Febrero, el puto febrero

A veces parece que los hechos suceden de modo que aprendamos una lección. Como si la realidad fuera un durísimo maestro de la vieja escuela que nos dice «Sí, sabes lo que tienes que hacer y te voy a dar de palos hasta que lo hagas».
En los últimos días, nadie que tenga un pie en los movimientos sociales ha podido evitar pensar en y hablar de la represión. Sí, el domingo 31 hubo un encuentro antirrepresivo estatal que nos dio fuerzas al confirmarnos que se tienden puentes y se entrelazan brazos, pero también han sido días en que el presente y el pasado, en este sentido, nos han abofeteado todo lo que han querido: cuatro días antes del encuentro, la redada contra Reconstrucción Comunista por su solidaridad con el pueblo kurdo; para empezar el mes, una operación policial contra Indar Gorri (no hace falta ser afín a ell@s para reconocer que es una de las hinchadas de fútbol que menos gustan al Régimen), con 18 detenid@s; el miércoles 3, el juicio contra las feministas de la procesión del Santo Coño Insumiso; el jueves, el décimo aniversario del repugnante caso del 4F que arruinó la juventud de Rodrigo Lanza, Álex Cisternas y Juan Pinto y la vida de Patricia Heras y la fijación de juicio para el 8-10 de marzo contra Mónica y Francisco, que tras más de dos años en preventiva por los mismos hechos de los que se acusa a l@s much@s detenid@s de las operaciones Pandora, Pandora 2 y Piñata, tienen en su contra peticiones fiscales de 44 años de cárcel para cada un@; el viernes 5, la vista para la posible salida de preventiva de Nahuel y el segundo aniversario de la muerte, dispersado a más de mil kilómetros de casa, de Arkaitz Bellon (joven abertzale que llevaba 13 años en la cárcel por acciones de la llamada kale borroka y que, pese a faltarle sólo tres meses para salir, estaba en primer grado en el Puerto de Santa María); ayer viernes, la detención de dos titiriteros por un guiñol satírico (¡!), llevados a la Audiencia Nacional por «apología del terrorismo» (¡¡!!); hoy sábado, el aniversario de las quince muertes en El Tarajal; el martes próximo se cumplirán también diez años de las detenciones de Rubén e Ignasi, que se enfrentaron a duras peticiones, acusados de atacar una sucursal del Banc de Sabadell y al organismo que gestiona la mano de obra semiesclava de las cárceles catalanas (CIRe o Centre d’Iniciatives per a la Reinserció)…
¿Nos enteramos? ¿Necesitamos más señales? La política que no hacemos nosotr@s la hace el Enemigo, me da igual quién sea libertari@, leninista, abertzale o vagamente rebelde si es de mi clase social y no vive de renegar de ella (como l@s agentes de policía o l@s concejales, alcaldesas y alcaldes «del cambio»). Lo mismo vale para es@s podemitas, ahoramadridistas y similares que aún no han abandonado los movimientos sociales, pero cuy@s dirigentes quieren ser grandes estadistas a base de intentar contentar a todo el mundo: ni esa brunete mediática a la que intentan aplacar ni l@s funcionari@s policiales les van a salvar cuando abandonen el Poder, ni lo harán si la descomposición social sigue llevándonos al caos, la violencia y, en definitiva, el liberalismo más acabado. Mojaos, mojémonos, comprometámonos, converjamos, confluyamos donde hay que confluir, donde hay poco que ganar en lo personal y mucho en lo colectivo: en la calle. Fortalezcámonos… o desaparezcamos arrollados bajo un tanque de civismo y sectarismo mientras suena Libertad sin ira y la masa desfila al paso alegre de la paz.

Huelga de alquileres

Antecedentes

Hace tiempo, durante un desahucio, entablamos contacto con los vecinos de un bloque de 16 viviendas que sobrevivian en condiciones lamentables en el barrio gran canario de La Isleta. La mayoría eran migrantes, sin ingresos regulares y en una situación legal delicada. Esto les convertía en víctimas perfectas para especuladores inmobiliarios. Vivían de alquiler, pero la mayoría sin contrato o con contratos que vamos a definir simplemente como irregulares. Las condiciones de insalubridad eran insoportables y el alquiler de 350€ no se correspondía con los 25 m² de cada vivienda. A las plagas de insectos y roedores se sumaba el mal estado general de las viviendas. Examinando el inmueble descubrimos ademas que el arrendador tenía pinchada la luz. Convocamos una asamblea y le propusimos a los vecinos que presionaran al propietario con denunciar sus chanchullos, hacer pública la situación del inmueble y que aprovecharan también la circunstancia de que la mayoría no podían pagar ya la renta (muchos debían varias mensualidades), o en breve se verían en esa situación, para inciar una huelga de alquileres hasta que se arreglaran sus condiciones habitacionales. Honestamente, muchos vecinos, por su situación, tuvieron miedo y la propuesta quedó en suspenso hasta esperar futuros acontecimientos. El contacto se había perdido, hasta hace poco…

El conflicto

Hace poco un vecino volvió a ponerse en contacto con nosotros. Nos informó de que el propietario quería traspasar el edificio entero a una inmobiliaria que había ido haciéndose con varías casas según los inquilinos se habían ido marchando superados por la situación. El hostigamiento era total, la higiene del inmueble (sospechan ellos que deliberadamente deteriorada) era ya un riesgo para la salubridad y los precios del alquiler cambiaban a voluntad del casero, siendo los arrendatarios cada vez más incapaces de hacer frente al pago. El propietario les comunicó que se fueran voluntariamente el 1 de enero o que los denunciaría por su situación irregular, y a los que no entraran en esa categoría, al carecer de contrato, simplemente los acusaría de ser okupas y los echarían con un desahucio por precario. Fue precisamente esta situación desesperada la que provocó que un vecino recordara nuestro antiguo ofrecimiento y se decidiera a llamarnos…

El desenlace

Convocamos varias reuniones y en la última se decidió por fin pasar a la acción. Aquellos que pudieran usar la vía legal denunciarían por su cuenta, pero la situación irregular de la mayoría les retraía de esta opción. El resto usaría una estrategia inequivocamente más directa: convocar a los medios de comunicación (preservando la identidad de los vecinos perseguidos simplemente por su lugar de nacimiento), boicoteo, escraches y principalmente una huelga de alquileres (negarse a pagar hasta que se aceptaran sus demandas). Esto se decidió pero no hizo falta llevarlo acabo… Informado el propietario de nuestras intenciones optó por ceder antes de verse envuelto en un conflicto mayor.

Finalmente ha aceptado establecer un acuerdo contractual formal, sufragar el saneamiento del edificio, rebajar los alquileres y renunciar a exigir los atrasos.

Conclusiones

Lo conseguido demuestra el pontencial que encierra la vía de la confrontación directa y nos ha permitido ejercitar la preparación de una herramienta revolucionaria que creemos no se da en el Estado español desde los años 30: la huelga de alquileres. Esta es una herramienta que no debe subestimarse. La posibilidad de un impago generalizado puede ser, como en este caso, suficiente por sí sola para lograr que se satisfagan nuestras demandas. En caso de que se produzca, entraña un conflicto de grandes proporciones pues supone el desalojo de cada una de las familias afectadas y esto supone, si hay un grado de implicación aceptable, la movilización de un barrio y de varios entornos familiares. Esto obliga a crear lazos de solidaridad y resistencia. Supone finalmente un conflicto directo con las instituciones políticas y económicas: de la policía y la judicatura a los bancos y las inmobiliarias.

Además hemos vuelto a corroborar la fuerza que tiene la presión y como es imposible alcanzar aunque sólo sean unos objetivos mínimos si no se planta batalla. No es la lucha social terreno para las palabras bonitas y las buenas intenciones. La necesidad de enseñar los colmillos marca el terreno.

Consideramos no obstante que es un éxito parcial. Nuestro objetivo no es conseguir una rebaja general de los alquileres ni hacer más tolerable una vida miserable bajo el abusivo sistema capitalista. Pretenderlo supondría conformarse con lo mínimo, estancarse en el status quo, intentar curar al Sistema cuando no hay más opción que enterrarlo. Pero además de todo eso supondría también, y esto es algo que no debemos ignorar, que nos estaríamos olvidando de los más pobres, de los que ni siquiera podrían pagar un alquiler rebajado. Nuestro objetivo pasa, por tanto, por la liquidación de los alquileres, la supresión unilateral de las deudas hipotecarias y la gestión de la vivienda por vía directamente popular. Mientras tanto seguiremos presionando, porque experiencias como esta nos demuestran que no podemos desdeñar el aforismo que acuñó Sun Tzu en El Arte de la Guerra: «la mejor victoria es aquella en la que se derrota al enemigo sin necesidad si quiera de combatir».

FAGC

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C’s o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración… que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria…

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, …), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio…, secciones sindicales… Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc… Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc… y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

En la espiral de la energía

Vol. 1 Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo)

Vol. 2 Colapso del capitalismo global y civilizatorio

Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes

Edita : Baladre y Libros en Acción

A la hora de abordar una obra tan vasta y ambiciosa, dos volúmenes que abarcan entre los dos unas novecientas páginas, sesenta de ellas sólo en bibliografía, descartamos desde el primer momento hacer algo así como un comentario exhaustivo de todo lo que en ella se trata. Incluso intentando ser muy esquemáticos, dicho comentario desbordaría la extensión de cualquier publicación periódica.

Nos conformaremos más bien con dar nuestra opinión sobre lo que vemos de mayor interés, sin obviar las críticas y objeciones que nos parezcan oportunas.

En cuanto a la forma, extensión y presentación general del libro, comenzaremos con un reproche que se refiere al título, En la espiral de la energía, y el subtítulo del primer volumen, Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo). Dado el contenido de esta primera parte, el subtítulo que acompaña puede dar lugar a confusión. La mayor parte de la obra está compuesta por apartados históricos y descriptivos de gran extensión donde la energía sólo adquiere un protagonismo discreto, llegando en ocasiones a borrarse. Y ese “pero no solo”, que parece un poco añadido in extremis, no hace sino recargar el título general, sin arreglar gran cosa.

Se podría decir que el primer volumen es más bien una historia general de los sistemas de poder. Dentro de la argumentación que se desarrolla a través de los diferentes apartados, la energía no se coloca en el centro sino que hay otros polos como la agricultura, la técnica, la expansión de los mercados, el nacimiento del Estado, el colonialismo, la demografía o el fenómeno urbano, que van formando la trama de una gran narración histórica. Y tampoco podemos decir que la energía sea el hilo delicado con el que se va tejiendo todas estas cuestiones. Estaríamos más bien ante una historia de la humanidad desde el punto de vista de la dominación social, tomando como base la ecología política y, por tanto, todo lo que concierne la cultura material (agricultura, agua, ciudades, deterioro ambiental, cambio tecnológico y, claro, energía). No negamos, claro, que los autores hayan concedido un papel muy importante a la energía, sólo que nos parece que ese papel no es principal, y a su lado desarrollan tantos aspectos, y a veces con tanto detalle, que necesariamente eclipsan el supuesto objeto central.

En el segundo volumen, el subtítulo se correspondería mejor con el contenido. Hay tres grandes apartados. El primero explica los entresijos de la crisis financiera, articulándola en ocasiones con la cuestión de la energía. El segundo apartado aborda de manera explícita la cuestión del agotamiento de los recursos energéticos y sus posibles recambios. Finalmente, el tercer apartado, de más de 150 páginas, constituye más bien un conjunto de ensayos que analizan temas muy variados, ya sugeridos en las partes finales del primero volumen: tecnología, colapso, agricultura, urbanismo, nuevas claves del capitalismo, factores ideológicos, nuevos conflictos, etc.

La segunda objeción que tendríamos que hacer al conjunto de la obra es que su enorme extensión, junto con el carácter de algunos de los apartados, nos hace pensar a veces en una suma de pequeños libros cuya articulación no parece siempre bien conseguida 1. Pensamos que hay muchos desarrollos que se podrían haber condensado. En ocasiones se dan explicaciones detalladas, por ejemplo de la teoría marxista del capital, que en el año 2015 nos parece que sobran. Así mismo los apartados 6 y 9, analizando cuestiones de actualidad tan semejantes, podrían hacer sido sintetizados en una sola sección, con lo que se habría aligerado la obra. En muchas ocasiones, leyendo el libro, se tiene la impresión de que los autores han querido abarcarlo y explicarlo todo y el lector pierde el camino a través de inacabables páginas de apretado texto. Un libro siempre es importante por lo que dice, pero también por lo que omite. Y la voluntad de esta obra parece la de no querer omitir nada, con lo que muchas veces se pierde la aportación verdaderamente personal y tenemos la molesta sensación de encontrarnos delante de un manual o de una obra divulgativa de gran formato.

En fin, todo esto por lo que respecta al aspecto formal. Excúsenos si pecamos de quisquillosos, pero la forma del libro no es en absoluto ajena a los contenidos. Hablemos de estos.

Como ya lo hemos señalado antes, el primer volumen podría ser considerado como un tratado de historia, antropología y ecología política que intenta ofrecer un cuadro de la formación de los sistemas de dominación social. Uno de los aciertos de la obra es justamente la radicalización del lenguaje con respecto a otros textos producidos por militantes o teóricos de la ecología en los últimos tiempo. Es verdad que las aportaciones de Ramón Fernández Durán, sobre todo en los últimos años de su vida, fueron cada vez más al encuentro de la ecología libertaria y de los movimientos anti-desarrollistas. En esta obra estas aportaciones parecen revisadas y matizadas por Luis González. Aparecen, con saludable insistencia, términos como “megamáquina” o “dominación”, lo que hace diez o quince años, dentro de un documento escrito por miembros de Ecologistas en Acción, no habría sido tan usual. En el prólogo podemos leer: “Otra relación determinante es la existente entre energía y dominación. Una cantidad y calidad mayor de la energía disponible ha permitido controlar a más personas y más territorios.” No habría estado de más que los autores lanzaran una mirada crítica retrospectiva sobre la manera en la que el movimiento ecologista fue marginando hasta hace pocos años este tipo de perspectivas que, sin embargo, estaban bien presentes en los años setenta, cuando la ecología, en muchos casos, estaba aún vinculada a una crítica radical de la sociedad.

Pero volvamos al contenido. Ante el formidable aparato histórico y antropológico del primer volumen, poco tenemos que decir. No podemos sino estar de acuerdo con el análisis político que asocia el despliegue del potencial energético a la nueva forma planetaria de la dominación social:

“La restricción en el acceso a la energía había sido una de las limitaciones fundamentales para la dominación de unos seres humanos sobre otros. Con el uso masivo de la energía fósil este límite se diluyó. La conversión de energía fósil en mecánica dio unos poderes sin precedentes a las organizaciones jerárquicas, coercitivas y centralizadas, que desbordaron el aparato estatal, que hasta entonces era el espacio principal donde se manifestaban, para reproducirse en la gran empresa capitalista, expandiendo su influencia por todo el cuerpo social.” (p. 253, primer volumen).

Dentro del último apartado, donde se habla de la “era trágica del petróleo”, se analizan todos los desastres y situaciones de conflicto que una economía basada en los combustibles fósiles ha provocado: explosión urbana y demográfica, luchas sociales, colonialismo, desigualdades, una ideología del consumo ahora alimentada por esa “tercera piel” digital y, sobre todo, una agricultura industrial, altamente destructiva, que se define de manera muy lúcida: “Así la agricultura dejó de ser una fuente energética para convertirse en un transformador energético para que los cuerpos humanos pudiesen metabolizar los combustibles fósiles.” (p. 426, primer volumen)

A veces, aparecen no obstante apuntes sobre cuestiones laterales que habrían necesitado de un desarrollo más consecuente para poder ser entendidas. Un caso claro es la cuestión relativa al patriarcado y la situación de la mujer. Por ejemplo:

“Ya vimos que, como consecuencia del inicio de la Revolución Industrial, se produjo una primera crisis de los cuidados. Para afrontarla, en esta época se terminó de implantar la visión de que los dos sexos eran naturalmente distintos y el femenino, inferior.” (p. 297, primer volumen)

No creemos que hiciera falta mucha implantación para que el común de la gente aceptara que entre los dos sexos, aunque sólo fuera a nivel morfológico, había algunas diferencias naturales bastante evidentes. Otra cosa puede ser la elaboración social de las funciones de hombres y mujeres. Ese es otro cantar. En cuanto a la supuesta inferioridad de la mujer, aún a riesgo de generalizar mucho, seguramente era un lugar común que venía de períodos anteriores, ya que el machismo no nacía, por desgracia, entonces.

Otro ejemplo:

“Y en la familia fueron las mujeres quienes se tuvieron que encargar de estas labores básicas, por lo que les impusieron socialmente dos valores básicos: amor y sacrificio.”

Sin embargo, todo esto es bastante inexacto. A partir de la Revolución Industrial, también muchas mujeres, y niñas, son incorporadas al sistema del trabajo asalariado, dentro de la mina o la fábrica, y con un sueldo inferior al de los hombres, cosa que los autores de este libro no ignoran. Por otro lado, si muchas mujeres tuvieron que aceptar un cierto tipo de sacrificio, también lo hicieron millones de desgraciados varones que sucumbieron física y moralmente durante la industrialización. Quizá podríamos afirmar que si el varón tuvo que sufrir la industrialización, la mujer, además de la industrialización, tuvo que soportar a su hombre industrializado. ¿Podríamos aceptar entonces que el sacrificio de la mujer fue doble? Tal vez, pero para entender esta cuestión crucial no podemos despacharla en cuatro párrafos 2.

Ocurre algo parecido con el asunto del “individualismo”, cuestión que es recurrente en la obra. Se establece una relación, a nuestro juicio simplificadora, entre el nacimiento progresivo de la persona individual en la edad moderna, en detrimento de una personalidad relacional, lo que daría lugar al individualismo y a la atomización social, pilares ambos del sistema capitalista. Sin embargo, en la evolución histórica de las sociedades, la tensión entre grupo e individuos es siempre contradictoria y paradójica. Para que haya verdadera relación tiene que haber individuos diferenciados. En cualquier caso, el concepto de persona individual, o de individuo, no se opone necesariamente al de cooperación, mientras que el individualismo no tiene por qué ser siempre sinónimo de “egoísmo”. Habría que ver más bien como todas estas nuevas “partículas elementales” humanas de la edad contemporánea se integran hoy en una amorfa sociedad de masas, donde queda poco de persona individual o de cooperación.

Estos dos problemas, el de la situación de la mujer y el individualismo, convergen en el apartado “Crisis de los cuidados”, contenido en el segundo volumen, en una interesante reflexión:

“Así, un porcentaje creciente de mujeres han desarrollado una identidad individual, como la de los hombres, en la que desvalorizan las necesidades emocionales. El trabajo doméstico ha ido pasando a verse como una atadura del pasado de la que hay que huir. Pero la situación de las mujeres, en general, es distinta a la de los hombres pues, junto al aumento de su conciencia individual, son responsables de las labores colectivas de reproducción social, lo que les obliga a enlazar la identidad individual con la colectiva en una identidad relacional-individual.” (p.165)

Los autores vuelven sobre este problema en el apartado 9.10, en concreto entre las páginas 300 y 312, que nos parecen de lo más valioso del segundo volumen ya que abundan sobre la cuestión del individuo y la relación, ofreciendo pistas en cuanto a valores y emociones que deben extenderse si queremos emprender un cambio social en un sentido emancipador. La revalorización de la empatía y la compasión, en su sentido literal, sentimientos atribuidos tradicionalmente a la mujer, podría revelar una dimensión política plena de promesas.

En cuanto a la cuestión de la energía y el colapso, en el segundo volumen estas cuestiones se abordan abiertamente. En el segundo apartado se empieza dando algunas nociones básicas sobre el fenómeno del famoso “peak oil”. En la página 87 podemos leer:

“Sin embargo, es importante entender que el “pico de extracción” es un concepto que solo se basa en las características geológicas del recurso, obviando otros factores fundamentales, como los políticos (ayudas públicas, inestabilidad), económicos (inversiones), sociales (resistencias a la explotación), ambientales (falta de recursos necesarios para la extracción) o tecnológicos (mejoras en la maquinaria). Todos ellos condicionan cuando será el cenit y, sobre todo, cómo será el descenso de la extracción una vez se sobrepase.”

Todo ello es exacto, pero los autores deberían precisar si estas consideraciones justifican o no seguir utilizando, en general, el concepto de cenit o “pico de extracción”. En efecto, es ésta una noción poco nítida que tal vez se pueda utilizar con sentido a la escala de una región productora o incluso de una nación pero, ¿y a la escala del planeta? Se sabe, por ejemplo, que los Estados Unidos, ya desde finales de los años cuarenta, fueron progresivamente “descuidando” la prospección en sus propios territorios en el momento en que comprobaron que el petróleo que venía de Oriente Medio podía ser más barato, siempre por causas políticas (a parte de que materialmente, tuviera un costo de extracción muy bajo). Esto condicionó necesariamente la evolución de su industria. Las limitaciones geológicas son pues evidentes pero la manera en que estas se imponen a la ambición de los imperios deja lugar a muchas incógnitas. Lo que interesa entonces no es tanto saber si estamos antes o después de ese hipotético cenit mundial, sino cómo los Estados industriales van reaccionando al encarecimiento de la extracción de los combustibles fósiles según las estrategias políticas y de mercado. El caso del petróleo de esquisto es significativo ya que a finales de los años noventa, muy pocos analistas críticos habrían anticipado que los gobiernos de las naciones desarrolladas llegarían a interesarse por métodos de extracción tan costosos a todos los niveles. No sugerimos que la extracción de petróleos no convencionales pueda contrarrestar sustancialmente el imparable descenso de la producción, pero hay que poner el énfasis no en la fragilidad del sistema, que evidentemente no negamos, sino más bien en la obstinación de la sociedad capitalista a la hora utilizar todos los medios para seguir asegurando su dominación.

Hace una década la posición de base de las organizaciones ecologistas con respecto a estas cuestiones era, resumiendo bastante, la siguiente: el cenit petrolero es ya un hecho y hay que prepararse para el descenso; la energía nuclear es una energía en declive, por su carestía y sus problemas técnicos, y no tardará en declinar; existen no obstante energías alternativas, como la eólica y la solar, que pueden poco a poco substituir a las convencionales e incluso llegar al famoso 100% renovables. Dado el estado de deterioro ambiental y el avance del cambio climático, junto con la inminencia de las burbujas financieras, la única vía posible que se abre para los Estados es emprender una transición energética que nos lleve a una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa con el medio ambiente.

Insistimos, hemos sintetizado la cuestión pero, en esencia, las posiciones eran estas. ¿Qué ha ocurrido en estos diez últimos años? El descenso de la capacidad general para extraer petróleo barato sigue presente pero esto no ha impedido que la industria y los Estados continúen, desesperadamente, buscando nuevas formas de extracción. El proceso es más lento y penoso de lo que muchos habían pensado. En cuanto a la energía nuclear, incluso con el desastre de Fukushima, hoy por hoy parece que se mantendrá durante mucho tiempo. Es verdad que, grosso modo, sus perspectivas de crecimiento en el mundo actual se volatilizan. Muchos siguen insistiendo en que el aporte de energía de las centrales nucleares, en términos globales, es mínimo. En la obra que nos ocupa se nos recuerda: “A nivel mundial la aportación nuclear a la generación de electricidad ronda el 15%, pero su contribución a la energía primaria mundial es mucho menor, del orden del 2%.” De acuerdo, pero lo importante es que la mayor parte de la producción de energía nuclear se concentra en algunos de los países más poderosos del mundo y no es inocente que hoy China, que poco a poco se coloca al lado de estos países, haya optado también por desarrollar este tipo de energía. En términos cuantitativos puede que la energía nuclear esté en declive pero en lo que respecta a las estrategias industriales y militares de los poderosos, es una opción que está muy presente. En cuanto a las llamadas energías renovables, que organizaciones como Ecologistas en Acción apoyaban hace una década, no se tuvo en cuenta, o no lo suficiente, que aquellas no podían escapar, dadas las condiciones en que se implantaban, a una lógica de desarrollo industrial y empresarial, como ha sido el caso. Ya cuando Fernández Durán sacó su libro sobre el declive del petróleo, año 2008, había justamente en sus páginas un oportuno rechazo a las panaceas tecnológicas renovables.

En cuanto a las energías renovables, en esta parte no se dedican apartados específicos a su análisis. Pero se ofrecen algunas pistas. Se insiste, de todas formas, en que su desarrollo está ligado a la evolución del petróleo y a la extracción de minerales cuyas reservas están también comprometidas en el futuro. En ocasiones, se habla de “renovables centralizadas”, lo que nos parece acertado, ya que de todas formas, salvo muy contadas excepciones, es la forma que adquieren hoy este tipo de energías. Otros aspectos que nos parecen interesantes en el segundo volumen es la crítica del mito tecnocientífico, de la desmaterialización, de la sociedad de Internet y del “capitalismo verde”. Como se dice en la página 174: “La “vía verde” consistiría en intentar hacer una transición energética sin poner en cuestión la lógica del actual capitalismo global, es decir, sin parar su necesidad intrínseca de crecimiento y acumulación constante.” Cierto. Y más adelante: “La economía verde sigue siendo una apuesta especulativa y gran parte del negocio consiste en decir que habrá grandes beneficios y, con ello, conseguir la inversión pública y privada, siempre con la garantía última del Estado.” También muy cierto.

¿Cual sería el resultado de todo ello? Una de las partes más discutibles del segundo volumen sería precisamente su inmersión en la naturaleza de un hipotético colapso donde se adelantan escenarios más o menos desastrosos para el siglo XXI. Sobre esta cuestión poco podemos decir ya que en el intento de anticipación, fuera del campo de la ficción, o nos atenemos a generalidades que aportan poco, o intentamos escrutar con detalle un futuro que siempre es el terreno de la incertidumbre. Los autores descartan el escenario de un colapso ordenado, o “decrecimiento justo” e indican que la probabilidad mayor se inclina por un colapso caótico (decrecimiento injusto): “Como ha ocurrido en otros momentos históricos de quiebra de distintas organizaciones sociales, habrá fuertes crisis económicas y cortes en los mercados; rebeliones y caídas de regímenes; reducción de la estratificación social y simplificación de las formas de vida; desurbanización; aumento de las migraciones; y disminución de la población. Aunque, dentro de este gran marco caben muchos grises, que serán resultado de las articulaciones sociales que se pongan en marcha.” (p. 198)

A continuación, en las “Etapas del colapso” los autores glosan algunas de las posibles perspectivas a contemplar en el futuro. Valgan como posibles líneas de orientación, teniendo en cuenta que su contenido poco tiene de novedoso con respecto a lo que se viene escribiendo sobre estas cuestiones.

Evidentemente, si aceptamos un declive más o menos rápido de la civilización industrial tenemos que estar de acuerdo en que asistiremos a un desmoronamiento de la complejidad de la sociedad. Uno de los apartados más interesantes es el titulado “Menos energía y en formatos más descentralizados dificultarán la dominación”. En realidad, sobre este punto no hay tampoco mucha certidumbre. Se nos dice: “Además, en la medida que el ser humano vuelva a ser un vector energético importante socialmente, su poder se incrementará. A la vez que “sobrará” población por la falta de alimentos, “faltará” para sostener una producción más intensiva en mano de obra. Será lo contrario de lo que ocurrió con el proceso de mecanización. Todo esto conllevará una gestión de la dominación más difícil, como sucedía en las sociedades dominadoras agrarias.” (p. 208) Pero también podemos explicarlo afirmando simplemente que se volverá a una gestión de la dominación más rudimentaria y brutal. La descomposición de esta sociedad como la conocemos puede conllevar la disgregación de sus redes de energía, transporte y producción, pero como ignoramos la verdadera naturaleza de esa futura disgregación poco podemos decir de cómo afectará al mantenimiento de las estructuras de poder y jerarquía. Se abre delante de nosotros un inmenso interrogante. Un poco más abajo, los mismos autores llegan a admitirlo cuando afirman: “El tipo de organización social es una opción política humana, no una imposición ambiental.” En cualquier caso, podemos estar de acuerdo cuando hablan de un desplazamiento del conflicto y una vuelta a la “centralidad de la tierra” 3.

En cuanto a las conclusiones políticas finales, sólo podemos dedicarles algunas líneas. Ramón Fernández Durán falleció justo en el momento en que se iniciaba el movimiento del 15 de mayo que sembró de esperanzas y de tiendas de campaña no pocas plazas urbanas del territorio español. Por lo que cuenta el autor del prólogo, suponemos que íntegramente escrito por Luis González, el libro se terminó de redactar y componer en los tres años posteriores. Esos tres años han sido de una notable agitación política en el país y la obra en su conjunto se hace eco de esa efervescencia 4. De alguna manera, la crisis económica y las respuestas espontáneas de un sector de la juventud dieron en buena parte razón a la línea de reflexión que Fernández Durán llevó a cabo especialmente en sus últimos años de vida, en la medida en que esta reflexión exigía una ecología radical, desengañada de los dogmas del progreso 5y de las actitudes dialogantes con el poder. Y el trabajo de continuación de Luis González, aunque por nuestra posición de simples lectores es difícil de evaluar y valorar, parece ser fiel a ese legado. El movimiento del 15 de mayo ha defraudado, sin embargo, estas exigencias. En las partes finales del libro se insiste sobre una revuelta institucional, profunda, que acentúe la dispersión del poder, la adecuación de medios y fines, la profundización de la democracia asamblearia, la revalorización de lo femenino, etc. Por supuesto, la cuestión ecológica como cuestión de primer orden 6.

En ese sentido, creemos que los dos volúmenes recogen lo más prometedor no sólo de la última obra de Ramón, que suponemos ampliado y profundizado por Luis González, sino que al mismo tiempo muestran una posible vía para un ecologismo que estaba estancado en el laberinto institucional, en el diálogo estéril con el poder, en la ecotecnocracia. ¿Servirá este libro para despertar las conciencias del ecologismo reducido a cogestión del desastre? ¿Representa de todas formas la opinión generalizada de la organización que respalda la edición?

Esperamos que, desde esta consideración, el libro no sólo remueva las conciencias y la opinión pública en general, sino que promueva un necesario debate en el seno de las mismas organizaciones ecologistas. De ser así, ya habrá servido para mucho.

José Ardillo

1En el prólogo ya se nos previene del carácter independiente de los textos, pero esto no nos parece precisamente una virtud ya que en este caso se pierde la integridad del conjunto.

2A diferencia de otras nociones, explicadas en el libro in extenso de manera prescindible, aquí los autores deberían haber desarrollado más la argumentación.

3« Pero lo determinante será el control de la tierra. En la medida que los recursos energéticos y materiales se vayan volviendo cada vez más escasos, volverá la relación directa entre poder y tierra que observamos durante toda la etapa agraria de la humanidad. » p. 209

4Decimos tres años porque es justo en 2014 que surge Podemos y otras plataformas que intentan recuperar lo poco de sano e interesante que podía haber en el movimiento del 15 de mayo.

5Así se afirma lúcidamente en el segundo volumen : « Las sociedades que tenían fe en el progreso han sido más fácilmente gobernables. » (p.299)

6 Es una pena, no obstante, que en el libro, dentro del apartado de las luchas anti-desarrollistas, no se haga mención significativa a algunos ejemplos del estado español (la lucha contra el TAV en País Vasco o la acción directa contra la agricultura transgénica).

El lastre de la coherencia

«El único anarquista coherente es el anarquista muerto»

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con apelaciones a la coherencia como justificación a casi todo? A falta de argumentos, qué mejor que apelar a la coherencia como último recurso para negar la realidad y así utilizarla como arma arrojadiza para descalificar y para quitar carnets de anarquista, porque resulta que para ciertas personas, la realidad es la que se tiene que adaptar a los sacrosantos principios y ser coherentes con ellos, cuando en la práctica sucede todo lo contrario y eso lo dijo un compañero, que cuando la realidad choca con los principios, son los principios los que se rompen. El exigir coherencia acaba llegando al absurdo de las cosas, lo que finalmente terminaríamos en la cita que abre este artículo. ¿Y por qué es un lastre? Veamos algunos ejemplos.

Todas conoceréis Rojava y el movimiento de liberación kurdo, y a muchas os fascinarán las guerrillas con sus fusiles y aplaudiréis las victorias sobre el Estado Islámico. Ahora bien, resulta que si queremos aplicarles el cuento de la coherencia, nos daríamos con que las armas entran de contrabando a través de Iraq, que llevan un programa ecologista pero utilizan gasoil, se desplazan en vehículos motorizados, y que tienen pozos petrolíferos o que se alían con toda fuerza armada que comparta objetivos tácticos como las FSA, que ideológicamente no tienen nada que ver con el confederalismo democrático. ¿Qué pasaría? Si les queremos aplicar ese cuento, tendrían que luchar con piedras y palos, y como mucho, con arcos y flechas. Madre mía, tendrían que ser semidioses para poder vencer al ISIS con ese armamento desfasado… Luego, el petróleo. Resulta que en Rojava no hay mucho bosque, ni tampoco tienen minas de sicilio para hacer paneles solares ni pueden importar aerogeneradores porque sufren un embargo por todos los lados. Además, les sale muy barato el gasoil, pero claro, igual para ser coherentes tendrían que llevar ametralladoras montadas en triciclos o carros tirados por caballos. Dentro de la guerrilla ni os cuento: hay rangos y disciplina, cosa que a muchas anarquistas les chirriarían. Eso sí, es muy diferente a la de los ejércitos convencionales puesto que existe un gran compañerismo y tienen momentos para hacer terapias de grupo. ¡Ay!, luego las alianzas, ¡menudo marrón! Lo suyo sería que combatieran solas y sin apoyos de nadie, veremos así cuánto aguantan (nota importante: no son vascos).

Sin ir tan lejos, dos cosas que me hacen gracia son que se alardee mucho de la acción directa en los conflictos laborales y el anarcosindicalismo que predica esa vía, cuando prácticamente todos los conflictos laborales tienen que pasar por la vía legal, empezando por poner una denuncia en Inspección de Trabajo, porque con solo piquetes es casi imposible ganar un conflicto, a no ser que el sindicato tenga tanta fuerza que imponga a la dirección de la empresa las demandas de su plantilla, pero no, se tiene que negociar y en las mesas presentar tablas reivindicativas, pedir que cumplan convenios, etc. Luego de allí salen las críticas a los y las abogadas y toda esa parafernalia pseudorrevolucionaria del legalismo. Porque vaya, si no fueran por esas abogadas, una buena parte de trabajadoras estarían en la calle, así como que en el tema antirrepresivo caerían muchas más activistas encarceladas o ahogadas a multas. Sí, muy legalista todo e incoherente, pero pasa que en la realidad nuestra legitimidad apenas tiene fuerza para imponerse a su legalidad, y hay que saber jugar con las cartas que te dan. Hablando de legalismo, me suena ridículo que las acciones ilegales sean vistas como más radicales, como robar en supermercados, atracar bancos, defraudar a Hacienda, plantar maría, trapichear con drogas, matar personas, maltratar animales y hacer todas esas cosas que subviertan la ley es ¿radical? y por tanto, ¿un anarquista tiene que hacer acciones ilegales para serlo de verdad? ¿Qué tiene de revolucionario eso si nada más sirve para que te cojan y te pudras en la cárcel sin alterar realmente un ápice del statu quo?

La asambleitis es otro vicio más que se lleva en el mundillo anarquista, pues hay veces que se confunden las asambleas con reuniones, tertulias y debates, y entonces hacen de un órgano para la toma de decisiones algo completamente inoperante donde las horas pasan a ser completamente improductivas para debatir nimiedades, terminando al final con todas cansadas de estar sentadas para hablar del sexo de los ángeles en vez de sacar adelante decisiones importantes. ¿Todo se tiene que pasar por la asamblea por que si no, no es anarquista? Pues no. Si hay cosas importantes, se tendrán que implementar. Cuestión de agilidad. Y por supuesto, si para algo se hace la asamblea es para tomar decisiones de manera horizontal, y no para perderse en debates estériles.

Otro ejemplo que puede tocar la moral es el antiespecismo, que si bien sus planteamientos éticos son acordes al anarquismo, hay veces que se llega hasta el absurdo, como el caso de los conflictos de ganaderos y pescadores locales en Galicia, pretendiendo que dejasen su «oficio» y se mueran en la miseria. Pero vaya, resultaría entonces que la carne, la leche y el pescado vendrían importados de otros países, o llegarían multinacionaes a construir macrocomplejos industriales ganaderos y pesqueros que agravarían mucho más la situación, poniendo a los ganaderos y pescadores locales a trabajar como esclavos en esas nuevas industrias. ¿Se acabaría la explotación animal? No, se desplazaría. Hace tiempo, en el encuentro internacional de anarquistas en Saint Imier en 2012, hubo un grupo de gente vegana que bloquearon las barbacoas y las comidas carnacas que montaron otras personas causando casi enfrentamientos. ¿Eso ayudaba a que el veganismo sea bien visto? ¿Activismo por los animales? Y no digamos la penosa movida que hubo por las redes cuando la FAGC puso una foto de una cabrita y un huertito y lo llamó «granjita»: que si están explotando a los animales ahí metidos, que si tienen que revisarse los privilegios por comer carne… Si desde el antiespecismo se hace este tipo de pantomimas es normal que la gente se burle y le tenga ascos al veganismo, porque se aleja de la realidad en vez de insertarse en movimientos afines como los movimientos ecologistas, territoriales, por la soberanía alimentaria de los pueblos y que se preocupen por los lobos, los buitres y los linces, que son fauna autóctona que está siendo amenazada en este país.

El tema de las drogas siempre está a la orden del día por estos lares, sobre todo salta esta cuestión cuando se hacen fiestas para conseguir algo de financiación. Obviamente no hablo de pasar coca y drogas duras, sino de alcohol como cervezas. Han habido experiencias de que en las fiestas sin alcohol, la gente se la traía de fuera o directamente no vendían, o al terminar las fiestas, la gente termina yendo a otros sitios de birreo, así que mucho efecto no tendrán. Hay una consigna que se repite mucho en cuanto a estos temas es que el consumo de cualquier tipo de droga desactiva la lucha. En parte es cierto y en parte no. Es cierto a nivel estructural, y el más conocido fue la guerra del opio, el cual acabó con la resistencia china ante el imperialismo británico. Para casos más recientes, podemos hablar de la introducción de drogas como la heroína, la coca o similares en barrios obreros conflictivos, que por un lado, destruye el tejido social y por otro, sirve de justificación para aumentar el control social en el barrio. Pero no es realmente cierto a nivel individual, salvo excepciones. Muchas activistas militantes fuman y/o beben, pero no por ello son menos luchadoras que quienes no lo hacen, es más, hay quienes son abstemias y no pegan un palo al agua, y hay quienes están en casi todas las movidas y tienen cierta formación política y militante pero beben y/o fuman. Desde luego, sería mucho más productivo fomentar las excursiones a la naturaleza, el deporte y otras formas de vida sana como alternativas al consumo de drogas, que increpar al entorno cercano por beberse una cerveza.

Hablando de la FAGC, si nos pasáramos por la Comunidad La Esperanza, un edificio okupado en el cual viven unas 200 personas, las abanderadas de la coherencia se tiraría de los pelos y se darían cabezazos contra la pared viendo que son lo que habitualmente consideramos «desclasadas», que en su mayoría son personas que no saben quién es Malatesta, Kropotkin o cualquier otro anarquista destacado, ni qué es el anarquismo, el veganismo y el transfeminismo, ni escucharán rap social ni punk ni música alternativa. Posiblemente reproducirán actitudes machistas y racistas, pero eso sí, a pesar de esas múltiples imperfecciones que contradicen al modelo de anarquista perfecto, saben qué significa la solidaridad, la autogestión, la autoorganización, el apoyo mutuo e incluso me atrevería a añadir la pedagogía para trabajarse esas actitudes tóxicas, cosa que lo han vivido en primera persona, pero que quienes tienen el privilegio de ser mantenidas por sus padres no saben lo que es criticar desde una posición en que se tiene tres platos de comida al día y techo hacia personas que acaban de salir de la miseria gracias al trabajo que hace la FAGC. Críticas que son vertidas desde una «libertad» pequeñoburguesa y privilegiada que no tiene nada de socialismo como dijo Bakunin.

La conclusión para quienes quieran aplicar a rajatabla la coherencia anarquista es que no tratéis de hacer cosas útiles como la inserción social, la formación de cuadros para generar discurso y el trabajo de base tratando de dar respuestas en lo inmediato y arrancar pequeñas victorias en los movimientos populares porque sino, seréis incoherentes que se sancionarán con retirada definitiva del carnet de anarquista. Lo suyo sería hacer asambleas interminables, ser 100% abstemia, vegana, no trabajar y qué se yo, el modelo perfecto de anarquista y no un desclasado contento de ser un esclavo asalariado. Mejor predicar en el desierto tratando de que el contexto se adapte a tu discurso en vez de generar discurso a partir de la coyuntura que tenemos delante.

No obstante, la conclusión real que saco de este tema es que la coherencia realmente es un verdadero lastre en un mundo lleno de contradicciones, y sobre todo es una losa que pesa a la hora de la praxis. Estos problemas hacen del anarquismo una ridiculez utópica sin propuestas reales para la transformación social basada en una suerte de práctica religiosa y espiritual por la pureza y la perfección, cuya causa principal es porque se toma el anarquismo como un estilo de vida —ese anarquismo que hace que cada cual quiera vivir del anarquismo y llega hasta el extremo del cada anarquista es un mundo, que no es más que la asimilación de los valores individualistas del neoliberalismo— en vez de una tendencia política transformadora, que es como nació y por lo que pretendemos recuperar esta línea: el de la de transformación social que persiga el socialismo libertario como fin y utilce los medios más acertados en cada coyuntura para lograrlo, como es el de tener un proyecto de mayorías que va unido a una estrategia de poder popular basada en la inserción social.

Estrategias para afrontar la represión

La escalada represiva en estos últimos tiempos ha venido a raíz del aumento de la protesta social ante la crisis, y por ello, el Estado se encuentra en la necesidad de blindarse ante una posible escalada de conflictos sociales que desestabilicen los cimientos del sistema. Con ETA disuelta (fuera del escenario político actual), el Estado esta tratando de fabricar nuevos enemigos, y en este caso, ha tocado a las anarquistas, aunque no solamente. Colectivos antifascistas y la izquierda extraparlamentaria también se están viendo afectados por la represión, incluidas las plataformas ciudadanas. Casos como el de Alfon, el de Carlos y Carmen y otras detenciones a raíz de las últimas huelgas generales, las operaciones Pandora y Piñata, Aturem el Parlament, el Caso Expert en el cual piden años de cárcel a quienes defendieron su puesto de trabajo, represaliadas en la huelga indefinida de técnicos y técnicas de Movistar… son conocidos en nuestros ambientes. Ahora nos preguntamos, ¿qué es la represión y cuál es su objetivo? ¿en qué medida nos afecta y qué consecuencias nos produce? ¿estamos respondiendo adecuadamente a toda esta oleada represiva? Son cuestiones que iremos respondiendo a continuación para que podamos enfrentar la represión más eficazmente.

¿Qué es?

La represión es la manifestación del monopolio de la violencia del Estado, la cual, es utilizada para establecer el actual orden capitalista evitando el surgimiento de nuevas formas de organización política y social que amenacen su paz social. Hay que entender que la represión no es una deriva autoritaria de los Estados ni por su corrupción, sino que es inherente al capitalismo para que este sistema económico pueda mantenerse. La represión se materializa en varios niveles:

– En el más ‘directo’ encontramos a los cuerpos policiales y las fuerzas armadas, pues éstas actúan como fuerzas de choque que neutralizan las nuestras a través de la violencia tanto fisica como psicologica.

– En el nivel intermedio encontramos al poder judicial y el Código Penal. A través del entramado judicial y legal, nos llevan aquí al terreno del Estado, donde nos obligan a jugar sus cartas y donde nos podemos jugar la prisión o multas.

– Y finalmente, el tercer nivel es el castigo: las multas, la prisión y el sistema penitenciario. Las multas son castigos economicos, para dejarnos sin recursos, mientras que la cárcel, a parte de privarnos de libertad, sirve para destruirnos fisica y moralmente apartándonos de nuestros seres queridos y la socialización con el resto de la sociedad.

El objetivo principal de la represión es obstaculizar y neutralizar nuestra capacidad de lucha así como impedir que crezcan alternativas políticas que rompan con la explotación capitalista y aspiren a una sociedad más justa. Para ello, las estrategias represivas van encaminadas a, por un lado, aislarnos de la sociedad y evitar que nuestras actividades ganen apoyos populares, y por otro, generar miedo entre la población, evitando así que la gente comience a cuestionar las continuas medidas antisociales (recortes en general, privatizaciones, precarización laboral, pérdida de derechos sociales…) que nos imponen. La recientemente aprobada ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza, es un intento del poder político de avanzar en este camino, es decir, establecer un marco legal sobre la represión y preventivo en su aplicación. La finalidad es violentar directamente la organización colectiva, la protesta social y las acciones cuyo objetivo sea construir alternativas a su sistema. Con el tiempo se pretende que, no solamente desde el activismo anarquista se tenga temor, sino que en general como sociedad asumamos y acatemos una serie de normas que van en la línea de reforzar su control dictatorial, a costa de normalizar la represión y amenazar preventivamente con severos castigos y venganzas ejemplarizantes ante la lucha social.

No debemos olvidar que, como herramienta inherente al capitalismo, la represión ha estado presente en toda la contemporaneidad histórica, por situar un periodo concreto que desemboca en la actualidad. A distintos niveles y con una gradualidad muy variada, las prácticas represivas por parte de la clase dominante hacia las disidencias políticas y sociales, se han venido dando de manera interrelacionada en el mismo espacio temporal y en lugares geográficos distintos. Podemos hablar de periodos temporales de distintos grados de represión en todos los países del mundo, ejercida esta represión siempre en escalada creciente cuanto mayor es la organización y resistencia ofrecida por la clase trabajadora.

Los montajes policiales, como un recurso de la perfecta maquinaria del Estado, como herramienta para la represión con el fin del mantenimiento del statu quo, deben ser asumidos como lo que son: una aberrante manipulación judicial y mediática que tratan de poner al conjunto de la sociedad en contra de los movimientos sociales comprometidos con la lucha. Estos montajes no son casuales sino sistemáticos, donde las irregularidades en los procesos judiciales, la manipulación de las pruebas, los testimonios sesgados, las declaraciones embusteras de la policía, etc, están a la orden del día. Actualmente, la represión nos está salpicando de dos maneras fundamentales: Primeramente, en manifestaciones en las que expresamos nuestras sensaciones de hartazgo y rabia, acabando arrolladas por la apisonadora policial. Segundo, organizando la solidaridad, y la lucha por la búsqueda de alternativas sociales, nos vemos atacadas antes incluso de llegar a crear una organziación potente o una red de coordinación, porque se infiltran en nuestras filas y consiguen reprimirnos antes de hacernos fuertes y difundir nuestras propuestas, criminalizando pensar o tener determinada ideología.

¿En qué medida la represión nos afecta?

Aunque la represión parezca que caiga con mayor peso sobre las anarquistas, la realidad ha demostrado que no. La represión cae sobre todos aquellos colectivos, personas u organizaciones que tengan el potencial de romper con su paz social, y por tanto, afecta a todo el movimiento popular: desde las activistas de la PAH y otros movimientos sociales, pasando por militantes de diferentes tendencias de izquierdas (comunistas, antifascistas, anarquistas, republicanas socialistas…), hasta huelguistas de cualquier sindicato mínimamente combativo o sin sindicar pero no agachan la cabeza. Entonces, ¿por qué los montajes policiales llamados Operación Pandora y Piñata han ido dirigidos expresamente contra anarquistas? La razones son sencillas: primero, a causa del cese de la actividad armada de ETA y su desaparición de la escena política, necesitan fabricar nuevos enemigos para infundir miedo entre la población. Y segundo, porque saben que el anarquismo no tiene una base social como otros movimientos sociales y que la estética insurreccionalista del anarquismo es fácilmente criminalizable, y por tanto, más facilidad para aislarnos política y socialmente del resto de la sociedad empujándonos hacia el bandidismo.

La represión es el principal factor de riesgo en la militancia política y social que puede caer sobre cualquier militante. Los daños producidos por la represión se traducen en un enorme desgaste en todos los niveles. Así pues, como activistas, somos conscientes del desgaste tan acuciante que supone la represión. En primer lugar, el daño físico: contusiones, lesiones y dolor al vernos expuestos a las agresiones policiales, además bastantes personas sufren consecuencias físicas graves y con secuelas para toda su vida (pérdida de órganos por pelotazos de la policía, marcas y disfunciones debido a torturas etc.) En segundo lugar, el desgaste psicológico: tanto para nosotras, como para las familias de represaliadas, puede ser muy grande la desestabilización emocional, las secuelas psicológicas, traumas, la inoculación del miedo, sensaciones de vulnerabilidad, impotencia, paranoia y debilidad, o sentirnos estigmatizadas socialmente. Pero la represión no solo afecta a nuestra integridad, también repercute en nuestra economía como es el caso de las multas y la necesidad de dinero para gastos judiciales tanto propios como para otras represaliadas además de para poder realizar campañas de visibilización, grupos y colectivos de apoyo y solidaridad con los y las presas… A nivel colectivo, la represión nos produce otro desgaste que tiene que ver con la carga de trabajo extra pero necesario al invertir esfuerzos en apoyar a nuestras compañeras, pues abandonar a las represaliadas supondría levantar la bandera blanca. En esta línea, se quiere decir que sin descuidar las principales vertientes en nuestro activismo, es cierto que mientras estamos trasladando bastantes de nuestros esfuerzos a la labor antirrepresiva, el trabajo constructivo de base en el que estamos inmersos los movimientos sociales existentes, se ve mermado en gran parte a costa de este esfuerzo de reacción frente a los golpes represivos que sufrimos.

No obstante, la represión no solo recae sobre los movimientos sociales, también afecta a los sectores más empobrecidos de la sociedad más preocupadas por buscarse la vida que por su estabilidad, a menudo mejor integradas en sus espacios (familia, pandilla, barrio) que en las conveniencias sociales y legales, tienden más a cometer lo que se suelen llamar «delitos comunes», como por ejemplo, delitos contra la propiedad, trapicheo con drogas… Este aspecto invisibilizado pero real, es otro castigo más a la pobreza. Esta clase de represión invisibilizada y aceptada socialmente, tiene su raíz en habernos robado la capacidad de análisis de las arduas situaciones sociales a las que el sistema capitalista nos expone en nuestra vida cotidiana, y que en concreto, empuja a las capas más azotadas por la pobreza de la clase trabajadora a cometer actos que provocan rechazo social. Hemos aceptado simplonamente el código moral dominante y sus normas sociales, de esta manera moralmente condenamos la usurpación, el hurto, la delincuencia común y juzgamos a las «malhechores» como si de defender a ultranza el bien social se tratara. Con ello, olvidamos que deberíamos analizar y establecer críticas sobre cuál es el origen de estos hechos, por qué somos los y las pobres quienes para sobrevivir nos vemos arrastradas en muchas ocasiones a estas prácticas. La delincuencia es el reflejo de que algo va muy mal en una sociedad, y que la desigualdad social y económica es la causa principal de la misma.

Ante todo esto, ¿cómo estamos reaccionando?

Cuando se parten de análisis erróneos, se llegan a conclusiones erróneas. Tal es el caso que los análisis hechos desde el anarquismo hasta hoy apuntaban solamente a que la represión era más fuerte contra las anarquistas porque somos la única tendencia que pone en peligro al sistema, y puesto que estamos contra el Estado, era normal que nos persiguieran con más saña que contra el resto de tendencias políticas. De ésto han salido incluso ideas románticas acerca de la persecución del Estado contra las anarquistas, presentándonos como una suerte de inocentes justicieras que luchan por una sociedad libre. ¡Craso error si tenemos en cuenta los puntos anteriormente expuestos aquí!

De este manera, en cuanto al modo de enfrentar esta represión, se ha enfocado mucho en un pulso de tú a tú, es decir, del «anarquistas vs Estado», lo que ha llevado a un enfrentamiento de tipo guerra de guerrillas dentro de un contexto marcado por una desigualdad descomunal de fuerzas, en el cual, los únicos actores de la contienda son la maquinaria represiva del Estado (policía, sistema judicial y penitenciario) contra anarquistas, que operan en pequeños grupos de afinidad informales en estado de semiclandestinidad en muchos casos, aunque existan otros casos donde hay más anarquistas involucradas en la lucha antirrepresiva. No obstante, el gran problema es el propio hermetismo de estas luchas hasta hoy. Al mirar solamente a las presas anarquistas y no al resto de represaliadas, ha llevado a las anarquistas a una lucha meramente autorreferencial y únicamente enfocada a las propias anarquistas, alejando este frente del resto de los movimientos populares, cuyas activistas también sufren golpes represivos y condenas, culpando además al resto por no solidarizarse con las anarquistas represaliadas.

De hecho, esta desigual correlación de fuerzas ha ocasionado que las luchas antirrepresivas de carácter anarquista adquieran una forma defensiva, donde al Estado le es fácil hacernos la guerra sucia y manejarnos como quieran, sea infiltrando secretas en nuestros colectivos o forzar a que nos solidaricemos con unas compañeras atacadas por puro azar para obtenernos más información, ficharnos y así mantenernos más controladas sabiendo de antemano que somos muy pocas y prácticamente sin apoyo popular. Esto supone también que acabemos actuando por inercia y forzadas por la coyuntura, cuyo principal síntoma es el tirar del acción-reacción, lo que se traduce en «golpe policial importante – respuesta en las calles». Incluso en ocasiones, las respuestas en las calles provocan el efecto contrario al deseado: en vez de ganar más apoyos populares, provoca su rechazo (como pueden ser armar unos disturbios en actos antirrepresivos, utilizar la estética del encapuchado y las consignas autorreferenciales). Estas dinámicas dan como consecuencia que en la cuenta de resultados nos salgan números negativos, es decir, suponen más detenciones y rechazo popular, lo que provoca más aislamiento y pérdida de simpatía entre la población e incluso entre los propios movimientos sociales.

Otro problema que se observa es la repetición de modus operandi que se ha demostrado que no funcionan: los mensajes autorreferenciales en las manifestaciones, el autoaislamiento culpando al resto de personas su indiferencia ante la represión, y el peor de todos, una estética inapropiada traducida en campañas antirrepresivas en que aparecen imágenes de disturbios, ataques a la policía, barricadas y encapuchadas, con lemas que no buscan el apoyo popular, sino que desafían directamente al Estado. Con esto además, alzamos a nuestras presas casi a la posición de mártires, haciendo flaco favor al movimiento antirrepresivo, porque somos útiles en las calles y no llenando las cárceles. La automartirización además es un signo de debilidad al basarse en el victimismo, o llegando en otras ocasiones a adoptar posiciones arrogantes y vanguardistas donde relacionan la radicalidad de las luchas por la cantidad de militantes presas. En muchos casos descontextualizamos los hechos y algunos movimientos buscan dar a conocer sus siglas, a través de los mártires de las luchas sociales. Parece que la consigna única y válida es la demostración a cualquier precio de la inocencia de nuestras compañeras. Sabemos que en muchas ocasiones, según los códigos penales de cada Estado, estaremos incurriendo en delitos que sabemos tipificados como tales, si aceptamos la legitimidad de una lucha contra el poder dominante que ejerce su violencia estructural, nos debería importar poco la culpabilidad de una compañera represaliada, y por lo tanto ejerceremos el apoyo mutuo automáticamente, porque asumiremos que los principios que nos mueven son los mismos. En otras palabras, atendemos a la legitimidad de las luchas, no a la legalidad. Más aún, en un escenario social donde la norma es «todas contra todas», seguimos abiertas a críticas por nuestras acciones -legales o ilegales-, pero de otros miembros de nuestra clase esperamos, en ese caso, un tirón de orejas, no que nos denuncie a las instituciones de la clase opresora. La represión no es motivo para exigir adhesiones acríticas, pero la crítica no es motivo para entregarnos unas a otras a la represión.

Hasta ahora, hemos estado repitiendo esquemas que se han demostrado ineficaces. No hemos visto que uno de los objetivos de represión es aislarnos para tenernos controladas. Por ello, es necesario romper este aislamiento, situación no solo provocada por la represión estatal, sino fomentada incluso entre las propias anarquistas, lo cual supone condenarnos a nosotras mismas. El distanciamiento con los movimientos sociales y los procesos de lucha actuales nos relega únicamente a los ghettos políticos, espacios herméticos incapaces de influir en la realidad material, lo que nos lleva también a esta incapacidad para enfrentar la represión marcada por la dificultad de encontrar apoyos fuera de nuestros círculos. La ineficacia de los métodos ocasiona otro desgaste extra en forma de frustración y desmoralización al invertir enormes esfuerzos para cosechar pocos resultados, aun teniendo que afrontar las propias personas solidarias la represión. Por ello, es momento de replantearnos un cambio de tácticas y estrategias con el fin de encontrar una salida hacia delante ante esta escalada represiva y no ya responder solo como anarquistas, sino también como todo el movimiento popular.

Unas pinceladas para el avance.

Por supuesto, no todo va a ser flagelarnos o hundirnos ante los peligros que sufrimos como militantes políticos, ni acabar siendo correa de transmisión del miedo al resto de la sociedad, ese ya es el trabajo de los medios de comunicación controlados desde la clase dominante. No obstante, después de conocer los detalles sobre lo que es la represión y lo que nos supone física, psicológica y socialmente, nuestra labor para avanzar será encontrar nuevos caminos o explorar algunos ya conocidos para autodefendernos y protegernos unas a otras en el ejercicio de nuestra lucha según nuestras convicciones. Por ello, expondremos unas bases de cara a construir unas estrategias de avance. Debemos aprender a informarnos colectivamente sobre la represión que podemos sufrir, dado el riesgo que corremos en cualquier protesta social actualmente. Es imprescindible difundir la información a nuestro alcance y realizar talleres y charlas, dando a conocer diversas experiencias represivas, con el objetivo de saber identificar de dónde viene esta represión y cuál es la legitimidad de quien la ejerce. Solo de esta manera podremos comprender que necesitamos el apoyo colectivo, y estar conectados con los movimientos sociales de manera amplia, pues si algo nos puede unir es la lucha contra la represión.

La maquinaria represiva tiene tácticas y estrategias. La policía no es tonta, al contrario, sabe en todo momento lo que está haciendo. El Estado justamente nos quiere empujar hacia el bandidismo o el terrorismo de baja intensidad, despojándonos de cualquier contenido político y social constructivo y jugando a una guerra de desgaste donde nos manejan como quieren, recibimos y encajamos duros golpes y nos hacen la vida imposible. En esta posición, aunque el Estado podría tranquilamente acabar con nosotras, les beneficia mantenernos en una lucha de tú a tú permanente para pintarnos como enemigo interno de cara a infundir miedo a la población. Tenemos que buscar, por tanto, una salida hacia delante ante semejante situación y a partir de aquí es donde tenemos que trazar hojas de ruta para superar esta dinámica.

Primero, tenemos que fortalecernos internamente. Por ello, lo esencial es cuidarnos a nosotras mismas, lo que nos lleva a tomar medidas de prevención adecuadas. Como primera barrera: medidas de seguridad y discreción en las redes y en la vida real, no compartir información sensible evitando facilitar información a los cuerpos represivos. Actualmente, las medidas de ataque del aparato estatal están íntimamente relacionadas con el avance tecnológico, por lo tanto, para conocer cuáles son las metodologías de represión actual y qué pretenden cada una de ellas, deberemos aprender cuáles son estas herramientas utilizadas contra nosotras y las estrategias para evadirlas. Para evitar la represión debemos acercarnos a la mimetización, sin destacar e incluso trabajar con suma discreción, como se ha hecho tantas veces. Como segunda barrera, establecer anteriormente en un documento que entregaremos a algún familiar o compañera de confianza, cómo se ha de proceder en la coyuntura de que nos veamos atacadas por la represión estatal, es decir, estar prevenidas y que no nos sorprenda desorganizadas. En caso de caer sobre nuestras compañeras, los cuidados y la asistencia, tanto psicológica como legal, para evitar que se derrumben o se quemen es vital para no tener bajas en nuestras filas. Estos cuidados van desde el envío de cartas de apoyo a las personas presas hasta estar cerca de aquellas envueltas en procesos judiciales, los grupos de apoyo y plataformas de solidaridad son la única manera de sentir cerca los lazos de amistad de quienes nos apoyan. Entran también en la prevención, como tercera barrera, el minimizar o evitar en todo lo posible más represalias en los actos de solidaridad con las personas represaliadas, esto es, tratar de no generar más carga de trabajo y no encajar más golpes represivos cuando salimos a las calles en apoyo a las personas detenidas, multadas y/o presas.

Lo segundo es la necesidad de dotarnos de herramientas de análisis para conocer a qué nos enfrentamos y poder dar respuestas efectivas. En este sentido, es necesario documentar las experiencias de otras luchas antirrepresivas para aprender de sus errores y aciertos. Todo esto servirá para elaborar estrategias con las que enfrentar la represión de forma eficaz, superando la inercia, minimmizando el desgaste y poner un punto de inflexión en las luchas sociales, asi para no caer una y otra vez en los mismos errores señalados. Difundir cada caso de represión en un contexto social concreto, como ejemplo de la injusticia del sistema capitalista. Afirmar a otras personas que no se tratan de formas autoritarias puntuales del sistema político, ni son casos aislados, sino que la represión es inherente al sistema de dominación impuesto. En este sentido, ayudar a construir una memoria viva sobre la represión contra las disidencias obreras organizadas tanto en el Estado español como internacionalmente, facilitará atesorar una perspectiva histórica enriquecedora, encaminada a comprender el presente.

De cara al exterior, necesitamos superar el problema del aislamiento y la marginalidad para poder conseguir más apoyos. Las campañas antirrepresivas tienen que tener la mayor visibilidad posible, por ello, es de vital importancia que trascendamos el hermetismo. Ante esto, tenemos que seguir trabajando en los siguientes puntos:

– La inserción en los movimientos sociales/populares. Debemos reconocernos en las luchas cotidianas como personas que luchan contra toda esta serie de injusticias que azotan a la clase trabajadora a causa de la reestructuración del capitalismo, y que las anarquistas somos personas que también compartimos problemas comunes con el resto de mortales pero que no se encierran en épocas nostálgicas, ni se quedan contemplando los disturbios de otras partes del mundo ni se quedan en eternos debates teóricos, sino que estamos igual que otras personas en primera línea presentando batalla. Y que además, desde el anarquismo planteemos alternativas políticas realizables y permitan mantener y escalar los actuales conflictos sociales al margen de las instituciones. Solo formando parte de los movimientos populares, es decir, completamente insertos en ellos, conseguiremos que, al caer sobre nosotras la represión, tengamos una base social de apoyo amplia. Logrando esto, superaremos el aislamiento.

– Estrategias comunicativas y renovación estética. ¿A quiénes benefician cuando el anarquismo es visto como caos, barbarie, destrucción, fuego, barricadas, terroristas, etc? Exacto, a la clase dominante. Claro que de cara para dentro, sabemos las propias anarquistas que no somos esas definiciones pero de cara al exterior, ¿qué hacemos para demostrar lo contrario a estas descalificaciones? Más estética del encapuchado, los disturbios y sus justificaciones, en vez de aportar experiencias constructivas de las anarquistas en las luchas sociales. Otro punto importante es no reivindicar siempre la ideología, pues la represión no cae solo encima de las anarquistas, cae sobre la clase trabajadora en su conjunto, en concreto a aquellas personas que luchan, independientemente si son sindicalistas, comunistas, socialistas, anarquistas o sin ideología definida, hasta sobre aquellas personas sin recursos que terminan cometiendo pequeños delitos. Resaltar siempre la ideología (¡son anarquistas y por eso los encierran!) en vez de su condición social (trabajadora, en paro, precaria, estudiante, …) en las campañas antirrepresivas solo servirá para movilizar a anarquistas minimizando la posibilidad de conseguir adhesiones de personas no anarquistas. Sin embargo, la reivindicación de la ideología de la represaliada tendrá más o menos éxito dependiendo del grado de inserción del anarquismo en los movimientos populares, lo cual indica que existe una retroalimentación entre estrategias comunicativas e inserción social. También es importante presentar una imagen cercana de las represaliadas: como vecinas, personas integradas en el barrio y con buenas amistades, que poseen una conciencia social y por ello luchan por causas justas, evitando que las represaliadas se vean como locas, extrañas y antisociales.

Una buena estrategia comunicativa debe enfocarse a lograr el máximo apoyo y difusión posibles, y debe encaminarse a despertar la solidaridad de otras personas al margen de su ideología. Para ello hay que huir de las estéticas agresivas y la autorreferencialidad, optando por unas imágenes más cercanas.

– Multisectorialidad y política de alianzas. Como ampliación de la inserción social, la multisectorialidad es una estrategia que parte de trascender el propio sector de lucha, en este caso, tender puentes desde los frentes antirrepresivos con otros frentes tales como el sindicalismo y el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, las mareas en defensa de los servicios públicos, movimientos barriales (vivienda, okupación, vecinales), luchas territoriales/ambientales/ecologistas, etc…, puesto que la represión nos golpea a todas las que luchan en estos ámbitos. La política de alianzas implica tejer alianzas tácticas con otras tendencias políticas con quienes compartamos objetivos inmediatos comunes (que no metodologías, metas políticas y programáticas). Esto quiere decir que tenemos que superar la costumbre de mirar hacia nuestras propias presas y solidarizarnos con represaliadas de otras tendencias políticas con las que podamos compartir espacios de lucha, así como tratar de trabajar conjuntamente para sumar fuerzas con el fin de fortalecernos ante la escalada represiva no solamente como anarquistas, sino como movimiento popular en conjunto. A través de esta propuesta, pretendemos una escalada en los conflictos y suponga además una estrategia de avance.

Unas palabras finales

De las numerosas experiencias de luchas antirrepresivas, podemos extraer importantes lecciones que nos sirvan para la reflexión colectiva, sortear los callejones sin salida y construir metodologías, hojas de ruta y estrategias eficaces. Podemos ver el ejemplo de la lucha antirrepresiva del pueblo vasco y su masividad, así como la campaña por la libertad de Alfon. En todas estas campañas se ha buscado la mayor difusión posible y que se sumen la mayor cantidad de personas a la causa. No obstante, en las campañas por la libertad de las detenidas en las Operaciones Pandora y Piñata, tuvo un enfoque más dirigido a anarquistas convencidas que a personas no anarquistas, y lo único que provocó la solidaridad de personas fuera del ámbito anarquista con estas anarquistas detenidas fueron los montajes policiales chapuceros acusándoles de terrorismo por tener libros, petardos y botes de campingás. Sirva también como experiencias la manifestación del 232º Centígrados en Madrid, donde se logró la multisectorialidad (confluencia con huelguistas de Telefónica-Movistar y trabajadoras de Correos, entre otros colectivos de barrio), aunque no se superaron algunos lemas autorreferenciales como «Muerte al Estado y viva la anarquía». Ese mismo día tuvo lugar también la manifestación #LluitantRespondrem en Barcelona, en cuya convocatoria acudieron casi todas anarquistas, y además hubo destrozos en el transcurso de los actos, terminando disuelto la convocatoria por cargas policiales y pasadas unas horas, 6 personas fueron detenidas. En cambio, en la convocatoria de Madrid, los actos terminaron más tarde y el ambiente ha sido propicio para sumar apoyos y tejer lazos de unión entre quienes acudieron.

El balance muestra diferentes resultados: mientras que en Madrid el saldo salió positivo al darse unos pequeños pasos adelante pese al pequeño fallo de la autorreferencialidad en algunos lemas, en Barcelona, la cuenta de resultados dio negativo, ya que se optó por una metodología que se demostró no funcionar y que provocó más rechazo que simpatías de cara al exterior generando justificaciones de culpabilidad contra las anarquistas, contando además con las 6 detenciones horas después.

Ahora con la entrada en vigor de la Ley Mordaza que supone un retroceso más de libertades y derechos civiles, urge que trabajemos en formar frentes antirrepresivos que trasciendan nuestro propio mundo militante, que se integren en la lucha social y suponga además un cambio radical en nuestros métodos de lucha en otros ámbitos. Podríamos entender el movimiento antirrepresivo también como una forma de ataque y no solo defensivo. Normalmente tendemos a reaccionar frente a la represión de una forma defensiva pidiendo como mucho la libertad de nuestrxs compas encarcelados, hay que dar un paso más y avanzar de la necesidad militante a la necesidad social, hay que hablar de las chavalas que son diarimente secuestrados por el estado por temas relacionados con el trapicheo de drogas o pequeños robos, esto es al final el 90% de los casos de gente que entra a prisión, dato como que somos unos de los paises con menor tasa de crimen y mayores condenas creo que son importantes a la hora de analizar todo esto. Las únicas armas contra la represión son, no solo la solidaridad y el apoyo mutuo, sino también la inserción social, las estrategias comunicativas y la multisectorialidad. Aspiremos a superar las dinámicas de acción-reacción y el aislamiento. Hay que ganar en eficacia y hacer que enfrentar la represión no sea una carga de trabajo extra, sino que dicha carga de trabajo se traduzca en un mayor fortalecimiento de los movimientos populares al tejer redes de solidaridad más sólidas para que nuestra legitimidad supere la legalidad burguesa.

Lusbert y Angel Malatesta
Con aportaciones de Bari y MrBrown

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