Balance trimestral de coyuntura. Enero a marzo 2018

Prólogo

Presentamos este pequeño proyecto tras fusionar lo que veníamos haciendo mensualmente sobre los «Enlaces del mes» y lo que Lusbert ha hecho en sus resúmenes anuales los tres últimos años. El objetivo de estos balances que saldrán trimestralmente de ahora en adelante es, además de resumir los acontecimientos sociales y políticos más relevantes en los últimos tres meses, incluir análisis, un posicionamiento político y posibles direcciones en un futuro próximo. Pretendemos que estos balances sirvan tanto a los movimientos sociales como a organizaciones revolucionarias para tener un análisis, generar posibles debates y trazar hojas de ruta de cara a avanzar cuantitativa y cualitativamente en la lucha social y de clases.

Acontecimientos

Comenzamos el nuevo año con una nueva devaluación del poder adquisitivo de la clase trabajadora. La subida de precios ha afectado a la cesta de la compra, el trasporte público, y los suministros principalmente, mientras que los salarios no se vieron reflejados en el IPC. Tanto es así, que una de las luchas que han protagonizado una mayor movilización social ha sido la reivindicación por unas pensiones dignas ante la ridícula subida de un 0,25%, y que el gobierno español quiso vender la moto de una mejora notable.

Las luchas en los conflictos laborales siguen un mismo camino en los últimos tiempos, la superación de las huelgas laborales, convirtiendo estas luchas en un problema social, con el apoyo de múltiples colectivos sociales. Un ejemplo de ello fue la amenaza de huelga de amarradores en el puerto de Barcelona a mediados de febrero, y gracias a la cual se consiguió la readmisión de los compañeros que habían sido despedidos. Otro caso ha sido la reciente huelga laboral en Amazon España, que ha implicado a casi la totalidad de la plantilla de la planta de San Fernando de Henares, Madrid, y que continuarán sus boicots a la empresa que pretende empeorar sus condiciones laborales.

Si de huelgas hablamos, tenemos que mencionar la histórica huelga de mujeres del 8 de marzo, las repercusiones que tuvo en cuanto a incidencia social, magnitud política del paro, presencia en las calles con movilizaciones masivas y piquetes en centros de trabajo, pero sobre todo la práctica simultánea de empoderamiento y sororidad de las mujeres en una jornada para recordar. Sin duda, destaca el papel de las organizaciones y colectivos feministas que han hecho una excelente campaña y trabajo por detrás de preparación para la huelga, así como la alianza con los sindicatos CNT, que formalizó la huelga general, y CGT, apoyando en la difusión y defendiendo la legalidad de la huelga.

No podemos dejar tampoco sin mencionar la lucha por el soterramiento del AVE en Murcia, pues el barrio del sur está prácticamente sitiado por la policía armada con metralletas. El proyecto de levantar un muro sigue en pie alegando que va a ser una medida provisional, mientras que los vecinos y vecinas están exigiendo que comiencen directamente con las obras de soterramiento ya, porque no quieren quedarse aislados por un muro que divide la ciudad. A razón de la resistencia vecinal, están sufriendo multas por cualquier tontería, tratando de escarmentarlos y desarticular dicha resistencia.

Desgraciadamente, a mayor movilización social y conciencia, también es mayor la represión hacia los colectivos, plataformas y activistas que de una manera u otra suponen un peligro para el régimen español. En este sentido debemos mencionar que se han cumplido ya más de 450 días en prisión sin juicio para tres jóvenes de Altsasu, acusados junto a otras personas del mismo municipio por lesiones y amenazas terroristas en una pelea de bar con dos guardias civiles. La semana negra para la libertad ideológica que vivimos a finales de febrero y que han otorgado un mayor protagonismo en las actuaciones represivas del Estado español: confirman sentencia de 3 años y medio al rapero Valtonyc, prohíben colección de arte sobre presxs políticxs del artista Santiago Serra en la feria de Arco, y secuestran el libro de ‘Fariña’ que denuncia la corrupción y el narcotráfico en las altas esferas de Galicia. No podríamos olvidarnos que la represión contra el independentismo catalán ha continuado, en los tribunales encarcelando a más miembros del govern, obligando a exiliarse a Anna Gabriel (CUP) o Marta Rovira (ERC), y reprimiendo en las calles al pueblo catalán tras cada protesta contra la actuación autoritaria del gobierno español.

Por último, recientemente vivimos un episodio más de racismo institucional con la muerte en plena calle del inmigrante senegalés Mame Mbaye, que cayó fulminado en el suelo en las calles del barrio de Lavapiés siendo perseguido por la policía municipal en una redada contra manteros. La respuesta social de todo un barrio, y de la ciudad de Madrid fue un ejemplo de lucha antirracista contra las políticas de persecusión aplicadas continuamente por el Ayuntamiento de la capital.

A nivel internacional también hemos vivido sucesos que nos parece muy importante destacar. Sin duda, uno de los acontecimientos más destacados de este trimestre ha sido la ofensiva de Turquía sobre Afrin, el cantón kurdo más occidental de Rojava, separado por una franja de los otros dos cantones. El ataque por parte del segundo Ejército más grande de la OTAN, comenzó el 20 de enero, contra un pueblo en armas que se ha movilizado para defender un territorio que ha gozado de cierta paz en medio de la guerra. El bombardeo contra la población civil y el avance del Ejército turco con el apoyo de Rusia y el silencio de Occidente ha sido aplastante, y hasta la actualidad las milicias kurdas han procurado presentar batalla exclusivamente para asegurar corredores de huida de los cientos de miles de refugiados. En esta batalla, cayeron mártires los y las internacionalistas como Samuel Prada, Anna Campbell, Alina Sanchez, cientos de civiles y milicianos. Con la caída de Afrin, las YPG/YPJ han prometido pasar a la guerra de guerrillas contra los invasores otomanos hasta liberar el cantón.

En Palestina, la activista Tamimi Ahed fue encarcelada por las fuerzas armadas israelíes, juzgada y condenada por abofetear a un soldado israelí. El hecho se produjo en el contexto del conflicto que se suscitó entre el gobierno de Israel y el pueblo palestino, tras la decisión del presidente norteamericano Donald Trump de trasladar su embajada a la ciudad de Jerusalén. Ese hecho provocó numerosas movilizaciones palestinas que fueron reprimidas duramente por el ejército israelí, dejando un saldo de más de 450 palestinos detenidos.

También en el mes de marzo vimos cómo era asesinada Marielle Franco a tiros por sicarios vinculados a la ultraderecha del Ayuntamiento de Rio de Janeiro en Brasil. Era una activista feminista que luchaba por la mejora de la vida de las mujeres en los barrios más marginados de la ciudad, toda una piedra en mitad del camino de la impunidad y la violencia narcotraficante. Por último, destacar que la movilización del 8 de marzo de las mujeres tuvo un impacto mundial, y concretamente en Chiapas, México, las mujeres zapatistas lograron reunir a miles de mujeres de todo el mundo en el primer Encuentro Internacional de Mujeres, que esperamos que se repita por muchos años más.

Unos apuntes finales

Durante este último trimestre, destacaríamos el papel del movimiento feminista que ha ido creciendo estos últimos meses y nos ha demostrado sobradamente la fuerza que ha conseguido acumular gracias a la constancia y el esfuerzo colectivo. La huelga general del 8M en España es el vivo ejemplo de ello, que a pesar de no haber conseguido un seguimiento igual en todos los sectores, las manifestaciones fueron multitudinarias en las ciudades del territorio, consiguiendo visualizar la problemática de la mujer en esta sociedad patriarcal: la violencia machista, feminización de la pobreza, la brecha salarial, el no reconocimiento del trabajo de cuidados y reparto desigual de las tareas domésticas, la falta de guarderías, etc. Otra cuestión clave a destacar en este sentido es la complicidad que se ha creado con el sindicalismo alternativo al convocar conjuntamente una jornada de huelga de 24h, frente al sindicalismo de concertación que solo convocó un paro de 2h. Hemos de mantener la alianza que se ha forjado entre el movimiento feminista y el sindicalismo combativo, no solo de cara al 1M, sino para potenciar la presencia sindical en los sectores más precarizados y feminizados.

Este año, el sindicalismo de clase está consiguiendo potencial para ganarle cada vez más terreno a CCOO y UGT: la huelga del 3-O en Catalunya, la reciente del 8M y la de Amazon en su centro logístico de San Fernando de Henares son ejemplos de ello. Este significa un paso muy importante para superar el modelo sindical amarillista, desplazándolo en favor del sindicalismo de clase y combativo.

El fin de la hucha de las pensiones públicas es un problema grave no solo para nuestros abuelos y abuelas, también lo serán para nuestros padres, nuestra generación y las venideras. Sobre ellas se viene encima la amenaza de implementarse un modelo nefasto de planes de pensiones privados similar al modelo de las AFP chilenas. Es por esa razón por la que hemos de tomarlo como un ataque a toda la sociedad civil.

La situación catalana todavía queda en el aire, pero sí se barajan opciones del fin del Proces y vuelta al autonomismo. Parece que el Proces haya vuelto de nuevo a los cauces institucionales. Todo lo que se ha construido hasta ahora en los CDRs necesitará una nueva dirección, más cuando ANC y Omnium han perdido su protagonismo en las movilizaciones ciudadanas. No obstante, ante el envío a prisión por pare del juez Llanera para Turull, Rull, Romeva, Forcadell y Bassa, la ciudadanía ha vuelto a las calles. También Puigdemon ha sido detenido en Alemania y ya han iniciado los trámites para la extradición. En las movilizaciones se oyeron gritos de «vaga general», pero no sabemos si habrá fuerzas para sacarlo adelante.

En este mismo año también ha dado comienzo una campaña por la remunicipalización del agua en Barcelona, ya que su gestión está en manos privadas de parte de Agbar, una sociedad filial de una multinacional. Esta lucha por el agua pública será también una lucha por el derecho a la ciudad, donde se está viendo que hay un entramado de corrupción detrás de todo esto.

Las YPG/YPJ siguen necesitando nuestra solidaridad internacional para recuperar Afrin y frenar los planes genocidas y de limpieza étnica de Erdogan, que ve a Rojava una amenaza para su país. Manbij parece ser el próximo objetivo que Turquía tiene en su punto de mira con el beneplácito de EEUU.

Otro gran problema que estamos sufriendo a nivel global es el cambio climático, cuyo síntoma más notable es el registro de temperaturas del Ártico, llegando a superar los 0º Celsius cuando la media debería estar alrededor de -25º. Consecuencia de ello, es la desaparición del hielo glaciar y la amenaza al hábitat de oso polar. También la subida general de temperaturas en varias zonas del globo podrían alterar la vida salvaje, harían aparecer con más frecuencia las las condiciones meteorológicas extremas (sequías, lluvias torrenciales, heladas, olas de calor, vientos huracanados…), enfermedades que hasta ahora solo se dan en zonas tropicales, así como posibles catástrofes naturales en zonas donde antes no se darían. Sobre ello, ninguna potencia mundial parece dispuesta a ceder su afán de expandir sus industrias ni a reducir los niveles de emisión de gases de efecto invernadero.

La primavera ha comenzado también para los movimientos sociales.

Cuando la salud del mercado es más importante que la salud social

Para analizar este conflicto, más amplio de lo que nos gustaría creer, me centraré principalmente en la medicina gineco-obstétrica y la pediatría. Este conflicto se basa en los intereses ocultos que depositan grandes multinacionales tras la medicina occidentalista, de acuerdo y bajo la permisividad del Estado. Nos encontramos aquí con lo que Pamela Palenciano1 llama el “feliz matrimonio por la Iglesia entre Capitalismo y Patriarcado”.

Las consecuencias históricas de este matrimonio son la severa desigualdad entre géneros e identidades sexuales, los feminicidios, las persecuciones a disidentes sexuales o incluso, muchas prácticas médicas basadas en la desacreditación, humillación y control sobre estos grupos minorizados. Concretamente en la rama de ginecología y obstetricia, esta brutalidad recae de forma directa y exclusiva sobre las mujeres.

La medicina es una de las ramas de conocimiento más manipulada y retorcida a lo largo de la historia. Una rama de conocimiento que comenzó en pequeñas comunidades donde se compartían saberes, donde las mujeres eran sus principales comunicadoras, que atendían a las personas heridas con sus preparaciones a base de hierbas medicinales y que poseían conocimientos sobre el cuidado y la sanación.

En las sociedades capitalistas, los saberes sobre el cuerpo y la salud se capitalizan, se elitizan, se apartan del conocimiento comunitario, y más aún, durante siglos se apartó todo tipo de conocimiento del acceso femenino. Se fomenta la especialización médica, sólo al alcance de unos pocos con recursos y capacidades previamente delimitados por el propio sistema meritocrático. La comunidad se ve desposeída de sus conocimientos tradicionales, de sus prácticas, y poco a poco olvida y se vuelve dependiente de los poseedores de ese conocimiento, brindándoles sin pretenderlo una situación de privilegio y poder sobre el resto de la comunidad. Esta situación de dependencia deja, al mismo tiempo, desamparados a los usuarios de la sanidad.

En el caso concreto de la ginecología, si hablamos con mujeres que hayan acudido alguna vez al ginecólogo por una revisión o que se encuentren en fase de gestación, nos contarán historias que, en ocasiones, podrían parecer sacadas de un mal ejemplar de novela negra. La prepotencia médica choca frontalmente contra uno de los grupos más infravalorados y desposeídos. Una violencia que, por ser en la privacidad de la consulta y por conllevar una gran carga moral y psicológica que recae directamente sobre la mujer que lo sufre, es muchas veces callada, invisibilizada e ignorada, perpetuándose de forma indefinida.

El auge de movimientos feministas, la pérdida del miedo ante la denuncia y la represalia que poco a poco van ganando terreno, la “buena política” en favor de los derechos humanos de las mujeres y una creciente presión social, han hecho que salgan a la luz estos casos de violencia que millones de mujeres han sufrido en silencio.

Gracias a esto, en algunas ciudades, como en Guadalajara, se han iniciado proyectos y se han organizado asociaciones de medicina occidentalizada y tradicional, sensibilizadas con esta realidad, para fomentar un trato más humanizado, principalmente a mujeres embarazadas, entendiendo que la mujer en ese estado es especialmente sensible a sufrir violencia médica, no sólo por su embarazo, sino por el entorno psico-social que muchas veces lo envuelve (adolescentes embarazadas, puritanismo, violaciones, madres solteras, desarraigo familiar…).

Poco a poco surgen especialistas que intentan introducir en los espacios médicos institucionalizados, nuevas prácticas que fomentan el buen trato, la cercanía y humanización de la relación médico-paciente. En ocasiones, vencidos por la gran resistencia al cambio de la propia institución, estos profesionales abandonan sus puestos de trabajo y comienzan a impartir sus cuidados de forma autónoma, privatizando sus servicios o dirigiéndose a la formación de los futuros profesionales para intentar concienciarles sobre esta realidad.

Estas técnicas humanizadas recogen mucho de la medicina tradicional olvidada y expropiada a las comunidades. Se fomentan los lazos entre las pacientes y sus profesionales médicos. Los procesos de parto humanizado cuentan con profesionales que velan en todo momento por la estabilidad emocional de la madre, de su bienestar físico y le informan de cada paso del proceso para su mayor tranquilidad. Lejos de la violenta realidad de la medicina institucionalizada, donde las mujeres son tomadas como molestias interpuestas en su labor médica, donde no se tienen en cuenta sus miedos y deseos, ni se les da explicaciones sobre los procesos a los que son sometidas, reflejo de la poca consideración que se tiene hacia ellas. Para muchas mujeres, sus procesos de parto se convierten en auténticas pesadillas.

Si bien esta perspectiva de la “nueva medicina” más humana y cercana, suena esperanzadora y halagüeña; la auténtica realidad está muy lejos de serlo. En una ciudad llena de contrastes y barreras socio-económicas, nos encontramos que solamente las mujeres con un alto nivel económico pueden acceder a estos servicios.

Existen casas de parto humanizado, como Casa Aramara, hospitales con especialización en parto en agua o colaboración con parteras y profesionales del acompañamiento materno (Doulas), pero son todos de gestión privada. Si bien algunos hospitales públicos permiten el acompañamiento de doulas, no está institucionalizado, y cuando se realiza es gracias al tiempo voluntario que estas dedican a madres con bajos recursos, pero su presencia es meramente simbólica ya que no puede ejercer la totalidad de sus funciones como doula y queda totalmente subordinada al ginecólogo y los imperativos clínicos.

La labor de las doulas y parteras, recupera de nuevo el saber tradicional de cuidado y atención a las mujeres. Sin embargo, la falta de apoyo por parte del Estado e instituciones médicas, obliga a que este conocimiento quede privatizado y puesto, una vez más, al servicio del capitalismo, el cuál ve en esta nueva vía un buen mercado de consumo, para aquellas madres con posibilidades económicas alentadas por las ramas naturistas o incluso impulsada por algunos feminismos liberales que no aportan una crítica desde la perspectiva de clases.

Además, se crea una doble mercantilización del conocimiento de las doulas y parteras, pues si bien las parteras tradicionales, transmitían sus conocimientos a otra mujer elegida dentro de la comunidad para que fuera su sucesora, o incluso compartía si fuera necesario sus conocimientos con alguna mujer externa a la comunidad que viniera para recuperar estos saberes perdidos; la realidad es que en las ciudades este conocimiento también se capitaliza, creando cursos y acreditaciones de doula o partera que han de costearse las alumnas. Una vez más en la sociedad capitalista el saber queda al alcance de un número limitado de personas.

Pero la violencia hacia las mujeres por parte de la medicina occidentalista y capitalista no termina con el proceso del parto. La violencia prosigue con los primeros meses, e incluso años, de vida del recién nacido. Es sabido que grandes multinacionales, como la reconocida marca Nestlé y otras marcas alimenticias, de higiene y farmacéuticas, ejercen grandes influencias en las decisiones y consejos médicos hacia las madres. Incluso algunas marcas regalan lotes de productos para las primeras semanas de vida del bebé.

Un ejemplo grave de esta denuncia es, por ejemplo, la alta tendencia que tienen los pediatras a recomendar a las madres dar leche de fórmula a sus bebés. Esto es así a pesar de la gran cantidad de estudios y reclamaciones por parte de la propia comunidad médica, a nivel internacional, que defienden los beneficios de la lactancia materna, tanto para el bebé como para la propia madre. La lactancia materna favorece el sistema inmune del recién nacido y fortalece el estrecho vínculo de apego materno-infantil, además de prevenir la aparición de enfermedades como: diabetes, sobrepeso, problemas de desarrollo gástrico, aparición de cáncer de mama, entre otras.

Una vez más, hay que señalar, que las mujeres que tienen más tendencia a dar leche de fórmula a los bebés, pese a su elevado costo, son mujeres de bajo nivel económico y escasa formación educativa, que orientadas por la autoridad médica deciden hacer lo que creen que es mejor para sus bebés. Por otro lado, las mujeres con mayor nivel económico y formativo, tienen más fácil acceso a otro tipo de información y optan mayoritariamente por la lactancia materna. Esta realidad evidencia de nuevo, cómo las mujeres con escasos recursos sufren mayores grados de violencia.

Por todo ello, queda claro que los intereses económicos y comerciales están por encima de los propios beneficios de la salud de la comunidad. Además, cuanto más deteriorada esté la salud de las personas, más atenciones médicas necesitarán, más fármacos y más beneficio provocará en las empresas farmacéuticas y de seguros médicos, incrementando las desigualdades sociales.

También cabe señalar otra forma de violencia médico-económica vinculada al parto. En México aproximadamente un 50’3% de los nacimientos se producen por cesárea, cuando en realidad sólo serían necesarias entre un 10-15% de ellas según la OMS. Esto implica no sólo una violencia física hacia el cuerpo de las mujeres que se ven sometidas a cesáreas “de rutina” que aligeran el trabajo médico y los costos, sino a una violencia económica, ya que la recuperación física tras una intervención quirúrgica por cesárea conlleva mucho más tiempo y esfuerzo físico para la madre. Ésta muchas veces debe incorporarse rápidamente a su puesto de trabajo y no puede permitirse una larga hospitalización. Además muchos empleos no cubren las garantías de un permiso de maternidad. Sin embargo, las mujeres que pueden acceder a los servicios de un parto humanizado, generalmente tienen partos naturales (a no ser que sean partos de riesgo) de los cuales se recuperan físicamente en pocos días y podrían, si lo precisaran, incorporarse de forma rápida y efectiva a sus empleos.

Queda en evidencia por tanto, que las relaciones económicas y patriarcales se descargan de manera directa sobre la salud y bienestar de las mujeres, especialmente cuanto mayor grado de desigualdad social sufran éstas. Los servicios de parto humanizado deberían extenderse a la totalidad de la población femenina, recuperando la dignidad de las mujeres gestantes y el saber tradicional para la comunidad, para fomentar el apoyo y comprensión durante esta etapa cuyas secuelas duran más de nueve meses. La salud de las mujeres gestantes es un asunto que debería implicar a la conciencia colectiva, y colectivamente trabajar para mejorar sus condiciones.

1 Pamela Palenciano, activista feminista del Estado español, conocida principalmente por su monólogo teatralizado “No sólo duelen los golpes”.

Nuria E.

9M: Resaca emocional y breves reflexiones

Por Araceli Pulpillo extraído de Amanece Metrópoli
Las críticas que produce el feminismo es lo mejor que ha dado el siglo XX. Es la postura política que va más al fondo, porque va a discutir justamente que cualquier jerarquía puede encontrar un lugar natural en los cuerpos y debe ser desarticulada desde allí.
Diana Maffía – Desafíos actuales del feminismo

El pasado 8 de marzo la calle gritó feminismo desde cada lugar del Estado. En una convocatoria que venía ya gestándose desde hace un año y que pretendía ser diferente a la de años anteriores. Y lo ha sido. Porque la valentía del movimiento feminista ha sabido articular una Huelga General más allá del ámbito laboral y de consumo. Más allá de la mente patriarcal. Poniendo las desigualdades asignadas al binomio mujer-hombre que hay en toda la estructura social en el centro de la lucha para erradicarlas.

Ese día desde por la noche a las 00.00, en Tirso de Molina, emprendí la marcha con compañeras para colocar carteles y pegatinas llamando a la Huelga. Llevábamos un altavoz donde sonaba A la Huelga compañeras de La Tía Carmen, canción con la que íbamos cantando y bailando mientras caminábamos, las mujeres nos sonreían y alzaban los brazos. Mi primera emoción vino desde bien temprano en la jornada. Antes de entrar a Sol para participar en la cacerolada unos 15 policías nacionales rodearon a mis compañeras y a mí y nos pidieron la documentación. Al principio confusión y un poco de miedo. Después un rio de mujeres que se acercaron con cacerolas, rodearon el círculo en el que nos tenía, empezaron a vociferar Nos tocan a una, nos tocan a todas (ahora mismo, mientras lo cuento, se me eriza el vello). Tras diez minutos de abrazo feminista, los nacionales se marcharon con la cabeza gacha y con los oídos un poco más sordos. Continuamos nuestra marcha.

Por la mañana participé en diferentes piquetes informativos en Leganés, Villaverde Bajo, Villaverde Alto… En todas partes había un chorro de mujeres haciendo actos y leyendo manifiestos cargados de fuerza y llamando a la manifestación de la tarde en Atocha. Con los coches pitábamos y la gente de la calle se unía a los pitidos y cánticos. Se acercaban para coger los dípticos informativos. Al medio día, unos compañeros nos habían preparado la comida en el Ateneo. Una sopa calentita de verduras y unas hamburguesas veganas sin gluten con patatas de guarnición. Estaban sosteniendo la Huelga y se encargaron de los cuidados a los que renunciamos por un día para que se hiciera visible su importancia. Llevábamos lazos anarcofeminstas que hizo una compañera semanas antes y nos los colocábamos las unas a las otras con emoción. En la sobremesa hablábamos sobre la manifestación de después, sobre reuniones tras el 8, sobre actos y mesas redondas que queríamos hacer, sobre cómo continuar trabajando. Empezamos a inflar globos para el camión. Todas las allí presentes nos pusimos a una a inflar un montón de globos. La fuerza de la unión. En diez minutos ya estaban inflados. Adornamos el camión. Nos pusimos en marcha para Puerta de Alcalá.

En el camino ya notaba que las calles eran un río de mujeres y hombres que iban a la manifestación. El tren y el metro lleno de mujeres con las caras pintadas y con pancartas de lemas feministas: No es no, Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar, Hoy grito por todas las que no pueden… Una vez en Puerta de Alcalá hubo un mitin del bloque sindical combativo. Me emocioné con las palabras de Ana Sigüenza, la primera y única mujer, por desgracia, secretaria general de un sindicato en el Estado español (CNT): decía que «nosotras lo que queremos es acabar con la desigualdad, acabar con la verticalidad, acabar con los privilegios, mañana empezaremos a trabajar mejor todavía» y a mí los vellos de punta. Después nos dirigimos a Cibeles para esperar a la cabecera de la organización. Esperamos durante más de una hora, miraba a mi alrededor y veía a miles de mujeres por todas partes. Cuando llegó al fin la cabecera, me subí al camión y divisé que no había fin para la marea de personas que avanzaba. Me volví a emocionar. Éramos un río. Mujeres de todas las edades. Voces de mujeres en todos los altavoces. Cánticos al unísono. Saltos que eran miles. Miradas de compañeras casi con lágrimas en los ojos. Cuando al fin pudimos avanzar entre tantas personas, nos dejamos la voz, literalmente, gritando fuerte que el feminismo ha venido para quedarse.

Ha sido diferente. Sí. Hemos aparecido a nivel internacional en numerosos periódicos y aunque esta convocatoria haya sido un éxito antes incluso del mismo día de Huelga, también nos debe servir para reflexionar de cara a que las críticas sean cada vez más certeras y más inclusivas. Para seguir construyendo juntas lazos que nos hagan avanzar en una sociedad más justa e igualitaria.

Que el feminismo es anticapitalista, antirracista, antifascista, antihomófobo, y anti toda teoría e ideología que pretenda subyugar a las personas, es algo que sabemos las que llevamos militando o acercándonos al feminismo desde hace tiempo (o no tanto). Las muestras desde los medios de “información” de intentar vaciar este contenido han sido numerosas. También es cierto que tienen herramientas suficientes para tergiversar y para quedarse en la superficie de lo que realmente sucede en las asambleas y en las calles… Por eso debemos estar atentas a que el capitalismo y sus vasallos (como suelen hacer con todo lo que puede llegar a beneficiarle) no se apropien de nuestra lucha. Que el parlamentarismo no nos convenza de nada. Y este, a pesar de ser un trabajo arduo, ha de ser necesario. Ya vemos como empresas que explotan a mujeres en países colonizados, o en nuestros propios países, venden camisetas con el lema I`m feminist y como se compran a cascoporro; o como líderes y lideresas de partidos que atacan constantemente con sus políticas económicas y sociales a las mujeres se abogan abanderados del feminismo; hasta han intentado rescatar al dictador Franco como feminista. Aquí se intenta sumar todo el mundo, pero el feminismo es mucho más que una tendencia, y nosotras, las feministas, tenemos la responsabilidad de defenderlo.

El feminismo pone la vida en el centro y busca el buen vivir. Como precaria, vivo en mis propias carnes la dureza de este sistema perverso. Llevo militando en Comando Sororidad cinco años desde mi etapa estudiantil, donde he aprendido mucho como feminista. Ahora que pretendo hacerme un hueco en este mercado laboral lleno de obstáculos, he visto como una necesidad de clase militar también en un sindicato. Digo esto porque siento orgullo de que el sindicato al que estoy afiliada, CNT, haya sido uno de los que han formalizado a nivel laboral la convocatoria de 24 horas que pedíamos desde el movimiento feminista. Y lo digo como una crítica en ambas direcciones. El sindicalismo necesita feminizarse y dejar de copar las primeras filas. El feminismo necesita contemplar el sindicalismo como una herramienta de alianza. No todos los sindicatos son iguales. El sindicalismo combativo está demostrando ser una herramienta útil. Y creo que el feminismo debe tejer una red con los sindicatos que han sabido vivir en su tiempo. Además, ahora vendrá la represión contra algunas mujeres que han ido a la Huelga General Feminista y debemos trabajar conjuntamente para arropar a todas en estos procesos que pueden llegar a ser largos y tediosos.

«El feminismo blanco insiste en que todas somos mujeres, eso es un problema con el privilegio […] si hay una cosa que yo intento siempre aclarar es que el feminismo negro del que yo hablo, no es el feminismo, es parte del discurso de la mujer». Estas son las palabras de Antoinette Torres, fundadora de Afroféminas, en una entrevista que le hice hace unos meses para Labio Asesino Fanzine. Y las dejo aquí para entender la posición del portal de no ir a la Huelga. Quizá esta es una de las críticas al feminismo que más llevo reflexionando desde hace tiempo. Porque las feministas blancas debemos revisar nuestros propios privilegios, debemos hacer un ejercicio de interseccionalidad para crear alianzas con mujeres que hacen feminismo desde otras posiciones y opresiones; mujeres gitanas, musulmanas, negras, latinoamericanas, andaluzas, con diversidad funcional; personas que no forman parte del binomio impuesto mujer-hombre como transexuales o intersexuales; mujeres con orientaciones diversas: lesbianas, bisexuales, asexuales… Su voz debería estar incluida en el oleaje feminista, pero la realidad es bien distinta. Aún hay resistencias dentro del feminismo para transformar nuestra mirada en una mirada más inclusiva. Aún cuesta la autocrítica y el tomar posiciones más distantes para que sean compañeras atravesadas por otras opresiones diferentes a las nuestras las que tomen posiciones en primera fila. Debemos seguir remando para ser más certeras.

Andamos y construimos. Debemos aprehender(nos) en el proceso. El feminismo ha venido para quedarse pero también para desarticular(nos) y para hacer críticas que apunten directamente al corazón de nuestras propias creencias como sociedad. Después de la resaca emocional del día 8, debemos seguir trabajando. Debemos aprovechar los lazos creados en este proceso para cuidarlos. Debemos seguir haciendo lazos con otras realidades para ser aún más fuertes.

28 mujeres luchadoras sociales han sido asesinadas en el marco del pos-acuerdo

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Idalia Castillo Narváez era una líder campesina del municipio de Rosas, Cauca. El 9 de agosto del 2017 fue sacada de su hogar, violada, torturada y posteriormente asesinada, apuntando todo a que las razones de su homicidio fue su papel como vocera ante la Junta de Acción Comunal y activista de la mesa departamentos de víctimas del conflicto armado1. Ella hace parte de las 28 mujeres luchadoras sociales asesinadas desde el 1 de enero del 2016, en el marco del fin del conflicto armado que sostenían el gobierno nacional y la antigua guerrillera de las FARC, hoy convertida en partido político legal2.

A pesar de los compromisos adquiridos por el gobierno colombiano en tema de desmonte del paramilitarismo y garantías para la movilización social, dentro de estas mismas fechas, el total de defensores de derechos humanos y activistas sociales asesinados ascendió a 205, correspondiendo el caso de quienes se identificaban como mujeres al 13,7%. Es decir, aproximadamente una de cada 7 activistas sociales asesinadas es mujer, siendo mayor porcentualmente incluso que los feminicidios en Colombia, que rondan en el orden del 10%. Esta situación es aún más preocupante si se le suma que por lo menos cuatro de estas víctimas fueron violentadas sexualmente y/o torturadas antes de ser asesinadas, lo que representa que la avanzada paramilitar que se registra en el país contra los movimientos sociales, y que tiene el apoyo por acción y omisión del Estado ha venido posicionándose sobre el cuerpo de la mujer de nuevo, tal cual en los periodos más oscuros de décadas anteriores. Además, en el año anterior 145 mujeres más sufrieron agresiones o amenazas a razón de su activismo social3, en el mismo año que ha sido de los más violentos para los procesos populares en los últimos.

Los principales grupos sociales donde son asesinadas las mujeres por su actividad social o política son las comunidades indígenas (7 casos) y campesinas (6), aunque preocupa también el asesinato de 3 profesoras, 2 mujeres trans y una ex-combatiente de las FARC. Además, tres de estos casos tienen como victimarios a agentes del Estado, por un lado militares y de otro lado el Escuadrón Móvil Antidisturbios, quien asesinó con un arma no convencional a una periodista indígena en el Cauca. La mayor parte de estas luchadoras fueron asesinadas en la modalidad de sicariato con ataque a bala, mientras se desplazaban a pie o en motocicleta, y en muchos casos sus compañeros sentimentales sufrieron heridas o también fueron asesinados, presuntamente por grupos paramilitares y ejércitos antirestitución locales. Los departamentos donde mayor violencia política con final fatal contra la mujer hubo son Antioquia y Cauca, con seis casos cada uno, seguidos luego por dos casos: Tolima, Meta, César, Norte de Santander, Arauca y Nariño, coincidiendo tanto regionalmente como en grupos poblacionales afectados por la violencia en tiempos de “paz” con las tendencias globales, ubicándose los ataques contra los movimientos sociales y las mujeres principalmente en zonas periféricas del país y con gran población agraria e indígena.

Aunque la cifra de 205 lideres sociales asesinados ya es escandalosa, sumarle la preocupante parte que corresponde a feminicidios y crímenes contra mujeres activistas debería poner en alerta al gobierno, que sin embargo, ha manejado como respuesta oficial un desconocimiento del fenómeno paramilitar y de reducir el “socialicidio” (como se propone llamar genocidio en curso contra activistas sociales) a meros líos personales o familiares, no solamente haciendo la vista gorda sino también negando el papel político que viene asumiendo la mujer en esta nueva etapa que le ha salido bastante costosa al pueblo que resiste y lucha contra el modelo de muerte que llega a los territorios una vez el Estado desarmó la principal guerrilla del país.

Redacción: Rebeldía Contrainformativa

En memoria de: Angelina Miranda, Danna Mendez, Diana Luz Solano, Diana marcela calvo, Edenis Barrera Benavides, Elvia Azucena Vargas, Erika Yisel Arias Galíndez, Idalia Castillo Narváez, Johana Alarcon, José Fina Cuetia Ramos, Karolayn Parra, Katerine Escalante Castillo, Leidy Amaya, Leidy Xiomara Peña Naveo, Liliana Astrid Ramírez Martinez, Liliana Patricia Cataño Montoya, Luz Angela Anzola, Luz Herminia Olarte, Luz Jenny Montaño, María Efigenia Vásquez Astudillo, María Elsy Ángulo García, Miriam Zulay Hernández Silva, Narda Barchilon, Nataly Salas, Rubiela Sánchez Vanegas, Ruth Alicia López Guisao, Yaneth Calvache y Yoryanis Isabel Bernal.

Distopías en línea III: Violación sistemática

En la última entrada de esta serie, nombrábamos de pasada el auge del autoritarismo en las sociedades capitalistas durante los últimos años de crisis económica y social. Mucho se ha escrito sobre cómo los nuevos liderazgos reaccionarios crecen sobre el descontento de grandes sectores de población que se sienten amenazados por avances sociales promovidos por el feminismo, el activismo homosexual y transgenero, o los movimientos contra la discriminación racial, entre otros.

El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale), serie de HBO basada en una novela de Margaret Atwood, nos da la oportunidad de reflexionar sobre el posible advenimiento de una sociedad profundamente autoritaria y patriarcal. Son muchas las reseñas que han trazado relaciones entre la teocracia que muestra la serie, Gilead, y la crecientemente autoritaria y machista sociedad norteamericana, comandada por el reaccionario Donald Trump. El hashtag #Gilead se ha asociado en twitter a la imagen de la comisión de la Casa Blanca que debatía sobre medidas relacionadas con la maternidad, formada completamente por hombres. Tampoco hay duda del profundo antifeminismo de la Alt-Right, la extrema derecha norteamericana que ayudó a aupar a Trump al poder. Dos ejemplos del machismo que manda y del que viene, que tiene su reflejo en los movimientos conservadores en auge en toda Europa.

En el contexto de España, el estreno de la serie irrumpe también en una época de debate político sobre la posibilidad de legislar el alquiler de vientres para la gestación subrogada. Muchas feministas, ante la retórica neoliberal y posmoderna en la que se envuelve el debate, y que esconde una mercantilización salvaje de la maternidad, están poniendo sobre la mesa el eje de clase que atraviesa esta cuestión en canal. La urgencia por legislar el alquiler de úteros surge, sobre todo, por el deseo de las clases altas de reproducirse genéticamente a costa de los vientres de las trabajadoras. La cuestión está impulsada además por la obtención de beneficios, componente encarnado en las agencias intermediarias y que no puede faltar nunca en las relaciones mercantiles que promueve el capitalismo. Algo que explica que, en cambio, no esté sobre la mesa la agilización del proceso de adopción.

Pero, volviendo a la serie, no se trata en Gilead de reproducción in vitro, si no de la reproducción forzada mediante una violación legalizada y sistemática que permita la supervivencia genética de la especie (o, más bien, de unos pocos). Para los comandantes de Gilead, la legalización de la violación es buena en tanto que es útil. Además, esta práctica pasa a ser aceptada internacionalmente desde el momento en que naciones extranjeras se deciden a comerciar con las criadas como medios de reproducción, ignorando cualquier tipo de juicio ético. No es casualidad tampoco que la diplomática mexicana representada sea una mujer, que además se entrevista en persona con las criadas. Esa elección refuerza la falta de empatía del momento y, por tanto, la derrota de los vínculos emocionales más innatos en favor de la solución técnica necesaria para la nación. Esto no es más que una versión, quizá más cruda, de lo que ocurre hoy cuando el empresariado encuentra beneficios en la precarización de empleos; la desvalorización del trabajo femenino; el uso y abuso de mano de obra infantil; la destrucción ambiental fruto de la sobreexplotación, el expolio de recursos, la contaminación y la proliferación de deshechos…

Y es que no se ha escrito tanto sobre cómo una sociedad embarazada de la razón técnica, que da respuestas unívocas a problemas sociales, y que camina directamente hacia el abismo ecológico por la senda de la fe inquebrantable en el progreso, gesta en su seno la semilla del autoritarismo antidemocrático. Porque hay también en este cuento de la criada un tema medular, que anida en lo profundo de la serie a pesar de que apenas se describe timidamente. Un tema al que, pese a todo, se hace referencia de manera constante.

Sabemos que, de manera previa a la fundación de Gilead, la infertilidad despertó los miedos de una amplia masa social. Esa condición material permitió el crecimiento de la secta religiosa que propugnaba una sociedad opresiva basada en el control social y la violación sistemática. Pero ¿Qué causó la infertilidad? ¿Por qué una amplia mayoría de mujeres son incapaces de gestar? El gran tema que se esboza es algún tipo de colapso ecológico, relacionado bien con el cambio climático o bien con la crisis de recursos. Un colapso inevitable para nuestro mundo real y del que ya sentimos los primeros efectos.

Lo más terrible de este cuento de la criada es que, de acuerdo a la interpretación técnica, la violación sistemática y la violencia sistémica del gobierno dictatorial no es más que una solución de manual para la mayoría de la sociedad. Sí, es una propuesta política de la secta victoriosa, pero se presenta con la envoltura de la inevitabilidad, de la única salida posible, y es quizás por eso tan capaz de volverse hegemónica. Como escribía la Encyclopédie des Nuisances, “un hombre aquejado de gangrena no está dispuesto a discutir las causas de su mal, ni a oponerse al autoritarismo de la amputación”. Es por eso tan importante oponer al desastre del colapso una propuesta radicalmente democrática, que discuta las razones técnicas y ponga la vida y la justicia social en el centro, que apueste por una tecnología y una organización social a escala humana, y que dibuje futuros que sean al mismo tiempo atractivos, realistas y sostenibles.

Porque sorprende que, finalmente, en contraposición al clima opresivo de Gilead y una vez superado el doloroso trance de escapar, la alternativa que muestra la serie sea una Canadá plenamente reconocible en cualquier sociedad capitalista liberal actual, incluyendo el paquete tecnológico necesario para la existencia y el uso de smartphones. No parece esta una sociedad post-colapso realista, y es triste la incapacidad de imaginar una sociedad próspera, sostenible y desligada de la hipertrofia tecnológica y urbana. Ese es el resultado, una vez más, de esa peligrosa fe inquebrantable en el progreso y sus ilusiones renovables.

El machismo en la música: consideraciones más allá del reguetón

La música es una expresión cultural, un reflejo social de los valores que una sociedad promueve y conserva. Con la globalización y un posmodernismo mal entendido y peor aplicado, hemos perdido muchas identidades, se nos han sido impuestas otras, mas la música sigue siendo un elemento determinante para la creación de nuevas identidades sociales y culturales. La música, a su vez, tiene la capacidad de cargarse de rebeldía contra el status quo, porque al igual que los rapsodas y juglares del pasado, el mensaje explícito e implícito de cada obra suele calar hondo en las personas, pues refleja las preocupaciones de una sociedad y, a su vez, es creadora de roles. Por ello, tampoco es casualidad que los artistas – también intelectuales – suelan ser las primeras víctimas en caer durante procesos represivos, como el caso Víctor Jara durante los primeros días de la dictadura de Pinochet.

Teniendo presente este contexto, desde las sociedades occidentales existe música estigmatizada y llena de prejuicios porque, teóricamente, no se adapta a los cánones sociales que una sociedad pretende defender. De ahí que, por ejemplo, se señale a los ritmos latinos en general, pero al reguetón en particular, como música machista por excelencia. Se le acusa de ser cosificadora y opresora hacia la mujer. Aplicar tal calificativo a este estilo musical es, y en palabras de Irantzu Varela en uno de sus vídeos del Tornillo: «un poquito racista, etnocéntrico, un pelín colonialista» y como afirma unos segundos después: «históricamente toda la música, como toda la cultura popular, ha sido bastante machista y un poquito, por no decir mucho, legitimadora de la violencia contra las mujeres»1

Por ello, y con el objetivo de romper con estos prejuicios racistas, veamos algunos ejemplos de música blanca no estimagtizada que hemos cantado y bailado pero a la que nadie le ha pedido responsabilidades por machista. Nadie ha acusado a Sting por acosador, como si se ha hecho contra, por ejemplo, Daddy Yankee, aunque ambos hayan alimentado de igual modo el machismo. Probablemente al ser blancos su música esté fuera de sospecha.

Así el machismo se viene reproduciendo desde hace décadas, tanto en la radiofórmula2 como en la música indie3 o en la escena underground4. Partimos con la premisa ya mencionada antes: toda expresión cultura nacida en una sociedad patriarcal va a ser, por ende, patriarcal. Vamos pues a analizar algunas pocas canciones.

Probablemente porque no nos hayamos parado a pensar en la letra o por desconocimiento del idioma, a The Police nunca se les tachó de machista, quizá por haber pertenecido a la nobleza del New Wave, pero contamos con canciones que son el reflejo de un acosador que somete a vigilancia a perpetúa a su compañera. La canción en concreto es Every breath you take de su álbum Synchronicity (1983)

Every breath you take                 Cada aliento que tomes

and every move you make         y cada movimiento que hagas

every bond you break                 cada atadura que rompas

every step you make                    cada paso que des

I’ll be watching you                      te estaré vigilando.

Lo que es aún peor: ¡ganó un premio Grammy a canción del año!

Otro clásico es Guns N’ Roses, probablemente uno de las bandas de hard rock que mejor expresa la masculinidad y masculinización del género, solamente hay que ir a sus videoclips para entender cuál es la actitud que tienen hacia las mujeres5. Por un lado, tenemos aquella pegadiza canción Paradise City, en donde su ideal de ciudad se basa en un césped verde y chicas guapas (where the grass is green / and the girls are pretty), como si los hombres tuviéramos que calificar a las mujeres por su normatividad fisica.

Pero esta mítica banda estadounidense, llena de blancos, nunca ha sido perseguida por letras tan machistas como la de su canción You could be mine, el título ya nos da un adelanto de qué nos cantará aquí el caucásico Axel Rose. Un fragmento de la canción:

When I come home late at night                Cuando llegue tarde a casa

Don’t ask me where I’ve been                     no pregunte donde he estado

Just count your stars I’m home again      solo cuenta tus estrellas y ya estoy en casa

‘Cause you could be mine                              Porque podrías ser mía

But you’re way out of line                             pero estás fuera de lugar

With your bitch slap rappin’                        con tus golpes de puta

And your cocaine tongue                              y tu lengua de cocaína

You get nuthin’ done                                       Nunca terminas nada

I said you could be mine                                dije que podrías ser mía

La canción continúa y, ciertamente, no mejora en sus líneas posteriores. también de esta misma banda: Used to love her con estrofas esclarecedoras como las siguientes:

I used to love her                            Solía amarla

but I had to kill her                        Pero tuve que matarla

I had to put her                               tuve que meterla

Six feet under                                  A dos metros bajo tierra

En una entrevista posterior, la banda señaló que se trataba de una canción que tenía un tono jocoso, pero cuando a diario son asesinadas mujeres a manos de hombres, ¿dónde está realmente la ironía, la chanza y el humor detrás de unas estrofas que repiten durante varios minutos que ha de matarla y meterla bajo tierra?

Continuando con canciones que hacen apología clara y directa de violencia contra la mujer, tenemos a los celebérrimos The Beatles, su tema Run for your life, escrita por McCartney y John Lennon. Lennon expresó, tiempo después, que fue su canción menos favorita. Una parte del estribillo dice lo siguiente:

Well I’d rather                                 Preferiría verte muerte

See you dead, little girl                  chiquilla, antes que

Than to be with another man      con otro hombre

Dando un salto temporal a la música contemporánea, no está de más señalar a los alemanes Rammstein que actuaron hace pocos días en España y quienes a través de sus canciones y su estética perpetúan la imagen de macho dominante curtido a base de trabajos físicos y un cuerpo musculado. Solo nombremos dos canciones: Te quiero puta de su álbum Rosenrot (2005), canción enteramente en español y que es toda una cosificación de la mujer. Por si esta se quedaba corta, tenemos también su canción Pussy, de su álbum Liebe ist für alle (2009) que en directo, de hecho, es interpretada mientras un cañón, en forma de pene, expulsa espuma al público. Falocentrismo y cultura de la violación:

Just a little bit                          Solo un poco

be my little bitch                     Sé mi pequeña puta

you’ve got a pussy                 Tú tienes un coño

I have a dick ah                      Yo tengo una polla

so what’s the problem?        Así que ¿cuál es el problema?

Lets do it quick!                     ¡Hagámoslo rápido!

Y sobre violencia y misoginia contra la mujer conocemos muy bien unas cuantas canciones en nuestra lengua, el rock y el pop español está plagado con artistas que van desde Alejandro Sanz con una canción reciente No soy una de esas, donde el cantante madrileño dice lo siguiente: no deberías haberme tentado / te gusta jugar. O a Natalia Jiménez y su canción Por ser tu mujer, que promueve un estigma de la mujer profundamente conservador y sumisa, no sin antes pasar por encima de Sabina y toda la misoginia que destilan canciones como Contigo, o Leiva y su Sincericidio: Te quiero cuando me destrozas / te quiero reventar la boca. Canción que vio la luz en el año 2016…

Sin embargo, es de destacar que personajes como Loquillo que igual son capaces de sacar un álbum en 2005 titulado «Mujeres en pie de guerra» a canciones como La mataré en la que podemos escuchar lo siguiente: Solo quiero que una vez / algo le haga conmover/ que no la encuentre jamás o sé que la mataré. Canción, por cierto, de 1987.

Los Ronaldos, en el mismo año, estrenaba la siguiente estrofa: Tendría que besarte / desnudarte, pegarte / luego violarte/ hasta que digas sí / hasta que digas sí. La canción se titula Sí, sí. De nuevo cultura de la violación producida, por cierto, en España, por blancos caucásicos. Estopa , que tampoco podía quedarse atrás, con su La raja de tu falda en la que vemos a un músico que tiene un accidente en su coche y después se le rompen las cuerdas de su guitarra por culpa de la vestimenta de una mujer.

Lo de antes es una pequeña, muy pequeña, muestra de lo que existe realmente en el panorama musical, el problema es mayor, de dimensiones inabarcables para un artículo de estas características. Resulta también preocupante esta reproducción de roles en grupos escuchados por todas nosotras y que identificamos como aliados en los movimientos sociales. Es el caso por ejemplo de los raperos vallecanos H. Kanino, o del ilerdense Pablo Hasel, que una de sus canciones afirma abiertamente que no soy machista por llamarte puta. Tenemos el paradójico caso de Los Chikos del Maíz, cuyas letras han ido cambiando para adaptarse a un discurso feminista que, al parecer, no terminan de comprender. En su canción A D10s le pido, podemos escuchar versos como los siguientes:

me tiro a hippies que están forradas y tienen papis de derechas

¿Te has hecho mechas? ¿rayos uva? te metes ciclos, levantas pesas?

Yo levanto faldas y aparto compresas

(…)

Niñata, chúpamela y vete que esto del rap no te pega

y podrás presumir en clase: !eh, se la he chupado al Nega!

O la canción en solitario que el propio Nega estrenó en su disco Geometría y Angustia. Toda una apología a la virilidad sexual del rapero, al uso de la mujer como moneda de cambio, como botín de guerra, elemento de conquista contra el enemigo que es la derecha: follarse a pijas es follarse a la derecha, escuchamos en su Mi novia es de derechas. Además, con este tipo de afirmaciones se mantiene en el imaginario la concepción de que el coito y el acto sexual no es otra cosa que la sumisión absoluta de la mujer hacia al hombre, la penetración como elemento de castigo y no de placer bidireccional e igualitario. Si bien es cierto que en su momento los Chikos del Maíz se disculparon por estas letras, estas siguen presentes en el ideario cultural sexista.

Continuando con grupos «aliados», no se puede dejar todo el falocentrismo que el punk en general ha mostrado. Sin tener que ir directamente a canciones, nos podemos hacer una idea viendo las portadas de bandas como The Real Mckenzies, Fiddler’s Green, y todo el punk celta en los que hay una sexualización del cuerpo femenino, cuando no una exaltación de comportamientos y atributos propios de la masculinidad tradicional y la apología de la violencia o el alcohol, podemos remitirnos a bandas como Discharger, The Casualties o Non Servium.

Pero más preocupante resulta cuando hay bandas tocando en CSO. Es el caso de Penetrazion Sorpresa, banda de punk irónico que, escudándose en tal calificativo, han sacado canciones a la luz como «Zorra cadáver» o la «La puta de tu hermana», que rezan del siguiente modo:

¡Zorra Cadaver! Al instante mi polla de su boca saqué, y

de un golpe seco la aparté

(…)

Al poco tiempo, volví a enterrarla,

así nunca más podría mamarla

«La puta de tu hermana»:

Detrás de ella estaba y cuando se la fui

a meter me dijo: nooo,

He dejado de creer en la puta de tu hermana

Parece que el mensaje queda más que claro, cultura de la violación en su máxima expresión y por mucho punk que hagan, no están exentos, en absoluto, de caer en comentarios machistas. A pesar de la crítica solo nos queda, como hombres cis y músicos, hacer una cosa: pedagogía feminista. Replantearnos qué queremos promover con nuestras canciones, si queremos ser parte de la solución (feminista) o del problema. No podemos, naturalmente, querer estar en la vanguardia de una lucha que solamente les pertenece a ellas, pero, desde luego, no podemos tolerar la continuación de mensajes y actitudes que luego vamos a seguir repitiendo en nuestra cotidianeidad.

En realidad todo lo anterior no es más que un grano de arena de un problema de características amplias pero que se tiende a banalizar. Bajo la excusa de la broma, la paradoja, el chiste o la ironía se esconde toda una violencia sistemática que está dirigida contra aquellos colectivos que carecen de privilegios. Al fin y al cabo la música puede ser revolucionaria, sí, pero también puede ser profundamente reaccionaria y conservadora. Es el altavoz perfecto para el mantenimiento de los estándares tradicionales. Solo hay que echar un vistazo a los festivales que ahora en verano tenemos y preguntémonos: ¿cuántas mujeres están sobre el escenario? La cifra es irrisoria. Y desde luego no es por falta de talento y mujeres en la escena, sino por la camaradería masculina. Tampoco olvidemos que ellas cargarán con el estigma de tener que ser atractivas, infravalorando su talento interpretativo que es, desde luego, otra forma de violencia contra las mujeres. Aquí planteo un problema, pero en futuros artículos vamos a ver que también existe el reguetón y los ritmos latinos feministas. ¡Si no puedo perrear, no es mi revolución!

1Enlace al Tornillo 5×27: «Música machista»

2El térmimo radiofórmula define un tipo de radio de programación monotemático. Este puede ser deportivo, religioso, informativo, pero también, y especialmente, músical. Los 40 Principales es la radiofórmula musical por excelencia.

3Hay cierta confusión en lo que a la música indie respecta. Lo indie es entendedido como creación artística que busca estar fuera de los cánones y géneros tradicionales en los que se engloba la música. La palabra viene del inglés y viene a significar toda aquella expresión cultural (no tiene que ser músical) fuera y alejada de los círculos globales mercantiles y que promocionan su arte por sus propios medios. A veces es entendida como música de culto, al ser una expresión artística. Es el arte por el arte.

4Son también músicos independientes, pero que a diferencia del indie, no necesariamente expresan su música por el deseo de crear arte, sino por intención de manterse fuera de la cultura oficial o el mainstream.

5El heavy metal, el hard rock y el glam rock crearon una estética que marcaba una nueva masculinidad con patalones ajustados y pelo cardado, pero masculinidad al fin y al cabo que no se planteaba, en ningún caso, sus privilegios de hombre. Bandas como Bon Jovi, Whitesnake, Saxon, Iron Maiden, etc, marcaron ese camino. En este sentido tampoco se quedan atrás bandas españolas como Obús, Barón Rojo o Muro, por ejemplo.

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