Enlaces del mes: Mayo 2017

El mes de Mayo siempre augura un mes de muchísimas movilizaciones populares y obreras, comenzando ya desde las convocatorias del Primero de Mayo. Sin embargo, este mes ha tenido numerosas noticias de actualidad político-social en los diferentes terrorritorios del Estado español.

Tanto en Barcelona como en Madrid se han impulsado fructíferas movilizaciones sociales en torno a la temática contra la gentrificación. En Barcelona, por ejemplo, ha presentado un proyecto que se hace totalmente necesario para hacer frente a los alquileres abusivos, un sindicato de inquilinas/os. Además, el barrio de Vallcarca se ha puesto en pie de guerra para defender su centro urbano como un lugar habitable para sus vecinos/as, y para ello salieron a las calles a mediados de mayo en una manifestación bastante numerosa. Por otro lado, en Madrid a principios del mes tuvo también lugar una manifestación bajo el lema ‘Madrid no se vende’, que finalizó con la recuperación de un nuevo espacio para la autogestión y la confluencia de proyectos políticos, el Centro Social la Ingobernable. Igualmente relacionado con la autonomía de espacios liberados en los pueblos y barrios, en Catalunya tuvimos la excelente noticia de la suspensión indefinida del desalojo de Can Sanpere en Premià de Mar.

En el ámbito de los movimientos contra la represión y el fascismo también hemos tenido bastantes movilizaciones en este sentido. El 6 de mayo en Madrid numerosos colectivos a nivel estatal se manifestaban contra los montajes policiales. Tras la nueva ocupación de un espacio por la organización nazi Hogar Social Madrid, también hubo una importante respuesta antifascista ante este grupo que promueve la xenofobia y el racismo. Miles de personas exigieron en Gasteiz la puesta en libertad de los presos y presas vascas gravemente enfermas. El preso político Andrés Bódalo disfrutó de un permiso penitenciario de tres días tras 14 meses consecutivos de prisión, aún le queda bastante tiempo hasta cumplir los 3 años y medio a los que fue condenado. El mes finalizó con una movilización que no tenía precedentes posiblemente desde el año 2014, una convocatoria de las Marchas de la Dignidad, que inundaron Madrid con la llegada de miles de personas de todas partes del Estado español y sus territorios.

En el apartado laboral o sindical, ha sido bastante destacable la reactivación del conflicto de la Estiba debido a la aprobación de un Decreto Ley en el Congreso de Diputados que anuncia futuras movilizaciones. De hecho, los estibadores ha recibido numerosos apoyos internacionales y de solidaridad ante este ataque por parte del gobierno español.

A nivel internacional ha estado en la primera página la situación en Venezuela donde, más allá de la defensa o crítica al chavismo, la revuelta de ricos y burgueses amenaza al pueblo. Incluso amenaza con extenderse el conflicto también al Estado español y buscando una brecha social. En Grecia tuvo lugar una huelga general contra las medidas de austeridad del gobierno de Syriza, mientras tanto el pueblo heleno, lucha por construir alternativas al capitalismo de carácter autogestionario, pero también organizándose en los barrios pobres contra la venta de droga.

Para terminar, nos han llamado también la atención algunos textos para reflexionar sobre la necesidad de cuestionar y superar el sistema económico capitalista, o testimonios sobre los microrracismos en las aulas de los colegios e institutos. Muy ligado a esto último, pues actualmente son objeto de vejaciones racistas, también nos apetece compartiros para terminar estos enlaces del mes la génesis del movimiento de los manteros, ya en tiempos de la II República.

 

Sin autoempleo cooperativo no hay futuro posible

Reflexiones sobre el autoempleo cooperativo, la estrategia política ecosocial y la imposibilidad de transformar el sistema desde las instituciones.

A modo de síntesis y siendo conscientes de la sociedad en la que vivimos, decir que desde mi punto de vista, existen dos problemas fundamentales:

1) ver en la política profesionalizada, y por lo tanto en los partidos políticos, la única vía posible para transformar la sociedad, NO siendo conscientes de todas las situaciones negativas y de contra-cambio que se desarrollan en dichas estructuras de poder.Son dos fundamentalmente las problemáticas que rodean a este lobby:

1a) en primer lugar podríamos hablar del problema que significa que “tus lentejas” dependan de la política profesionalizada.

1b) en segundo lugar y en relación con lo primero, dicha situación de dependencia provoca que el programa de cambio en materia económica que “pretendes aplicar en el papel”, se vea frustrado en la práctica por las presiones a las que te somete el régimen con todas sus herramientas, tanto legales como mediáticas.

Llegados a este punto, es cuando el cargo público se encuentra ante dos opciones, o bien dimitir por sus convicciones de cambio y transformación económica, o por el contrario, adaptarse y dejar que el sistema le asimile como parte de su estructura y engranaje, ya que no olvidemos y como decía al principio, ”sus lentejas”, ahora dependen de la política profesionalizada (obviamente hablo de aquell@s que dicen presentarse con el anhelo de superar el sistema capitalista).

2) la ausencia de autoempleo y redes de consumo y producción, al igual, que la dificultad de acceder a servicios básicos autogestionados en materia de educación o sanidad en los diferentes pueblos, ciudades y comarcas.

Dicha situación, nos deja a merced de su sistema en todas las esferas o escalas sociales, tanto en la socio-política como en la socio-económica. Por otro lado y a modo de reflexión, es preocupante aunque comprensible, debido a la ausencia de redes alternativas a la institución estatal, que muchos de los proyectos de economía social se encuentren bajo el paraguas de las subvenciones y proyectos que ofrecen los “supuestos ayuntamientos del cambio”.

Lo relatado en el párrafo anterior  provoca que estos ayuntamientos con una mano sigan alimentando a el sistema consumista- ya que no pueden acabar con el capitalismo en su ciudad desde las instituciones, como mucho anhelar o intentar aplicar un sistema mixto de corte keynesiano- y con la otra mano, dando dinero a la economía social como fuente de experimentación, nunca, como motor primario de la producción de bienes y servicios; dicha apuesta conllevaría caminar hacia el decrecimiento, y de esto, no están por la labor ni Podemos, ni la ya casi extinta Izquierda Unida.

Con este panorama solo nos queda organizarnos y organizarnos, el sindicalismo combativo y de clase debe y tiene que entender que no sirve sólo con defender a las clases populares en los centros de trabajo- centros de trabajo que se rigen por las reglas de consumo y producción del sistema capital-productivista-, por tal motivo, es imperativo y urgente crear una red de trabajo cooperativo, red de redes, que tenga como objetivo principal sacar a las mayorías sociales de las actuales relaciones y condiciones laborales.

Desengrasar y descapitalizar al sistema Estado-Banca desde la independencia económica , esa debe ser nuestra principal pretensión en este siglo XXI. Dicha labor que para nada es sencilla, no se soluciona tomando únicamente los medios de producción , si no que por el contrario, se solucionaría desde mi punto vista, repensando el sistema productivo, rompiendo con el productivismo y construyendo una sociedad ecosocial y libertaria que tenga en cuenta los límites del planeta, al igual, que las desigualdades que se dan en el consumo y aprovechamiento de los recursos naturales entre los pueblos del mundo, llegados a este punto, es más que evidente que el único camino posible lo representa una revolución integral que camine hacia el decrecimiento. Para ello lanzo la siguiente reflexión:

¿Sí repensáramos la estrategia e intentáramos ir por delante del Estado-Banca en la creación de un contra-poder que generará trabajo y saliera de su cadena de consumo y producción, no estaríamos en ese momento en situación de afirmar, que hemos ejecutado un golpe certero a la hidra capitalista que nos somete?

Dicha pregunta es un elemento que necesitamos trabajar en los movimientos sociales aprendiendo de los errores y creando una coyuntura donde la estrategia se enfoque a desenmascarar su violencia, represión y falta de ética, y a la vez, construyendo un escenario en todos los pueblos y comarcas donde las cooperativas, los grupos de consumo y las redes ecosociales tengan la capacidad de gestionar la sociedad desde la horizontalidad y la política desprofesionalizada, si somos capaces de llegar a este punto no debemos tener duda alguna, de que en ese preciso momento , estaremos rompiendo gran parte de la dominación y el control que ejerce sobre nosotros/as el Estado y el capital.

Este texto es un manifiesto y una llamada a la acción, más que una reflexión que anhele morir en el papel o vivir únicamente en la palabra y no en el hecho, por ello, con estas líneas pretendo que comience un proceso de dialogo y de unión de las desunidas, donde aquellas libertarias, ecologistas y feministas insumisas nos replanteemos ,que aunque a día de hoy, seamos todo eso en nuestra vida privada e incluso en nuestras organizaciones, una vez fuera de estos ámbitos, no somos más que carnaza laboral que o trabaja para el capital o para el propio Estado en sus diversas esferas de control (administrativos, técnicas, electricistas etc..)-solo un pequeño porcentaje de la población consigue vivir de un proyecto de autoempleo y autogestión, proyectos, que en la mayoría de los casos se encuentran desprovistos de redes de apoyo mutuo-.

El diagnóstico es claro y severo, sin la creación de autoempleo cooperativo no hay futuro posible, y en esa reflexión deberíamos de trabajar todas las organizaciones y personas que queremos caminar hacia la creación de una sociedad sin Estado ni Banca. La cura para dicha enfermedad diagnosticada es clara, volver a entender el sindicalismo como lo entendía la CNT en los años 30 del pasado siglo, donde dicha organización creo una estructura en diferentes ámbitos de la vida que generaban una alternativa de servicios y empleo al aparato estatal, dicha cura debe ir acompaña de dos elementos fundamentales en el siglo XXI ,en primer lugar, la lucha contra el heteropatriarcado ,y en segundo lugar y como elemento irrenunciable, la defensa del territorio. Por ello, la ecología social y el feminismo son dos ingredientes básicos de esa fórmula que se liga con las ideas libertarias.

“Nuestra propuesta de cambio político, social y económico es claramente pacífica, feminista y eco-autosustentable con los ecosistemas y los seres vivos que en ellos habitan,será por lo tanto el Estado y la banca, quienes tendrán que decidir como luchan contra un nuevo orden social que nosotras hemos decidido proponer desde la no violencia y la estrategia política”

“Las libertarias no estamos en contra de la creación de una organización que promueva, genere y organice el trabajo, consumo o los servicios sociales, si no que por el contrario, estamos en contra de las formas coactivas, verticales y represivas de organización”

Pedro A. Moreno

De qué hablo cuando hablo de autolesiones

Hace unas cuantas semanas que estaba deseando escribir acerca de este tema. Lo reconozco, tengo sentimientos encontrados mientras escribo y releo estas palabras, y todo es porque mi relato aquí es el de persona que se ha autolesionado. No ha sido fácil hacerlo, pero he caído en varias ocasiones en la trampas de las autolesiones. Con este texto pretendo hablaros de mi experiencia personal y también, al menos eso espero, sirva para quien esté en una situación similar sepa que hay muchas otras formas de expresar el dolor, más allá de las marcas en el cuerpo, más allá de coger un elemento puntiagudo y pasarlo sobre la piel hasta que la sangre se derrame.

¿Qué son las autolesiones?

Existen numerosos artículos en Internet al respecto y sorprende la frialdad con la que se habla de este tema. En realidad, y si se piensa bien, tal es la concepción que se tiene hacia cualquier enfermedad, en especial si es mental. Que quede claro ya: las enfermedades mentales son un gran tabú en nuestra sociedad. Son incómodas porque trastornan el comportamiento del ser humano, y todo el que se salga de la norma, aunque sea involuntario, es rechazado por una sociedad que se funda en un status quo débil que baila junto al vacío, a un hilo de romperse. Pero la autolesión no es una enfermedad, más bien es un síntoma. Algunos la definen como un comportamiento «parasuicida»1, que dicho así suena muy grandilocuente y hasta preocupante. En cualquier caso, las autolesiones son daños que el individuo se hace así mismo,cortándose, quemándose, golpeándose o envenándose. Los cortes son los más comunes.

¿Qué nos lleva hacia tales prácticas? He aquí la complejidad del tema. Existe un puñado de supuestas razones que llevan al sujeto a hacerse daño, incluso depende del momento, pueden mezclarse varias de ellas. Algunos lo hacen como castigo, sentirse culpables por algo o no merecedores de algo. Aquí una baja autoestima juega un papel muy relevante. Otras personas lo hacen para alejar un dolor emocional, si hay algo rondando en la cabeza y un dolor profundo en el pecho, la manera de distraer ese dolor es con otro dolor aún mayor. Las autolesiones pueden bloquear temporalmente los pensamientos negativos, depresivos y de ansiedad.

Al parecer las autolesiones también sirven como tanteo de personas con pensamientos suicidas, para el conocimiento previo de un dolor intenso. También hay situaciones que se salen de las manos y para asumir el control mental sobre las mismas, algunas personas deciden recurrir a la autolesión. Hay una causa más, y es la necesidad de sentir algo. El deseo de sentirse vivos, las autolesiones serían una especie de falso despertar del letargo. Rara vez es monocausal. Desde mi experiencia personal, los momentos de ansiedad, de ánimo bajo, o en el que sentía que todo me sobrepasaba, la manera de paralizarlo era precisamente así. El hecho también de pasar largas horas intentando buscar un sentido a algo y al no encontrar nada o, sencillamente al no ser capaz de deslumbrar nada, tenía que pellizcarme, metafóricamente, como así pudiera darme cuenta que no vivía en un sueño, que era todo real.

Todo el proceso de autolesión es muy complejo de describir, y lo que yo aquí comente bien pudiera ser absolutamente subjetivo, porque mi percepción probablemente sea muy diferente al de cualquier otra persona. No obstante, sí puedo afirmar que dista de existir placer en la autolesión. Tras un proceso autodestructivo, yo me sentía agotado, fatigado y hastiado conmigo mismo. Lo cual es aún peor, porque tras las lesiones viene el sentimiento de culpa, y es peligroso porque puede llevarnos a un círculo vicioso, ya que la culpa nos lleve a una situación extrema y, de nuevo, a otra autolesión.

¿Cómo afrontar las autolesiones?

Quien ha cometido alguna vez autolesiones sabe cuando «el león interior comienza a rugir» (así es como llamo yo a mis procesos de ansiedad) y probablemente intuya en qué momento puede darse una situación de peligro. En particular, mis autolesiones las he cometido en la privacidad de mi habitación, porque no es un momento que se quiera compartir con nadie, en especial al haber una sobreexcitación de las emociones. Lo ideal es sacar de ese ámbito los elementos peligrosos, las herramientas para cortar o quemar, y alejarse físicamente también de ese entorno que a veces alimenta la ansiedad. Si se está en casa, lo ideal es salir a dar una vuelta, llamar a alguien, hacer deporte… distraer a la mente, especialmente si es algo que implique actividad física. Yo a mi león lo duermo saliendo a correr o dando un paseo largo. Pero no todos tenemos esa facilidad o ese deseo, habrá que buscar, según las necesidades y deseos propios, las maneras de alejarse de las autolesiones. Por consejo de mi psicóloga, también llevo un kit de emergencia en mi mochila, consta de una bolsa pequeña para respirar en caso de hiperventilación y dos pelotas antiestrés.

También hay otros trucos que he leído, yo nunca los he probado, pero a cualquier otra persona podrían serles de utilidad: pintar con boli rojo en vez de cortar, vendar la zona, hacer una herida con maquillaje, golpear una almohada o un saco de boxeo, hacer ruido, aprender palabrotas en otros idiomas, meterse bajo una ducha de agua fría o caliente (no demasiado caliente, sería otra forma de autolesión), dibujar sobre las caras de la gente en revistas, masajear en vez de lesionar, pinchar globos, etc. Las opciones son variadas. En realidad todas se basan en la misma idea: distraer la mente hasta salir de ese estado que nos lleve a la autolesión.

Sin embargo, esto no es más que un parche, la verdadera solución es buscar ayuda profesional. Y también apoyo emocional en el entorno cercano. Comentar a la familia o a amigos lo que hacemos con nuestro cuerpo es una opción, pero al menos conocerán de dónde provienen las cicatrices y no preguntarán, ingenuamente, a qué gato has querido acariciar y te ha arañado. A extraños o compañeros de trabajo que no quería dar más explicaciones, inventé un gato malvado de una amiga para poder encubrir las heridas de los brazos.

A pesar de todo, tenemos que comenzar a tomar conciencia de lo que hay detrás de todo ello. Hemos de ser responsables de todo ello. Las autolesiones, como comentaba al principio, son síntomas de algo más, depresión, ansiedad, etc. Es cierto que vivimos en un contexto social, económico y político que no ayuda ni facilita tener una vida mentalmente sana, más bien promueve la existencia de una mentalidad desequilibrada. Es sencillo culpar al sistema, al capitalismo, a tal o cual persona, y puede que algo de razón haya detrás de esas justificaciones, pero la última palabra es nuestra. No es sentir culpa, es responsabilidad hacia nosotras mismas y nuestro entorno. Al fin y al cabo las decisiones son tan individuales como comunitarias. Además, la toma de responsabilidades es un gran paso previo al controlar nuestra vida, puesto que en el momento en el que emocionalmente se es responsable y consciente, podemos ser también un poco más libres. Más libres de nuestros prejuicios y también de la educación que nos han dado. Si queremos crear una sociedad nueva, esta no solamente ha de basarse en un sistema económico justo, horizontal y libre, también ha de ser justo, horizontal y libre con respecto a nuestras emociones. Aquí, probablemente, hay mucho trabajo por hacer. A mí aún me queda mucho camino por recorrer.

Desaconsejo afrontar esto solo. Yo lo intenté por orgullo y también por una ausencia de educación e inteligencia emocional de la que aun carezco, pues es contraproducente. Las cicatrices a veces son vergonzosas,  son las huellas de que algo hay en nuestra cabeza y debemos escucharla. Por otro lado, y esto me parece relevante, también tenemos que ser responsables en cómo gestionamos las emociones de quienes nos dan su cariño. Ellos también pueden sentirse fatigados, puesto que es difícil gestionar este tipo de comportamientos. A su amor hemos de ser responsables y responder con más amor. Amor hacia nosotras y hacia nuestros seres queridos.

¿Y si es alguien a quien conozco?

Es bastante duro ser consciente del problema en el que se encuentra un ser querido, estando sumido en situaciones extremas como estas. Probablemente quien ha de marcar los ritmos sea la persona que se autolesione, pero debe ser ella quien intente comunicarse y expresar, abiertamente y sin ambigüedades, sus necesidades. Hay momentos en los que se desea más soledad y otros, todo lo contrario, ¿pero cómo lo pueden saber ellos si no nos comunicamos? Por otro lado, y si esa comunicación es fluida, también tiene que ser en ambas direcciones. Creo que cuando alguien muestra su apoyo, también tiene todo el derecho de retirarse un poco cuando así lo necesite.

Por otro lado, creo que tampoco han de hacerse comentarios de lógica aplastante: «Pues no te lesiones» o «anímate». Eso ya lo sabe, es lo último que necesita escuchar, a mí me pone un tanto ansioso oír eso. Tampoco magnificar las heridas, ni mostrar repulsión hacia ellas, eso solo puede agravar los sentimientos de culpa y rechazo propio que se sienten. Si necesita asistencia médica o simplemente curando las heridas, vendarlas si es necesario, ya es mucho. Es una manera de sentirse arropado y querido.

A veces con saber que hay personas dispuestas a escuchar, que existen otras vías de expresión alternativas a las autolesiones, es suficiente. A lo mejor la persona decide apenas hablar del tema, o quizá se sienta más cómoda tratando con otras personas que se han autolesionado por empatía (ese es mi caso). Lo último que se debe hacer es, desde luego, juzgarlas, para eso ya tiene su conciencia, lo hará por él.

Las autolesiones se suelen vivir en silencio. Al menos solo un 10% de personas han perdido ayuda, las demás por vergüenza o miedo las mantienen en silencio y siguen ocultando su cuerpo para, así, poder ocultar las heridas a ojos de los demás. Y es que no es fácil en una sociedad de culto a la imagen, los cuerpos cicatrizados tienen mala recepción social, y ya que todo se vende y compra en una sociedad de mercado globalizada, luchemos para que nuestra salud mental no sea comercializada. Por ello, todo esto – y ya como colofón – también es política y su análisis debería estar integrada en un ideario revolucionario libertario, ya que la salud actualmente está basada en números y estadísticas, pero las cabezas que petan tienen nombres y apellidos. Sin embargo, y no está de más decirlo, amemos también nuestras heridas y sus cicatrices, también forman parte del proceso de curación.

1Se define como comportamiento parasuicida a cualquier actividad dirigida voluntaria e intencionadamente a infligirse daño y dolor, pero sin la intención de dar por finalizada la vida.

Errekaleor Bizirik. Las raíces obreras del barrio autogestionado en Gasteiz

Normalmente, y por desgracia, solo cuando sucede alguna noticia de actualidad relevante en las luchas de los movimientos populares (y habitualmente esta noticia suele ser negativa), se dan a conocer proyectos de largo recorrido que antes estaban sumidos al conocimiento solo en el propio territorio local. No obstante, me parece importante que en nuestro medio de comunicación social y libertario, apoyemos siempre cualquier proyecto de autonomía y emancipación obrera, y más si cabe solidarizarnos si es objeto de la represión por parte de la clase dominante.

Es por eso, que una vez más, dada la coyuntura de actualidad política, ponemos de relieve la represión sucedida, en esta ocasión en el barrio de Errekaleor, en Vitoria-Gasteiz, indagando en las raíces del mismo.

El origen de este barrio fue una urbanización construida a las afueras de la ciudad durante el Franquismo, destinada a servir de viviendas para los trabajadores emigrantes fruto de la expansión industrial iniciada en la década de los años 50 del pasado siglo XX. Fundamentalmente lo habitaban obreros de factorías de automóviles, y el barrio tomó el nombre de un pequeño río que forma la vaguada en el que se asienta, aunque, inicialmente, debido a una cooperativa alavesa promocionada por el régimen franquista, se le dio el nombre de «Un mundo mejor» (recuerda irónicamente a la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley). Los principales centros de socialización y culturales del barrio fueron impulsados por sus propios vecinos y vecinas, implicándoles en una dinámica de alta concienciación de sus vidas como parte de la clase trabajadora a la que pertenecían. Uno de los cinco asesinados en los sucesos del 3 de marzo de 1976 por la represión policial, Barroso Romualdo, era vecino del barrio.

Tras la reconversión industrial en los años 80 este barrio fue siendo abandonado por la administración pública, potenciando que se convirtiera en un gueto de pobreza deliberadamente, viendo cómo en su entorno comenzaban a edificarse barrios residenciales de mayor nivel económico. Surgió entonces un proyecto que fue incluido en la ordenación urbanística de la zona sur de la ciudad de Vitoria-Gasteiz aprobado en el año 2000, y finalmente se decretó el realojamiento de sus habitantes para la futura demolición y su reconstrucción como parte integrante del nuevo barrio de Salburua.

Esta reconstrucción se enmarcaba en las dinámicas gentrificadoras que proyectaban modernos edificios y parques sobre ese barrio de raíces eminentemente obreras. Su ya escaso vecindario, en declive desde hace décadas, estableció una plataforma de personas afectadas por este proyecto, quienes veían imparable el avance de las excavadoras pero no querían moverse de su barrio de toda la vida. Sin embargo, será con el estallido de la burbuja inmobiliaria cuando el proyecto urbanístico quedó descartado completamente por el gobierno local y se agudizó aún más si cabe el abandono del barrio.

El ayuntamiento municipal, por lo tanto, desasistió la zona definitivamente, forzando a marcharse a los pocos vecinos y vecinas que aún quedaban, convirtiéndose en una zona de edificios desolados donde algunas personas sin hogar encontraban un techo bajo el que sobrevivir. Sin embargo, en septiembre del año 2013 el movimiento juvenil vasco, principalmente estudiantes, accederá a una de las primeras casas recuperadas, y dos años más tarde serían en torno a un centenar de personas las que habrían decidido ocupar las viviendas para llevar a cabo un proyecto político de rehabilitación común.

Estos años han tratado de revertir el proceso de abandono sometido por las autoridades y destinado a vaciar el barrio. Por lo tanto, se puso en marcha una de las más significativas experiencias de autogestión en la historia reciente, que denominaron Errekaleor Bizirik (‘Errekaleor vivo’ en castellano). El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, siempre ha mantenido una actitud de rechazo y beligerante contra la reocupación del barrio de Errekaleor, tanto es así que intentó forzar el desalojo del barrio, consiguiendo un efecto absolutamente contrario. Los movimientos sociales y populares de la ciudad se solidarizaron con el proyecto, y sirvió como punto de confluencia entre estos y el movimiento estudiantil de la ciudad.

La asamblea que gestiona el barrio conjuntamente está implicada en numerosas actividades políticas y sociales relacionadas con el antifascismo, la igualdad de género, el movimiento animalista, lucha contra los desahucios, o la juventud independentista vasca. Sin duda, durante estos años el proyecto ha crecido y se ha ido dando a conocer en la propia ciudad, actuando de espacio de cohesión y proyectos en torno al movimiento popular y obrero.

Desgraciadamente, ayer mismo también ha saltado su conocimiento a otros territorios del Estado español debido a la represión que ejerció la Ertzaintza en el barrio de Errekaleor. Varias decenas de ertzainas asaltaron el barrio para que técnicos de la empresa eléctrica Iberdrola pudieran cortar el suministro de luz, a petición del Departamento de Industria del Gobierno vasco. Esa misma empresa eléctrica que día tras días se enriquece a costa del sufrimiento de muchísimas familias trabajadoras para pagar unos recibos de la luz cada vez más abusivos. A pesar de la pronta reacción del vecindario establecido en las viviendas, y los solidarios y solidarias que se desplazaron al lugar, ha sido imposible impedir que los operarios encontraran la manera de cortar los cables.

Un muro humano impedía acceder al transformador principal, y la policía vasca ha actuado ejerciendo violencia contra los compañeros y compañeras, e incluso deteniendo a tres personas en la acción. Las fuerzas policiales asediaron el barrio, sembrando la represión durante su operación y acometiendo aquello que las instituciones vascas y las empresas eléctricas dictaron. Sin embargo, encontraron la resistencia de una juventud y unos movimientos populares organizados, que también se manifestaron en el centro de Vitoria-Gasteiz por la tarde para tomar las calles y mostrar su rechazo a esta acción represiva.

A día de hoy encuentran la solidaridad de muchos colectivos sociales de clase trabajadora de Euskal Herria y de otros territorios, y nuestra mejor aportación a los compañeros y compañeras es dar a conocer esta información y promover una comunicación crítica, activa y de apoyo constante. En la línea de desatomizar lo atomizado, demos a conocer los proyectos de autonomía política, autogestión y empoderamiento desde abajo para que más personas participen de ellos ampliamente.

 

La normalización de la servidumbre

Es bien sabido que en el mundo occidental las formas de dominación totalitarias crean un repudio casi automático por parte de la población al ser planteadas como método de gobierno. Estamos adaptados a democracias parlamentarias y a sistemas de votación y elección de representantes, de modo que un sistema absolutista y dictatorial nos parece un arcaísmo evitable y aborrecible.

Aun así, es inevitable contemplar la situación de la sociedad contemporánea, en prácticamente cualquier parte del mundo desarrollado, sin percatarse de constantes y flagrantes abusos a las libertades más esenciales,  de una forma muy similar a las dictaduras absolutistas de antaño.

Las democracias modernas, enmascaradas tras unas libertades aparentes y con unos límites difusos, amagan un trasfondo que en prácticamente nada se distinguen de regímenes dictatoriales. Pero sin embargo, esa apariencia de libertad constituye un pilar fundamental para la aceptación y la perpetuación de la sociedad de clases.

En definitiva, de la misma manera que en épocas pasadas se aceptaron como normales sistemas de dominación embrutecedores, nuestra etapa histórica no es una excepción.  Seguimos haciéndolo sin cuestionarlo demasiado, casi por inercia, pese a ser conscientes de la existencia diaria de casos de represión, coerción de libertades básicas, desahucios, corrupción, no cumplimiento de programas electorales, etc…

No es extraño, pues, plantearse la siguiente pregunta en clave sociológica: “¿Por qué estamos tan mal y por qué lo permitimos?”.

EL SÍNDROME DEL ESCLAVO SATISFECHO

Es curioso que los manuales de diagnóstico psiquiátrico (como el DSM americano) contemplen la rebeldía como un trastorno mental, pero que sin embargo, asuman como un comportamiento normal el hecho de sufrir una existencia objetivamente miserable y estar agradecido de ello, resignándose a aceptar sus penurias con un único argumento: “es lo que hay”.

Y es que hay algo peor que sufrir un trato constante de dominancia y humillación, y ese algo es estar agradecido y satisfecho de su condición de esclavo.

Algunos pensarán que exagero cuando hablo con tal soltura sobre un término tan peyorativo y extinto como “esclavitud”, pero la esclavitud psicológica moderna nada tiene que envidiar a la esclavitud física de antaño.

La neoesclavitud se fundamenta en el principio de la asunción del pensamiento y de los intereses de las clases dominantes. Hecho que desemboca en una personalidad resignada, indulgente y acrítica, que concibe las necesidades de los poderosos como suyas propias, “superando” la lucha de clases por la negación de estas. Nada más lejos de la realidad.

Pongamos un ejemplo:

El aparato de dominación nos vende una imagen: “La empresa es una GRAN FAMILIA, hay que hacer sacrificios porque TODOS sufrimos la crisis y hay que proteger a los empresarios porque GENERAN RIQUEZA al crear nuevos puestos de empleo”

Este discurso inclusivo engloba dos clases de intereses opuestos en un todo homogéneo con intereses predefinidos por la clase dominante.

Se reparten sentimientos de familiaridad, calidez y cercanía que van más allá de una relación meramente laboral, personalizando entidades corporativas y generando en el trabajador un sentimiento de traición si no cumple. También se exculpa a los culpables de la situación económica y lo que es peor, se les considera agentes imprescindibles para la salvación.

Al final, encontramos una clase dominante reforzada (dando imagen de necesaria, salvadora, de una omnipotencia casi religiosa e incuestionable) y una clase obrera debilitada y con un discurso ajeno a sus necesidades (dando una imagen temerosa, trabajadora, sacrificada y de la que se espera que no traicione tales preceptos).

UN SÍNDROME RECURRENTE EN LA HISTORIA

LA CAVERNA DE PLATÓN

Para encontrar el primer ejemplo de la tesis que sostengo en el artículo, debemos remontarnos a la Grecia Antigua.

Platón, conocido por muchos, fue un filósofo cuyos pensamientos influenciaron de forma notable en los pilares sobre los cuales se han sustentado prácticamente todas las sociedades históricas occidentales.

Una alegoría propuesta en su libro “La República”, es el famoso Mito de la caverna de Platón.

En ella, Platón nos habla de unos hombres encadenados en las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber nunca salido de allí y sin tener la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender sus cadenas. Por lo tanto están obligados permanentemente a mirar hacia la pared que tienen delante. Tras ellos se halla un muro ocultando una hoguera de la que sólo les llega algo de luz. Entre el muro y la hoguera se encuentran unos individuos con objetos que sobresalen por encima del muro y utilizan la luz de la hoguera para proyectar las sombras de dichos objetos, emulando formas de árboles, personas o animales. Por lo tanto, todo lo que ven los hombres encadenados, son meras emulaciones de la realidad, aunque para ellos esa es la realidad, ya que no conocen otra.

Si uno de ellos lograra girarse y ver la auténtica realidad, la luz le cegaría, vería siluetas extrañas de otras personas y al intentar salir de la cueva, probablemente querría volver a la oscuridad de esta, por la lumbre cegadora del sol. De esta forma, si realmente quisiera salir de allí, necesitaría tiempo y esfuerzo para comprender y adaptarse a la nueva realidad.

LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

Allá por el siglo XVI nos encontramos con el pensamiento humanista del escritor bordelés y precursor del anarquismo Étienne de La Boétie, reflejado en su ensayo “Discurso de la servidumbre voluntaria».

La Boétie se preguntaba: “¿Cómo es posible que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces un tirano que no dispone de más poder que el que se le otorga?”

La respuesta la encuentra en la forma en la que se constituyen las sociedades: la violencia.

Al principio, el sometimiento popular se ejerce mediante dominación armada y violenta, en donde el vencido se ve obligado a estar subyugado por obligación, pero en las generaciones venideras, nacidas en el seno de unas costumbres de servidumbre, deciden servir por pura resignación.

La Boétie lo resumía de esta forma: “Es verdad que al comienzo uno sirve obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin disgusto y hacen de buen grado lo que los precedían habían hecho por obligación.”

Al igual que el ejemplo de Platón, este también es extrapolable a la sociedad actual. Aunque la dominación no siempre se ejerza de manera violenta o armada, los métodos de coerción económicos, más refinados, también gestan en los individuos un espíritu de resignación y derrota.
La dominación, en ambos ejemplos, se rompería con un trabajo arduo y una dedicación premeditada hacia ello.

LA ALIENACIÓN: MARX Y MARCUSE

Ya en el siglo XIX, Marx, influenciado por el pensamiento de Hegel y Feuerbach, analizará un concepto que también se podría englobar dentro de este paradigma: la alienación.

La alienación, grosso modo, se puede entender como una disociación del trabajador con respecto al rendimiento de su actividad productiva (cuánto produce), al usufructo generado por tal actividad productiva (qué produce), a las relaciones humanas y a su propio potencial como humano.

Si bien estar alienado no es una patología en sí, el concepto nos puede ayudar a entender las causas de la servidumbre voluntaria.

Un trabajador (dominado), al no saber cuánto produce ni tener control sobre el producto generado mediante su actividad productiva, desconoce la situación económica. Relegando así involuntariamente el control de esta al empresario (dominante). Esta situación perpetúa el engranaje de dominación y le otorga el control económico absoluto y por ende, una posición de dominio a dicha clase.

Por otro lado, el obrero, obligado a competir con sus compañeros y compañeras, suscita en él un mecanismo defensivo primario de conservación: la individualidad. Ante tal situación, cada individuo se distancia de sus semejantes, abogando por desentonar sobre el resto y desmerecerlos; virtualmente, se generan objetivos contrapuestos entre cada obrero (“yo tengo que quedarme con este trabajo a toda costa”) aunque el objetivo definitivo, sea común (“porque si no, no podré comer”).

En la misma línea de ideas, el sociólogo Herbert Marcuse, de la Escuela de Fráncfort adapta la teoría marxista de la alienación al contexto industrial, con una visión renovada. Enlazo un artículo acerca de esto AQUÍ para no explayarme más de la cuenta.

Sin duda, es muy curioso como un discurso como el del principio del artículo, puede propiciar que un esclavo sienta más afinidad y cercanía de clase con aquél que le domina que con un congénere con los mismos fines.

LA EXISTENCIA INAUTÉNTICA Y LA MALA FE

Por último, me gustaría mencionar dos interesantes conceptos surgidos de dos filósofos con perspectivas ideológicas antagónicas pero que mucho tienen que aportar a todo esto.

El primero es el concepto de la “Existencia Inauténtica”, del alemán Martin Heidegger.

El individuo, consciente y angustiado por el conocimiento de su propia muerte se entrega a la “existencia inauténtica”. Una forma del ser que pretende negar la propia consciencia escudándose tras la pasividad, la mediocridad y el anonimato.

Esta existencia inauténtica enmascara la autenticidad del individuo y representa la imagen que queremos mostrar a los demás, de forma que también, dicha representación, viene determinada desde el exterior.

Se podría ejemplificar de la siguiente manera:

Tenemos a cinco individuos que conforman una sociedad con una identidad cultural, unas normas, una ideología y una forma de ser determinadas. Dos de ellos dominan, los otros tres trabajan para ellos sin cuestionárselo. Supongamos que llega un sexto individuo con una mentalidad que rompería con la homogeneidad del entorno, sin embargo esto no pasa. Poco a poco, ese sujeto se homogeneiza ocultándose tras una máscara de apariencias que le sirve para no destacar sobre nadie, para, de esta forma, poder permanecer como miembro íntegro de la sociedad. Lo curioso es que no se cuestiona porqué lo está haciendo, así que sirve voluntariamente.

El segundo concepto es el de la “Mala Fe”, acuñado por Jean-Paul Sartre.

La mala fe es el autoengaño. Una conducta mediante la cual un ser niega su propia libertad convirtiéndose en un ser inerte.

Esta actitud se representa muy claramente cuando hay que elegir entre dos situaciones. Sartre, en “El ser y la nada”, nos muestra el siguiente ejemplo:

“Un camarero sirve a los clientes con excesivo celo, con excesiva amabilidad; asume tanto su papel de camarero que olvida su propia libertad; pierde su propia libertad porque antes que camarero es persona y nadie puede identificarse totalmente con un papel social.”

El camarero del ejemplo renuncia a tomar una decisión; quizás dejar el restaurante, quizás probar a trabajar con mayor naturalidad… Si le preguntáramos, probablemente excusaría su situación indicando que no puede hacer otra cosa, que tiene que actuar así.

Tanto la renuncia como la excusa son mala fe sartreana.

Este concepto está sumamente ligado a esclavitud voluntaria. La mala fe le sirve a la estructura de dominación para mantener engrasados sus engranajes.

Si como individuos somos incapaces de romper una disyuntiva mediante elecciones razonadas y preferimos ocultarnos tras el autoengaño, por tal de no cuestionar el porqué de actuar de tal o cual forma, como sociedad ese problema se magnifica y se perpetúa.

LA NECESIDAD DE PENSAMIENTO CRÍTICO

Como hemos podido ver, el síndrome de la esclavitud voluntaria no es un concepto de la nueva era. A lo largo de la historia se ha estudiado su existencia así como los medios que nos llevan a ella desde distintas perspectivas. Todas son válidas e interrelacionables.

Tanto la mala fe como la existencia inauténtica, son conceptos que aluden a la representación del individuo de cara al exterior, pero a su vez, esta representación es diseñada por los agentes externos.

Estos conceptos son otra forma de alienación complementaria a los preceptos de Marx y a su vez, desarrollos más concretos y específicos de la antiquísima caverna platónica.

La única forma de romper con esta rueda de servidumbre voluntaria es mediante el escepticismo y el pensamiento crítico. Cuestionar absolutamente todo lo que uno hace y saber por qué se hace. Porque no hay praxis más irresponsable que utilizar la libertad de elección como forja de nuestras propias cadenas.

OFF TOPIC

Me hubiera gustado hablar de Erich Fromm y de su libro “El miedo a la libertad”, pero el artículo ya es suficientemente largo, así que lo dejo en PDF por AQUÍ y recomiendo encarecidamente su lectura.

Ocupar el rectorado, dinámica de lucha del movimiento estudiantil en la UCM

Publicamos este análisis ante la nueva ocupación del rectorado de la Universidad Complutense de Madrid que ha tenido lugar ayer mismo, miércoles 3 de Mayo, y que puede seguirse en twitter bajo el hashtag #VolvemosARectorado. En el texto se analiza, a raíz de la anterior ocasión en que se ocupó este rectorado, esta práctica como parte de la dinámica de lucha del movimiento estudiantil: Su capacidad de presión, las exigencias y negociaciones y los resultados obtenidos.

El Miércoles 8 de Marzo el Rectorado de la Universidad Complutense fue ocupado por sus propias estudiantes, las cuales decidieron tomar parte en una situación que cada vez es más insostenible.

La acción de ocupación que realizaron estaba motivada entre otras cosas por el hartazgo generalizado que produce el movimiento estudiantil, incapaz de transformar su capacidad de movilización en organización efectiva. Esto supone modificar su capacidad reactiva ante una situación de protesta en concreto hacia ser capaces de organizarse frente a “la” situación. Esta lucha organizada conlleva no depender del nivel institucional que, se quiera o no, marca la agenda de luchas al movimiento estudiantil (los recurrentes “ciclos de movilización”), subyacendo la lógica de reacción-lucha-vuelta a la normalidad. La Universidad radicalmente diferente que buscamos, y la buscamos siendo muy conscientes de ello, hace muy necesaria esta organización y, con ella, el tejer las complicidades necesarias para organizarnos como fuerza ofensiva.

La acción de Rectorado no escapó de esta lógica. Nuestras compas, con unas ganas y fuerza incontenibles, la llevaron a cabo sin apenas conocerse demasiado, y solo había que acercarse a la concentración que realizaron durante los siguientes días a la ocupación para constatar la creación de esas solidaridades imprescindibles para una lucha organizada. La acción sin embargo no se realizó sin impedimentos. Cuando las compas se acercaban al edificio para ocuparlo, se encontraron con que les estaban esperando más seguridad de la que hay normalmente, quienes se apresuraron a cerrar las puertas principales bajo llave. Que la seguridad y el Rector ya fuesen conscientes de que se iba a ocupar ese espacio nos hace poner en duda el compromiso tanto de algunas de nuestras propias compas (para quienes importan más intereses electoralistas que los que se derivan de su condición de estudiantes, y por tanto, afectada por la misma situación que el resto), así como del profesorado que, inserto en estructuras sindicales, observa con desdén y desde una posición de superioridad la lucha de sus compañeras de trinchera. A pesar de esto, nuestras compas consiguieron entrar por una puerta lateral y ocupar el hall del edificio. La lucha acababa de comenzar.

Es obvio que sin la ocupación de ese espacio, no se hubiese tenido ninguna capacidad de presión hacia el Rector, quien a las pocas horas hizo acto de presencia. Un grupo de compas entró al Rectorado a negociar con él comprometiéndose, tras una interminable reunión en la que se le hizo conocedor de los objetivos que tenía la acción, a proseguir la reunión al día siguiente, pero el Rector no se presentó. Nuestras compas, que llevaban un día encerradas dentro del edificio sin que se les permitiese ir libremente al baño, estando constantemente rodeadas por miembros de seguridad (con los cuales llegaron a enfrentarse al impedirles entrar en la cafetería por la mañana y, además, uno de ellos agredió física y verbalmente a una compañera) y sin permitirles recibir alimentos y agua del exterior, decidieron salir del edificio. Fuera les estaban esperando más de un centenar de personas que las recibieron con todo el cariño y apoyo que se merecían, nutridas no solo del grupo que había realizado la acción sino también del resto de estudiantes de la Complutense que se habían solidarizado con ellas, y no era para menos, gracias a ellas la acción había sido efectiva. Entender la ocupación del Rectorado como una toma de posición, como una relación de fuerza que dentro de la lógica de poder Rector-estudiantes la decantó hacia estas últimas; permite entender que el Rector no se personase durante todo el Jueves 9 en el que había prometido una reunión con las estudiantes allí concentradas.

Aquí fueron fundamentales dos hechos. La primera fue la expulsión de Andradas de la manifestación del día 9 por compañeras del bloque crítico, lo que le hizo ver que no era únicamente un grupo de estudiantes concentradas a las que tenía que hacer frente. La segunda, e igual de importante, fue la decidida convicción de las compañeras concentradas ante el Rectorado de proseguir con su lucha hasta que el Rector no se personase. Y no fue hasta el día siguiente cuando, al decidir bloquear las salidas del recinto impidiendo a los coches entrar y salir, Andradas se presentó de nuevo. En esta segunda ronda de negociaciones que se estableció con él se consiguió que firmase una serie de objetivos; como el compromiso de pago a nuestras compas de Reprografía que llevaban dos meses sin cobrar, o la concreción de un acto en el que ante estudiantes, PDI y PAS, explicase el plan de Reestructuración que quiere llevar a cabo, el cual cuenta con amplia oposición dentro de la propia Complutense.

Estos hechos representan un bello ejemplo de cómo la acción directa permite desequilibrar la correlación de fuerzas a nuestro favor, y así de paso abandonar el tipo de acciones que apelan a lo simbólico y a lo inofensivo con el único fin de visibilizar una situación de protesta. En Rectorado se decidió tomar parte, y como bien señalan unas amigas nuestras, dejando claro que el contenido de una lucha se da a partir de las prácticas que adopta y no de las finalidades que proclama. En esos días de ocupación y concentración en el Rectorado de la Complutense se percibía en el ambiente una alegría porque esta acción diese paso a un nuevo ciclo de luchas en las que ya por fin se tomase la acción directa como eje fundamental de este ciclo, con la decidida confianza de que esta es la única manera de alcanzar los caminos que queremos recorrer y poder así experimentar y construir las relaciones y espacios que echamos tan en falta.

Artful Dodger.

1 19 20 21 22 23 96