estrategias en sí. El objetivo por el cual se realiza esta unidad es lograr aunar fuerzas persiguiendo unos objetivos comunes, evitando la dispersión del accionar colectivo.

—Unidad en torno a un programa. Esta cuestión engloba a las dos anteriores, del cual, partiendo de la unidad ideológica, se elaboran los programas que tendrá la organización necesarios para el desarrollo de su actividad. La unidad en torno a un programa será más amplia y puede abarcar más organizaciones tanto sociales como políticas que se adscriban al mismo programa. Esto permitirá construir una fuerza política con coherencia interna que aspire a ser un actor político referente en la construcción del poder popular disputándose la hegemonía en el escenario político-social.

 ¿Y qué hay de las alianzas? La diferencia con la cuestión de la unidad radica en que las alianzas se forjan entre fuerzas políticas diferentes, en otras palabras, que poseen programas y bases ideológicas distintas. De todos modos, hay una delgada línea que los separa, así que tampoco hay que mirarlo con lupa. Aquí distinguiríamos brevemente tres:

—Neutralidad. No existe colaboración pero tampoco enemistad, simplemente no se molestan los unos a los otros.

—Alianza táctica. Colaboración en torno a cuestiones puntuales a corto plazo en el cual se comparten las demandas u objetivos comunes, sin llegar a compartir programas y líneas políticas.

—Alianza estratégica. Colaboración más allá de objetivos puntuales, llegando a compartir programas y líneas políticas para lograr objetivos comunes más ambiciosos.

Conviene también hacerse a la idea sobre qué cuestiones relevantes tendremos que forjar las uniones y alianzas. No tiene mucho sentido, por ejemplo, el invertir más fuerzas en criticar las elecciones sindicales en las cuales participa el otro sindicato que también comparte la misma metodología de acción directa, además de estar involucrado en el mismo conflicto laboral. Lo que sí tendría sentido es, en este caso, desarrollar una unidad o alianza táctica para afrontar un posible conflicto laboral en la misma empresa, y evitar que los sindicatos burocráticos acaben vendiendo al resto de la plantilla. Estas divisiones por cuestiones irrelevantes como pueden ser el tratar de imponer ciertas posturas éticas, morales o de principios, de usar varas de medir sobre qué es revolucionario/anarquista y qué no, de no saber leer los momentos y echar mierda al de al lado… es un lastre que llevamos arrastrando muchos años, que nos lleva a pelearnos entre nosotras en vez de reforzar los puntos en común y forjar alianzas para aunar fuerzas y luchar contra los problemas actuales que estamos atravesando (vivienda, trabajo, servicios públicos, etc) tratando además de dar con una respuesta a nivel político que nos permita construir una alternativa real al capitalismo desde abajo y a la izquierda.

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